sábado, 10 de diciembre de 2011

Disco las Palmeras! son unos cabrones


De esta guisa se presenta ante nosotros este trío lucense cuyo nombre, aunque lo parezca, no rinde homenaje a la mítica discoteca – antro del Camp del Túria. Les conocía desde hace relativamente poco y gracias a los videos musicales que la banda tiene colgados en Youtube, con una mención muy especial para “A los indecisos”, gran canción y mejor video. Es por ello que cuando un amigo me propuso el ir a verles no me lo pensé dos veces.
La propuesta Disco las Palmeras! no es original pero si es bastante novedosa dentro del panorama musical patrio. Viene a ser una mezcla de noise, algo de psicodelia y mucho de shoegaze, con una influencia más que reconocible de gentes como My Bloody Valentine,  The Jesus And Mary Chain o hasta los Cocteau Twins. Sin embargo lo que no me esperaba fue su potente directo, con un sonido apabullante por momentos, cumpliendo con el objetivo que ellos mismos se han marcado con su música y que han expresado en alguna entrevista, de conseguir una explosión nuclear prolongada y afinada”. Las guitarras con retroalimentación y/o modificadas –no usan bajo-, ruidosas y a la vez melódicas, plagadas de pedales de efectos, junto al ambiente espacial, oscuro y apocalíptico, realzado por unas letras entre sombrías y estrambóticas, definen a este grupo de Sarriá a quienes auguramos –ojalá- un brillante futuro.

Aquí podéis escuchar y descargar su primer trabajo “Nihil Obstat” editado en este agonizante año 2011. No creo que decepcione a seguidores de otras bandas surgidas de la interesantísima escena gallega como Triángulo de Amor Bizarro o Noise Project.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Claus y Lucas


El pasado mes de julio, en la ciudad suiza de Neuchatel, falleció la escritora húngara Agota Kristof a los 75 años. Allí marchó junto a su marido e hija cuando la Revolución húngara de 1956 fue aplastada por las tropas del Pacto de Varsovia. Tras cinco años de exilio y soledad trabajando en una fábrica, dejó su trabajo, se separó de su marido, empezó a estudiar francés y comenzó a escribir novelas en ese idioma. Sin embargo su legado literario no es demasiado amplio. La obra de Kristof se agota en un par de obras teatrales, la trilogía de la que a continuación os voy a hablar, una novela posterior titulada “Ayer”, un relato autobiográfico llamado “La analfabeta” y una última colección de cuentos editada en Francia. Eso sí, entre ellas se encuentran tres novelas de gran éxito internacional que confirmaron la reputación de Agota Kristof como uno de los exponentes más provocadores de la narrativa europea. Estas novelas, a las que Kristof se refería como “La trilogía”, son “El gran cuaderno”, “La prueba” y “La tercera mentira” y vienen a ser la historia de dos hermanos gemelos, Claus y Lucas, condicionados por un vínculo agonizante, que se convierte también en una alegoría de las fuerzas que han separado a Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

Como bien comentaba mi colega Lau, en el hoy tristemente inactivo Blues Mund, hay que leerse esta trilogía sabiendo que en principio no era tal. Teniendo en cuenta que los protagonistas son dos niños hermanos gemelos, la confusión causada por la guerra y la posguerra en esas personitas en formación, la complejidad de las almas que se forjan en estas circunstancias bélicas, el clima despiadado que obliga a quien haya de sobrevivir a asumir y mezclarse con la más perversa realidad. Agota Kristof nos expone la capacidad de adaptación de esos niños con la contundencia más absoluta, utilizando un estilo sin concesiones que convierte esta trilogía en una mirada al mundo con ojos y palabras de niño malo.

“La abuela es la madre de nuestra madre. Antes de venir a vivir a su casa no sabíamos que nuestra madre todavía tenía madre.
Nosotros la llamamos abuela.
La gente la llama la Bruja.
Ella nos llama hijos de perra.”
 “El gran cuaderno” es la primera parte de la saga y en ella se nos cuenta como Claus y Lucas llegan a la ciudad de K. junto a su madre, que los lleva allí para dejarlos al cuidado de su abuela, una mujer analfabeta y cruel que no los quiere y a la que no quieren. Lejos de rendirse ante esta amenaza los gemelos aprenden las leyes de la vida, de la escritura y de la crueldad, aplicándose a diario y anotando en un gran cuaderno sus progresos. Inocentemente despiadados, la crueldad de los muchachos no tiene más límite que su propia supervivencia.

