miércoles, 6 de noviembre de 2013

Réquiem por RTVV

No nos dan tregua. Nunca hay buenas noticias para los residentes en esta land of pain por todos conocida como Comunitat Valenciana. Otrora uno de los motores económicos del país para orgullo de sus gentes, a quienes se nos hinchaba el pecho al proclamar a los cuatro vientos que éramos valensianets, oseasé de la millor terreta del món, ¡la California Europea!, ¡el Montecarlo mejorao con orxata y paella!… xé xé xé…
…‘na caguerà pa’ tots!!!

Y es que los valencianos hoy nos hemos desayunado con el inminente cierre de RTVV (Canal 9 + Radio 9). Una maravillosa nueva que nos recuerda que vivimos en el verdadero trasunto del Paraíso en la Tierra. Ahora es cuando los de fuera entenderéis el sentido del Aeroport de Castelló. Y es que si no tenía aviones no era por falta de planificación, sino porque se construyó con la idea de recibir a esos Dioses seducidos por las beldades de esta terreta. Un lugar, con mucho, mejor que esos Olimpos de pacotilla en el que esos mismos dioses vienen descasando sus divinos culos desde tiempos inmemoriales. Pero no es cuestión de desesperar, todo lleva su tiempo. Ya vendrán. Lo veremos. Lo veréis.  

A lo que iba. Que nos hemos quedado sin el Canal 9, la televisión pública valenciana, también conocida como Canal Bou por su afición a retransmitir todas las corridas de toros celebradas en territorio patrio y parte del extranjero. Eso sí, los programadores siempre se las arreglaban para colarnos entre corrida y corrida “Una de l’Oest”. ¡Películas de vaqueros que no falten! Daba lo mismo que fuesen buenas, regulares, malas o directamente espantosas, cabía tanto “Centauros del Desierto” como “Que viene Valdez II”… y es que el criterio nunca fue el fuerte del ente público. La calidad tampoco. Si lo fue el mentir, el silenciar la disidencia y el ejercer de No-Do en favor del partido en el gobierno.

Porque esa es la imagen que nos queda de Canal 9. La del canal manipulador que ya casi nadie veía (¡un escaso 3% según los últimos sondeos!). Un sitio en el cual los informativos más que informar, desinformaban. En donde uno podía enterarse de toda la actualidad fallera, o de los goles del Valencia CF, pero no de que Paco Camps estaba imputado por cohecho impropio, o que medio PP Valenciano aparecía en el sumario de la Gürtel. De ahí que ahora muchos se alegren de su desaparición. Pues yo no. Porque la cosa no siempre fue así.

Cuando Canal 9 nació, allá por el año 1989, lo hizo con la ilusión propia con la que se gestan este tipo de proyectos. Estábamos en una época esperanzadora en al que el país funcionaba y la región también... y en ese marco se presentaba ante nosotros un equipo joven de profesionales con muchas ganas de trabajar, dispuestos a ofrecernos lo nunca visto por estos lares: un medio de comunicación público que actuaría como instrumento normalizador y difusor de la cultura autóctona, además de generador de una industria audiovisual. Eran los comienzos y la cosa parecía marchar mejor que peor, con el hoy día olvidado (e incluso vilipendiado) Amadeu Fabregat al frente. Y en esas estábamos cuando Zaplana desembarcó en el Palau de la Generalitat. Y ese fue el principio del fin. Porque lo que hasta entonces había sido un medio sostenible, con una plantilla equilibrada, un prestigio razonable y unas audiencias estimables, saltó por los aires por obra y gracia del cartagenero. Él fue quien implantó las “plantillas paralelas” de acólitos, que han ido incluyendo en su seno a varias falleras mayores y belleas del foc que se había pasado por la piedra, que han terminado por hundir el ente. Con el comenzó el despiporre y el extravío generalizado de fondos públicos. Con él se implantó lo que los del Mongolia llaman el método liberal para acabar con lo público en cuatro pasos:

Primero: "Agarre con fuerza el sector público por el brazo"

Segundo: "Denígrelo. Hunda su prestigio y niegue su utilidad."

Tercero: "Retuérzalo hasta dejarlo sin financiación."

Cuarto: "Desmantélelo y ponga los recursos en manos privadas."

...i a guanyar diners!!!


