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viernes, 2 de agosto de 2019

Turner antes de las tempestades. Una mirada íntima y decepcionante

El Centro Cultural la Moneda exponía, hasta anteayer, una muestra de acuarelas de William Turner aka “el padre del arte moderno” y/o el “pintor de la luz”, as you like it. “J.M.W. Turner. Acuarelas. Tate Collection”, en alianza con la Tate Britain,  presentaba en ochenta y tantas obras la trayectoria del artista de Covent Garden. Desde sus trabajos de juventud, vinculados a la arquitectura y la topografía, hasta el desarrollo de ese trazo audaz y experimental que lo convirtió en el precursor del Impresionismo y hasta del Expresionismo, adelantándose casi dos décadas a estos movimientos. Y como no es cosa menor el toparse con obras del gran representante de la pintura romántica inglesa aquí en Chile y servidor siempre fue un fanático de sus cuadros de tormentas, pues para Santiago que me dirigí antes de que desmantelaran la expo. ¿Y qué me encontré allí? Pues poca cosa, la verdad.

Vale, lo sé, siempre es interesante reencontrarse con un genio de la pintura. Alguien capaz de proponer un acercamiento al paisaje tan particular, obsesionado por la luz, los reflejos, las brumas y las atmósferas. Ok. Además y siendo justo, la exposición está montada de forma que, si sigues el recorrido propuesto, puedes ver cómo va cambiando su paleta de colores y su trabajo va “alumbrándose” cual Sorolla del mar del Norte. Interesante. Y así vas paseando entre acuarelas de paisajes, de ruinas, de tormentas, del mar, de amaneceres o puestas de sol. Algunas de ellas terminadas, pero otras ni por asomo, siendo una suerte de bocetos en los que Turner experimenta con sus cosas o solo toma notas para trabajos posteriores. De hecho hay hasta alguna prueba de color. Así pues, lo dicho, todo muy interesante para estudiosos del arte o fanáticos de este arte y/o este artista en concreto. Yo pensaba que me debatía entre lo primero y lo segundo, pero a quien pretendo engañar a estas alturas... Lo cierto es que me aburrí soberanamente.   

viernes, 16 de mayo de 2008

El Greco, pintor maldito o emblema de la modernidad


“Toledo 1900”. Con este evocador título, se presenta en Valencia una exposición itinerante con algunas de las obras más representativas de Doménikos Theotokópoulos, conocido por todos como El Greco. Hasta el próximo 15 de junio el Museo de Bellas Artes – San Pío V, expondrá 28 pinturas del gran maestro cretense afincado en Toledo. 23 de las cuales salen por primera vez de su emplazamiento en el Museo de Toledo. Uniéndosele otras cinco que se custodian aquí en Valencia, en el Colegio del Patriarca y en el propio Museo de Bellas Artes.
Pintor maldito y olvidado durante siglos, que es reivindicado con esta exposición. Por enésima vez, cierto, pero no por ello es menos necesario. “Toledo 1900” nos da la oportunidad de descubrir esos aspectos tan impactantes en su pintura y que tanta influencia tuvieron en la gestación del movimiento impresionista. La muestra permite apreciar su canon anatómico alargado, el empleo de esa pincelada tan marcada, o la utilización de esos colores antiacadémicos al estilo de lo que se vino a llamar “pintura escurialense”. Con sus azules metálicos, rojos desvaídos y verdes brillantes… Una pintura libre, matérica y antiacadémica, como la de los artistas que surgirían desde París a finales del XIX. Y es que hay quien afirma que el impresionismo, como estilo que no como movimiento, va a surgir en Toledo en el año 1900. Cuando los Monet, Pizarro, Renoir y demás redescubran la obra del pintor griego. Desde entonces se convertiría en un símbolo para una intelectualidad, cautivada por su pintura rara y deforme.

No anda tan lejos aquella época en la que se consideraba a El Greco como un pintor menor, dentro del panorama artístico español. Llegando a ser calificado de enfermo. Alguien que pintaba así de raro solo podía hacerlo como consecuencia de alguna patología visual. Nada más lejos de la realidad. Su genialidad, manifestada a través de sus cuadros, está fuertemente condicionada por un sentimiento místico muy presente en la España del siglo XVI. Este misticismo religioso que se plasma con rotunda claridad en obras como “Las lágrimas de San Pedro” o el “San Juan Bautista”, ambas presentes en la exposición. Y que no son sino visualizaciones de aquellas ideas y sentimientos que San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús plasmaban en sus escritos.

Y así es como El Greco se erige en emblema de la modernidad. Convirtiéndose en uno de sus referentes. Alguien cuya una impronta podemos encontrar en la mayoría de pintores de principios del siglo XX. Destacando a los “valencianos” Sorolla, Domingo, Pinazo, Fortuny o los Benlliure, a quienes también se puede contemplar en el Museo de Bellas Artes.
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