“La abuela nos dice:
— ¡Hijos de perra!
La gente nos dice:
— ¡Hijos de bruja! ¡Hijos de puta!
Otros nos dicen:
— ¡Imbéciles! ¡Golfos! ¡Mocosos! ¡Burros! ¡Marranos! ¡Puercos! ¡Gamberros! ¡Sinvergüenzas! ¡Pequeños granujas! ¡Delincuentes! ¡Criminales!
Cuando oímos esas palabras se nos pone la cara roja, nos zumban los oídos, nos escuecen los ojos y nos tiemblan las rodillas.
No queremos ponernos rojos, ni temblar. Queremos acostumbrarnos a los insultos y a las palabras que hieren.
Nos instalamos en la mesa de la cocina, uno frente al otro, y mirándonos a los ojos, nos decimos palabras cada vez más y más atroces.
Uno:
— ¡Cabrón! ¡Tontolculo!
El otro:
— ¡Maricón! ¡Hijoputa!
Y continuamos así hasta que las palabras ya no nos entran en el cerebro, ni nos entran siquiera en las orejas.
De ese modo nos ejercitamos una media hora al día más o menos, y después vamos a pasear por las calles.
Nos las arreglamos para que la gente nos insulte y constatamos que al fin hemos conseguido permanecer indiferentes.
Pero están también las palabras antiguas.
Nuestra madre nos decía:
— ¡Queridos míos! ¡Mis amorcitos! ¡Mi vida! ¡Mis pequeñines adorados!
Cuando nos acordamos de esas palabras, los ojos se nos llenan de lágrimas.
Esas palabras las tenemos que olvidar, porque ahora ya nadie nos dice palabras semejantes, y porque el recuerdo que tenemos es una carga demasiado pesada para soportarla.
Entonces volvemos a empezar nuestro ejercicio de otra manera.
Decimos:
— ¡Queridos míos! ¡Mis amorcitos! Yo os quiero... No os abandonaré nunca... Sólo os querré a vosotros... Siempre... Sois toda mi vida...
A fuerza de repetirlas, las palabras van perdiendo poco a poco su significado, y el dolor que llevan consigo se atenúa.”
En “La prueba” los gemelos se separan. Claus cruza la frontera y Lucas se queda en un país alejado de la guerra pero dominado por un régimen autoritario. Sólo y privado de una parte de si mismo, Lucas, el que permanece en casa de la abuela, quiere consagrarse a hacer el bien. Asistimos así a su proceso de maduración, a sus primeras y tortuosas relaciones.

“Le pregunto:
—¿Dónde está Lucas?
Dice ella:
—Está aquí, en el hospital. Está herido.
Digo:
—Quiero verle.
Dice:
—Está inconsciente.
—¿Qué quiere decir esto?
—Que de momento no puede hablar.
—¿Está muerto?
—No, pero tiene que descansar.
—¿Y mi madre?
—Tu madre está bien. Pero a ella tampoco la puedes ver.
—¿Por qué? ¿También está herida?
—No, duerme.
—¿Y mi padre? ¿También duerme?
—Sí, tu padre también duerme.
Me acaricia el cabello.
Le pregunto:
—¿Por qué duermen todos menos yo?
Dice:
—Es así. A veces ocurren estas cosas. Toda una familia se pone a dormir y el que no duerme se queda solo.”
Pero en este punto también conoceremos a un Lucas recio y seco, endurecido por el entorno y sus propias circunstancias personales.

“El niño duerme en el regazo de su madre. La madre mira a Lucas
–He querido ahogarlo. No he podido.
Lucas pregunta:
– ¿Quieres que lo haga yo?
– ¿Podrías?
–He ahogado ratas, gatos, cachorros…
–Un niño no es lo mismo
– ¿Quieres que lo ahogue o no?”
Al final de esta entrega su hermano Claus vuelve a la ciudad en su busca, pero será expulsado por las autoridades debido a dudosas cuestiones burocráticas por lo que será llevado a la cárcel en espera de una inmediata expulsión. Ésta, entre otras circunstancias, harán descubrir a Claus que cualquier acto de generosidad viene condicionado por la maldad. Se hace necesario apuntar que Claus regresa a la ciudad en la cual se crió junto a Lucas, como nacional del país al que huyó al final del primer libro. De ahí que utilice un cuaderno -la prueba- con el cual pretende justificar su procedencia y escapar así de la repatriación forzosa.