Y de lo que pudo haber sido a lo que es... O a lo que fue, porque ayer tarde Alberto Fabra, nuestro Poc Honorable President, anunció solemnemente que la tele pública había dejado de existir en la Comunitat Valenciana y punto. Por sus cojones... o los de los suyos, ya que no es más que una marioneta de los totis que gobiernan en esta Comunidad desde hace décadas. El anuncio se produjo horas después de que el Tribunal Superior de Justicia declarase ilegal el ERE por el cual se había despedido a unos mil trabajadores del ente público. Nuestros políticos decidieron que ni flowers. Que antes que acatar la sentencia, que obligaba a la reincorporación de los trabajadores, preferían cargarse Canal 9. Como un niño pequeño que afirma que como la pelota es suya, se juega a lo que él quiere o se lleva la pelota a casa. Y eso es lo que supone el anuncio de Fabra, que ya no tenemos pelota con la que jugar. Una pelotita que, por otra parte, no era de él, sino de todos los valencianos. Pero les da igual. 
“No cerraré un hospital o un colegio para mantener una televisión insostenible", dijo el menda...  Já!!!… Para desembolsar 32,6 millones de eurazos para cubrir la deuda del Valencia CF, la del Hércules y la del Elche sí que hay pasta. Cómo también la hubo para la Formula1, la Copa América, las visitas papales y las demás mierdas súper importantes para el bienestar del populacho…

En fin amigos, que no sé ni porqué me quejo. Tenemos lo que nos merecemos.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Noviembre de 2013. NOVEMBA' IS NOT SEPTEMBA' (PERO LO PARESE)

Un mes después de que mi espalda dijera basta y aún renqueante de esta jodida lesión que me lleva por la calle de la amargura, aquí estoy de nuevo para alegraros el mes con la nueva SuloTK. La lista de noviembre, el mes en el que, según parece, el frío por fin se ha decidido a pedir paso. Así qué, pasando por alto tradiciones inventadas que nada me dicen porque nada me aportan, este día de todos los Santos está consignado a que asistamos al renacimiento de Yuck, a viajar con "El Rolls Royce de los Suavizantes", a redescubrir a Xiu Xiu a través de Shearwater, a darle una segunda oportunidad a Crossover, a volver a soñar con la cabeza y el corazón (ouyeah!),  a envolvernos entre lo nuevo de Arcade Fire, a desbarrar con Ty Segall igual de grande solo que acompañado, y a despedirnos de dos personas maravillosas que nos han abandonado recientemente, y que algunos siempre llevaremos muy dentro: Mr. Walter White aka Heisenberg y el gran Lou Reed. 

Pues ahí queda eso. Que lo disfruten ustedes que pueden. 

jueves, 31 de octubre de 2013

Gravity es una virguería

¡No le sobra nada! Una película en la que sale Sandra Bullock, e incluso acaba con un happy end y a pesar de todo eso, que no es poco, sigue siendo maravillosa. Y es que "Gravity" (Alfonso Cuarón -2013) nos presenta un espectáculo visual apabullante y para nada gratuito. Sacándole partido a las posibilidades que ofrece el 3D como no se había hecho hasta ahora. Pero además de eso es angustiosa, por momentos desasosegante, pese a su simple historia que por una vez y sin que sirva de referente, es lo de menos. Porque la narración visual es portentosa, las imágenes impactantes, la acción tremendamente vivida hasta el punto de que el espectador permanece aferrado a su butaca desde el minuto uno hasta el final del metraje... ¡Cuándo las estaciones espaciales explotan lo hacen delante tuya! Casi se sienten los fierros pasando a tu vera...

Entretenimiento de altura. ¡Algo digno de ser visto! ¡¡¡Una delicia!!!
No se la pierdan.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Ahora sí... Bye bye Wallander

Hace más o menos cuatro años, concretamente el 24 de octubre de 2009, colgué una entrada en la que os contaba la penica que me producía el adiós de Kurt Wallander. Y es que uno ha pasado grandes tardes de tensión y disfrute atendiendo a las desventuras literarias protagonizadas por ese peculiar inspector de la policía de Ystad. Pues bien, me equivoqué. O más bien me fié de Henning Mankell, quien había anunciado a bombo y platillo que la Serie Wallander terminaba allí. Pero no. O sí, pero no y me explico.

