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sábado, 3 de julio de 2010

Perfil asesino. Siga probando caballero

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Lo primero que me viene a la cabeza, después de casi fumarme este libro (por la velocidad de lectura, digo), es que es un tanto excesivo. Se suceden un porrón de asesinatos a cada cual más dramático, en algunos casos tan espectaculares que no sólo se vuelven increíbles, sino que rozan lo ridículo. Pero es que encima, atendiendo a criterios puramente cuantitativos, parecen demasiadas muertes para una novelita de poco más de 350 páginas. En fin, que tengo la impresión de que al señor Connolly, John para los amigos, se le ha ido la mano. Aunque al autor parece que le va eso del exceso, “caballo grande ande o no ande”, porque peca de eso mismo en la creación de tramas subtramas sub-subtramas y requetesubtramas, en el gran número de referencias externas y/o flashbacks explicativos que introduce, muy bien hilados, eso sí, pero bastantes más de los necesarios.

Sin embargo, “Perfil asesino” no me ha disgustado del todo. En primer lugar porque el planteamiento inicial es chulo y engancha de cojones, pero nada que ver con los Stiegs Larsons ni los Danes Browns de turno. A diferencia de estos últimos, Connolly escribe muy bien, se nota que sabe de lo que habla y, lo que es más importante, sabe como contarlo. Pero como he dicho antes, el problema no radica en que lo que se narra tenga poco interés, sino en que son demasiadas cosas, demasiados detalles y anécdotas, que encima nos llegan a través del prota, el detective Charlie Parker, que acaba por ser una figura poco verosímil. Y es que, por muy buen detective que sea, es difícil concebir que alguien sepa de tantas cosas.

La historia en sí va de psicópatas y sectas religiosas, de asesinatos del pasado y de purgas personales, de malas personas y de personas menos malas… Todo comienza con el hallazgo fortuito de una fosa común, a orillas de un lago en el norte de Maine por un lado, con el asesinato de una médico abortista por otro, y con el extraño suicidio de una joven investigadora relacionada de alguna forma con una importante familia de la zona. Todo apunta a que los huesos encontrados en la fosa son los restos de un asesinato en masa, el de los miembros de una comunidad baptista desaparecida sin dejar rastro hace más de treinta años. La conexión con la investigadora suicida es justamente el objeto de su investigación: la comunidad de los baptistas de Aroostook. Mientras que el enlace con la doctora muerta es más complejo y no es oportuno desvelarlo aquí, por si os diera por leer la novela. En definitiva, que a la vista de que estos sucesos no están del todo claros, alguien recurrirá al detective Charlie “Bird” Parker (como el conocido saxofonista de jazz) para que aporte una explicación plausible.
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En fin, que me ha decepcionado un poco. Sobretodo porque alguien de cuyas recomendaciones me fío mucho, el crítico cinematográfico Carlos Boyero, tiene en gran estima a John Connolly. De hecho si escogí esta novela, fue porque el salmantino, respondiendo a la pregunta de algún internauta, afirmó que los dos mejores episodios del universo Parker son "Perfil asesino" y "El camino blanco". No sé que pensar. Más adelante veremos si me leo el otro. Probablemente sí. Tiempo al tiempo. 

