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viernes, 5 de marzo de 2010

Retorno al cine carcelario

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De entre la enorme cosecha de películas que nos deparó el pasado año 2009, dos de las que más me gustaron fueron “Celda 211”, dirigida por Daniel Monzón y la recientemente estrenada en España “Un profeta”, del francés Jacques Audiard. Ambas tienen en común, que su desarrollo fundamental transcurre dentro de una prisión, bien es cierto que en circunstancias muy diferentes. Pero en ambos casos eso le sirve de pretexto a su  director para mostrarnos como se las gastan un buen número de tipos duros privados de libertad.  

El interés por filmar lo que ocurre entre los muros de una prisión, es algo que se repite desde los albores del séptimo arte, siendo ya muchas las películas que se han hecho con esta temática. No todas ellas siguen idéntico patrón, pero al menos sí suelen abordar, de forma más o menos acertada, las complejidades de la condición humana. En todas ellas la cárcel es un personaje más, en ocasiones el auténtico protagonista, otras veces compartiendo galones con los presos del penal (como en “La leyenda del indomable”), o con los policías y/o funcionarios de la prisión (“La milla verde”, “Brubaker”). En un gran número de estos films, la trama se centra en los planes de fuga de uno o varios de los prisioneros. Son tantas de hecho, que podríamos considerarlo como un subgénero dentro del cine carcelario. Aunque incluso entre estas últimas existen claras diferencias. No es lo mismo el carácter verbenero de la aventura en la que se embarcan Michael Caine, Stallone, Pelé y el resto de participantes en “Evasión o victoria”, que la amargura de “Papillon”, por mucho que Franklin J. Schaffner se preocupara de edulcorar la historia de ese para de infelices brillantemente interpretados por Dustin Hoffman y Steve McQueen.  

Además, gracias a este genero, hemos incorporado a nuestro imaginario míticas prisiones como Sing Sing, San Quintín, Folsom o, sobretodo, Alcatraz. ¿Quién no ha visto alguna película cuya historia transcurra en los confines de la Roca?  Títulos como “Fuga de Alcatraz” de Don Siegel, o “El hombre de Alcatraz” de John Frankenheimer, en las que se narra la fuga protagonizada por Frank Morris y los hermanos Anglin, o el paso por este penal de Robert F. Stroud, “the birdman of Alcatraz”. Recientemente tuve la suerte de poder visitar la isla de Alcatraz, ubicada en el centro de la bahía de San Francisco a pocos kilómetros de la costa. Allí pude ver una exposición sobre las diferentes visiones que el mundo del cine ha dado de esta mítica prisión federal, hoy día clausurada. También pude ver la ruta que siguieron los fugados retratados en la película de Siegel y los “muñecos” que hicieron servir para hacerles creer a los vigilantes que se hallaban durmiendo en sus celdas. Igualmente, me enteré que “Birdman” Stroud era un tipejo malcarado con el que había que tener mucho cuidado y que nunca tuvo su clínica para pájaros en esta prisión. En realidad Stroud tuvo sus aves en la Penitenciaría de Leavenworth en un período anterior a ser transferido a la Roca. Ahora que lo pienso fue una visita muy interesante. 
En fin, sigo con lo mío.

Como veis cine carcelario se ha hecho mucho y muy variado. Hay buenas películas, menos buenas, regulares y directamente malas. Y las mejores de todas ellas, al menos para un servidor, son dos joyitas del cine francés: “Un condenado a muerte se ha escapado”, dirigida en 1956 por Robert Bresson, y “La evasión”, dirigida en 1960 por Jacques Becker. Dos clásicos del cine en general que merece mucho la pena que veáis, si no lo habéis hecho ya. 
Pues bien, sin llegar a esas cotas de excelencia, tanto la española “Celda 211” como la francesa “Un profeta”, han de ser consideradas como dos buenas películas. E incluso muy buenas.

A la española casi podríamos calificarla como un film de acción. Daniel Monzón retrata con maestría un motín carcelario, destacando el vigor en el manejo de las cámaras y la crudeza de las imágenes, con una mención muy especial para la escena del suicidio con la que se abre la cinta. Igualmente, hay que ensalzar el magnífico trabajo realizado por los actores. Muy especialmente Luís Tosar, en el papel de “Malamadre”, el tipo que corta el bacalao entre los presos, y el irregular Antonio Resines, interpretando al policía hijoputa de apellido Utrilla. Una historia trepidante que no da tregua al espectador y sin hacer concesiones a los espectadores (¿quién necesita un happy end?)

Por el contrario la cinta francesa “Un profeta”, es más un drama carcelario de los de toda la vida (pero de los buenos!!!). Narra la estadía en prisión de Malik El Djebena, un paria proveniente del extrarradio de alguna ciudad francesa, y de como irá creciendo en todos los sentidos durante los seis años que permanecerá en prisión. Pese a ingresar a los diecinueve años sin saber leer ni escribir, saldrá convertido en un auténtico capo. Es valiente y aprende rápido, por lo que no tardará en hacerse imprescindible para uno de los líderes entre los presos de nombre César, un mafioso corso. Acabará por ser un excelente negociador y ejecutor, magnífico motivando a los suyos, brillante en la planificación de “negocios”... coño, ¡si saldrá hablando italiano! En definitiva, lo que Audiard nos plantea es la historia de un chaval, que llega a una posición que nunca habría alcanzado de no haber estado en prisión.

Para concluir, mencionar otra cosa que tienen en común “Celda 211” y “Un profeta” y que antes no he mencionado. Ambas han sido las grandes triunfadoras de los premios concedidos por las academias del cine de sus países de procedencia. Eso sí, no podrán verse las caras en la carrera de los Oscars, ya que “Celda 211” no ha sido nominada a mejor película de habla no inglesa. Un premio que este año va a estar muy caro, competir contra las últimas creaciones de Michael Haneke ("La cinta blanca") y Juan José Campanella ("El secreto de sus ojos") no va a ser nada fácil. 
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