Justo en estas fechas aparece publicado "Huesos en el jardín", aparentemente una nueva aventura del inspector Wallander. Y muchos diréis: -No puede ser. El viaje de Wallander terminaba de forma explícita tras "El hombre inquieto-. Y tendréis razón. Porque este libro transcurre en un momento cronológico anterior a "El hombre inquieto". De hecho se sitúa entre este último y "Cortafuegos"*. El propio autor nos explica que escribió esta historia mucho tiempo atrás con vistas a una publicación holandesa. Un tiempo después, para su sorpresa, se encontró con que la BBC había localizado el libro y lo había incluido en el guión de su popular serie sobre el detective protagonizada por Kenneth Branagh. Por eso no le quedó más remedio que publicar esta novela corta. 

En ella Kurt Wallander visita la que podría ser la casa de sus sueños. Tras muchos años buscando un lugar en el campo en el cual pasar sus últimos años de vida (algo que al fin logrará en su última aventura), parece encontrar algo que podría acoplarle. Pero existe un pequeño problema: El jardín de la casa está atestado de huesos humanos enterrados. Y lo que habría de ser la culminación de un ansiado sueño, acabará derivando en una investigación criminal que nos retrotrae a una serie de acontecimientos acaecidos hace más de medio siglo. 

La novela no es la bomba. Lo mejor de Wallander ya quedó atrás, quedando pocas esencias en un tarro del que rebosaron maravillas como "La falsa pista", "La quinta mujer" o "Pisando los talones". Sin embargo no deja de ser otra aventura de Wallander y la pluma de Mankell nunca defrauda. Así que.... wallanderianos del mundo, ¿a qué esperáis para hincarle el diente a esta historia?
Porque encima el libro incluye un maravilloso postfacio en el cual Henning Mankell nos cuenta "cómo empezó, cómo acabó y que ocurrió entre tanto" que hará las delicias de los adictos al universo Wallander.

Y con esto se acabó lo que se daba. Este es el verdadero final de una aventura que comenzó allá por la primavera de 1990, en la fría Escania (al sur de Suecia, cerca de la frontera con Dinamarca), y que tenía como germen la expansión del racismo en esa admirada democracia nórdica (¿Os acordáis del argumento de "Asesinos sin rostro"?). Así fue como nació Kurt Wallander, ese policía íntegro y complicado que es consciente de su compleja labor pero también del complejo mundo que lo rodea. Esa sociedad a la que cada vez entiende menos y de la que de buena gana escaparía. Pero no puede o no quiere, siempre consciente de su responsabilidad como policía pero también como ser humano. Porque ese es el principal valor de Wallander, ser antes un ciudadano que un madero, un tipo que con sus filias y sus fobias siempre intenta tirar para adelante demostrando una envidiable capacidad para evolucionar y cambiar. 

Y eso es todo. Salvo nueva e inesperada sorpresa ya no habrá más wallanders. Tan sólo queda despedirnos. Hasta siempre Kurt Wallander. Y muchas gracias por todo.

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* Bueno, "El retorno del profesor de baile" y "Antes de que hiele" también se sitúan entre medias pero, a pesar de que suelen aparecer incluidas dentro de la Serie Wallander, no son propiamente aventuras del inspector Wallander. "El retorno del profesor de baile" está protagonizada por el joven detective Stefan Lindman (que ni siquiera es detective de la comisaría de Ystad) y "Antes de que hiele" por Linda Wallander, la hija de Kurt, actuando él como mero secundario en la trama. 

lunes, 28 de octubre de 2013

Lou Reed (1942 - 2013)

Domingo 27 de octubre de 2013. No sé sí está fecha será recordada por muchos de nosotros dentro de unos pocos años. Lo dudo. Es lógico por otra parte. ¿Porqué habría de recordarse? No se ha producido, al menos que yo sepa, ningún atentado terrorista en la capital del mundo con miles de víctimas, fruto del cual el orden mundial se haya quedao tremolando. Tampoco han acontecido hitos deportivos que vayamos a rememorar de aquí a unos años -salvo que seáis seguidores del Atlético de Madrid y hayáis tenido la suerte de presenciar el primer gol oficial de esa estrella en ciernes llamada Óliver Torres). Y Justin Bieber, Lady Gaga y Beyoncé siguen bien, gracias... 

