¡¡¡Extra extra!!! ¡¡¡Últimas
noticias!!! Y es que en pleno miércoles
de ceniza, fecha del calendario cristiano que da inicio a la Cuaresma,
la prensa viene echando humo. Y no lo digo por las noticias relacionadas con la
crisis económica y demás… o bueno sí, al menos en parte, ¿o sino como se
explica que a un tipo lo hayan despedido de su trabajo por tirarse demasiados pedos? No va de broma, ha pasado en la “pérfida Albión”, ese país que da
lecciones al mundo de cómo gestionar bien una crisis, concretamente en un
poblacho que atiende al nombre de Burton-upon-Trent, en las West Midlands (esto
último lo digo pa’ los que hayáis aprendido
geografía británica gracias a los vuelos del Ryanair). En unos almacenes de suministro de esa localidad curraba
un chaval que tenía facilidad para soltarse cuescos a diestro y siniestro. Sus
jefes, ni cortos ni perezosos, han decidido desprenderse del “hombre metralleta”
alegando “exceso de ventosidades en
horario laboral”. Coño, esa si que es güena.
¡A donde vamos a ir a parar! Eso es un ERE
encubierto y no lo de la
SEAT. Menuda excusa
de mal pagador para hacer recaer sobre el currela las consecuencias de la puta
crisis. ¿No me diréis que el motivo de despido os parece normal?
Pero encima el
empresario alega que el despido es procedente, "tras haber recibido 35 quejas"
por las flatulencias que soltaba el menda. ¡35 quejas! Así que es un tema de cantidad. No
es por que se haya peído en su jeta,
no, ni porqué sus yufas huelan a
rayos, sino por el número de veces que el chaval ha soltado lastre. ¿Pero quien
decide cual es el número de pedos que uno se puede arrear antes de que lo
despidan? O sea, ¿te puedes tirar 34 y sin problemas, pero al que hace 35 vas a la calle?
¿Quién fija ese límite? ¿Viene en el contrato? ¿En el convenio sectorial tal
vez? ¿Y por qué emplear un criterio cuantitativo y no cualitativo? Ya puestos, ¿si
huelen deberían contar doble, no? En fin, las cosas del empresariado que ya no
sabe que inventar para joder a los pobres trabajadores.
Pero si os pensabais que
esas cosas sólo ocurren en la
Gran Bretaña, os equivocáis. El empresauriado patrio también sabe inventarse causas chorras de despido. Sin ir más lejos, durante
el pasado año leí la noticia del despido de un cajero del Banco de Sabadell, ¡por exceso de bostezos! Fue en una sucursal de Ávila.
Parece ser que la Dirección de RRHH de la entidad bancaria calificó el asunto de “faltas muy graves”. ¡Con dos cojones
Mariloli! Si uno ya no va a poder ni bostezar en su puesto de trabajo, pues
vamos apañados.
Y
es que la cosa está mu malita y
cualquier motivo es válido para despedir a la peña. Si hasta en los
chistes de “un francés, un inglés y un español” han largado al inglés. No va de
coña. Que lo escuché el otro día en “El club del chiste” de Antena 3. ¡Que han
echado al inglés de los chistes y han puesto a un rumano! Tan sólo espero que le hayáis
hecho contrato, panda de hideputas.
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Addenda (al affaire de los peos): “La firma que dirige el
almacén de Waterstone y de la que depende la contratación de su personal, dijo
que no era política de
la empresa comentar la situación laboral de sus empleados o proveedores,
por lo que dejarán que el asunto se diluya en el aire como una racha de viento
más”. Sí, pero una racha de viento en la que no tiene cabida los efluvios
anales de este pobre trabajador. ¡Cabronen!
Joder,
no sé que poderes sobre el clima tienen los directivos de la MTV, pero siempre se las ingenian para
que el MTV-Winter Valencia se celebre
durante la jornada más fría del año en una ciudad poco acostumbrada a ponerse abrigo.
Es como si Enlil, Tláloc y Zeus estuvieran a sueldo de la cadena musical y se
conjuraran para que la celebración de este evento se enmarque en unas
circunstancias ambientales que hagan honor a la estación del año en la que se
celebra y que le da nombre.
