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miércoles, 30 de octubre de 2013

Ahora sí... Bye bye Wallander

Hace más o menos cuatro años, concretamente el 24 de octubre de 2009, colgué una entrada en la que os contaba la penica que me producía el adiós de Kurt Wallander. Y es que uno ha pasado grandes tardes de tensión y disfrute atendiendo a las desventuras literarias protagonizadas por ese peculiar inspector de la policía de Ystad. Pues bien, me equivoqué. O más bien me fié de Henning Mankell, quien había anunciado a bombo y platillo que la Serie Wallander terminaba allí. Pero no. O sí, pero no y me explico.

Justo en estas fechas aparece publicado "Huesos en el jardín", aparentemente una nueva aventura del inspector Wallander. Y muchos diréis: -No puede ser. El viaje de Wallander terminaba de forma explícita tras "El hombre inquieto-. Y tendréis razón. Porque este libro transcurre en un momento cronológico anterior a "El hombre inquieto". De hecho se sitúa entre este último y "Cortafuegos"*. El propio autor nos explica que escribió esta historia mucho tiempo atrás con vistas a una publicación holandesa. Un tiempo después, para su sorpresa, se encontró con que la BBC había localizado el libro y lo había incluido en el guión de su popular serie sobre el detective protagonizada por Kenneth Branagh. Por eso no le quedó más remedio que publicar esta novela corta. 

En ella Kurt Wallander visita la que podría ser la casa de sus sueños. Tras muchos años buscando un lugar en el campo en el cual pasar sus últimos años de vida (algo que al fin logrará en su última aventura), parece encontrar algo que podría acoplarle. Pero existe un pequeño problema: El jardín de la casa está atestado de huesos humanos enterrados. Y lo que habría de ser la culminación de un ansiado sueño, acabará derivando en una investigación criminal que nos retrotrae a una serie de acontecimientos acaecidos hace más de medio siglo. 

La novela no es la bomba. Lo mejor de Wallander ya quedó atrás, quedando pocas esencias en un tarro del que rebosaron maravillas como "La falsa pista", "La quinta mujer" o "Pisando los talones". Sin embargo no deja de ser otra aventura de Wallander y la pluma de Mankell nunca defrauda. Así que.... wallanderianos del mundo, ¿a qué esperáis para hincarle el diente a esta historia?
Porque encima el libro incluye un maravilloso postfacio en el cual Henning Mankell nos cuenta "cómo empezó, cómo acabó y que ocurrió entre tanto" que hará las delicias de los adictos al universo Wallander.

Y con esto se acabó lo que se daba. Este es el verdadero final de una aventura que comenzó allá por la primavera de 1990, en la fría Escania (al sur de Suecia, cerca de la frontera con Dinamarca), y que tenía como germen la expansión del racismo en esa admirada democracia nórdica (¿Os acordáis del argumento de "Asesinos sin rostro"?). Así fue como nació Kurt Wallander, ese policía íntegro y complicado que es consciente de su compleja labor pero también del complejo mundo que lo rodea. Esa sociedad a la que cada vez entiende menos y de la que de buena gana escaparía. Pero no puede o no quiere, siempre consciente de su responsabilidad como policía pero también como ser humano. Porque ese es el principal valor de Wallander, ser antes un ciudadano que un madero, un tipo que con sus filias y sus fobias siempre intenta tirar para adelante demostrando una envidiable capacidad para evolucionar y cambiar. 

Y eso es todo. Salvo nueva e inesperada sorpresa ya no habrá más wallanders. Tan sólo queda despedirnos. Hasta siempre Kurt Wallander. Y muchas gracias por todo.

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* Bueno, "El retorno del profesor de baile" y "Antes de que hiele" también se sitúan entre medias pero, a pesar de que suelen aparecer incluidas dentro de la Serie Wallander, no son propiamente aventuras del inspector Wallander. "El retorno del profesor de baile" está protagonizada por el joven detective Stefan Lindman (que ni siquiera es detective de la comisaría de Ystad) y "Antes de que hiele" por Linda Wallander, la hija de Kurt, actuando él como mero secundario en la trama. 

viernes, 9 de agosto de 2013

“Forbrydelsen” o lo que vendría a ser “el crimen”, pero no “The Killing”