miércoles, 21 de abril de 2010

Las marismas, otro caso de Erlendur Steinsson

No sólo de volcanes y de crisis financieras vive Islandia. Los islandeses también tienen motivos algo más agradables por los que darse a conocer al mundo. Por ejemplo las películas de Baltasar Kormákur o los libros Arnaldur Indridason, el padre del detective Erlendur Steinsson, una especie de Kurt Wallander isleño. Aunque más allá del parecido, las novelas protagonizadas por este policía de Reykiavik no dejan de tener su interés. Por lo menos así pasa en esta y en "La mujer de verde", las únicas obras de Indridason que me he leído hasta el momento. 
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La historia de "Las marismas" comienza con la aparición del cadáver de un viejo en su casa. Junto a él, la policía descubrirá la fotografía de la tumba de una niña. Esta será la causa por la cual se verán abocados a investigar el pasado tenebroso del hombre muerto. El caso, como no podría ser de otra forma, estará dirigido por Erlendur, que se servirá de sus habituales colaboradores Elinborg  y Sigurdur Óli. Esta investigación coincidirá con la desaparición de una joven de su propio banquete de boda. Pese a no tener nada que ver con la trama principal, al igual que en el caso del viejo asesinado, habrá que retrotraerse al turbio pasado de una familia aparentemente normal. 
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Arnaldur Indridason es otro de esos autores que vinieron del frío para sanear las cuentas de las editoriales de medio mundo. Al igual que Stieg Larsson, Camilla Lackberg o Jo Nesbo, sus novelas son devoradas por millones de lectores y es que,  quien inventase la etiqueta "novela negra nórdica" se lo montó de cojones. Entonces, la cuestión estriba en saber porque habríamos de leer a Indridason y no a, por ejemplo, Stieg Larsson. Pues porqué, desde mi punto de vista, tanto en el caso de este islandés, como en el de Henning Mankell, estamos ante dos buenos escritores, de novela negra sí, pero buenos escritores al fin y al cabo. Por contra, en los otros casos mencionados no lo tengo tan claro. 
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Como ya he comentado más arriba, a mi, Indridason me parece un escritor interesante. Ahora bien, también tengo que deciros que "Las marismas", por mucho que se llevara el premio Llave de Cristal 2002, me parece una obra inferior a "La mujer de verde". También os he dicho que la figura de de Steinsson recuerda demasiado a la de Wallander, sobretodo en este libro, pero con todo y con eso la novelita es entretenida, está bien escrita y muy bien hilada. Aunque sólo me atrevo a recomendársela a los incondicionales del género negro.

martes, 2 de marzo de 2010

Maderos de Ken Bruen

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Me ha costado Dios y ayuda dar con un ejemplar de esta novelita policíaca protagonizada por Jack Taylor, el detective privado y ex – policía protagonista de la serie creada por el irlandés Ken Bruen. Y pensareis: “¿coño, a Santo de qué tanto interés por agenciarte ese libro?”. Pues simplemente por tratarse de una de las escasas tres recomendaciones que Don Winslow, el autor de la magnánima “El poder del perro”, realizó en el curso de la entrevista digital que concedió a El País hace un par de semanas. Y para un servidor, a día de hoy y mientras no me defraude, lo que diga el señor Winslow va a misa.

El libro comienza con el amigo Jack Taylor siendo expulsado de la policía por su incurable alcoholismo. O más bien por emborracharse y no saber controlar sus instintos violentos, en especial contra los ilustres representantes de los poderes establecidos de su ciudad. Esto último será lo que verdaderamente le cueste el puesto. A partir de ese momento, sin trabajo, sin familia y sin expectativas, Taylor se arrastrará por todos los bares de su ciudad natal, Galway. Pues bien, será en uno de esos míticos pubs irlandeses, entre tragos de Jameson y pintas de Guiness, cuando nuestro protagonista decida convertirse en detective privado. Llevado por los efectos euforizantes propios de la ingesta masiva de alcohol, a Taylor le dará por pensar que él, con sus años de experiencia como policía, podría llegar a ser el Sherlock Holmes local. Y todo empieza a tener sentido cuando una angustiada madre decide confiarle la investigación de las circunstancias del suicidio de su hija. Lo que en un principio parecía un caso sin aparentes complicaciones, muy pronto y con el desarrollo de las primeras pesquisas, se revelará como algo mucho más complejo. Y con profusión de corruptelas y otros elementos sordidos.

Con todo, la gracia del libro radica en no ser lo que aparentemente es. O sea, que no es exactamente lo que entendemos por una novela negra o policíaca. Vale que el personaje de Jack Taylor responde al arquetipo de antihéroe cínico, autodestructivo y duro como una roca tan habitual del hard boiled clásico y su correspondiente versión cinematográfica: el film noir. Pero en esta ocasión la historia policíaca o detectivesca no es lo primordial, sino que actúa más bien como un MacGuffin sin apenas relevancia. Una mera excusa argumental que nos permite acceder a las interioridades de un ex policía en plena bajada hacia los infiernos del alcoholismo, con sus anhelos y sus miserias y con millones de pecados por expiar. Ok hay un caso, pero termina siendo del todo secundario. De hecho, casi desde el principio sabemos en que va acabar todo. Y lo poco que hay por descubrir se nos desvela en los dos primeros capítulos.   

Si a eso le sumas que está escrita con mucha gracia (casi toda en forma de diálogos, en ocasiones muy ingeniosos) y que abundan los “homenajes” bibliográficos, apuntes musicales y cinematográficos (que en contra de lo que pudiera parecer, no van en detrimento de la obra convirtiéndola en un ejercicio de pedantería e impostura intelectualoide), tan sólo puedo concluir diciendo que la novela me ha gustado mucho. Por cierto que, en relación con el tema de los “homenajes”, alguno de los libros citados por Bruen tienen muy buena pinta, así que, por si logro encontrarlos, permanezcan atentos a sus pantallas… próximamente en su bitácora favorita.

