Mostrando entradas con la etiqueta Croacia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Croacia. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de marzo de 2009

Cita en Sarajevo


La verdad es que siempre que me topo con cualquier libro, documental, reportaje, cómic o película en cuyo trasfondo se encuentren los Balcanes, intento agenciármelo o hacerle hueco para verlo. Me interesa sobremanera la realidad de ese pedacito del mundo que, como dijo Winston Churchill, produce mucha más historia de la que es capaz de asimilar. Ese es el motivo que me impulsó a participar de una charla con los periodistas Alfons Cervera y Francesc Bayarri en la Librería Primado organizada durante la semana pasada. Allí se habló de la investigación periodística que este último ha realizado sobre la figura de Ilija Stanic: Joven bosnio desaparecido en el año 1969 y perseguido por la Interpol al ser el único acusado del asesinato del general croata Luburic ese mismo año en Carcaixent.
Resultó sumamente interesante el escuchar, por boca de su autor, las peculiares circunstancias y el sinfín de anécdotas producidas durante los tres años de pesquisas que dieron como fruto el libro “Cita en Sarajevo” -galardonado con el Premio de los Escritores Valencianos del 2007-.

¿Pero quién era el tal Luburic? Pues el general Vjekoslav “Maks” Luburic fue uno de los principales líderes de la Gran Croacia independiente que, amparada por Hitler y Mussolini, instauró un régimen totalitario, excluyente y genocida dominado por el partido Ustashi de Croacia -los famosos camisas negras-. Terminada la Segunda Guerra Mundial, el tipo vivió en España protegido por el franquismo. Buscado por crímenes de guerra, este paraguas institucional evitó que fuera extraditado para juzgarle por las muchas salvajadas cometidas. Y es que el amigo fue, entre otras cosas, el comandante encargado de los campos de concentración de la Croacia aliada del nazismo en donde murieron unas 150.000 personas inocentes -según los cálculos más moderados, otros hablan de hasta 700.000-.

El general vivió en la población valenciana de Carcaixent bajo el nombre de Don Vicente. Regentaba una imprenta encargada de editar la revista Drina, panfleto ultranacionalista que mantenía la llama de la causa croata entre los ustashas diseminados por el mundo. Además tenía una granja en Benigànim, lugar en el que vivió con su mujer española y donde tuvo a sus cuatro hijos, estudiantes en internados religiosos de Valencia. Siempre rodeado de eminentes franquistas, hombres de fe y expatriados croatas, la vida de Luburic transcurría apacible y sin sobresaltos, siendo un personaje bastante querido en un pueblo en donde llegó a reconocérsele como Presidente de Honor de una de sus fallas más antiguas. De hecho, aún hoy día existe un monumento conmemorativo presidiendo su tumba, ante la que los nostálgicos del régimen rinden honores una vez al año.

El caso es que, cuando nadie se lo esperaba, la policía encontró el cadáver del genocida brutalmente asesinado. Ante la falta de pruebas y debido a la desaparición de su secretario personal, se le imputó el asesinato a éste. Se trataba de un joven de 23 años, amable, reservado y muy religioso que respondía al nombre de Ilija Stanic. Un tipo realmente apreciado entre los vecinos de Carcaixent. Tras perder su pista en Barcelona, la prensa franquista se dedicó a difamarle durante años, calificándolo como un espía comunista enviado por la Yugoslavia del mariscal Tito.

Bayarri estudió todas las reacciones de la prensa de la época, la franquista y la yugoslava -la oficialista y la disidente croata-, además de los sumarios judiciales de Alzira y Valencia. También entrevistó a las personas que pudieron conocer a los personajes implicados y ya por último, decidió viajar hasta Sarajevo con la esperanza más que con la convicción, de encontrar a Stanic. Lo curioso es que, tras una serie de indagaciones y con la participación de la diosa fortuna, el autor encontraría a aquel Stanic, convertido en un honorable funcionario de la jovencísima República de Bosnia y Herzegovina. Ya con 57 años de edad, mujer, hijos y nietos. Pero sobre todo dispuesto a contar su versión del asunto. Gracias a eso Francesc Bayarri pudo concluir “Cita en Sarajevo”, una reconstrucción narrativa de toda la historia del asesinato y de las circunstancias que impulsaron a su secretario personal a actuar de aquella forma. Combinando la investigación periodística, la narrativa y el ensayo, trasportándonos desde la rancia España de la dictadura hasta el rompecabezas actual en la península de los Balcanes.

Un libro muy interesante que, como no podía ser de otra forma, me ha despertado el gusanillo viajero. Vaya, que muero de ganas de viajar a Sarajevo y a Bosnia en general –again-. En fin…

domingo, 26 de octubre de 2008

Los Karivan


Encontré “Los Karivan”, de Miljenko Jergovic, rebuscando en una montonera de libros en la sección de ofertas de la París-Valencia del parterre. El irrisorio precio de la novela -2 o 3 euros, creo recordar- unido al recuerdo de alguna buena crítica sobre “La Casa del Nogal”, novela firmada por el mismo autor, me impulsaron a comprarlo. Eso y que estaba recién llegado de un viaje por las tierras que lideró el Mariscal Tito con puño de hierro, por lo que andaba bastante predispuesto. Y vaya si me alegro, de no ser así igual me hubiera perdido este compendio de historias sencillas y que tantas cosas revelan sobre la sociedad balcánica. De hecho y esto es lo más interesante, explica mejor su compleja actualidad que la mayoría de ensayos publicados sobre el tema.