Sirva el título como declaración de intenciones más que como punto de partida. Y es que, con la autoridad que me otorga el haberme tragado las tres temporadas de las que, al menos hasta el momento, consta “Forbrydelsen”, y algún que otro episodio (¡no hace falta más!) de su remake norteamericano, puedo afirmar y afirmo queeeeeeee... ¡¡¡na' que ver!!! Vamos, que Sarah Linden (“The Killing”) no es Sarah Lund (“Forbrydelsen”) ni de lejos. ¡Ya quisiera la Linden! Bueno, eso y que gringolandia tampoco es Dinamarca. Y teniendo en cuenta que la fortaleza de la historia radica en su principal protagonista y que esta no se entiende sino es en el contexto de una asentada, civilizada y hasta tediosa sociedad como la danesa, pues que queréis que os diga... “Forbrydelsen” 10 - “The Killing” 0. Y es que la escasa afición del público estadounidense a leer subtítulos continua provocando que padezcamos este mal. Que algo ya rodado (y en ocasiones como esta, excelentemente rodado), se tenga que volver a hacer, pero ahora en inglés y con actores anglosajones, para que aquel público se acerque al producto, no tiene nombre. Y la pena no es solo la perdida de recursos y tiempo que ello supone (un tiempo que podría emplearse en crear nuevos productos más o menos interesantes), sino que en la mayoría de ocasiones el remake gringo no es ni siquiera decente. Y aún cuando lo es no aguanta la comparación con el original, por mucho que obtenga mejor fortuna. Esto último es lo que ha pasado con “The Killing”, serie mucho más popular que “Forbrydelsen”, en una nueva prueba de que vivimos en un mundo repleto de mónguers.

Bueno, ¿pero que cosa es “Forbrydelsen”? Pues una serie policíaca, absorbente como pocas, danesa como algunas otras, bien escrita y mejor rodada, que transcurre casi en tiempo real en el sentido de que cada episodio cubre un día, más o menos, de labor policial en relación a un caso. Una serie que ha conseguido revolucionar un genero tan manido como el policial y todo gracias a su personaje principal, la hechizante inspectora de la policía de Copenhague Sarah Lund. Uno de los personajes femeninos más atrayentes de la historia de la televisión. Una tipa aguda, extremadamente inteligente, pero socialmente discapacitada. Una tullida en lo que a las relaciones humanas se refiere, sean con los jefes, compañeros, parejas (o posibles parejas) y hasta familia. Y es que como comentaba alguien en algún blog, Sarah Lund es antes policía que persona y es capaz de llevar esta máxima hasta sus últimas consecuencias. Por otro lado, enraizando con la mejor tradición de la novela negra nórdica, Sarah Lund dista mucho de ser una policía infalible. Se equivoca y mucho (en la vida casi siempre), lo cual no le impide seguir currando con ahínco hasta descubrir nuevas pistas que la lleven a resolver el asunto. En este aspecto se parece mucho a Kurt Wallander, el fantástico personaje surgido de la pluma de Henning Mankell, con sus falsas pistas, errores, equivocaciones... vamos, los que seáis asiduos al universo wallanderiano me entenderéis. Dos personajes que también se asemejan en el aspecto personal, en el mencionado autismo social, también en su workaholismo, si bien la Lund es alguien que resulta mucho menos amable que el gordito de Ystad, a quien se le coge cariño desde el minuto uno.

Como he dicho al comienzo, hasta ahora se han emitido tres temporadas de “Forbrydelsen”. Cabe destacar la primera y la última. Porque la primera es sublime y la segunda tan solo decente, o sea, es buena pero algo decepcionante. La tercera es una puta barbaridad que se cierra con uno de los finales más impactantes que yo haya visto. También os he dicho que “Forbrydelsen” es una serie policíaca. Pues bien, lo es pero no sólo es eso, sino mucho más. Es un drama enorme repleto de momentos antológicos, en el que vemos a polis intentando rearmar las piezas de un enrevesado puzzle, pero también nos asoma a las cloacas de la alta política y nos permite asistir emocionados a los dramas de las familias relacionadas con las diferentes tramas.