Por todo lo dicho, porque lo que se cuenta es muy interesante, por que es lúcida, sintética y corta y ya se sabe que “lo bueno si breve dos veces bueno”, os recomiendo encarecidamente la lectura de “Maderos – Un caso de Jack Taylor”.

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“Nunca tuve intención de matarle.
Se abusa más allá de lo tolerable de una expresión corriente: Me dejé llevar. Se utiliza para disculparlo todo desde
las palizas conyugales
hasta
conducir borracho.
Bueno, pues me dejé llevar. Lo que empezó como un ejercicio de intimidación acabó en asesinato.”

sábado, 31 de octubre de 2009

La química de la muerte

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Simon Beckett es un escritor británico nacido en 1968, padre del antropólogo forense experto en la descomposición de cadáveres David Hunter. Antes de obtener el reconocimiento internacional por la serie de novelas que tienen como protagonista a Hunter, Beckett trabajaba como periodista freelance. Precisamente con motivo de un artículo sobre medicina forense para The Daily Telegraph que le llevó hasta la mítica “Body farm”, un prestigioso laboratorio criminalístico en Tennessee (EEUU), surgió la idea de escribir “La química de la muerte”, la primera de las novelas de la serie.

Al tratarse de un libro policíaco con un enfoque diferente al habitual, con un médico y no un inspector de policía como protagonista, y sabiendo de los comentarios laudatorios al cargo de Rodrigo Fresán, que la incluyó en la selecta colección de novela negra contemporánea que Mondadori edita con el sello Roja & Negra (R&N), no tuve dudas en agenciármela y leerla inmediatamente.

Podríamos definirla como un thriller truculento en el cual un forense escondido de su pasado en una población de la Inglaterra interior, se reencuentra con su tragedia a raíz de un macabro hallazgo que trastorna al pueblo: un cadáver en avanzado estado de descomposición con unas alas de cisne intactas incrustadas en la espalda. Cuando la policía local, desbordada por los acontecimientos, conoce de las habilidades del doctor Hunter, este se verá envuelto en una investigación policial que no ha hecho nada más que comenzar.

La novelita es curiosa, se lee con facilidad, tiene ritmo, por lo que no aburre y cuenta con algunos momentos en los que el narrador está especialmente lúcido. Sin embargo es muy previsible, demasiado, y los giros argumentales operados en el último tramo están un pelín forzados. Un page turner claro, esos libros que te roban horas de todas partes por las ansias de saber más, pero no por ello un gran libro (recordemos que "El código da Vinci" o la trilogía "Millenium" también lo son, y en fin…). 

De todas formas “La Química de la muerte” resulta recomendable para pasar el rato entretenido con una novela policíaca sin pretensiones. Novela de evasión, especialmente indicada para los aficionados a series televisivas como CSI o Bones, como NO es mi caso. Así que, por lo que a mi respecta, aquí finaliza mi relación con el doctor Hunter.
  
Creo que es la quinta novela de la colección R&N, la cuarta que yo me he leído y sin duda la peor de todas ellas.  

sábado, 24 de octubre de 2009

El adiós de Wallander

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El pasado 9 de octubre, fiesta de la Comunidad Valenciana para más señas, fue la fecha elegida por la editorial Tusquets para poner a la venta en España “El hombre inquieto” de Henning Mankell, el maestro de la novela policíaca nórdica. Me enteré gracias a mi buen amigo Lupin que enlazó en su blog la noticia del lanzamiento literario. Y yo, como buen lector de novela negra y seguidor acérrimo de Kurt Wallander (“otro Kurt entre los grandes”) inmediatamente me acerqué hasta la Fnac para agenciarme una copia. No podía dejar pasar la ocasión de enfrascarme en su lectura y descubrir como discurre la última aventura de este peculiar inspector de policía afincado en Ystad.

Y yo que pensaba que Mankell daba por terminada la serie Wallander tras la publicación de “La pirámide”. Sobretodo después de estar siete años sin noticias. Pero no, el escritor sueco se reservaba esta sorpresa como colofón. Por que sí parece que esta será la última aventura de Wallander. No os asustéis que no desvelo nada, tan sólo me limito a reproducir el gancho promocional que la editorial está utilizando para aumentar las ventas del libro. En la misma portada reza: “El adiós de Wallander”.