Por
lo que a mi respecta, tengo que reconocer que no tenía muy claro si acudir o
no. Principalmente porque el cartel para la edición 2010 no me llamaba en
absoluto, con los sobrevaloradísimos Artic
Monkeys a la cabeza, y con dos teloneros “de lujo” que no los conocen ni en
su casa. Y me da igual que
“Humbug”, el último álbum de
los de Sheffield, aparezca en todos los listados de los mejores del año
pasado, a mi no me dice nada, más de lo mismo… o como le gusta decir a un amigo
mío, incluso menos (de lo mismo)… ja ja ja. Si a eso le unimos lo que os he
comentado del frío ártico, muy adecuado para unos monos provenientes de
aquellas latitudes, pero una putada para estar tres horas de plantón en un
recinto al aire libre que, para más INRI, se sitúa entre las dos alas que
conforman sendos edificios de “La Ciudad de las Artes y de las Ciencias”,
generando un efecto similar al de un túnel de viento, pues os podéis imaginar lo mucho que me seducía el concierto.
Y luego viene lo otro, los males de la
gratuidad y los efectos colaterales de la modernez impuesta por las tiendas de
ropa y las cadenas comerciales de música y televisión. Consecuencia de esto último: Hordas de teenagers agolpándose
en las entradas del recinto museístico.
Ese
mismo sábado volvía yo de comer con mi familia y aprovechando que la reunión
acabó muy pronto, me acerqué a una conocida librería del centro de Valencia. A
la salida, aún mareado como un pato por culpa de la calefacción del local, me
decidí por volver a pata hasta mi casa. ¡Joder que buena idea! Menuda rasca
macho. Y encima todo el caminito padeciendo el sirimiri en la cara y con el
moquillo colgando. Y eso que iba a marcha ligera y bien abrigadito, no como los
chavales que, desde primera hora de la tarde, hacían cola en las paradas de las
líneas de la EMT que llevan hasta la Ciutat de les Arts. Mala señal, pensé,
sí a las 16:30, lloviendo y con un frío del carajo ya se ve semejante
turbamulta de quinceañeros dirigiéndose al concierto, a la hora que tengo
yo previsto acercarme me va a ser imposible acceder.
Bien, no se muy bien qué ni como paso, pero me levanté de la cama el domingo
a mediodía, con la boca seca, rayos y truenos dentro de mi cabeza y lo que es
peor, abrazado a una gigantesca botella de Budweiser. Uno es consciente que
levantarse de esa guisa no dice nada bueno de lo acontecido la noche anterior.
Alcohol, humo, música garrula, rotondas (sí ya lo sé, tengo una fijación con
las rotondas… je je je), es de lo único que me acuerdo. Ah, y de que el concierto de
los Artic Monkeys fue una puta mierda… o
tal vez no, pero desde donde estábamos no se escuchaba muy bien. Eso sí,
frío, lo que se dice frío, no recuerdo haber pasado. Pues eso... y que si queréis una crónica al uso del concierto, la buscáis
en prensa… ¡o en el Internet coño!, que pa’ eso está. Hala, a mamarla!!!
Xé nano,
mira que al principio la música de estos tipos me decía bien poco. En parte por
que andaba embrutecido por los jodidos prejuicios, lo reconozco. El menda pensaba que Manel sería otra banda más de las que se benefician de cantar en
catalán, motivo suficiente para que la TV3
y el resto de medios públicos y privados de Cataluña apuesten por ellos,
independientemente de si son buenos o malos. Pues bien, no sé si están muy
subvencionados o no, pero lo cierto es que cada vez que los escucho me gustan
más. Y si han recibido todo ese apoyo, pues bienvenido sea, aunque sea sólo por
esta vez. Y es que escucha tras escucha de “Els
millors professors europeus”, que así se llama su disco de presentación,
cada vez ando más prendado de su música. Hasta el punto de que he acabado por
enamorarme de este peculiar cuarteto de Barcelona, sin duda alguna, lo mejor
que ha salido en mucho tiempo de entre esa cosa que algunos llaman “rock en catalá”. Y ese es otro motivo
por el cual me costó acercarme a los Manel.
Mira que esa etiqueta (la de “rock en
català”) le ha hecho daño al colectivo de músicos que emplean esa lengua
como vehículo de expresión. Todo tiene cabida en ella, bueno, malo o regular, sea rock o no lo sea…tot bo!!!
Al
principio, un amigo no hacía más que insistirme en que los escuchara, pero yo me
hacía el loco. No quería perder el tiempo, una vez más, con algún engendro
diarreico presentado en sociedad como “los nuevos Whiskyn’s” o con la enésima garrulada made in Gerard Quintana, Adriá Puntí o de algún otro eminente miembro
de la secta. Porque
mira que hay grupos malos que cantan en catalán. Sí, ya sé que eso también
ocurre entre las bandas que cantan en castellano o en euskera, pero mientras que entre estas últimas el porcentaje de las
que merecen la pena estará en torno al uno por cien, en el caso de las que
cantan en catalán la ratio de
“aprovechamiento” debe andar por una entre
millón, ¡como mínimo!