El caso es que sí es una fecha importante. Al menos para un servidor, que tendrá grabado a fuego este 27-O como el día en el que murió Lou Reed. El día en el cual nos dejó una de esas personalidades imprescindibles del arte a la que debo parte de mi educación cultural y no sólo cultural. Se nos ha ido un tipo grande, ¡pero que muy grande! Y como decía ayer un amigo, dejando tras de sí un vastísimo legado musical, poético y activista aún por descubrir (o re-descubrir). Hablamos del responsable de himnos como "Walk on the wild side", "Perfect day", "Vicious", "Venus in furs", "Sweet Jane", "I'll be your mirror", "Pale blue eyes" o "Heroin", entre otros muchos. Y es que Reed a muchos nos cambió la vida. Si bien no lo hizo de una forma directa o inmediata a través de sus canciones, a las que por edad llegamos algo tarde. Fue más bien a través de la alargada sombra que proyectó sobre cientos de bandas, muchas de las cuales se hayan en el panteón de dioses del rock de cualquier melómano de medio pelo. 

Resumir la vida del genio de Long Island a través de un puñado de canciones se me antoja ridículo. Elaborar una selección de sus mejores temas me parece innecesario. Agarrad cualquier disco de él, de cualquier época, el que os salga del nabo y ponerlo a rodar en vuestro reproductor. Disfrutad de lo que salga de ahí y agradecedle el regalo. No hay Lou Reed malo, nunca, como no hay sexo oral malo, ya sabéis. 

Yo ahora mismo estoy con el "Set the twilight reeling" (1996) uno de sus últimos y menos reconocidos álbumes de estudio, y aún así un disco enorme. Entre sus cortes destaca este "Hookywooky" con el que los Lehmann Brodas' diyéis (monstruos!!!) tenían a bien comenzar todas y cada una de sus sesiones. ¡Dios salve al Rey Lou!

martes, 22 de octubre de 2013

Una novela rusa

Esta novela que realmente no es rusa, ni está escrita en ruso y mucho menos por un autor ruso sino por Emmanuel Carrère - de quién ya os hablé (y muy bien) aquí y de alguna manera también aquí-, ni siquiera es propiamente una novela. Más bien parece un batiburrillo de historias, reflexiones, anécdotas y expiaciones más o menos conectadas entre sí. Eso sí, la prosa del francés es brillante y la no-historia es envolvente. Por otro lado, a pesar de que el tipo no es ruso, sí que es un rusófilo contrastado al que lazos familiares le unen con el país de Dostoyevski, Gorbachov, Limónov o AK47

Podría afirmarse que "Una novela rusa" es un libro que compendia lo más importante acontecido en dos años de la vida de su autor. Nos habla de un poblacho deprimido de la Rusia interior llamado Kotelnich, de un húngaro tullido que viene a ser el último preso de la II Guerra Mundial, del abuelo de Carrère -un inmigrante georgiano supuestamente ajusticiado por colaboracionista-, de su madre, de la lengua rusa -la del abuelo, la de la madre y la de su nania-, y por supuesto de Sophie. Y todo ello "con la esperanza de capturar algo que se me escapa y me mina", en palabras del propio autor.

Con todo y con eso, aunque no os lo creáis, el libro es una gozada. Y es que leer a Carrère cada vez me entusiasma más. 

jueves, 17 de octubre de 2013

Shit happens

No voy a comenzar este post aburriéndoos con mi habitual perorata en la que enfatizo mi condición de neófito en este mundillo de las series. Más que nada porque la cosa ya no cuela. Y es que los asiduos a este negociado ya os habréis dado cuenta de que para jactarme de no ver series, ya son unas cuantas sobre las que he compartido mis impresiones. Bien es cierto que mi adicción no es igual a la de un fan series prototípico, aguardando semanas, meses y hasta años para conocer el desenlace de las mismas. Yo soy más de tragármelas del tirón y como para ello se requiere un montón de tiempo libre, mi momento serie viene condicionado por los dolores y estados de postración con los que me obsequia mi maltrecha espalda.

Todo esto para hablaros de “Breaking Bad", la serie del momento, sobre la que todo el mundo habla, sea en el trabajo, en la verdulería, en el metro o en la barra del bar. La que todo quisque ha visto, está viendo o quiere ver, la mejor serie de ficción de la historia para algunos (entre los que se incluye Anthony Hopkins)... En fin, ya sabéis, la del apocado profesor de química que acaba convirtiéndose en un brutal capo de la droga capaz de inundar Nuevo México con su fantabuloso cristal azul… Esa misma... 