En esta novela vemos como la vida del inspector ha cambiado ligeramente: se ha desembarazado de su piso en la calle Mariagatan para hacer realidad su sueño de tener una casa en el campo y vivir en ella con la única compañía de un perro. Además su hija Linda, la protagonista de otra serie de novelas policiacas de Henning Mankell, lo ha convertido en abuelo. Sin embargo, su tranquilidad se verá perturbada poco después del nacimiento de su nieta Klara, cuando el suegro de Linda, un oficial de alto rango de la Marina sueca, desaparezca en un bosque cercano a Estocolmo. Aunque la investigación la dirige el inspector Ytterberg de la policía de Estocolmo, Wallander no puede evitar implicarse, al fin y al cabo se trata del suegro de su hija. ¡Y que coño!, que la novela es de Wallander... y ese tal Ytterberg ¿con quien ha empatado?

Mis impresiones tras haberme terminado el libro son buenas, como no podría ser de otra forma tratándose del binomio Mankell-Wallander. Sin embargo, he de reconocer que no es de las mejores de la serie. Y eso que hasta más allá de la mitad es casi perfecta, pero a partir de ahí no me acaba de gustar como Mankell cierra (o no) algunas de las cuestiones que se plantean. Especialmente aquellas que menos relación tienen con la trama de esta novela y que vienen de lejos. Porque en este episodio de la serie, Mankell, consciente de que va a ser el último, ha pretendido atar todos los cabos sueltos relacionados con la vida del inspector y que hemos ido conociendo gracias a los nueve libros precedentes. Por ello no recomendaría a nadie empezar con “El hombre inquieto”, sin antes haberse leído estos nueve títulos.

Con todo, siempre es un placer reencontrarse con viejos conocidos como Kurt Wallander. Y da mucha penica que esto sea un hasta siempre y no un hasta luego... que se le va a hacer, alguna vez tenía que ser la última, ¿no?
(“Y después, nada. El relato de Kurt Wallander termina ahí, irrevocablemente. Los años que le queden por vivir, diez o quizás algunos más, le pertenecen a él, a él y a Linda, a él y a Klara. Y a nadie más.”)    

lunes, 21 de septiembre de 2009

Los que van a morir te saludan

“Ave Caesar, morituri te salutant”. Con esta locución los gladiadores, las auténticas estrellas del deporte de masas durante la civilización romana, entraban a la arena para disputar sus combates a vida o muerte. El saludo se dirigía al César que, normalmente, era quien presidía el palco autoridades. Esta misma frase es la que sirve a Fred Vargas para titular una de sus primeras y aclamadísimas novelas policíacas “Los que van a morir te saludan” de 1994. Una historia que transcurre en Roma y cuyos principales protagonistas responden a los nombres de Claudio, Tiberio y Nerón.

En realidad “los tres emperadores”, son tres jóvenes estudiantes franceses que residen en "la ciudad eterna", con unos comportamientos muy extravagantes y una vida licenciosa, que se verán envueltos en un complejo asesinato con ramificaciones políticas. Y no sólo políticas, también toca a los temas del más allá, o mejor dicho a los asuntos de la institución que tiene la exclusiva sobre esos temas, el Vaticano. A raíz de ahí aparecerá un oscuro personaje, colaborador habitual de la embajada francesa, cuya misión no es tanto resolver el entuerto como evitar que se descubran determinados secretos que afectan a la honorabilidad de un conocido ministro.

La novelita esta bien. La Vargas consigue llevar a buen puerto la historia, a pesar de que esta da varias vueltas y de que el frenético inicio puede generar cierta confusión en el lector. De todas formas, pese a los ardides literarios de la autora, en ningún momento nos resulta forzada, si bien a algunos de los personajes se les podría poner alguna pega. Sobretodo a Thibault – Tiberio, uno de los protagonistas, cuya retrato es poco verosímil. Y hasta aquí puedo leer.

