Este libro ha supuesto que me reencuentre con
uno de mis escritores favoritos, el norteamericano Philip Roth, sempiterno
aspirante al Nobel de literatura y Premio Pulitzer 1998 por la magnífica “Pastoral americana”. En esta ocasión elabora un ejercicio de política ficción
fabulando sobre las consecuencias que hubiera tenido una victoria Charles A. Lindbergh,
héroe de la aviación, fanático aislacionista y antisemita, si este se hubiese presentado
a las elecciones presidenciales de 1940. Para ello el autor no tiene que salirse
del barrio judío de Newark en el que nació y pasó su infancia. Partiendo de este hecho que nunca sucedió, ya que Lindbergh no concurrió
a esas elecciones que fueron ganadas por Franklin D. Roosevelt, Roth nos
muestra como la vida de una familia judía, la suya propia, ha de enfrentarse a
una ola de creciente antisemitismo alentada desde la presidencia de la nación.
El punto de partida es una verdad histórica y
no sé si incomoda para algunos norteamericanos, los poco disimulados coqueteos
del señor Lindbergh con el régimen nazi,
en ese momento en pleno apogeo en Europa. El mítico aviador del “Spirit of Saint Louis” se había
encargado de culpar públicamente a los judíos de empujar a los EEUU hacia una
guerra absurda contra Alemania y las potencias del Eje. Fue en Des Moines, el 11 de enero de 1941, en una
concentración del “America First Committee”,
donde soltó su conocido discurso “¿Quiénes son los agitadores belicistas?”. No tiene desperdicio.
A partir de esto Philip Roth se imagina un país gobernado
por el amigo Lindy, que se apresurará
a firmar un acuerdo cordial con Adolf Hitler, aceptando así su conquista de
Europa y su virulenta política antisemita. Una política que, de una forma más
sibilina que la empleada por el alemán, irá implantándose en los EEUU. Vemos ese
viraje fascista a través de los ojos de un niño, el joven Roth, que nos sumergirá
en los temores habituales de la infancia y en los miedos de una sociedad aún en
formación. Por otra parte no es nuevo el tema de la utilización del judío como
chivo expiatorio o las teorías de la conspiración antisemita en las que nos
embarca Philip Roth en “La conjura contra
América”, sin embargo, lo que sí es novedoso es la maestría con la que nos
lo cuenta.
¿Qué hubiera sucedido si el famoso piloto y héroe
americano Lindbergh (u otro de su misma cuerda) se hubiera presentando a las
elecciones norteamericanas y las hubiera ganado? Pues no lo sabemos. Como tampoco
lo sabe Philip Roth, pero se agradece su esfuerzo en descifrarlo. ¿Un aviso
para navegantes, tal vez?
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