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martes, 19 de marzo de 2019

Discos de principios de este año con los que estoy flipándolo –y otro que no tanto- o da’ best albums of 2019 pa’ este menda (so far)


I Was a King, “Slow Century”
El primero es este bonito álbum de pop con guitarras, fruto de la colaboración del combo escandinavo con el divino Norman Blake. Que de hecho suena más a Teenage Fan Club que lo último de los escoceses y no parece casualidad. También algo hay de The Byrds, de los Beatles, con ciertos ecos a bandas del momento como Nap Eyes. Segundo álbum en la trayectoria de un cuarteto de rubios que podría haber surgido desde algún enclave en la costa californiana, pero nada más lejos de la realidad. Su lugar en el mundo es el ventoso y frío suroeste noruego.     

Reserva Espiritual de Occidente, “Cristo de la Atlántida”
Seguimos con esta propuesta de folk-rock espiritual y apocalíptico, que entronca perfectamente con los universos dibujados por David Tibet al frente de Current 93. Si bien y en palabras de la banda, también con “las primeras etapas instrumentales de Franco Battiato, la experimentación desprejuiciada de Pierrot Lunaire o la psicodelia inteligente de Opus Avantra; retazos de glorias patrias como Música Dispersa, Asfalto o Lole y Manuel; el romance pausado de Joaquín Díaz o el carácter extático-místico de Kiko Argüello; la tristeza atávica de las voces de El Caurel y de la copla; la brutalidad descarnada de Swans, la oscuridad y el fango de Sunn O))) e incluso una aproximación a lo orquestal que otea desde la distancia a Henryk Górecki o Krzystof Penderecki…”. Eso y dos huevos duros. 

Mike Krol, “Power Chords”
Lo de este gachón es guitarrerismo y distorsión. Fuzz escuela San Francisco con ciertas cadencias que recuerdan a los primerísimos Strokes. Un disco repleto de ganchos a los que colgarse y en el que el divertimento campa a sus anchas. Nada nuevo bajo el sol en la trayectoria de este angelino cuyo timbre de voz recuerda al de Jay Reatard. Once temas inmediatos y pegadizos que os tienen que molar sí o sí.   

Boy Harsher, “Careful”
El esperado regreso del dúo de Northampton nos devuelve ese synth-pop de corte minimalista y oscuro, con el que llevan asfaltando su camino desde hace un lustro. Loops enérgicos, ritmos machacones y por encima de todo la voz casi susurrada de la señorita Mathews. A pesar de que el registro está orientado hacia las pistas de baile, el nuevo álbum incorpora una serie de pasajes atmosféricos que le van la mar de bien a una propuesta que se enriquece con cada nuevo lanzamiento.            

Sharon Van Etten, “Remind Me Tomorrow”
Rotas las reticencias iniciales o más bien harto de buscar excusas para decir que no me gusta lo que realmente me encanta... ¡Porque menudo discazo se ha sacao de la manga la de New Jersey! La maternidad y ese abrazo partío al mundillo de los sintetizadores le ha sentado como un guante. Y sí, hemos perdido a una cantautora con guitarrita y aquel espíritu folk de los inicios ya ni está ni se le espera. Pero hemos ganado a una artista mucho más osada, sin miedo a acercarse a otros universos cómo el de St. Vincent, pero mejor. Mucho mejor de hecho.  

Ryan Bingham, “American Love Song”
La cosa ya comenzó de forma inmejorable con el adelanto de “Wolves”. Alegato anti bullying en clave personal que anticipaba un álbum en el que el vaquero de Nuevo México se vuelve a desnudar frente al oyente. Un trabajo muy personal y bastante político que le reafirma como el mejor country-man de la nueva generación junto a Sturgill Simpson. ¡Y todo eso antes de cumplir los cuarenta!



Deer Tick, “Mayonnaise”
Pieza complementaria a sus dos álbumes más recientes, “Deer Tick vol. 1” y “Deer Tick vol.2”, en el cual la banda de Scott McCauley ofrece versiones alternativas de varias de las pistas allí incluidas. No contentos con eso, también nos suministran una rica dosis de nuevo material. Confirmando por enésima vez su estatus dentro del mundillo de la americana. En la vertiente más macarra y juguetona, claro está. Y es que siguen siendo los más juerguistas del bareto.