- Peeeeeero ¿realmente es para tanto? 

- Pues sí. 

- A ver Suloki, ¡no nos precipitemos! 

-Okey, no lo haré. Me lo pienso cinco minutos y contesto…

Tic 

Tac

Tic 

Tac

¡Pueeeees sí! ¡¡¡que coño!!! "Breaking Bad" es una cosa bárbara. Cincuenta horas de buen cine. Un tiempo más que bien empleado. 

Vale, ya sé que es tremendamente jodido comparar y elaborar un ranking sobre un género del que es imposible haberlo visto todo (ni tan siquiera lo más representativo). Pero por eso mismo, porque hasta a los más eruditos les falta bagaje, me tiro al monte y una vez hecho el esfuerzo de concluir las cinco temporadas que conforman “Breaking Bad” en tan solo tres semanas, afirmo que es de lo mejorcito que yo jamás haya visto y, muy posiblemente, de lo que vaya a ver.

- ¿Y porque está tan guay "Breaking Bad"? 

- Muy buena pregunta...

En primer lugar porque el trabajo de dirección, guión, fotografía, producción, etc... es absolutamente descomunal. Unos tipos que han sido capaces de mantener la disciplina y el control sobre el fondo y la forma, ¡durante seis años! Poca broma. 
También porque los actores, con Bryan Cranston en el papel de Walter White/Heisenberg a la cabeza, lo bordan. Un trabajo absolutamente impresionante el de este tipo, a quien apenas recordaba como secundario en "Argo" (2012 - Ben Affleck), "Contagio" (2011 - Steven Soderbergh) o como papá de Malcolm en la serie "Malcolm in the Middle". También están impresionantes Giancarlo Esposito como Gus Fring, Dean Norris como el agente de la DEA Hank Schrader y Bob Odenkirk en el inolvidable papel del abogado Saul Goodman (aka  “Better call Saul!”) de quien ya se anuncia un spin off al que seguro echaré un ojo... 
Y sobretodo porque la historia es cojonuda. Y cuando digo que es cojonuda creédme, lo es.

“Volviéndose malo” o algo así, que es como podríamos traducir “Breaking Bad”, tiene un título que le viene que ni pintado. Recuerdo pocos mejor elegidos que este. Porque de eso va esta ficción, de cómo un tipo que al comienzo se parece sospechosamente al puto Ned Flanders, acaba por convertirse en una especie de Pablo Escobar, sanguinario y déspota. Un mequetrefe que nunca tuvo agallas para mostrarse como un malvado pero que, tras ser diagnosticado de un cáncer terminal, se deja llevar por sus instintos y comienza a hacer lo que nunca antes se atrevió desligándose de cualquier consideración de tipo legal o moral. Un tipo que decide vivir lo que le queda de vida como siempre había fantaseado pero nunca se había atrevido, rompiendo las reglas, viviendo al límite y sobretodo alimentando el ego. Porque antes del cáncer Walter White era alguien apocado a la derrota, medio engañado por supuestos amigos que se forran gracias a sus ideas y proyectos, con un hijo adolescente aquejado de algún tipo de parálisis cerebral y un bebé no deseado por nacer, inmerso en un trabajo para el que está manifiestamente sobre-cualificado y qué ni siquiera le da para pagar las facturas, por lo que ha de completar la jornada trabajando en un lavadero de coches. Un pringado de tomo y lomo de quien se burlan hasta sus alumnos, como en aquella escena del primer episodio en en el que dos listillos le fotografían con el móvil encerando un coche para mostrarlo a los compañeros de clase. Pero será aparecer el cáncer y que todo cambie. A partir de ahí presenciaremos como el sr. White va desvaneciéndose y de entre sus cenizas surge el gran Heisenberg.

Y eso es lo que nos cuenta "Breaking Bad", la transmutación de un loser talla XXL en el puto emperador de la droga por todo el mundo conocido como Heisenberg. Pero es que encima lo hace con gracia, adoptando una fórmula tragicómica -de oscura comedia y drama moral- al estilo del cine de los hermanos Coen.    