Y todo eso es “Forbrydelsen”. Harían mal en perdérsela

sábado, 24 de octubre de 2009

El adiós de Wallander

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El pasado 9 de octubre, fiesta de la Comunidad Valenciana para más señas, fue la fecha elegida por la editorial Tusquets para poner a la venta en España “El hombre inquieto” de Henning Mankell, el maestro de la novela policíaca nórdica. Me enteré gracias a mi buen amigo Lupin que enlazó en su blog la noticia del lanzamiento literario. Y yo, como buen lector de novela negra y seguidor acérrimo de Kurt Wallander (“otro Kurt entre los grandes”) inmediatamente me acerqué hasta la Fnac para agenciarme una copia. No podía dejar pasar la ocasión de enfrascarme en su lectura y descubrir como discurre la última aventura de este peculiar inspector de policía afincado en Ystad.

Y yo que pensaba que Mankell daba por terminada la serie Wallander tras la publicación de “La pirámide”. Sobretodo después de estar siete años sin noticias. Pero no, el escritor sueco se reservaba esta sorpresa como colofón. Por que sí parece que esta será la última aventura de Wallander. No os asustéis que no desvelo nada, tan sólo me limito a reproducir el gancho promocional que la editorial está utilizando para aumentar las ventas del libro. En la misma portada reza: “El adiós de Wallander”.

En esta novela vemos como la vida del inspector ha cambiado ligeramente: se ha desembarazado de su piso en la calle Mariagatan para hacer realidad su sueño de tener una casa en el campo y vivir en ella con la única compañía de un perro. Además su hija Linda, la protagonista de otra serie de novelas policiacas de Henning Mankell, lo ha convertido en abuelo. Sin embargo, su tranquilidad se verá perturbada poco después del nacimiento de su nieta Klara, cuando el suegro de Linda, un oficial de alto rango de la Marina sueca, desaparezca en un bosque cercano a Estocolmo. Aunque la investigación la dirige el inspector Ytterberg de la policía de Estocolmo, Wallander no puede evitar implicarse, al fin y al cabo se trata del suegro de su hija. ¡Y que coño!, que la novela es de Wallander... y ese tal Ytterberg ¿con quien ha empatado?

Mis impresiones tras haberme terminado el libro son buenas, como no podría ser de otra forma tratándose del binomio Mankell-Wallander. Sin embargo, he de reconocer que no es de las mejores de la serie. Y eso que hasta más allá de la mitad es casi perfecta, pero a partir de ahí no me acaba de gustar como Mankell cierra (o no) algunas de las cuestiones que se plantean. Especialmente aquellas que menos relación tienen con la trama de esta novela y que vienen de lejos. Porque en este episodio de la serie, Mankell, consciente de que va a ser el último, ha pretendido atar todos los cabos sueltos relacionados con la vida del inspector y que hemos ido conociendo gracias a los nueve libros precedentes. Por ello no recomendaría a nadie empezar con “El hombre inquieto”, sin antes haberse leído estos nueve títulos.

Con todo, siempre es un placer reencontrarse con viejos conocidos como Kurt Wallander. Y da mucha penica que esto sea un hasta siempre y no un hasta luego... que se le va a hacer, alguna vez tenía que ser la última, ¿no?
(“Y después, nada. El relato de Kurt Wallander termina ahí, irrevocablemente. Los años que le queden por vivir, diez o quizás algunos más, le pertenecen a él, a él y a Linda, a él y a Klara. Y a nadie más.”)    

jueves, 27 de agosto de 2009

Los hombres que no amaban a las mujeres


Me complica abordar este tema y es que, ¿cómo coño elaborar una crítica sobre una novela de la cual se ha escrito tanto? El libro de moda, sin ningún género de dudas. El que se ha leído medio mundo mientras el otro medio anda en ello. La causante de que varias editoriales de medio pelo se hayan hecho de oro repentinamente…

