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martes, 29 de junio de 2010

Yo de mayor quiero ser como Will Johnson


…y componer como él …y cantar como él …y tocar la guitarra como él …Y es que da lo mismo el formato que elija para su puesta en escena, el señor Johnson nunca decepciona. El domingo por la noche en la sala El Loco, actuó acompañado de los miembros de la banda catalana Anímic, en el marco de un interesante proyecto en el cual “las partes” interpretan un repertorio de canciones flamantes, compartidas y muy, pero que muy recientes. De hecho, al comienzo de la actuación, la vocalista de Anímic nos comentó como se habían conocido hacía tan sólo unas semanas en su estudio de grabación y como allí, de forma libre y presurosa, se había gestado el tracklist de la gira. Siempre he escuchado que las prisas son malas consejeras, pero se ve que a un genio como Will Johnson eso no le afecta, porque le ha quedado el asunto que ni bordado. Algo también habrá tenido que ver el trabajo del septeto catalán, al César lo que es del César. Una banda esta a la que no tenía demasiado ubicada pero que, a partir de ahora, no perderé de vista.

Tras la actuación del rey Midas de la americana, le llegó el turno a Clem Snide, la banda de ese simpático payasete llamado Eef Barzelay. Con dos álbumes muy recientes -al magnífico “Hungry Bird” (2009) se ha sumado recientemente “The Meat Of Life” (2010) – el cuarteto de Boston, residente en Nueva York y afincado en la actualidad, no sabemos si temporalmente, en Nashville, tenía muy fácil de que repertorio tirar. Desgranando la mayoria de los cortes de ese último larga duración e incluso atreviéndose a versionear al difunto “rey del pop” (“Man in the mirror”). Y la banda dejó bien claro el porqué ha de ser considerada ya como un clásico moderno. Ese cocktel de rock contemporáneo, pop vintage, folk elegante, alt-country e incluso reminiscencias al jazz practicado por gentes como Chet Baker, constituye una mezcla a la que es difícil resistirse. Y eso sin contar con el magnetismo que desprende el amigo Barzelay al que gran parte del público femenino -también masculino- profesa auténtica devoción. Y digo yo que no les faltan motivos, ¡a la vista está! Por cierto, impagables el guiño cachondo al “What is love” del olvidable Haddaway.

En definitiva, que disfruté como un enano y en la mejor compañía de una velada musical de altura. Una noche valenciana en la que Texas, Cataluña y el particular universo Barzelay se dieron la mano para hacernos felices a todos los allí presentes. Bueno, a todos o a casi todos, en cualquier colectivo siempre existe una nota discordante. En fin, ya se sabe, toda cuestión tiene dos puntos de vista, uno es el equivocado y el otro es el nuestro. Evidentemente ese último es el que prevalece.      
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