Sleaford Mods, “Eton Alive”
Paso de alabar más a estos tíos. Williamson y Fearn son más fiables que el motor de un Audi, una cerveza Bundor o un ensamble de Grégory Pérez. Siempre ofrecen la misma mierda y siempre coloca. Afilados y reflexivos pero un tanto más experimentales, por establecer alguna diferencia con trabajos anteriores. Además es el primero que publican bajo el paraguas de su propio sello. El año que viene habrá más y también será bueno. ¿Apostamos?     
Crocodiles, “Love is Here”
Pues sí, esto es un discazo, lo diga Agamenón o su porquero. Si lo oyeran lo afirmarían ambos, de eso estoy seguro. Séptimo largo en la trayectoria de esta particular banda de pop-punk ruidoso originaria de San Diego. Los mismos que se las tuvieron tiesas con el célebre sheriff Arpaio. El dúo conformado por Brandon Welchez y Charles Rowell nos obsequia ahora con un decálogo de canciones que beben los vientos por bandas como The Jesus and Mary Chain. Pero también de The Fall o Sonic Youth ¿Por qué no? Álbum variadito, con un tono general algo más oscuro que anteriores entregas, en el que llama la atención el genial tratamiento de las guitarras. Vamos, que los riffs son una puta pasada.

Lee Harvey Osmond, “Mohawk”
Nueva entrega en solitario del veterano músico canadiense. Como no podía ser de otra manera, todo gravita en torno a esa voz profunda que le ha dado Dios. Folk-blues pantanoso, con ramalazos de psicodelia en el que, incluso, se permite el cameo de un saxo con tintes morphinianos. Disco conceptual que nace fruto de la identidad mohawk recuperada. Y es que, ya cincuentón, se acaba de enterar de que quienes le criaron no eran sus padres biológicos, ya que unos aborígenes se lo cedieron a estos en adopción. Gracias a ese descubrimiento tenemos este pedazo de álbum que entronca con la deriva del último Howe Gelb.

Ladytron, “Ladytron”
Nuevo capítulo de ese pop abiertamente electrónico y tirando a fome marca de la casa. La sexta, descontando recopilatorios y discos de remixes. Y es que, ocho años después del mejorable “Gravity the Seducer”, el cuarteto de Liverpool recupera presencia con estos trece cortes con algo de colorido adicional respecto a anteriores álbumes. Lo cual se agradece. Álbum bastante accesible que, sin embargo y tirando de antecedentes, dudo que capte nuevos adeptos a la causa. También os digo que no defraudará a ningún acólito. Desde luego que a mí no.

Pedro the Lion, “Phoenix”
Quince añitos nos ha tenido el señor Bazan huérfanos del proyecto que le dio fama y fortuna. Ese es el tiempo transcurrido desde que se publicara “Achille’s Heel”, su anterior referencia discográfica con Pedro the Lion. Supongo que ha merecido la pena, aunque no me hubiese importado esperar menos. “Phoenix” contiene  todo aquello por lo que amé a esta banda y lo seguiré haciendo por los siglos de los siglos –Amén-. Trabajo introspectivo y tristón, en el cual Bazan revive su infancia en la capital de Arizona. Precioso ejercicio de nostalgia.  

Beirut, “Gallipoli”
Zach Condon le da una vueltecita a su proyecto musical y nos entrega otra lujuriosa combinación de melodías pop, pero ahora con un carácter protagónico para los instrumentos de cuerda y la sección de viento. El músico santafecino nos vuelve a mostrar como la riqueza cultural de la antigua colonia, va mucho más allá de las laderas de la sierra que la circunda. De ahí esas raíces y ecos fronterizos, pero también los ambientes orientales, la fanfarria, la mediterraneidad tanto del norte como del sur… Y todo ello batido y sin dejar grumos. Con naturalidad.

De Staat, “Bubblegum”
Oriundos de Nijmegen, cómo aquel equipo de mierda con el que gané todas las competiciones habidas y por haber en el PES. Además coleguitas de los imprescindibles dEUS, que no es cualquier carta de presentación. Agrupación holandesa por lo tanto, que vuelve a lo grande con este, su séptimo elepé. Un trabajo inclasificable y heterogéneo que integra todo tipo de sonidos tanto de la música electrónica como del pop y hasta del hip hop. En temas como “Mona Lisa” recuerdan a hitos del math rock como Battles. Otras van más en la línea de Everything Everything.

Robert Forster, “Inferno”
La mitad pensante de los Go-Betweens sigue la línea de aquel fantástico “Songs to Play” de hace tres años largos. El genio de Brisbane nos vuelve a obsequiar con una colección de temas, que no hacen sino ampliar la leyenda de uno de los más grandes compositores vivos. Abusando del piano hasta límites insospechados en varios de los momentos más brillantes del disco y bien que me parece. Y que no os engañe la horrorosa portada. El contenido es gloria bendita. Por momentos roza el cielo y más allá.

[...]

...y el otro: 

Drenge, “Strange Creatures”
No por esperado menos deseado. Si bien, tengo que reconocer que las expectativas no se han visto del todo satisfechas y por eso lo pongo aquí al final, a modo de addenda. Y es que los adelantos en forma de epé que presentaron durante el 2018 condensan todo lo mejor de un álbum que deja atrás el garaje-rock que tan bien les sentaba en los dos álbumes anteriores. Superado el golpe inicial y tras un par de escuchas más, el disco se disfruta. Al menos tres cuartas partes de él. O un poco menos, va... Pero a uno le queda la sensación de que esto podría haber dado mucho más de sí. Oportunidad perdida y es una lástima. 