El tercer volumen, titulado “La tercera mentira”, completa y contradice a los dos anteriores, generando una multitud de preguntas al lector y dando tan sólo unas pocas respuestas. Es así como, pasados los horrores de la guerra y los años negros del régimen de plomo, la autora construye una historia que nos enfrenta a la imposibilidad de alcanzar una verdad duradera e inmutable.

Me acuesto y, antes de dormirme, hablo mentalmente a Lucas, como vengo haciendo desde hace muchísimos años. Le digo más o menos lo de siempre. Le digo que, si está muerto, tiene suerte y que me encantaría estar en su lugar. Le digo que a él le ha correspondido la mejor parte, que yo debo llevar la carga más pesada. Le digo que la vida es de una futilidad total, que no tiene sentido, es aberración, sufrimiento infinito, invento de un No-Dios cuya maldad rebasa la comprensión.”
En definitiva “La Trilogía” -o “Claus y Lucas” que es como tuvo a bien en titular la recopilación de las tres novelas el editor español- es ya un clásico moderno. Una fábula incisiva sobre los horrores de la guerra y el totalitarismo, pero también una gran novela de iniciación a la vida. Con una mención muy especial a la primera parte, “El gran cuaderno”, el mejor de los tres, y a ese final demoledor con el cual se cierra la tremebunda historia de estos dos hermanos. Sublime y desgarrador. 
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Tan sólo comentar para finalizar que “El gran cuaderno” ha conocido multitud de versiones teatrales en Alemania y Japón. También la compañía chilena La Troppa puso en escena bajo el título de “Gemelos” su propia visión. Sin embargo sigue pendiente de ser adaptada al mundo del celuloide. Y eso que, según reconocía Agota Kristof en una interesante entrevista concedida al diario El País en el año 2007, un productor estadounidense le compró los derechos y contrató a Thomas Vintenberg para rodar la película, pero al final pensó que no era el más adecuado. Sin embargo ella pensaba justo lo contrario. Que este atormentado y genial director danés sería, posiblemente, la elección más adecuada para adaptar su historia. ¡Coño, y yo también lo pienso! O ese o Von Trier. Menuda maravilla podría salir de ahí. 
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Por si no lo he dicho el libro es muy recomendable. Indispensable, añadiría.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Enric González: Sobre la tiranía

Hierón ejerció como tirano en la colonia griega de Siracusa hace 26 siglos. Unas décadas después de su muerte, Jenofonte le hizo protagonista de un diálogo breve en que el tirano debatía con el poeta Simónides sobre las ventajas y las desventajas del ejercicio del poder. En 1948, Leo Strauss (presunta figura paterna del neoconservadurismo) escribió On Tyranny, un ensayo denso y enigmático, en el que diseccionaba el diálogo de Jenofonte. On Tyranny, del que ignoro si existe edición en castellano, exige al lector grandes esfuerzos, pero, como es habitual en Strauss, ofrece una recompensa extraordinaria: enseña al lector a leer.
Eso no es ninguna paradoja. Poquísimas personas son capaces de seguir el hilo entre las palabras y la mente del autor y captar por completo el juego de dudas, engaños, rectificaciones y decisiones azarosas que intervienen en la composición del texto y en su interpretación posterior. Perdón por la digresión.

Strauss utiliza su análisis del Hierón de Jenofonte para demostrar tres tesis. Una la hace obvia el propio Jenofonte: el tirano tiene como característica el sentirse incomprendido por la sociedad, sacrificado y agobiado por el poder que él mismo ejerce. La segunda es algo más compleja, aunque hoy tiende a ser comúnmente aceptada: la sociedad y su estructura de poder, sea cual sea, tiende a sofocar el pensamiento crítico, que para Strauss es consustancial a la filosofía.

