lunes, 16 de noviembre de 2009

Las serpientes ciegas



Lo prometido es deuda.
El otro día, con motivo de la entrada que titulé “Guerracivilismo revisited”, me referí a esta novela gráfica escrita por Felipe Hernández Cava e ilustrada por Bartolomé Seguí, galardonada con el Premio Nacional de Cómic 2009. Lo hice para introducir una crítica a lo limitado del espectro creador de nuestros artistas, a los que sacas del tema guerracivilista y no saben que contar. Probablemente esto sea una generalización injusta, soy consciente de que existen importantes excepciones a lo dicho, perdonadme, pero es que estoy hasta los huevos de leer la misma historia una y otra vez… 

...bien, hablemos de “Las serpientes ciegas". La historia comienza en Nueva York, allá por el año 1939. Alguien acaba de llegar a la ciudad siguiendo la pista de un tal Ben Koch, que al parecer incumplió un pacto con su perseguidor. Un trato que se fraguó durante la Guerra Civil Española, en la que Ben participó en el bando republicano tras tener que huir apresuradamente de su país por la participación en “actividades subversivas”. Paralelamente, vemos como el sr. Koch también anda buscando a alguien, un tal Curtis Rusciano, aunque no sabremos el motivo hasta el final de la novela, en el que se nos desvelará la clave. En fin, con la Guerra Civil como telón de fondo, seguimos a  dos atormentados personajes que intentan ajustar sus cuentas personales.

El guión firmado por Felipe Hernández Cava, combina brillantemente la intriga con la contextualización sociocultural (a pesar de la tan manida Guerra Civil… je je je). Pero sin embargo, para servidor, la trama se va al carajo por culpa de un último capítulo absurdo. Por dos motivos. El primero, porque se nos da como clave de la historia algo que no cuela ni con toda la buena voluntad del mundo. Y en segundo lugar, por que si hasta entonces la historia había ido bien, con un ritmo pausado muy adecuado para mantener la intriga, de golpe y repente en un solo capítulo se soluciona todo apresuradamente y de forma bastante inverosímil, la verdad. En parte me recuerda al giro final de “El corazón del ángel”, pero entiendo que en la película esta circunstancia se resolvió mucho mejor.

En fin, que probablemente se trate de una obra brillante. No escapo a la circunstancia del importante galardón que se le ha concedido. Pero a mi me falla algo, no me acaba de entusiasmar y gran parte de culpa lo tiene ese mediocre capítulo final. Con todo y aunque parezca contradictorio (y probablemente lo sea), me ha gustado. Fundamentalmente por el trabajo de Bartolomé Seguí a los lápices, con un dibujo lleno de sombras y matices en el que destaca poderosamente la paleta de tonalidades rojizas. Con ello consigue transmitir una atmósfera agobiante y opresiva, sin duda lo mejor del álbum.

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