Pero
mira tu por donde que, al final de la corrida, le hice caso a mi amigo… i a Déu gràcies!!! Por que los Manel, con esas canciones en las que mezclan
pop, jarana y música tradicional
catalana, merecen muchísimo la pena y, porque no decirlo, han conseguido darle
un lavado de cara al rock en catalá. Coño
si serán buenos que hasta las versiones, pese a las dudas que puedan suscitar a priori, son chulísimas: el “No t’enyoro” de Els Pets,
“La tortura” (“El broquil”) de
Shakira, y muy especialmente el “Common
people” (“Gent normal”) de los Pulp,
que desde mi punto de vista (ohhhh, sacrilegio!!!) mejora la original.
Ah!, y los videos
cojonudos…no los enlazo aquí porque Youtube últimamente me está dando por saco... En
fin, ojalá en breve se acerquen por aquí y así veremos como funcionan en directo.
Esta peculiar historia autobiográfica, escrita
y dibujada por la norteamericana Alison Bechdel, fue incluida como una de los
cien mejores libros del año 2006 por The
New York Times. Con un sobrio dibujo a dos tintas, la Bechdel nos cuenta como transcurrió su
infancia y adolescencia en el seno de una familia disfuncional como pocas. Con dos hermanos varones e hija de un profesor de inglés que dedica su tiempo libre a coleccionar
antigüedades y a restaurar su casa victoriana y de una mujer, también
profesora, que en ocasiones parece anulada por las extravagancias de su marido.
Pero “Fun Home” es sobretodo una novela de reivindicación. Su autora homenajea a un padre distante que
nunca hizo pública su condición homosexual, un aspecto que, por otra parte,
comparten padre e hija. De lo que no nos quedan dudas es acerca de la admiración que la autora siente por su padre y eso que el texto está plagado de duros reproches hacia él.
La historia es divertida y triste por
partes iguales y eso no está nada mal, ahora, tiene un defecto importantísimo que lo desluce todo: es muy pedante... y pretenciosa. Todos esos paralelismos intelectualoides entre los miembros de la familia Bechdel y los
protagonistas de “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust, el "Ulises" de Joyce o la propia vida de
Oscar Wilde, acaban por abrumar al más pintado. Creo sinceramente que con menos
reminiscencias literarias, este “divertido hogar” hubiera tenido más lustre. Por otra parte, me gusta mucho el que
la autora haya sido capaz de presentarnos como una comedia, algo que se asemeja
mucho más a una tragedia griega. O mejor dicho, a un puñetero drama, pese a que la pedantería omnipresente a lo largo de toda la obra consiga que, en ocasiones, nos lo tomemos a pitorreo. Y por eso digo que, al final, una obra que pintaba muy bien, se queda en un ejercicio de querer y no poder.
A
ver, no es que no me haya gustado la película, pero me esperaba algo más. Que
sí, ya lo sé, que Viggo Mortensen y el chiquillo (bien guapo por cierto) lo
hacen muy bien, que la fotografía al cargo de Javier Aguirresarobe se sale, que
el trasfondo post-apocalíptico está muy logrado… pero es que el listón estaba
muy alto, demasiado para un casi-debutante en estas lides como el australiano John
Hillcoat. Probablemente, si estuviésemos ante una obra original, o una
adaptación cinematográfica de la novela de algún manta, la hubiese valorado más. Pero es que “La carretera” se basa en la novela homónima escrita por Cormac
McCarthy que ganó el Premio Pulitzer
2007. Y Mr. McCarthy pasa por ser uno de los
mejores escritores vivos, ¡que coño!, juntamente al también norteamericano
Philip Roth, los dos mejores que nos quedan. Así que, massa pa’ la
carabassa Johnny!!!
Y
tenía muchísimas ganas de verla, la verdad. Fundamentalmente
porqué me encantó la novela, por otra parte, como toda la obra de McCarthy. Pero es que además,
mientras la leía, me parecía que podría salir una muy buena película de ella,
a diferencia de lo que me pasa con otras obras suyas menos “cinematográficas” y
de las cuales se anuncian inminentes adaptaciones al mundo del celuloide (en
este sentido me tiene intrigado como el sobrevaloradísimo Todd Field va a resolver
los problemas de adaptación que plantea la magnánima “Meridiano de sangre”). Concluyendo, que con “The Road (the movie)” me equivoqué. O se ha equivocado el señor
Hillcoat.