Es novela negra de calidad, aunque no pasa de entretenida. Sulo dixit.

sábado, 20 de junio de 2009

Los hombres de paja


Este libro empieza de forma brutal. Unos tipos se adentran en un establecimiento de comida rápida de una conocida cadena, sacan sus escopetas de caza y abren fuego contra todo. Y vale que en los tiempos que corren, con matanzas de este tipo reproduciéndose en nuestros televisores en prime time, estemos algo insensibilizados. Pero vaya, que el tal Michael Marshall -que así­ se llama el autor- logra introducirnos dentro del tiroteo de una forma muy real. Y desde una doble perspectiva, la de las víctimas y también la de los verdugos a través de la mirilla de sus fusiles. El problema es que, pese al impactante comienzo, la cosa se va desinflando hasta llegar a la última parte en la que todo se convierte en un enredo. Con todo, hasta llegar ahí, te mantiene enganchado y ese bajón final se explica porque el tipo ha decidido dejar abierta la historia para continuarla en sucesivas entregas. Y es que con esta novela comienza una trilogí­a sobre “los hombres de paja”. En ella, el escritor británico le rinde homenaje a la figura del agente del FBI John Douglas, conocido por el estudio “Mind Hunter: inside the FBI’s Serial Crime Unit”. Fuente de inspiración de numerosos personajes literarios, cinematográficos y televisivos entre los que destaca el agente Jack Crawford de “El silencio de los corderos”.

Estamos por lo tanto ante una pieza literaria que se mueve entre el género policí­aco clásico y las historias de serial killers. Entrelazando dos lí­neas argumentales que son, por un lado la historia de un agente de la CIA en retiro que intenta descubrir la verdad sobre la muerte de sus padres; y por el otro­ el secuestro de una adolescente que aviva la búsqueda de un asesino en serie cuya firma es inconfundible. Ahí­ comienza otra investigación al cargo de un peculiar dueto compuesto por una agente del FBI y un ex-detective obsesionado con encontrar al esquivo asesino de su hija, que se toman todo esto a la personal. En el curso de sendas investigaciones aparecerán los misteriosos “hombres de paja”, conectando las historias.

Publicado en la colección Roja & Negra, me ha parecido una notable historia de suspense. Un thriller violento, algo conspiranoico, perturbador y sobre todo muy malrollero. Sin embargo y contra lo que pudiera parecer, no me ha enamorado. Por lo dicho más arriba pero también y sé que es muy injusto, porque tengo reciente la lectura de la magnífica “El poder del perro”, anterior entrega de esta colección de novelas escogidas por  Rodrigo Fresán. De lo mejorcito que se ha publicado en el género en mucho tiempo. Y las comparaciones siempre son odiosas, lo sé, pero eso es lo que hay…

martes, 21 de abril de 2009

Action Mistery Adventure


“Aventura de acción y misterio, nos dice la diminuta viñeta en la parte superior derecha de cada primera página de la historieta de Spirit, y a esas tres palabras se les puede añadir humor, arte, drama, saber hacer, y las mujeres más hermosas y peligrosas de los cómics”.

Con esta presentación de Neil Gaiman, creador y escritor de la aclamadísima novela gráfica “The Sandman”, se presenta ante nosotros “Lo mejor de The Spirit”, un recopilatorio que incluye varias de las mejores historias publicadas del mítico personaje creado por Will Eisner. “El ciudadano Kane de los cómics” (Gaiman dixit, again).

Además fue el reconocido ensayista y teórico de cómic Scott McCloud quien estableció que “Will Eisner es el alma y el cerebro del cómic americano”. Por otro lado el gran Alan Moore –“V de Vendetta”, “From Hell”, “Watchmen”- sentenció que “no hay otro como Will Eisner (…) no lo hubo antes, y en mis momentos más pesimistas dudo que vuelva a haberlo jamás.” Mientras que Frank Miller –“300”, “Sin City”- comenta que “incluso hoy día, The Spirit no sólo sigue siendo un trabajo increíble sino también una lección básica de lo que son los cómics y lo que pueden llegar a ser.”

Como veis, colmado de parabienes, llegó hasta mi colección este álbum editado por Norma EditorialLa editorial aprovechó el estreno de la película que sobre el héroe enmascarado dirigió Frank Miller el pasado 2008. Pretendía así llegar a un público más amplio, sobre todo aquellos jóvenes que, precisamente por una cuestión de edad, desconocieran al mítico personaje.

-“Vale que la película es mala”- me decía un amigo, -“pero dale una oportunidad al cómic. La peli no le hace justicia”-. –“Encima ahora se ha publicado un recopilatorio con las mejores historietas del enmascarado por lo que no hace falta que te gastes los treinta euros de rigor que cuesta cada volumen original”.- “Los archivos de The Spirit”, se entiende, publicados a lo largo de diez largos años para los fans. -Así que, por poco más de catorce euros te llevas la esencia del héroe-.

Pues lo siento tío, pero va a ser que no. Soy incapaz de verle la gracia. No puedo con el tal Spirit.