Hay que resaltar que la metamorfosis de este Dr. Jekyll contemporáneo, o más bien su descenso a los infiernos, se operará a través del concepto mafioso de la famiglia. Algo que le inoculará su predecesor al frente del imperio de la metaanfetamina: el inolvidable Gustavo Fring. Eso le sirve para armar su coartada, esgrimida mil y una veces a lo largo de la serie, de que tan sólo actúa para asegurar el futuro de su familia (si bien, al final llegará a reconocer lo que todos ya sabíamos, que eso no es cierto o al menos no es toda la verdad). También se justifica así la extraña relación amor-odio entablada con Jesse Pinkman, quien comienza siendo un mero socio comercial, para acabar revelándose como un hijo descarriado al que proteger. 

Tampoco quiero dar a entender que todo en “Breaking Bad” haya sido perfecto. Quizás al señor David Gilligan, creador de la cosa, le haya sobrado una temporada o temporada y media, pudiendo contar lo que quería en menos episodios. Pero la pela es la pela, supongo, y con esas audiencias tan brutales se antoja difícil no sucumbir al encanto de sumar capítulos para engrosar la cuenta corriente. Y sí encima son buenos... Por otra parte, contraviniendo la opinión mayoritariamente expresada por críticos y seguidores, el final es manifiestamente mejorable. ¡Ojo! No digo que sea malo, porque no lo es, tan sólo creo que podría haberse resuelto de mejor manera en el sentido de más acorde a la odisea vital de su personaje principal. Según yo lo veo Heisenberg no necesitaba (ni merecía) un acto de redención como el del episodio final. Pero bueno para gustos los colores y desde luego no por ello "Breaking Bad" deja de ser una gran serie de la que he disfrutado como no recordaba haberlo hecho nunca. 

... que encima se cierra con esta maravillosa canción de Badfinger. Dedicada a los que todavía sostienen que "Breaking Bad" no cuida el aspecto musical... Bullshit!!!

Todavía se me salta la lagrimita...

martes, 1 de octubre de 2013

Octubre de 2013. MELODÍAS PARA ALIVIAR MI BROKEN BACK (MOUNTAIN)

En estos días en los que la puta espalda me mantiene prácticamente incapacitado, mientras en la tele arrogantes politicuelos logran convencernos de que la solución está en la competitividad paranoica que deshumaniza al otro (Orwell dixit), nada mejor que relajarse y evadirse de la miseria que nos rodea escuchando la SuloTK de octubre. Variadito y bueno, con temas para todos los gustos, aunque por encima de todos ellos Junip. Y es que in José González we trust...
Hala, enjoy!