Tampoco
quiero ahuyentaros de las salas de cine, no sea cosa que el gremio de
empresarios del sector vaya a por mí y me banee
el blog. Ya os he comentado al
principio del post que la película no
me ha disgustado. Además, si no os habéis leído el libro, o sí, pero no sois fans del autor, es probable que os guste
hasta mucho. Porqué la historia es inquietante, lúcida y te mantiene atado a la
butaca del cine (o a la de lectura) hasta conocer el desenlace final. Y como os
he dicho antes, los actores están bastante bien y las circunstancias “ambientales”
que rodean esa desenfrenada huida hacia delante, de un padre y un hijo que
luchan por sobrevivir en un ambiente hostil, también. Pero se echa en falta
parte del sentimiento que transmite la novela. Y le sobran flashbacks explicativos de cosas que no hay necesidad de explicar. No
hace falta decir que estos últimos son aportación personal del director.
En
fin, haced lo que queráis. Aunque lo mejor sería que, independientemente de que
vayáis al cine o no, os leáis el librito, que por cierto es bastante corto y te
lo acabas en dos ratos. Y si queréis más sobre mi escritor favorito, ahí abajo dejo
enlazado todo lo que escrito de él:
Como
sabréis y si no os lo cuento yo, durante hoy y mañana se disputan los
encuentros de vuelta de las semifinales de la Copa de SSMM el Rey de fútbol. En ellas parten con clara ventaja tanto
el Atlético de Madrid, que le ganó 4
– 0 al Racing de Santander en el
partido de ida, como el Sevilla FC,
que le metió un 2 – 0 en su campo al Getafe
CF. Es por ello que las directivas y el entorno de los dos clubs perdedores hayan lanzado campañas
de apoyo a sus respectivos equipos, para que estos logren voltear la eliminatoria y disputen
la final de Copa. Hasta aquí todo normal. El problema viene cuando vemos que lo
han hecho ¡encomendándose a los espíritus! Concretamente al de Cocorotta y al
de Obama.
La historia nos cuenta que
el tal Corocotta fue un guerrero que vivió en el siglo I AC por las tierras del Cantábrico. Al parecer, se convirtió en
un auténtico escollo para los romanos durante la disputa de las Guerras Cántabras. Así nos lo narra el
historiador romano Dión Casio: “irritóse
tanto [el emperador Augusto] al principio contra un tal Corocotta, bandolero español muy poderoso, que
hizo pregonar una recompensa de doscientos mil sestercios a quien lo apresase;
pero más tarde, como se le presentase espontáneamente, no sólo no le hizo
ningún daño, sino que encima le regaló aquella suma.” Pues bien, es a este
tío a quien se han encomendado los seguidores racinguistas para darle la vuelta a los cuatro goles de desventaja con
los que parten en el encuentro de vuelta de las semifinales.
Honestamente no creo que les llegue con la única ayuda del Cocorotta. Cuatro
goles se antojan demasiada renta cuando tus delanteros se llaman Tchité y/o
Xisco… o Canales, que el chaval será buenísimo, pero acaba de empezar en esto del fútbol. Así que, o Cocorotta se transforma en delantero-centro de los güenos, al
estilo Luca Toni de antaño, y le cuela cuatro chicharros al Atleti, o
los santanderinos se tendrán que conformar con ver la final por televisión.
El
Getafe por el contrario, ha optado
por no remontarse tan lejos en el tiempo e invocar a un espíritu más próximo: el
de Obama… o para ser más exactos, al manoseadísimo “Yes we can”. ¡Cuanto partido le estamos sacando al latiguillo del
actual inquilino de la Casa Blanca! Nos
vale para todo, lo mismo da que hablemos de política que de deportes, da para
un roto y para un descosido. Aunque en este supuesto, con todo lo difícil que debe
ser ganarle al Sevilla, existen más posibilidades
de que Obama ayude a los azulones, que Cocorotta(el calvorota)
haga lo mismo con los racinguistas.