Pues bien, después de tragarme un montón de buenas críticas y observar el revuelo montado en torno a la novela, me decidí a incluir “Los hombres que no amaban a las mujeres” en la lista de lecturas veraniegas. Si bien, más que las críticas o las recomendaciones de amigos y compañeros de trabajo, lo que me animó fue una tertulia literaria en el programa de Julia Otero. En ella, algún especialista cuyo nombre no recuerdo, destacaba que lo que diferencia a las novelas de Stieg Larsson respecto a otros booms literarios como “Los pilares de la Tierra” o “El Código da Vinci”, es que este sueco escribía realmente bien. Prueba de ello -según el contertulio- es que mientras otras novelas de temporada son leídas mayormente por gentes que a lo largo del año tan sólo consumen un par libros, las de Larsson son devoradas por verdaderos aficionados a la cosa literaria. Lo que vendrían a ser personas con un criterio propio a la hora de elegir. En fin que, por todo eso y aprovechando que uno está de vacaciones y tiene mucho tiempo libre, decidí ponerme a ello. Con muchísima curiosidad y una pizca de desconfianza, que todo hay que decirlo. Al final me hicieron falta cuatro tardes para acabarme el libro, lo cual no sé si es bueno o malo y me explico. Leerse una novela de más de 650 páginas en cuatro ratos supone que la trama es amena, sencilla, está más o menos bien escrita y que la intriga tiene su interés. Y esa es la verdad con este libro, que uno se engancha con facilidad y no lo suelta hasta llegar al desenlace final. Pero eso no quiere decir que sea una obra maestra, ni tan siquiera significa que sea un buen libro. 

“Los hombres que no amaban a las mujeres” cuenta una historia de mentiras encubiertas, incluye reflexiones de tipo moral y una violencia desmedida por parte de aquellos que no estiman en demasía al mal llamado “sexo débil”. Pero las mentiras son tantas y se tocan temas tan variopintos, que el equilibrio general de la novela se resiente y mucho. Encima los personajes protagonistas son inverosímiles. Especialmente la señorita Lisbeth Salander, una veinteañera sin preparación y con Asperger que sin embargo es un hacha en el uso de las nuevas tecnologías, siendo la investigadora más eficiente que uno recuerde dentro del extenso mundo de la ficción literaria. Con todo, el secreto con el que se inicia la novela es lo más interesante. Esa desaparición sucedida hace treinta y tantos años en una pequeña isla sueca propiedad de una poderosa familia. Cómo a pesar del despliegue policial, no se encontró rastro de la muchacha. Sin embargo el tío, empresario retirado de más de ochenta años, vive obsesionado con resolver el enigma antes de morir. Para eso contrata a un periodista de investigación en horas bajas que será quien en última instancia resuelva el entuerto -en estrecha colaboración con la señorita Salander -. Esa investigación es el hilo conductor de la novela y por desgracia, en torno a ella, se desarrollan otros conflictos y surgen otros hilos argumentales que no hacen sino enturbiar la trama. Y no es que me disgusten las novelas negras que tiran de historias paralelas, flashbacks o incluso que incluyan Macguffins –como es el caso de las protagonizadas por el inigualable Kurt Wallander-. Simplemente es que aquí, me parece demasié. Vaya, que tengo la sensación de que Larsson ha querido tocar demasiados palos.

Al final de la carrera tampoco es que me haya disgustado. “Los hombres que no amaban a las mujeres” cumplió con la función encomendada. Entretenerme en estos días de calor, que ya es algo. Eso sí, no es la obra maestra que nos han querido vender, ni de lejos.

viernes, 18 de abril de 2008

Wallander, otro Kurt entre los grandes


Mi primer acercamiento al universo Wallander, se lo debo a la biblioteca pública de Almussafes. Me apetecía leer alguna historia sencilla y de fácil enganche, por lo que me dirigí hacia la sección de novela negra. Allí me topé con la portada de un libro que me llamó poderosamente la atención. Mostraba el detalle de un cuadro de algún pintor prerrafaelita. La novela se titulaba “El hombre sonriente” y su autor era un tal Henning Mankell. La cuarta entrega de la serie del detective Kurt Wallander. Esa que narra las desventuras de un atípico inspector de la policía de Ystad, una pequeña localidad al sur de Suecia. Un escenario que, en aquel momento, me parecía poco adecuado para el desarrollo de tramas delictivas. Poco importó. Una vez terminado el libro volví a por más. Quería saber más sobre Wallander. Más bien necesitava Wallander en vena. Aún ahora, agotada la serie hace tiempo, a veces siento el mono. 

