viernes, 29 de noviembre de 2013

A la caza de la mujer

Estamos ante una novela atípica de James Ellroy. No busquéis en ella las habituales tramas policíacas y/o subtramas políticas porque no las encontrareis. “A la caza de la mujer” vendría a ser una suerte de memorias descarnadas, por momentos desagradables, de un tipejo como James Ellroy. Alguien que es tan buen escritor como hostiable ser humano. Supongo que la crudeza con la que está escrita es lo que entronca con cualquiera de las novelas anteriores firmadas por el maestro del hard boiled revisited.

Antes he dicho que “A la caza de la mujer” es un libro de memorias y he de matizarlo porque no es completamente cierto. Libro de memorias puro era Mis rincones oscuros”, publicado en 1996, aquella investigación policial en la que Ellroy intentaba desentrañar el brutal asesinato de su madre cuando él aún era un crío. Frente a este último “A la caza de la mujer” parece más bien una confesión. Y es que Ellroy se responsabiliza por la muerte de su madre, a quien deseó eso mismo después de que esta le abofeteara por elegir a su padre tras el proceso de divorcio. Quiso la divina providencia que tres meses después Jean Hilliker fuese asesinada. Y ese asesinato será el que marcará su vida y muy especialmente su visión del género femenino. De ahí nace la condición de depredador en constante búsqueda de Ella.

“A la caza de la mujer” hace un repaso a las mujeres –las Ellas- que han pasado por la vida de Ellroy hasta llegar a su actual pareja, la escritora Erika Schikel. El listado incluye a su ex esposa Helen Knode y a unas cuantas señoritas más a las que Ellroy asigna nombres ficticios en aras a preservar su anonimato, supongo que debido a cuestiones legales. Unas mujeres que le “dan el mundo y lo mantienen tenuemente seguro”. “Novias, esposas, ligues de una noche, acompañantes de pago […] cifras modestas al principio. Un frenesí incontable después”.
"Tenía que limitar el viaje Hilliker/Ellroy como relato de crímenes. Fue una tarea falaz desde el principio. Jean Hilliker y yo constituíamos una historia de amor. Nacía de una concupiscencia vergonzosa y estaba moldeada por la fuerza de la Maldición. Nuestro fin no era ni podría ser nunca la detención del asesino ni un tratado sobre el vínculo víctima-asesino. Mi sexualidad precoz había dado forma previa a la Maldición y ordenado de antemano la resolución, así como mi incontenible deseo de mujeres." 
Un libro raro de pelotas y valiente, muy valiente. El autorretrato que Ellroy pinta de sí mismo fa paura. Mucho peor que la impresión que de él tengáis por las entrevistas, que ya es decir.

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Más Ellroy en TCBUP en el siguiente hilo

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