La tercera tesis es la que interesa realmente a Strauss, y establece que las sociedades (y sus filósofos) tienen grandes dificultades para detectar la aparición de las tiranías. Salvo en los casos más zafios, la tiranía se propone como una forma nueva y superior de gobierno participativo, como una fórmula de progreso, como una respuesta a determinados poderes fácticos, como una iniciativa de los sectores más desprotegidos y como una solución frente a las dificultades de la época. En los años 30, el nacional-socialismo fue interpretado de esa forma por la mayoría de los alemanes y por muchísimos europeos.
Cada fenómeno tiránico es novedoso y muestra características específicas.
Conviene plantearse, porque es una de las grandes cuestiones de nuestra época, si lo que llamamos proyecto europeo muestra los síntomas de una tiranía.
Basta hablar con cualquiera de los técnicos que ejercen el poder en la Unión Europea, un entramado legal e institucional tan complejo que supera a los dirigentes políticos, para comprobar que se sienten afectados por el cansancio y la incomprensión de los que se quejaba Hierón: ellos, abanderados de la razón, están condenados a lidiar con los desastres ocasionados por la cerrazón populista de los partidos, por la mezquindad de los ciudadanos, por la incompetencia de los líderes y por la avidez insaciable de los mercados financieros.
La validez de la segunda tesis de Strauss es obvia. Cualquier oposición al proyecto europeo en su actual forma es descartable porque, según la verdad aparentemente establecida, su alternativa es el caos.
La tercera tesis no vale como prueba. Que no detectemos características tiránicas en una determinada formulación política no significa que sea una tiranía. Sí significa, sin embargo, que puede serlo.
La cesión de soberanía monetaria efectuada por los Estados firmantes en Maastricht se realizó en beneficio de una entidad técnica, el Banco Central Europeo. Ahora, como supuesta solución a la crisis del euro, se propone la cesión de la soberanía fiscal a otro ente técnico bajo límites de maniobra muy estrictos. Los electores europeos, quizá con la excepción parcial de los alemanes, ya no podrán decidir si quieren más o menos impuestos, si quieren revaluar o devaluar su moneda, si prefieren una dosis de inflación (que actúa como impuesto redistributivo) o una dosis de desempleo (que beneficia a las rentas del capital frente a las del trabajo).

En términos prácticos, la tiranía suele identificarse con la represión más o menos violenta de la crítica. Puede pensarse que en los próximos años, en los que se empobrecerá de forma drástica la vida de quienes dependen de rentas del trabajo o de la asistencia pública, ese fenómeno se convertirá en una de las características de la gobernanza europea.
Entramos en una época interesante, en el sentido de la célebre maldición china. 
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El artículo ha sido publicado por Jot Down Cultural Magazine. Tan sólo me queda aplaudir a Enric González. Un grande sí señor...

martes, 6 de diciembre de 2011

Rey Charles


Llega tarde y mal, lo sé, pero me da igual. Aquí os dejo mi más sentido homenaje a la Corona y a su Majestad el Rey Juan Carlos I. 

Y es que tiene cojones que un tío que ha nacido con todas las puertas abiertas, haya chocado tantas veces contra ellas.

lunes, 5 de diciembre de 2011

El amor en tiempos de crisis


Mirad la fotografía, es de hoy mismo. Es evidente que la Merkel y el Sarkozy se quieren. Y visto lo visto y oído lo oído, parece que se quieren muchísimo. Tanto que no paran de joder.  Lo que pasa es que en lugar de joder entre sí se dedican a jodernos a los demás. 
Ahí les tenemos nuevamente, los dos juntitos, apardalados y decidiendo nuestra suerte a escasos días de la cumbre europea, un evento calificado de crucial y decisivo por la extraña pareja. El show de Merkozy es un no parar. Esta vez nos han anunciado que han llegado a un acuerdo para la unión fiscal y presupuestaria de Europa que presentarán a sus socios el próximo viernes en Bruselas. Lo de “presentar” es una coña marinera ya que todos sabemos que el acuerdo entre ellos es palabra de Dios (te alabamos señor), así que nos lo tendremos que tragar por sus santos cojones/ovarios nos guste o no. Y al que no le guste, o no pueda cumplirlo, pues a la rue. Adiós a la soberanía de los estados y hasta a la tradicional división de poderes. Descanse en paz Montesquieu y “El espíritu de las leyes”. Bienvenidos al nuevo orden mundial europeo en el cual impera una nueva distribución de las funciones estatales. Del legislativo, el ejecutivo y el judicial hemos pasado al porquesisivo (porque sí y a tomar por culo), el ocultativo (respecto a los ciudadanos, obviamente) y al poder de Merkozy (“arreando que es gerundio”). 
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Por cierto que, como bien apunta Ignacio Escolar en su twitter, es muy cachonda la medida de imponer sanciones automáticas para quien no respete el déficit del 3% en 2012. Y lo es porque Alemania fue el tercer país de la Unión Europea que más veces incumplió el pacto de estabilidad. Otro incumplidor fue Francia. Pero ya se sabe, el poder de Merkozy no conoce límites.  
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En serio, Merkozy sucks… y Europa cada vez más. 

