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martes, 7 de diciembre de 2010

Épico Zardoz


Vaya de entrada que ni soy incondicional de la obra de John Boorman ni de la de Sean Connery, director y actor principal de esta cagada de película titulada “Zardoz” (1973). ¡Pero hostias, que estos tíos daban para algo más! Que si observáis la filmografía del realizador británico, podéis encontrar en ella algunas cositas interesantes como “La selva esmeralda” (1985), “Excalibur” (1981) “Defensa” (1972) o “A quemarropa” (1967). ¿Y del abuelote escocés que decir? ¡Si venía de rodar a las ordenes de Sydney Lumet “La ofensa” (1972) y “Supergolpe en Manhattan”(1971)! Eso por no hablar de que, un par de años después, protagonizaría una obrita maestra del séptimo arte titulada “El hombre que pudo reinar” (John Huston - 1975). ¿Qué coño pasó en esas cabezas?

Porque mira que es ridícula “Zardoz”. ¡Y mala de pelotas! No hay más. Patética, envejecida y chusca en grado sumo, hasta el punto de producir vergüenza ajena y eso que no conozco a estos dos mendas de nada…¡A Dios gracias!. Sobre todo cada vez que aparece Sean Connery en calzoncillos rojos, ataviado con bigote de nibelungo, cola caballuna y un pecho-lobo digno de película de Ozores...

La historia, que pretende ser epatante y es risible hasta decir basta, se sitúa en un futuro más o menos lejano, cuando la Tierra está poblada por dos castas que no se mezclan entre sí: la de los Inmortales y la de los Brutales (¡¡¡No se vale reírse!!!). Estos viven o malviven –según- en condiciones de vida totalmente diferentes. Los primeros son los privilegiados, quienes cortan la pana en ese mundo. Habitan en un rincón maravilloso del planeta, no envejecen y han conseguido vencer a la muerte. Frente a estos, los mencionados Brutales sobreviven en condiciones precarias, sujetos a privaciones, en un mundo corrompido y desolador. Además están sometidos de facto a esa casta de Inmortales, que los esclaviza a través del culto a Zardoz, el Dios al que veneran (¡Siempre la puta religión!). El caso es que, no se sabe muy bien ni como ni porqué, aunque tampoco importa, el tal Zardoz elegirá de entre los Brutales a un hombrecillo llamado Zed –Sean Connery para los amigos- para provocar un conflicto entre castas. En concreto su misión consiste en invadir y destruir el Vortex, el maravilloso rincón poblado por los Inmortales y que vendría a ser una suerte de Arcadia perdida de Hacendado. Como veréis, un guión digno del peor imitador de A.C. Clarke.

Pero es que encima, el amigo Boorman pretende darle a su obra un tono de reflexión filosófica que echa pa’tras. Son constantes las divagaciones en torno a los males de la inmortalidad, las bondades del conocimiento, la necesidad del sexo y otras paridas surgidas de la mente de un enfermo con las que dan ganas de gomitar (así, con G, que es como vomitar pero a lo bestia). Eso sí, todo ello sesudísimo, hoyga... Y todo impregnado de un erotismo de pacotilla, con profusión de mamellas y culamen  en un entorno claramente hippiesco… De pasmo, como diría uno que yo me sé. Vamos, que me imagino yo al Boorman éste el día de la premiere al lado de los directivos de la 20th -¡que no sabrían ni donde meterse!- y preguntándoles como en el chiste: “señores, ¿Qué les ha parecido la ejecución?”. A lo que estos responderían aquello de “hombre, la ejecución igual es un poquito fuerte, pero de un par de hostias no te libra ni el Dios Zardoz”.  

Es evidente que me ha encantado.
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Dedicada a M.     …with love!!!

martes, 19 de octubre de 2010

Urbanitas resabiados /vs/ aldeanos cazurros

Ya tenía ganas yo de escribir sobre esta cuestión, sobretodo en mi doble condición de urbanita de adopción y pueblerino de nacimiento y corazón –com en el poble, a cap lloc, xé!!!- Aunque para darle más empaque el asunto –que nivel, Maribel- lo voy a referir al mundo del cine, pero al más burraco.  

Todo viene a cuento porque el pasado fin de semana me tragué una de las películas que mejor resume ese choque entre mundos antagónicos, “Defensa” del irregular John Boorman. Y porque en un libro que me he leído recientemente, su autor compara esta historia con la filmada por el gran Sam Peckinpah en la mítica “Perros de paja”. En esta última vemos como los habitantes de un poblacho de la campiña escocesa, acaban tomándose una terrible venganza contra los habitantes de la ciudad, representados por una joven pareja de recién llegados que creen haber comprado una bonita casa en el campo. Este papel es representado en “Defensa” por cuatro empresarios urbanitas que deciden pasar un divertido fin de semana practicando rafting. El enfrentamiento se producirá cuando choquen con unos rústicos campesinos norteamericanos empeñados en mostrarles cuales son las bondades del campo. En ambas películas la violencia campa a sus anchas y ninguna se ahorra la violación y el asesinato. La lucha no es metafórica, es real como la vida misma, lo que no tengo tan claro es si el ganador es realmente quien aparentemente gana.

[No puedo evitar referirme aquí a un maravilloso cuento de Dino Buzzati, incluido entre sus 60 relatos, que se titula “No esperaban nada más”. En él, una joven pareja de camino hacia alguna parte decide pararse a descansar en una aldea de la Italia profunda. La recepción por parte de los vecinos ya anuncia que el desenlace no va a ser nada bueno para los recién llegados] 

Estoy pensando que es el cine de terror quien más ha usado, y hasta abusado, de esta lucha entre el mundo rural y el urbano. Al fin y al cabo ¿no es eso lo que nos cuenta “Las colinas tienen ojos” de Wes Craven (o en su versión mejorada –digan lo que digan los puristas- y que fue dirigida por el francés Alexandre Aja en el 2006)? Vale que aquí la situación se ha complicado por que los aldeanos, además de paletos, son caníbales. Pero para el caso da lo mismo. La cuestión era dar por el saco a esos domingueros cabrones que vienen a pavonearse con sus autocaravanas de diseño. Y vaya si lo consiguen… Y ya en clave nacional, ¿os acordáis de “La matanza caníbal de los garrulos lisérgicos”? Esos chavales que regresando de un concierto sufren un accidente y se ven obligados a buscar ayuda entre los hospitalarios aldeanos. Pero mira tú por donde que vendrán a topar con los Machado, artesanos del embutido para más señas…

En fin, que si sois de la capi, tened cuidado cuando vengáis a los pueblos, porqué podéis recibir a base de bien. Sobretodo si venís a las verbenas y pretendéis pillar cacho con las mozas. Aviso para navegantes.
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