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miércoles, 9 de septiembre de 2009

Ladytron (GDS)


Más que el grupo de la semana, Ladytron se han convertido en la banda sonora de mis vacaciones. Cierto que ni el synth pop, ni la electrónica en general son músicas que asociemos a Costa Rica, pero hay vida más allá de Malpaís, la música popular guanacasteca, el reggae de Puerto Viejo, la soca caribeña o los ritmos antillanos. Mi iPod da fe de ello.

El cuarteto de Liverpool siempre ha sido una de mis debilidades y no solamente por contar entre sus miembros -o “miembras”, que diría la ministra Aído- con la búlgara Mira Aroyo. Esa perfecta conjunción entre elementos electrónicos y otros del pop-rock más tradicional, la mezcla de un sonido retro con otro más experimental, los interesantes juegos vocales entre las dos chicas, con mención especial a la preciosa voz de Helen Marnie, impregnan una propuesta de rock siglo XXI, tal cual lo diría el trepa de Tomás Fernando Flores, muy atractiva y aún más sugerente.

Formados en 1998, el cuarteto ya cuenta con cinco discos, de entre los que yo destacaría sus dos últimos, “Witching hour” y “Velocifero”, al cual ya me referí en otra ocasión. Fue justo con el lanzamiento del primero cuando se produjo un cambio fundamental en la trayectoria de Ladytron. Tanto en sus apariciones sobre el escenario, como en los videoclips y reportajes promocionales, decidieron pasar de su anterior apariencia un tanto fría y anodina, cuando no mojigata, a esa estética un tanto menos oscura y algo más futurista que lucen ahora.

Antes...
“Playgirl”

...y después:
“Destroy everything you touch”

También es verdad que, a veces, echo en falta aquellos devaneos próximos a la coldwave y los ritmos marciales presentes en algunos cortes de “Light & Magic” o “604”. En fin, que me molan un huevo Ladytron. Los de antes y los de ahora. Eso y que aún me estoy pegando cabezazos contra la pared porque vinieron a Valencia y me los perdí. Por culpa del Rojo

martes, 11 de noviembre de 2008

Ladytron, “Velocifero”


Una de las agradables sorpresas musicales de este 2008, es lo último de los británicos Ladytron. Quién nos iba a decir en el 2001 que estos cuatro chicos de Liverpool, con pinta de aprendices de Kraftwerk y  nombre de canción de la Roxy Music, iban a volver con este pedazo de disco bajo el brazo. Y es que Ladytron están de vuelta con “Velocifero”, el cuarto trabajo en su aún corta trayectoria. Desde ya uno de los momentazos del año en lo que a lanzamientos se refiere.

El álbum se presenta como un perfecto cruce de melodías pop ochenteras, ramalazos de rock machacón y, sobretodo, bases electrónicas de todo tipo y condición. Más cañeras en el caso de “Runaway”, o tirando a lánguidas como en el de “Ghosts”. Es por ello que se haga difícil bautizar estilísticamente el nuevo artefacto. La receta se compone de diferentes elementos que, una vez mezclados y adecuadamente presentados, configuran un sonido propio con el que es complicado establecer comparaciones. No obstante, aunque parezca contradictorio y seguramente lo sea, escuchando algunos de los cortes me vienen a la cabeza mil grupos… Desde My Bloody Valentine, a Nine Inch Nails, pasando por Butterfly Messiah… Aunque luego los vas descartando uno tras otro.

Con todo, lo más interesante de “Velocifero” es como ahonda en esos sonidos teñidos de oscuridad, muy en la línea del electro-dark centroeuropeo, pero sin renunciar a las melodías dulces conducidas por la voz seductora de Helen Marnie. Tampoco a las distorsiones, a las potentes percusiones y a las guitarras, por supuesto. A mí lo que más me gusta es la contundencia rítmica en canciones como “Black Cat”, cantada en búlgaro por Mira Aroyo. También las siniestras atmósferas de “Burning Up”, a mi modo de ver, el mejor corte de todo el álbum. Sin perder de vista el que es y será el pepino promocional: “They Gave you a Heart, They Gave you a Name”.

Así pues y en resumen, gran retorno el de Marnie, la búlgara y los dos maromos a través de un gran disco que no decae en ningún momento durante sus trece canciones. Que no obtendrá el inmenso caudal de loas y parabienes de su predecesor “Witching Hour” y eso que, en varios aspectos, lo supera. Lástima no poder ver su puesta en escena y eso que lo tuve cerca. Hace unos meses pasaron por Valencia en el marco de su gira española y me los perdí. Otra vez será.
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