domingo, 4 de diciembre de 2011

R.I.P. Sócrates Brasileiro Sampaio (1954 - 2011)


Soy de una generación de aficionados al fútbol que no pudo disfrutar ni de Pelé, ni de Cruyff, ni de Garrincha, ni mucho menos de don Alfredo Di Stéfano. Sí que lo puede hacer con “el Pelusa” Maradona, aunque os he de reconocer que, aún admitiendo su importancia como uno de los grandes futbolistas -¡sino el más grande!- de todos los tiempos, nunca me he sentido deslumbrado por su estrella. Tal vez se deba a que el personaje mediático ha acabado por devorar -y vista la oronda figura que se gasta puede que hasta literalmente- a aquel extraordinario diez y a sus jugadas de fantasía. Además, el mesianismo generado en torno al genio de Lanús siempre me ha tirado un poco para atrás. Por el contrario existen otros peloteros de menor calidad e, indudablemente, con un menor peso en la historia del fútbol, con los que un servidor creció y de los que guarda mejores recuerdos, siente más respeto y por los que profesa mayor admiración. Uno de ellos es, o mejor dicho era, el “Doctor” Sócrates, fallecido la semana pasada por culpa de una cirrosis hepática. 
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Aún recuerdo la impresión que me causó la primera vez que vi la imponente figura de este espigado centrocampista brasileiro. Fue durante el Mundial de España de 1982 y yo no era más que un crío. Ese Mundial, de infausto recuerdo para los aficionados españoles, no fue ganado por Sócrates y sus compañeros, pero con su particular look y su elegancia sobre el campo se ganó el coranzocito de muchos aficionados al deporte rey. Capitán de la segunda mejor selección de la historia de Brasil (con Zico, Falcao, Junior, Cerezo…) Sócrates no sólo fue conocido por sus habilidades con un balón en los pies. Haciendo honor a su nombre de filósofo griego, el de Sócrates es uno de los escasos ejemplos de futbolista centrado en sus opiniones, implicado políticamente e intelectualmente formado. No en vano el sobrenombre de “el Doctor” no le viene tan sólo de las clases magistrales impartidas sobre un terreno de juego, sino que, realmente, el tipo se había licenciado en medicina. De hecho, una vez retirado dedicó su vida a ejercer la profesión médica. En cuestiones políticas es conocido su activismo social y su lucha por la democracia en un Brasil en plena dictadura. Junto a sus compañeros Wladimir y Casagrande fundó un movimiento contra el autoritarismo de los clubes, microcosmos de lo que sucedía en el país carioca. Cuando el miedo era generalizado, él politizó el fútbol y ayudó a desmantelar la dictadura. A finales de 1982 su club, el Corinthians de Sao Paulo, ganó el Campeonato Paulista y los jugadores aparecieron con un lema impreso en sus camisetas: “Democracia”. Son los tiempos de la llamada “Democracia Corinthiana” que consagró a Sócrates y a sus compañeros como verdaderos héroes nacionales. También sabemos de su devoción por Ernesto el Che Guevara. Una admiración sincera, no como la que han manifiestado otras estrellas al tatuarse la efigie del revolucionario como si de una moda se tratase.   
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Sin embargo sus conocimientos en el campo de la medicina no bastaron para impedirle caer en las garras del alcoholismo. Una enfermedad que lo tuvo a maltraer en los últimos años y que finalmente le ha causado la muerte. Hasta siempre Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira. Hasta siempre a esas barbas y esa melena tan característica, a esos precisos y preciosos pases de tacón, a esa elegancia quasi arrogante sobre un terreno de juego y, por supuesto, adiós a esa mítica zamarra amarilla con el ocho estampado en la espalda. Descanse en paz. 