Intentando organizar mi cada vez mayor
archivo fotográfico, me he topado con este bonito recuerdo de un viaje que
realicé hace unos años. En la foto, lanzada con mi pírrica cámara de por aquel
entonces, se ve a un grupito de vendedoras en el mercadillo dominical de Bac
Ha, al norte de Vietnam. Sita a unos sesenta kilómetros de Lao-Cai, frontera
natural entre China y Vietnam, el poblado de Bac Ha se inserta en una zona
montañosa alrededor de la cual hay numerosas aldeas habitadas por diferentes
minorías étnicas. La diversidad es una característica del norte de Vietnam, en
donde se congregan más de treinta etnias diferentes entre las que se encuentran
los H’mong negros o floreados, los Dzao rojos o negros, los Zay, los Thai, etc.… Aunque sin ningún género de dudas, los más llamativos
de todos ellos son los H’mong floreados,
especialmente las mujeres, que van ataviadas con espectaculares trajes de
colores, fabricados por ellas mismas con cáñamo y tiras bordadas. Precisamente
a esta etnia pertenecen las señoras de la foto que da pie a esta entrada,
omnipresentes en todo el mercado.
El mercado sólo se celebra los domingos y a él acuden gentes
provenientes de aldeas lejanas que se acercan hasta allí con el propósito de comprar
y vender todo tipo de productos: ganado, comida, tejidos… aunque las tribus de
la Cochinchina son capaces de autoabastecerse de prácticamente todo lo que
necesitan, con una única excepción: la sal. Pero el mercado no sirve tan sólo como
zoco en el cual hacer negocio, la gente aprovecha para coincidir con sus familiares
y amigos de otras tribus y fomentar las relaciones sociales. ¡Incluso es un
lugar ideal para encontrar pareja! Al parecer los chicos jóvenes bajan hasta el
mercado con esa intención y la tradición dicta que cuando les gusta una chica,
se la llevan a su casa, en donde habrá de permanecer durante tres días sin
salir, alimentada por los padres de él. Si la chica se come la comida, eso significa
que acepta al chico, pero si no lo hace, al tercer día la dejan marchar y el
chaval habrá de aceptar que le han dado calabazas. En fin, las cosas de las
tribus
Joder,
hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien en un concierto. Ha tenido que venir
un tío desde Sant Joan Despí para que pasara. Y eso que el sábado nos acercamos
hasta la sala Wah Wah con todas las
reservas del mundo. En primer lugar porque ni servidor ni Ivanrojo, mi compañero para la ocasión, somos
especialmente fans de esta especie de
trovador tecno. Además desconfiábamos de
encontrar entradas lo cual, para que os voy a engañar, no hubiera supuesto
problema alguno porque veníamos reventaicos de casa. Supongo que algo tendrá
que ver la “Fiesta Vinilo Valencia” y el “Post-party” del día anterior… y eso que no lo hicimos muy largo,
pero es que los años no pasan en balde.
Bueno,
vayamos por partes. Por escrupuloso “orden de entrada” primero toca referirse a
la fiestecica del viernes. Se ve que doña Rita andaba contenta con el comienzo
de la Copa América y se
dignó a sufragar un apetecible concierto que habría de celebrarse en el
Tinglado 2 del remodelado Puerto de Valencia. Por este escenario desfilaron, por
este orden, La Habitación Roja, el
cantautor asturiano Nacho Vegas y los incombustibles granainos de Los Planetas.
Como todo concierto gratuito que se precie, el recinto se llenó hasta los topes
desde mucho antes que comenzaran las actuaciones. Además, sé de buena fuente que
para muchos universitarios ese día terminaban los exámenes, circunstancia que
sin duda ayudó a completar el aforo. Aunque para mi desgracia y para la de
algunos más, ninguna de las tres bandas sonó especialmente bien. Pero como la
gente tenía ganas de farra y de pasarlo
bien, poco importó.
Abrieron
fuego La Habitación Roja,
probablemente la banda más sobrevalorada que ha parido esta puta ciudad. Sí, lo
siento chavales, pero no puedo con ellos. Cada vez que le veo el jeto al Pau
ese, o escuchó la voz (o más bien la ausencia de voz) del tal Jorge Martí me dan arcadas.
Y eso que, honestamente, he de reconocer que fueron los que mejor sonaron. A continuación le tocó el turno al gran Nacho Vegas por el cual servidor siente auténtica devoción. Y eso que mi idilio con el gijonés se remonta a hace
bien poco, y es que antaño me costaba entrar en su rollo autodestructivo. Para
mi desgracia es la vez que menos he disfrutado de su actuación, que como he
dicho antes, estuvo bastante lastrada por la mala sonoridad. Esperemos que se desquite con prontitud en algún otro concierto, ofreciéndonos su extraordinario repertorio de canciones, incluyendo la particular versión del “Fare thee wheel, Miss Carousel” escrita
originalmente por ese tejano mágico llamado John Townes Van Zant. El cierre de
la velada lo protagonizaron Los Planetas,
la sempiterna banda de Jota, ese hombre sin voz y con el pelo a lo afro (antes,
porqué ya está medio calvo) al que debemos algunos de las mejores álbumes de la
historia del pop español. Adoleciendo
del mismo problema que sus dos predecesores, Los Planetas consiguieron ganarse a un público, ya de por sí
entregado, incluyendo en su tracklist varias de sus mejores composiciones de ayer y de hoy.