domingo, 29 de septiembre de 2013

Los millones

Pongamos qué un miembro de los GRAPO, de una pírrica célula durmiente instalada en un suburbio de Madrid y que está compuesta única y exclusivamente por su mismidad, es agraciado con el premio gordo de la Lotería Primitiva. Pongamos que al terrorista, en su innoble condición, le resulta difícil cobrar un premio para lo cual habría de identificarse y abandonar el anonimato y la marginalidad. Pues bien, eso es "Los millones", deliciosa novelita del polifacético artista y artesano vasco Santiago Lorenzo. Bueno eso y mucho más tal como apunta Kiko Amat en esta magnífica entrada en su web que suscribo de Pé a Pá:
Los millones
Santiago Lorenzo
Libros Mondo Brutto
205 págs.
¿Los millones? Su reino no es de este mundo. ¿De qué reino hablamos? De uno que sobrevive perdido, aislado, olvidado, una meseta 80’s que –contra todo pronóstico- vuelve a nosotros en pleno 2011, acarreando algo de paz para combatir el desasosiego y la presente banalidad de base. Pero no me entiendan mal: Los millones no es un libro ochentas; simplemente está ambientado allí. En 1986, para ser exactos. Esta sensacional novela, por añadidura, ostenta la más escueta y a la vez descriptiva nota de contraportada que hemos visto jamás: “Marzo de 1986. A uno del GRAPO le tocan doscientos millones de pesetas en la Lotería Primitiva. No puede cobrar el premio porque no tiene DNI”. Pero esta (por otra parte) fabulosa reducción de trama podría llevarles a engaño, porque Los millones dista mucho de ser una noveleta-con-guiño, una broma pulp con aroma cañí, por mucho que transcurra en el Madrid de mediados de los ochenta y por mucho que su protagonista sea “terrorista”. He aquí una novela que podría ser descrita como “analógica”, de la forma en que Thomas Pynchon se refirió alStone Junction de Jim Dodge. Un libro que, tanto por su celebración de las cosas que ya no existen, por su inherente panegírico a ese mundo (a ese Madrid) en vías de desaparecer, como por su lenguaje deliberadamente anacrónico, como por su rechazo a truquitos metaliterarios o fragmentación posmo, podría ser de cualquier época, perenne, inmutable. Noventayochista, si me permiten exagerar. Esta es, entonces, una novela pre-tecnológica, pre-globalización, escrita por alguien que aún está enamorado de Salgari, Verne, Chesterton, el Valle-Inclán de Luces de bohemia y Conan Doyle, ajeno a los dimes y diretes del mundo editorial, sus modas y bagatelas, sus pisaverdes y sus pelmazos. Una novela casi de aventuras, solo que en lugar de suceder la acción en un altiplano perdido de la Amazonia o en un bajel pirata que sortea el Cabo de Hornos (o en un café de 1924), su adictiva trama se nos presenta en un maravilloso Madrid 1986 preservado para nosotros con el amor y el cuidado de un veterano entomólogo.
La trama detectivesco-conspirativa de Los millones, como habrán imaginado, es solo un pequeño encanto de los muchos que pasea por ahí esta remarcable obra. Uno pasa las páginas con furia, enfrentado a un misteriete que tiene tanto de El hombre que fue jueves como de The Ipcress file. Pero lo que deja más poso, lo que le rompe a uno el corazón, es su maravillosa oda a un mundo que parecía eterno, y resultó no serlo. En ese sentido, Los millones es una obra nostálgica, de la forma menos imbécil, menos barata y menos estéril posible: una novela que celebra la sociedad, comunidad y forma de vida de 1986, un universo que aún era remarcablemente parecido al de 1886, un medio ambiente que creíamos destinado a la eternidad, y que hacia mitades de los 90 nos arrancaron de debajo de los pies sin avisar ni pedir permiso. Piensen en el reciente “My town” de The Wild Swans, o el “Losing Haringay” de The Clientele, o la penúltima novela de Jonathan Coe, y entenderán el sentimiento subyacente aquí; incurable pesadumbre por lo que ya no existe.
Los millones, por tanto (sin caer jamás en la sensiblería Reader’s Digest, o el afectado kitsch gilipollas del que luce una camiseta de Naranjito), le canta a Radio Ochenta Serie Oro, a la cazalla y los botellines, a las chupas de “termoforro”, a la prensa deportiva, los Bonys y el mundo social pre-Facebook, pre-móviles, pre-subnormalidad. En ese sentido, como obra que aplaude a un planeta 80’s tan seguro de su permanencia como inquieto por el futuro, la novela es insuperable. Es irónico, asimismo, que el responsable de describir esa sociedad sea, precisamente, un protagonista forzado a la marginación y a la asocialidad, pero tal vez sea su estática soledad la que realza la vida de una ciudad que vivía en la calle; o, más concretamente, en los bares de ésta. Y es que Los millones es también un canto al bar, a sus costumbres, hábitos, clichés y particularidades, a sus leyes y su aspecto, tanto interior como exterior. Desde luego, solo alguien que haya pasado media vida en bares y bodegas (ver lista de julio-agosto) puede ser capaz de plasmar con semejante meticulosidad molecular el maremoto de detalles y referencias que pueblan la prosa del libro. Como el propio autor reconoce al final, “todas las localizaciones de la novela son reales, y funcionaban como tales en 1986”. Ni que lo jures, Lorenzo.
No obstante, debemos insistir, esta no es una novela vivencial. Su propósito final es ese entretenimiento de vieja escuela, Jardielesco y Mihurista, que los cráneos previlegiados de la literatura actual rehúsan tocar, y que tan en falta se echa en las librerías de hoy. Y a la vez, esas aventuras son la excusa para hablar con grandioso pathos de la soledad y la supervivencia, de lo dañina que es la carestía amical, del hueco en el alma que horada la falta de seres a quien amar, y a la vez a las posibilidades redentoras del amor romántico, del compadreo eterno, del encuentro de la media naranja. Por si esto fuese poco, casi inadvertidamente, Santiago Lorenzo erige simultáneamente un manual para el ahorro, un decálogo para arreglárselas con pocas perras, que apreciaran todos los manirrotos patológicos y dados al dislate pecuniario.
Como todo debe encajar, quizás sepan ya que Santiago Lorenzo es además artista pre-tecnológico (no se pierdan sus esculturas-híbrido de modelismo amueblante), cineasta (suyas son Mamá es boba y Un buen día lo tiene cualquiera, además de varios cortometrajes premiados aquí y allá), señor con cola de caballo y amante fatal de una buena barra de bar. Es decir: un humano al que desearíamos conocer, abrazar, sepultar en lisonjas, abrumar mediante brindis de repetición y, ya juntos y ebrios, maldecir la dictatorial intangibilidad y estulticia de estos tiempos nuevos, nada salvajes. Compren su libro, por favor.
Kiko Amat
Después de acogerme a la ley del mínimo esfuerzo ( penitenciacite), me despido insistiendo en lo mismo que el señor Amat: ¿a qué esperan para leerse este libro? Búsquenlo, cómprenlo y léanlo, no se arrepentirán.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Hellsingland Underground en El Loco, que no es poco