Vaya por delante que me encantan las otras obras de Eisner. Sobre todo “La vida en la Avenida Dropsie”, sobre la que ya posteé algo hace un tiempo. Pero sintiéndolo mucho, no logro entrar en ese supuesto mundo mágico y maravilloso que son las historietas del joven criminólogo dado por muerto en su lucha contra el crimen, a quien enterraron con las constantes vitales reducidas al mínimo y que un buen día despertó en el cementerio para proseguir con su lucha. Penitenziagite”, que clamaba el hermano Salvatore de “El nombre de la rosa”. No me gusta “The Spirit”. Que me perdonen los puristas.

Y no tengo más que decir. O bueno sí, que tampoco me gustan U2… Aunque en ese caso no pido perdón a nadie.  

domingo, 20 de abril de 2008

Las memorias del Señor Azul


“Nunca había visto un expediente tan voluminoso. La verdad es que el más grueso que he manejado no era ni la mitad que éste. –Entramos en el despacho y el joven se sentó al otro lado del escritorio-. ¿Qué es esto? – Se puso las gafas, echó un vistazo a un papel pegado con cinta adhesiva a la tapa del expediente y soltó una risita-: ¿Sabe qué pone ahí? Dije que no con la cabeza. -Dice: “Ver expediente número dos”. Entendí el motivo de su risa, pero también resultaba triste. Aquello era mi vida.
“La educación de un ladrón” es la biografía de Edward Bunker. Quien tuvo una durísima infancia en la que hubo de peregrinar entre internados, escuelas militares y centros de reclusión para menores. Nacido en Hollywood en 1933, Eddie tuvo el infortunio de nacer en el seno de una familia disfuncional. Su madre se desentendió pronto de la educación de un niño demasiado problemático y su padre, pese a repetidos intentos, no supo enderezar la trayectoria del hijo. Prontamente familiarizado con el mundo de la delincuencia, las temporadas a la sombra en varias instituciones para menores, supusieron su graduación con honores en la universidad del delito.

Las quinientas páginas de este libro relatan todo eso y mucho más. El sinnúmero de fechorías protagonizadas en una ciudad de Los Ángeles en plena eclosión de la industria cinematográfica; El tránsito por míticas prisiones como Folsom o San Quintín, en las que fue recluido por atracos, delitos de narcotráfico, extorsión o falsificación; Su proximidad al glamoroso mundo de Hollywood, a través de la esposa del afamado productor Hal Wallis; O el interés sobrevenido por la literatura, que le convertiría en un gran lector y escritor.

Su hiperactividad y el carácter insumiso, junto con el alto coeficiente intelectual, determinarán una vida desenfrenada, repleta de aventuras y siempre al filo de la navaja que es narrada por el propio autor sin mostrar un ápice de arrepentimiento por lo dicho y hecho. Ya rehabilitado para la sociedad y a los 65 años, el autor hace este ejercicio de memoria sin obviar episodios que pudieran edulcorar su figura a ojos del lector. No eludiendo la autocrítica, pero mostrándose siempre orgulloso de aquello que le ha llevado hasta ahí.

Muerto el 19 de julio de 2005 a los 71 años de edad, Bunker tuvo tiempo de publicar varias novelas. También escribió guiones e incluso llegó a desempeñarse como actor en la ciudad que le vio nacer. De hecho fue gracias a su participación en la aclamada “Reservoir Dogs” (1992) de Quentin Tarantino, interpretando al Señor Azul, como lograría un primer reconocimiento. Como narrador, nos encontramos ante un interesante autor de policíacos de culto. Alguien a quien James Ellroy llegó a calificar como “un original auténtico de las letras americanas”. Y eso que necesitó de seis intentos para ver publicada su primera novela “Libertad Condicional” (1972), adaptada al cine por Ulu Grosbard. Tras esta fueron cayendo otras cinco: “Animal Factory” (1977), llevada al cine por Steve Buscemi, “Little boy blue” (1988), “Dog Eat Dog” (1996), “La educación de un ladrón” (2000) y póstumamente “Stark” (2006). Con “La educación de un ladrón” obtuvo el premio McCallan Golden Dagger del año 2000, a la mejor obra de no ficción dentro del género negro.