Yo disfruté especialmente con “Santos que
yo te pinte”, aunque la verdad es que sus más de 10 años de carrera dan
para un puñado de buenas canciones.
Ahora,
si el concierto fue claramente mejorable, mejor ni hablamos de la post-party que los amigos de Vinilo Valencia montaron en el espigón
(o espiJón) con La
Habitación Roja DJy Los
Átomos DJ’s. Me asombra leer en algunas crónicas que fue la polla y no se
cuantas cosas más, ya que, ni el local era el adecuado para este tipo de
eventos, ni los DJ’s eran nada del
otro jueves. ¡Que cojones! la sesión fue harto deficiente, digan lo que digan. Así que, otra
vez será.
Y
ahora vamos a lo bueno: la actuación de Joe Crepúsculo del día siguiente.
Podríamos decir que la cosa comenzó bien. En un bareto justo al lado de la sala,
mientras devorábamos un bocata y unas tapitas en la barra, coincidimos con
Nacho Vegas chupándose una cazallas como un campeón. Lo más gracioso es que,
justo a su vera, aunque sin reparar en la presencia del asturiano, se colocó
Joe Crepúsculo con dos colegas que se limitaron a tomarse unas birritas, mientras
observaban en el televisor como el Real
Madrid pasaba por encima del RCD
Espanyol. Un tipo peculiar el señor Crepúsculo. Personaje enanizado, con el
pelo a lo Billy Ray Cyrus y con una bartola que haría las delicias de cualquier
treintañero acomplejado de ver como el tiempo pasa y los cuerpos degeneran.
Pero lo más grande de todo, es que tienes la impresión de estar ante un tío que
se saca la chorra y nos mea a todos. Y como no podía ser de otra forma,
haciendo gala de esa capacidad de micción, el tipo se subió sobre el escenario, tocó
lo que le dio la gana y como le dio la gana, acabó cuando quiso sin bises ni
pollas y nos ofreció un pedazo de concierto que recordaré durante muchísimo
tiempo. Y la cosa tiene mérito, porque mira que el hombre canta mal y tiene peor aspecto,
pero es salir y ganarse al público con su mera presencia. Carisma o magnetismo
o como coño le queráis llamar… menudo crack esta hecho el barrilete cósmico. Así
fue enlazando “Siento que muero”, “Todo
lo bello es gratis”,“Dirirí Dirididá”,
“Escuela de Zebras” o “Suena brillante”, aunque lo mejor de todo lo dejó para el final.
Como despedida y cierre eligió una versión tecno de “Al alba” de Luis Eduardo Aute, ¡de
auténtica traca! La cancioncita mejora ostensiblemente la composición original
y tiene visos de convertirse en el hit
hortera de la temporada.
En fin, que me lo pasé de la hostia.
Para terminar, una breve mención al personal presente durante la actuación de Supercrepus.
¡Jamás había visto reunidos tamaña cantidad de freaks en una sala de conciertos! Vamos, ni en un concierto de jevatas se junta lo que había
allí. Y encima completamente entregados a la causa, dándolo todo como si la
vida les fuera en ello, coreando todas y cada una de las canciones… increíble…
un espectáculo digno de ser visto. Durante muchos años recordaré los bailoteos
de “el barbas” y su colega “el quinceañero eunucoide”… o un oso pelanas que
teníamos delante… ¿y que decir de “ricitos de oro” y sus colegas de la tercera
edad?… En serio, lo más grande que he visto en mucho tiempo. ¡Viva Joe
Crepúsculo y viva la madre que lo parió!