A ver como empiezo... 
...pues se suponía que esta crónica, junto a la de JetBone, tenía que salir mañana viernes. Dado que la espalda no me está dando tregua y lastimosamente no voy a poder asistir al concierto de esta noche, ahí van mis apuntes sobre lo sucedido el pasado jueves en la sala El Loco con los Hellsingland Underground como protagonistas.

No sé si por el boca a boca, por una buena labor de promoción, porque al valenciano le pone lo sueco o simplemente porque allí todo pichichi había entrado por la patilla, pero la sala presentaba un aspecto reconfortante. Y es que si comparamos la cantidad de público allí congregado con la escasa afluencia de otros conciertos celebrados recientemente en esa misma sala, los organizadores ya se pueden dar con un canto en los dientes. La gente vino a disfrutar del rock sureño de unos Hellsingland Underground que visitaban nuestra ciudad en el marco de una extensa gira que incluía nueve actuaciones en otras tantas ciudades dentro del territorio español. Llegaban presentando su último disco “Evil will prevail”, publicado el pasado 2012 y considerado por la crítica especializada como lo mejor que estos suecos han grabado hasta el momento. Y hasta puede que sea así -no he escuchado lo suficiente su primer álbum como para pronunciarme- pero desde luego, de lo que sí estoy seguro es de que con este disco Hellsingland Underground han alcanzado una identidad propia que no era fácil de advertir en los cortes del “Madness & Grace” (2010) ni en los de su álbum homónimo de debut (2008). Obviamente el sonido del sexteto de Ljusdal sigue rindiendo tributo a gentes como los Allman Brothers o Lynird Skynird, si bien ahora incorpora algún que otro arreglo, elemento guitarrero y por encima de todo unas letras tirando a oscurillas que los alejan, aunque sea mínimamente, de los maestros del southern rock. Respecto a esto último decir que me resulta muy curioso. O sea, que uno esperaría que unos chicos provenientes de una ciudad al norte de Estocolmo se asemejaran más a los héroes del hard rock y el stoner que tanto gustan por aquellos pagos. Pero no, Charlie Granberg es más Gregg Allman que Nicke Andersson, si bien, el espíritu de unos Hellacopters más sincopados también está presente en Hellsingland Underground, como quedó patente en el directo.

En fin, deciros que el concierto estuvo la mar de bien, porque su disco es un buen disco de rock y porque ellos, con su vocalista a la cabeza, pero también con un pedazo de teclista llamado Henning Winnberg que hizo las delicias de los asistentes, son muy buenos músicos. Mención aparte merecen ese maravilloso dúo de guitarristas compuesto por Mats Olsson (na' que ver con el mítico balonmanista del Teka Cantabria y la selección sueca) y Peter Henriksson. Unos tipos que hacia el final del show destaparon el tarrito de las esencias y nos dieron una master class que al parecer venía incluida en el precio de la entrada. La verdad es que estos grupos nórdicos son la polla. No suelen inventar la pólvora pero siempre tienen un nivel acojonante. Envidia sana visto (y oído) lo que hay por aquí. Y eso es todo amigos... 

...bueno, eso y que me jode perderme a los JetBone esta noche. Y es que como dirían estos tipos: “el mal -de espalda en mi caso- siempre prevalecerá”.
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