viernes, 18 de abril de 2008

Wallander, otro Kurt entre los grandes


Mi primer acercamiento al universo Wallander, se lo debo a la biblioteca pública de Almussafes. Me apetecía leer alguna historia sencilla y de fácil enganche, por lo que me dirigí hacia la sección de novela negra. Allí me topé con la portada de un libro que me llamó poderosamente la atención. Mostraba el detalle de un cuadro de algún pintor prerrafaelita. La novela se titulaba “El hombre sonriente” y su autor era un tal Henning Mankell. La cuarta entrega de la serie del detective Kurt Wallander. Esa que narra las desventuras de un atípico inspector de la policía de Ystad, una pequeña localidad al sur de Suecia. Un escenario que, en aquel momento, me parecía poco adecuado para el desarrollo de tramas delictivas. Poco importó. Una vez terminado el libro volví a por más. Quería saber más sobre Wallander. Más bien necesitava Wallander en vena. Aún ahora, agotada la serie hace tiempo, a veces siento el mono. 

Lo más interesante de la serie es como Mankell consigue que nos encariñemos e incluso identifiquemos con un personaje complejo y a veces desagradable, repleto de virtudes pero con demasiados defectos. Y es que, a lo largo de las nueve novelas protagonizadas por Wallander, participamos de sus anhelos y sufrimos por sus decepciones, también nos alegramos por sus éxitos si bien, temiendo que las investigaciones nunca lleguen a buen puerto o que los malos acaben ganando la partida. Y es que el detective es un personaje de carne y hueso, demasiado humano incluso, haciendo gala de tal condición para meter la pata hasta el fondo con asiduidad. Contra lo que pudiera parecer, esto enriquece las tramas. Es más, a veces resulta más interesante la vida privada de Wallander que la investigación criminal de turno. Cómo ocurre con la fluctuante relación con su hija Lisa, que es directamente de love & pain en el caso de su anciano padre, un pasito para adelante y dos para detrás dependiendo del momento. También mola la extraña amistad o compañerismo que guarda con Svedberg y los sucesivos comisarios, algunos de los cuales veremos crecer con las entregas. Nada que ver con la admiración confesa por su mentor, el detective Rydberg, cuya sombra siempre es alargada. Por no hablar de ese amor casi platónico por Baiba Lieppa, protagonista secundaria de una de las novelas más celebradas de la serie. Como veréis son un montón de tramas y subtramas que se enredan a la investigación principal novela a novela, pero que, a diferencia de aquellas, no tienen un principio y un final. Aparecen y desaparecen como los ojos del Guadiana a lo largo de estas casi 3500 páginas que glosan la vida y obra de Kurt Wallander.

Otro aspecto a señalar en los libros, es la importancia del enclave. Las tramas se desarrollan principalmente en los alrededores de Ystad. El autor nos lleva de viaje a través de la orografía de la región de Escania. Cruzaremos mil veces el callejero de Ystad o el de la capital regional, Malmö, pero también transitaremos por esos caminos rurales que llevan hacia pequeñas localidades como Tommelilla. Reflejando estampas típicas de la vida en estas frías tierras salpicadas por pequeños núcleos habitados por gentes que siempre andan defendiéndose de un clima desapacible. De hecho el famoso viento de Escania tiene un papel protagónico. No obstante, a veces en el desarrollo de alguna trama, nos desplazamos hacia otros puntos de Suecia. O incluso del planeta, como a Riga y Sudáfrica. Lo que le sirve a Mankell para deslizar veladas críticas respecto a la situación política de aquellos países. Y no por una cuestión de patrioterismo o prepotencia primermundista. Y es que si hay algo que abunda en la saga, es autocrítica. Son épicas las amargas quejas por el hundimiento del modélico estado de bienestar sueco que Mankell pone en boca de su alter ego. Y es que Wallander, como su creador, es una suerte de socialdemócrata desencantado con todo. Lo de policía insomne con un enorme sentimiento de responsabilidad solo aplica al personaje de ficción.

¿Qué más decir sobre Wallander? Pues que os leáis las novelas. Y que abordéis la serie siguiendo un criterio cronológico, como yo no hice. Porque cada libro incluye guiños a los anteriores y las investigaciones suelen tirar de elementos descubiertos años atrás. De todas formas, cada historia es independiente y, en cierto sentido, autoconclusiva. Siendo las más interesantes “La falsa pista” y sobre todo “La quinta mujer”. Curiosamente la primera que se publicó en España pese a ser la sexta de la serie.