Cuando apareció publicada
“Neuromante”, hablamos del año 1984, el mundo de la ciencia ficción se apresuró
en elevarla a los altares, considerándola como obra cumbre de este género literario
e introductora de un nuevo subgénero al que denominaron cyberpunk. Probablemente
su autor, el norteamericano William Gibson, nunca llegó a soñar que con su
primera novela alcanzaría semejante éxito, ni que iba a conseguir acaparar con
una sola obra los tres principales premios del sci-fi: el Nebula,
el Hugo y el Philip K. Dick de novela. Estas
circunstancias han supuesto que el señor Gibson no tenga que padecer por su
situación económica, ni la de sus hijos y nietos, de aquí a la eternidad. Y da
lo mismo si el resto de sus obras son una basura, sus editores saben que con
poner su nombre impreso en la portada del libro, este se convertirá en un gran
éxito de ventas. También en el mundo del cine lo saben y lo han utilizado para
dar lustre a películas que adaptan alguno de sus cuentos. Es el caso de esa
obra maestra del séptimo arte titulada"Johnny Mnemonic",
con el siempre expresivo Keanu Reeves en el papel principal. Léase con sorna lo
de "obra maestra"… y lo del "expresivo" Reeves.
El caso es que si “Neuromante” es
lo máximo que Gibson ha conseguido tras devanarse el cerebro, no quiero ni
pensar en como serán el resto de sus novelas. Y no pienso comprobarlo, la
verdad. Vale sí, que el tío escribiera la novelita a mediados de la década de
los ochenta, anticipándose en varios años al impacto que causarían los temas
relacionados con la realidad virtual, tiene su valor. Ahora, hubiera sido más
meritorio que, con ese novedoso envoltorio, creara una historia mínimamente
interesante y medianamente comprensible al lector. Porqué ahí radica el
principal problema de “Neuromante”, en que no se entiende
un pijo y lo poco que se deduce es una puta mierda. Un torrente de jerga
indescifrable que se refiere a nebulosos e indefinidos mundos virtuales, con
profusión de maquinitas fantasmagóricas y variedad de burradas a cada cual más
grande, que no nos llevan a ningún sitio. Le quitamos el moderno embalaje cyberpunk y nos
damos cuenta que lo poquito que se entiende es la misma historia (de mierda)
mil veces contada, con mejor o peor fortuna, por otros tantos escritores. Un no
parar de lugares comunes.
Y lo siento mucho si sois cyberpunkies (o
como se diga) y consideráis que es un sacrilegio criticar a este pilar de tan
glorioso movimiento. Pero es que siendo un habitual lector de novelas, muchas de
las cuales son del género sci-fi, no acierto a comprender donde
radica la gracia de “Neuromante”. Y me es imposible calificar como
magnífico a un libro que lo único que hace es juntar frases y palabras, muchas
de ellas inventadas por su autor, para al final no decir nada. Y nos tiene que
dar igual que nos molen mucho las tecnologías de la información, la
cibernética, la robótica, los nanoprocesadores y el resto de
cachivaches propios del género, porqué esto es primera y principalmente
literatura. Capish!!!
Para colmo, lo poco que se
puede entender en la novela, tampoco es como para echar cohetes. La historia
del prota, que se llama Case y es un “vaquero”, no mola nada. Por cierto que, lo
de cowboy, poco tiene que ver con los míticos protagonistas de
la pelis de John Ford. Aquí Gibson se refiere a unos desgraciados que se ganan
la vida hurtando información en el ciberespacio, conectándose a unas consolas
(no se concreta si es la Wii o la Xbox)
lo cual les permite penetrar en “bloques de hielo” repletos de información. Y de la
co-protagonista mejor ni hablar. La tal Molly es una especie de Lobezno en
clave femenina. Aunque lo que más risa da de este personaje, es que lleva unas
gafas implantadas quirúrgicamente. ¡Cojones!, tanto ciberespacio y tanta polla
¿y no han sido capaces de operarla de la vista como a la gente normal? ¿era
necesario soldarle unas gafas en la cara? Ah! Y también mola mazo la
visión que del futuro se nos da. Un carnavalito continuo que, por muy sombrío que
nos lo quieran retratar, no da más miedo que cualquier película de Tim Burton.
Eso sí, Norteamérica es representada como una única y gigantesca ciudad, el
centro del mundo of course, mientras que Europa es un miserable vertedero. Aquí hay poca
ciencia ficción, la misma visión que del mundo tenía Gibson en el 84, es
compartida por sus compatriotas del presente. En fin, una novela bastante
floja, la verdad.