Lo más interesante de la serie es como Mankell consigue que nos encariñemos e incluso identifiquemos con un personaje complejo y a veces desagradable, repleto de virtudes pero con demasiados defectos. Y es que, a lo largo de las nueve novelas protagonizadas por Wallander, participamos de sus anhelos y sufrimos por sus decepciones, también nos alegramos por sus éxitos si bien, temiendo que las investigaciones nunca lleguen a buen puerto o que los malos acaben ganando la partida. Y es que el detective es un personaje de carne y hueso, demasiado humano incluso, haciendo gala de tal condición para meter la pata hasta el fondo con asiduidad. Contra lo que pudiera parecer, esto enriquece las tramas. Es más, a veces resulta más interesante la vida privada de Wallander que la investigación criminal de turno. Cómo ocurre con la fluctuante relación con su hija Lisa, que es directamente de love & pain en el caso de su anciano padre, un pasito para adelante y dos para detrás dependiendo del momento. También mola la extraña amistad o compañerismo que guarda con Svedberg y los sucesivos comisarios, algunos de los cuales veremos crecer con las entregas. Nada que ver con la admiración confesa por su mentor, el detective Rydberg, cuya sombra siempre es alargada. Por no hablar de ese amor casi platónico por Baiba Lieppa, protagonista secundaria de una de las novelas más celebradas de la serie. Como veréis son un montón de tramas y subtramas que se enredan a la investigación principal novela a novela, pero que, a diferencia de aquellas, no tienen un principio y un final. Aparecen y desaparecen como los ojos del Guadiana a lo largo de estas casi 3500 páginas que glosan la vida y obra de Kurt Wallander.

Otro aspecto a señalar en los libros, es la importancia del enclave. Las tramas se desarrollan principalmente en los alrededores de Ystad. El autor nos lleva de viaje a través de la orografía de la región de Escania. Cruzaremos mil veces el callejero de Ystad o el de la capital regional, Malmö, pero también transitaremos por esos caminos rurales que llevan hacia pequeñas localidades como Tommelilla. Reflejando estampas típicas de la vida en estas frías tierras salpicadas por pequeños núcleos habitados por gentes que siempre andan defendiéndose de un clima desapacible. De hecho el famoso viento de Escania tiene un papel protagónico. No obstante, a veces en el desarrollo de alguna trama, nos desplazamos hacia otros puntos de Suecia. O incluso del planeta, como a Riga y Sudáfrica. Lo que le sirve a Mankell para deslizar veladas críticas respecto a la situación política de aquellos países. Y no por una cuestión de patrioterismo o prepotencia primermundista. Y es que si hay algo que abunda en la saga, es autocrítica. Son épicas las amargas quejas por el hundimiento del modélico estado de bienestar sueco que Mankell pone en boca de su alter ego. Y es que Wallander, como su creador, es una suerte de socialdemócrata desencantado con todo. Lo de policía insomne con un enorme sentimiento de responsabilidad solo aplica al personaje de ficción.

¿Qué más decir sobre Wallander? Pues que os leáis las novelas. Y que abordéis la serie siguiendo un criterio cronológico, como yo no hice. Porque cada libro incluye guiños a los anteriores y las investigaciones suelen tirar de elementos descubiertos años atrás. De todas formas, cada historia es independiente y, en cierto sentido, autoconclusiva. Siendo las más interesantes “La falsa pista” y sobre todo “La quinta mujer”. Curiosamente la primera que se publicó en España pese a ser la sexta de la serie.

El orden de las novelas es el siguiente:

1. “La pirámide” (1999). Compila cinco relatos cortos en los que se abordan pasajes de la vida de Kurt Wallander anteriores a las tramas desarrolladas en el resto de libros.
2. “Asesinos sin rostro” (1991)
3. “Los perros de Riga” (1992)
4. “La leona blanca” (1993)
5. “El hombre sonriente” (1994)
6. “La falsa pista” (1995)
7. “La quinta mujer” (1996)
8. “Pisando los talones” (1997)
9. “Cortafuegos” (1998)

Además, en el 2002 Henning Mankell publicó la novela “Antes de que hiele”, cuyo personaje principal es Linda Wallander, la hija del inspector.

Como anécdota final comentaros que todas las novelas han tenido su correspondiente adaptación en forma de telefilm. Cintas bastante irregulares que recogen las andanzas del detective Wallander a quien pone cara el actor Rolf Lassgaard. También existe una serie de televisión inspirada en la figura del detective. En la actualidad podemos verla en Localia TV y creo que también en algún canal del cable.
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