viernes, 25 de noviembre de 2011

Exquisiteces vocales y virtuosismo instrumental: Lac la Belle en el LLuís Vives


La verdad es que llevo unos días bastante liado de viajecito continuo a lo largo y ancho del territorio de mi queridísima Comunitat Valenciana –Fent país!!! que diría alguno que yo me sé-. Eso unido a las pocas ganas de escribir que tengo de un tiempo a esta parte, han hecho que hasta hoy no aparezca en este espacio una crítica – crónica – reseña – parrafada infumable sobre lo acontecido el pasado martes por la tarde en el Colegio Mayor Luís Vives. Y no tengo perdón de Dios, porque el concierto de Lac la Belle -¡a ese  acontecimiento me refiero!- fue una auténtica gozada. Lástima que debido al día de perros que hacía en Valencia, la cosa se celebrara en petit comité y tan sólo unos pocos pudiéramos disfrutar de las beldades de la música de este dúo de Detroit. He dicho dúo porque es el actual estatus de la banda, pero Lac la Belle nació originariamente como un proyecto a tres. Sin embargo, justo a comienzos del presente 2011,  Joel Peterson decidió bajarse del tren en marcha. Es por ello que hasta Valencia tan solo se acercaran Jennie Knaggs y Nick Schillace para presentarnos su último lanzamiento, “Bring on the light – EP”. Dio igual, no se echó en falta la ausencia de nadie. Joel se lo pierde.  
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Tomando prestado el nombre de ese "lago hermoso" tan conocido por los miembros de la banda, al ser una zona de veraneo repleta de segundas residencias y preciosos parajes en los que los habitantes de Michigan acostumbran a evadirse de la rutina habitual, Knaggs y Schillace presentan una suerte de propuesta musical que yuxtapone la música rural americana grabada en las primeras décadas del siglo XX y la decadente estética asociada al cinturón industrial estadounidense, inmerso en una profunda crisis desde hace más de treinta años. Las composiciones de Lac la Belle son ricas en instrumentación y en ellas se combinan los sonidos del acordeón, el ukelele, la mandolina, el banjo, el dobro o guitarra resofónica y los juegos de voces chico – chica. Algunas de sus canciones son creaciones originales, mientras que otras muchas son magníficas re-interpretaciones de clásicos del folk, el country, bluegrass, blues o incluso del swing. En este sentido, maravillosa fue su versión del “In the pines” del mítico bluesman Leadbelly. Y bastante diferente a la realizada por Nirvana en el no menos mítico “MTV Umplugged” bajo el título “Where did you sleep that night?”
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Me lo pasé pipa en el concierto, la verdad. Sobretodo porque los tipos se esforzaron muy mucho en hacérnoslo pasar bien, combinando canciones más rápidas con otras más lentas, composiciones clásicas y modernas, más primitivas o mucho más ornamentadas, con mayor presencia vocal (chapeau en este punto para Jennie Knaggs) u otorgándole más importancia al aspecto instrumental… y alargando el repertorio hasta que dejamos de pedírselo. Aunque lo más llamativo de la tarde, amén de las mencionadas exquisiteces vocales ofrendadas por la encantadora (con mayúsculas) y guapa señorita Knaggs, fue el soberbio dominio de los instrumentos de cuerda mostrado por Nick Schillace, reconocido solista y recuperador de sonidos primitivos de Norteamérica. No me extraña que el amigo Nick sea considerado como una autoridad en su materia, además de un reputado profesor. ¡Menuda máquina! Por cierto que, según me dijo la propia Jennie Knaggs a la finalización del evento, también forma parte de otra banda de Detroit llamada I, Crime. Una propuesta bastante diferente a la presentada por Lac la Belle y que yo desconocía hasta ese momento pero que, tras una par de escuchas, tengo que calificar cuando menos de interesante.

martes, 15 de noviembre de 2011

Hacer por hacer


"Sabemos que es lo q'hay q'hacer y lo vamos a hacer... y por eso hacemos lo que hemos dicho que íbamos a hacer... y por eso seguiremos haciendo aquello que nos toca hacer a pesar de que alguno no se crea que vamos a hacer los que hemos dicho que íbamos a hacer".  
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José Ramón Bauzá aka "el hacedor", además de President de les Illes Balears por el PP, en lo que supone, más que probablemente, un nuevo récord Guinness de conjugación del verbo hacer. Eso sí, no me ha acabado de quedar claro que es lo que hay que hacer... aunque algo habrá que hacer, digo yo.     