Cuando la autora norteamericana Jean M. Auel escribió “El Clan del Oso Cavernario” (1980), se
equivocó en la ambientación y de época. ¡Del paleolítico nada! ¡España, aquí y
ahora! Si mal no recuerdo, en la novela coexistían nueve clanes compitiendo en hacer la burrada más gorda para así demostrar quien es el
más poderoso, o quien la tiene más grande que para el caso es lo mismo. Extrapolando esta situación a nuestra triste realidad, es
evidente que, ya postergado a un segundo plano el abyecto Federico Jiménez Losantos, el clan dominante es Intereconomía (“el canal del toro”). Una colla de cerriles que no desaprovecha ocasión para
consolidar su liderazgo en la caverna. Y he de reconocer que, si no fuera por la mala
intención que esconden y la mala leche que se gastan, muchas de las patochadas a las que nos han acostumbrado harían hasta gracia.
Entre
la retahíla de aberrantes personajillos que se cuelan en las tertulias de Intereconomía, destaca el orondo Juan Manuel de Prada. Haciendo mías las palabras que le dedicó hace un tiempo Carlos
Boyero, “un gordo, cursi, afectado y redicho que representa varias de las cosas que me inspiran grima en este mundo”El autor de “Coños” -libro de capítulos cortos en el cual describe
pormenorizadamente las vaginas de diferentes mujeres-, no tuvo reparos en
afirmar que la juventud española está enferma de sexo y que así lo atestigua el
triunfo de series como “Física o química”. Para rematar la faena sentenciando que le parece normal en una
sociedad enferma en la que se puede matar a niños (sic), que
los jóvenes no tengan reparos en violar y luego asesinar a una muchacha como
Sandra Palo. Como veis, los
planteamientos del señor de Prada son de una lógica abrumante. La saturación
sexual que padece la sociedad española le lleva a equiparar el aborto con un salvaje
asesinato precedido de violación. No hace falta comentar mucho más… O sí, citándole a él mismo: “El coño de mi novia es un coño violento, de
una zoología más crustácea que molusco (y los gourmets me entienden), aunque a
ella le desagrada que de tantos detalles, por si alguien la fuese a identificar
(¿quién, me pregunto, si yo he sido su primer novio?)” – Extracto de “Coños” (1995). En fin, nos habremos de contentar con el premio “gañanada de la semana” que un espacio humorístico de La Sextaconcedió a
este eminente ginecólogo.
Pero
el “clan del toro cavernario” no es el único que se remueve en nuestra querida caverna carpetovetónica. Existen otros que, actuando en la sombra, pretenden desbancar a estos del namber uan de la
clasificación interclanes. En este sentido va el último movimiento de los
editores de Factual, un, hasta ahora,
interesante periódico digital de centro derecha a la europea. Eso hasta
ayer, cuando Arcadi Espada, su director hasta el momento, dimitió de su cargo por desavenencias con la empresa editora. Al parecer, estos se quejaban del
modelo “elegante y poco beligerante”
que Espada exhibía con el Gobierno socialista y con la izquierda en general. Dice
Espada que la empresa desea un contenido “más conservador y de derechas,
pero sobre todo más beligerante”, frente
al modelo “de pensamiento crítico, relativamente
conservador, científico y laico radical”por el que Factualse había caracterizado hasta
la fecha. En fin, no se hacia donde nos
llevará todo esto, pero me viene a la mente una frase del gran Manuel Vázquez Montalbán: “Te acuestas siendo un
triste socialdemócrata y, por la mañana, cuando te levantas, resulta que te has
convertido en un peligroso izquierdista. Como el tiempo trascurrido te ha
pillado en la cama y durmiendo, deduces que la metamorfosis no puede ser cosa
tuya, sino de los demás”. Y otra que esta relacionada con esta,
del periodista Javier Ortiz: “No es
que yo me esté radicalizando en la izquierda. Yo estoy quieto, son los demás los que
se están volcando cada vez más hacia la derecha”.
No
recuerdo como acababa el libro de Auel. Creo que se mataban a porradas entre unos
clanes y otros. Ya sé que no, ¿pero y lo que molaría?
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Pd.
Desde ayer, en la lista de recomendaciones de Suloki -la de la derecha-, no
aparece el link de Factual. Y me sabe mal, en serio. Vale
que casi nunca comparto las opiniones de Arcadi Espada, pero representa un
pensamiento de centro-derecha, moderado y racional, que se echa en falta en
este país. Desde luego, cuanto daño ha hecho el puto Fedeggico y sus adláteres.
Pd II. El cuadro que ilustra la entrada se titula “Silencio” y esde Johann Heinrich Füssli, pintor suizo que desarrolló su obra durante el último tercio del XVIII y principios del XIX. Pd III. No sé porqué, pero me temo que acabaré arrepintiéndome de haber defendido al tal Espada. Me comentan que es un survivor de la cosa y esa gente ya se sabe... Ojalá me/se equivoque/n...