El orden de las novelas es el siguiente:

1. “La pirámide” (1999). Compila cinco relatos cortos en los que se abordan pasajes de la vida de Kurt Wallander anteriores a las tramas desarrolladas en el resto de libros.
2. “Asesinos sin rostro” (1991)
3. “Los perros de Riga” (1992)
4. “La leona blanca” (1993)
5. “El hombre sonriente” (1994)
6. “La falsa pista” (1995)
7. “La quinta mujer” (1996)
8. “Pisando los talones” (1997)
9. “Cortafuegos” (1998)

Además, en el 2002 Henning Mankell publicó la novela “Antes de que hiele”, cuyo personaje principal es Linda Wallander, la hija del inspector.

Como anécdota final comentaros que todas las novelas han tenido su correspondiente adaptación en forma de telefilm. Cintas bastante irregulares que recogen las andanzas del detective Wallander a quien pone cara el actor Rolf Lassgaard. También existe una serie de televisión inspirada en la figura del detective. En la actualidad podemos verla en Localia TV y creo que también en algún canal del cable.

miércoles, 16 de abril de 2008

El caso McCann según Ben Affleck


“Adiós pequeña, adiós” constituye el debut cinematográfico de Ben Affleck como director. Conocido por su faceta como actor y también como guionista, en donde ha sido galardonado con un Oscar por el guión de “El indomable Will Hunting”, Affleck adapta aquí el best seller de Dennis Lehane “Desapareció una noche”. En su ópera prima se ha rodeado de un interesante elenco actoral, destacando la presencia de su hermano Casey en el papel protagonista, pero también Ed Harris y Morgan Freeman en roles secundarios.

La película arranca con la desaparición de una niña en un barrio obrero de Boston. A raíz de este dramático acontecimiento, dos detectives privados contratados por la familia se dedicarán a buscar pistas que les conduzcan al paradero de la pequeña. Pero conforme avanzan en la investigación, se van adentrando más y más en un oscuro mundo repleto de camellos, drogadictos, ex–presidiarios, pedófilos y hasta policías corruptos.

A pesar de venir precedida de muy buenas críticas, opino que nos encontramos ante una película bastante mediocre. Su principal laguna está en el desastroso desarrollo de la narración. A saltos, repleta de imprecisiones y absolutamente tramposa. ¿A quién coño se le ocurrieron esas escenas explicativas utilizando la voz en off? Unos vicios que lastran irremediablemente una historia que se muestra incapaz de levantar el vuelo en ningún momento. Además la trama se desarrolla de una forma un tanto irreal, alternando torpemente enfoques propios de una película costumbrista, con otros dotados de una carga dramática digna de un telefilm “basado en hechos reales”. Y esto es lo peor de todo, ya que al acabar de verla, la sensación que queda es la de haber presenciado cualquier basura de esas que programan en la sobremesa de Antena 3.

La interpretación de los actores tampoco juega en favor del conjunto, siendo Casey Affleck el único que se salva, por poco, de la quema. Es más, hay personajes fatalmente trabajados como esa madre drogadicta que ni siente ni padece, interpretada por Amy Ryan (¡que estuvo nominada al Oscar por este papel!...me lo expliquen). O la compañera del protagonista, a quien pone cara Michelle Monaghan, personaje con una participación muy imprecisa. Eso sí, muy guapa la chica. Bueno, ¿y ese final? En fin... Me lo reservo para que lo degustéis. 
Positivo, lo que se dice positivo, poco o nada. Tal vez las escenas que se desarrollan en la casa de los pedófilos, que tienen bastante fuerza. Pero parece poca cosa para las casi dos horas que dura el film. Y es que da la sensación de que a Ben Affleck aún le queda mucho por aprender. 

Por último mencionar que durante toda la película he tenido la sensación de que, o bien el director o el autor de la novela, o ambos en connivencia, se han dedicado a fabular sobre el posible desenlace del famoso caso Maddy McCann. Creo que esto ya fue planteado por algunos periodistas tras su estreno. Los productores negaron la mayor. Pero vaya, cuesta mucho abstraerse de las similitudes.

Añadir que, como aún no he leído nada escrito por Dennis Lehane, no puedo valorar sus dotes como literato. Pero sabiendo que entre sus novelas más conocidas está “Mystic River”, origen de la extraordinaria película dirigida por Clint Eastwood en 2003, resulta tentador establecer una comparación entre ambas adaptaciones. No sé si acabaré leyendo cualquiera de estas dos novelas. En todo caso, apostaría que Ben Affleck no sale bien parado. Vaya, que más allá de la calidad de las obras, Ben no es Clint. Ni creo que llegue a serlo nunca.
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