lunes, 14 de noviembre de 2011

Miqueta en guisao


A ver, vaya por delante que, para un servidor, el mero hecho de acudir a un recinto para escuchar música en directo ya es un gran acontecimiento. Todo ello independientemente de que las bandas de la noche me gusten más o menos o incluso de que sobre el escenario lo hagan peor que mejor. Lo que quiero decir, de una manera un tanto torpe lo reconozco, es que el ir de conciertos, así en abstracto, me mola mucho. Y a partir de ahí vienen los matices, que pueden ser miles. 
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Digo todo esto es porque la actuación de los Corizonas (Arizona Baby y Los Coronas juntos y medio revueltos) del pasado sábado noche me pareció una auténtica burla, sin embargo no me lo pasé del todo mal. ¿Contradicción? Tal vez… Trataré de explicarlo. A ver, según yo lo veo no te pueden sablear diecisiete euracos para ver un grupo de versiones. O sea, que me parece muy bien que haya bandas que se dediquen a eso. Incluso estoy dispuesto a admitir que algunos como los Pennyroyal Tea o los The Beatle Show! sean buenos y te hagan pasar un buen rato tocando los clásicos de algunas bandas míticas como Nirvana o los Beatles. Es más, puede ser que hasta los Achtung Babies sean la polla, aunque esto es más difícil de aceptar sabiendo que los italianos se dedican a hacer versiones de la banda terrorista U2 (y además les vi en directo en el marco de la fiesta que montó el Athletic Club de Bilbao la semana previa a la celebración de la final de la Copa del Rey 2009 y dieron bastante penica). Hasta me parece bien que cobren por ello, ya que es un trabajo como cualquier otro y nadie vive del aire, ¡pero joder que no nos sangren aprovechándose de las angustias ajenas! Que en el fondo son no-creadores, no nos equivoquemos. 
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Y eso último es precisamente lo más triste del asunto. El que dos bandas de prestigio como Arizona Baby y Los Coronas, antaño buenos hacedores de canciones, se hayan unido para degenerar en otra banda tributo más, eso sí, cobrando las entradas a precio de estrella. Creo que con el nacimiento de Corizonas hemos perdido a dos grandes bandas y nos ha quedado esto, unos tíos que reinterpretan de cojones las canciones de otros, sea Neil Young, los Dead Kennedys, Pink Floyd, Black Sabbath, ¡e incluso alguna suya!, pero poco más. Es por ello que no me queda sino plantearme, ¿realmente hacía falta? ¿ese era el destino de las dos bandas? ¿embuchacarse diecisiete palos por pringado asistente al acto?  
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Por cierto que la coriz(on)a es una inflamación de la mucosa de la nariz de características similares a la rinitis alérgica, acompañada de irritación y emisión de secreciones mucosas o mucopurulentas, que en ocasiones va asociada a una gripe. Joer, ¡si es que hasta el nombre está mal escogido! Visto lo visto la fusión operada amenaza con ser más chusca que la de Son Goten y Trunks -¡¡¡Gotrunk!!!- de Dragon Ball... lo siento tíos, pero todos tenemos un pasado.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Ya me acabé The Wire