El autor es un corresponsal y columnista bosnio-croata que empezó su carrera escribiendo artículos para diversas revistas de Sarajevo. Actualmente goza de cierto reconocimiento, merced a algún premio por sus libros de poesía, ensayo y narrativa. Lo cual le equipararía, salvando mucho las distancias, al premio Nobel bosnio Ivo Andric, autor de la famosísima “Un puente sobre el Drina”. Entre las obras más conocidas de Jergovic destacan “El jardinero de Sarajevo” y  la anteriormente mencionada “La Casa del Nogal”.

Publicada en el año 2000, hay que advertir que “Los Karivan” no es una novela al uso. Es más bien un cúmulo de historias con un nexo de unión, en ocasiones claro y en otras no tanto. Una suerte de narración coral que participa tanto de la novela como del relato. Consta de cuarenta historias breves que dibujan un mundo cambiante y con una terrible constante, la fragilidad. Centrándose en esas explosiones de violencia que, por desgracia, sacuden el avispero de los Balcanes cada poco tiempo y que confirman las teorías de Freud sobre la precariedad de la civilización humana.

Los relatos vienen protagonizados por un conjunto de personajes muy heterogéneo que comparten la descendencia de Iván el Negro -kara-Ivan en serbocroata-. Personaje que habitaba en los territorios de la actual Bosnia, cuando todavía formaba parte del Imperio Otomano y se llamaba “negros” tanto a los asesinos como a héroes. Cuenta el autor que no consta que el tal Iván fuese un delincuente y, desde luego, tampoco protagonizó hazaña alguna, por lo que quizás se le apodó “el negro” porque era herrero. El caso es que los sucesores de aquel herrero, los sufridos Karivan, se vieron obligados a soportar el dominio turco, a los emperadores austro húngaros, la ocupación nazi, la creación forzosa de la extinta Yugoslavia y, en última instancia, el acoso de los francotiradores y los cañonazos de los chetniks en el marco de la Guerra de Bosnia. Se trata por lo tanto de una narración sobre los bosnios, en clave anecdótica, que abarca la friolera de doscientos años. A través de unas historias que se desarrollan a lo largo y ancho de todo el país, desde Sarajevo hasta Banja Luka, pero que también viajan hasta los confines del antiguo Imperio Austro-húngaro y aún más allá, hasta Canadá o los EEUU. Durante todo este tiempo los Karivan, ya diversificados en un sinfín de familias y con diferentes apellidos, consiguieron mantener sus lazos pasando por encima de su diversidad religiosa, étnica o dialectal. Eso hasta el año 1992, cuando por culpa de una guerra fratricida dejarían de reconocerse.

Entre los relatos que recoge el libro, destaca por su belleza y simbolismo “La víctima”, en el que Simun Gavran vive atormentado por culpa de un accidente con su caballo que ocasionó la muerte de un chiquillo de tres años. O “La Sagrada Familia de Ferhat”, en la que dos jóvenes monjes intentan convencer a un viejo musulmán para que les ceda un cuadro religioso que por circunstancias azarosas obra en su poder. Más interesante aún es lo que le sucede a los protagonistas de “Nadie” y “La biografía”. El primero de ellos es un croata que no puede acreditar su identidad porque carece de partida de bautismo, por un olvido de sus progenitores, por lo que es confundido por los suyos que creen ver en él a un enemigo. El segundo relato lo protagoniza una familia judía que escribe al Ayuntamiento de Sarajevo desde Israel con la esperanza de averiguar algo sobre las peripecias de un antepasado. Ante esto, el encargado del expediente se verá en la tesitura de contar la verdad, o sea que no hay datos, o suplir esa ausencia por una historia inventada que satisfaga a la familia. También merecen una mención especial la preciosa historia de casualidades que hila “Los senos”, el “Mal presagio” que supone una pelea doméstica en medio de un bombardeo, o la terrible y elocuente historia de odios que subyace tras “Los moros”. Aunque el mejor relato de todos es “Los atentados”. Sin ningún género de dudas, vaya. La conmovedora historia de un retrasado mental que alardea de ser el auténtico asesino del archiduque Francisco Fernando o del mismísimo Kennedy. Y es que da para una película y de las chulas.

Con estos cuarenta bocados de la realidad bosnia, Jergovic se erige como uno de los principales cronistas de su país. Un relator de excepción del horror y de sus causas a través de insignificantes dramas humanos. Usando la épica de los detalles esenciales y vistiendo de aparente normalidad la monstruosidad y la tragedia. La verdad es que me ha encantado. Y por supuesto le seguiré la pista.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...