Los que me conocéis sabréis de sobra que no soy demasiado aficionado a ver series. Muchas han sido las veces en las que me he forzado en seguir alguna y a los tres o cuatro episodios me he dado por vencido. Y es que me cuesta Dios y ayuda sentarme ante el televisor (o ante la pantalla del ordenador) con la perspectiva de consumir un montón de horas de mi vida para descubrir en que termina la cosa, un precioso tiempo que podría dedicar a otros menesteres. Mucha gente a mi alrededor me insiste en que, con esa actitud, me estoy perdiendo algo muy grande. Que parte del mejor cine que se filma hoy día se encierra en estas series, muy especialmente en las producidas por la HBO. Es por ello el que, de tanto en tanto, cedo ante la insistencia de algún amigo y me trago la recomendación de turno, aunque tan sólo sea para poder echárselo en cara después. La última vez ha sido con The Wire y he de reconocer que por culpa de ello he tenido que variar mi discurso. No hay nada que reprochar, tan sólo agradecimiento para quien me abrió los ojos y me permitió degustar semejante delicatessen. Y es que es una puta maravilla, de lo mejorcito que se ha filmado nunca (o al menos que yo haya visto, que no es poco). No sé en que coño estaría yo pensando, ¡dejando pasar casi diez años para introducirme en esta tremenda historia de policías y ladrones! 
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Aunque Bajo Escucha, que así es como se tradujo en España la serie, no es sólo eso -otra historia de polis-, o mejor dicho, sí es eso pero es muchas cosas más. Se desarrolla en Baltimore y trata de ser una visión realista de la vida en aquella ciudad, quien viene a ser la auténtica protagonista de la serie. Todo arranca del mundillo de las drogas, pero la cosa deriva hacia otros muchos temas como el de la corrupción política, el sindicalismo portuario, el sistema educativo público o la ética periodística y policial. Igualmente en cada una de las cinco temporadas de las que se compone The Wire aparecen retratados los diferentes estratos de la sociedad norteamericana, desde los bajos fondos de Baltimore, hasta la clase trabajadora, la alta política, los promotores inmobiliarios, los profesores, los medios de comunicación y, por supuesto, la policía, la judicatura y el FBI. Podría decirse que el tema central que estructura la serie y a raíz del cual se desarrolla es el uso de tecnologías electrónicas de vigilancia usadas por la policía, de ahí el título The Wire, "el pinchazo" o "la escucha" en jerga policial. Estas tecnologías aparecen reflejadas de forma realista vistas desde ambos lados de ley: por una parte los sistemas y técnicas utilizados por los criminales para evadir la vigilancia a la que son sometidos por la policía y por el otro las medidas empleadas por estos últimos para pillarles pese a sus cautelas.
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Lo que hace diferente The Wire respecto a otras series policiales o de investigación criminal es que aquí las cosas son verosímiles. Todas sus situaciones –y son muchas- son perfectamente posibles. Todos sus personajes –y también son muchos- son creíbles. En cada episodio no es necesario que el superpoli protagonista descubra el supercaso del día. A veces ni siquiera hay un supercaso sino una investigación repleta de trampas que los policías encargados no son capaces de abordar bien por trabas legales, políticas o por la impunidad de la delincuencia en determinados ámbitos. Además en The Wire también se abordan las razones de los malos, introduciéndonos en un complejo mundo inclemente repleto de códigos impenetrables para casi todos nosotros. Con todo y con eso somos capaces de entender las decisiones de todos ellos, independientemente de si actúan bien o mal bajo nuestro prisma de corrección occidental, y al margen de cómo nos caiga el personaje en cuestión (en general todos tienen su momento, excepto Omar Little que siempre cae bien). Si esto es así es por culpa del ex - periodista de sucesos David Simon, creador de la serie,  y del ex – detective de homicidios Ed Burns, co-guionista principal. Ambos, en el ejercicio de sus respectivas profesiones, accedieron de primera mano a todo el material necesario para construir las tramas de The Wire. De ahí que muchos de los personajes se basen en personajes reales de Baltimore e incluso varios de los actores secundarios sean amateurs que interpretan sus propios personajes (o casi). Por otro lado donde no llegaba la mano de estos dos, se ayudaron de gente tan solvente como Agnieszka Holland, Brad Anderson, Clément Virgo, Joe Chapelle, Daniel Attias, Peter Medak, Clark Johnson o Milcho Manchevski.
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En definitiva una gran serie que apela a la inteligencia y buen gusto del espectador y que no te debes perder. Vale que no he visto muchas, pero esta es la mejor con diferencia hasta el momento. Teatro cine del bueno... como diría MouAhí os dejo una escena mítica de la serie protagonizada por los detectives Bunk Moreland y Jimmy McNulty:

Y aquí  la opinión de todo un Premio Nobel de literatura.

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PD. El diálogo transcrito, por si os habéis perdido: 
Bunk: Aww... Fuck. McNulty: Motherfucker. Bunk: Fuckin' Fuckin'... Fuck. Mmm. Fuck. Fuck fuck fuck. McNulty: The fuck? Bunk: Fuck. McNulty: Fuck! Na-aw. Bunk: Fuck. NcNulty: Fuck.... Bunk: Mother of fuck! Oh fuck. Ohh fuck. McNulty: Fuck me, fuck fuck fuck fuck. Fucker. What the fuck? Bunk: Fuuuck. Mother fucker! McNulty: Fuckin' A. Bunk: Mmm-hmm. McNulty: Fuck. Motherfucker. Bunk: Fuck me.
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