lunes, 15 de diciembre de 2008

Mortensen - American Yakuza


Fue durante mis primeros años de Universidad, cuando iba loco recabando apuntes de todo quisque para completar unos temarios que tenían más agujeros que la declaración de la renta de Carlos Fabra. En algún momento y por recomendación de algún compañero, aparecimos en aquella reprografía cutre en la que se prestaban a fotocopiar no sólo apuntes, también libros enteros. Mientras hacíamos la cola nos dedicamos a comentar los curiosos pósteres de películas que, en forma de decoración, colgaban de las paredes del local. Nos pareció curioso el que, a diferencia de la mayoría de negocios que se deciden por este tipo de motivos, los carteles hiciesen referencia a films bizarros, desde luego bastante desconocidos. Por encima de todos destacaba uno con el jetón de un rubiales y en torno a él, unas enormes letras rojas que rezaban “M O R T E N S E N”, en la parte superior, y “A M E R I C A N   Y A K U Z A”, en la inferior. Que si hubiera sido P A C I N O  o  D E  N I R O -o cualquier otro actor más o menos célebre por aquel entonces- la cosa se hubiera quedado ahí. Pero al colocar como reclamo a un tal Mortensen, a quien no conocían ni en su casa cuando se acercaba a cenar, nos resultó cachondísimo. El asunto es que gracias a eso se nos quedó grabado el título de la peliculilla de marras y el apellido danés de aquel fulano. Y volvimos por allí un montón de veces poseídos por el embrujo de Mortensen y sus yakuzas americanos, no tanto para hacer unas fotocopias que podíamos agenciarnos más cerca y hasta barato. La cosa es que “American Yakuza” alcanzaría así la categoría de película de culto en nuestras mentes adolescentes. ¡Y eso que ninguno la había visto!

Pasados unos años y superada la edad del pavo, los complejos entresijos de la función pública valenciana determinaron que servidor recalara en la localidad alicantina de Petrer. Allí, durante mi primer mes de estancia, me alojaría en una especie de apartotel bastante asequible, que contaba con el aliciente de la tele por cable. Y mira tú por donde que, una tarde nada más volver del curro, se produjo el reencuentro con “American Yakuza” y el gran Mortensen. Por fin, tantos años después, conseguí ver esta joyita del cine de acción dirigida por un tal Frank A. Cappello en 1993. La cinta cuenta la historia de un agente del FBI –Mortensen- que se infiltra en una poderosa familia yakuza asentada en los Estados Unidos, con la intención de acabar con ella. A raíz de esto, el hombre se ve envuelto en una sangrienta guerra entre mafias. Vamos que hay tiros a mansalva y muere hasta el apuntador.

Como habréis deducido ese tal Mortensen no es otro que “Aragorn, hijo de Arathorn, heredero de Isildur, señor de los Dunedain, heredero del trono de Gondor, apodado Trancos, Capitán de los Montaraces del Norte…” A quien la fama le sobrevino al poco, así que mis colegas y servidor siempre podremos decir que le descubrimos antes que el populacho. Por lo demás tan sólo apuntar que “American Yakuza”, como película, es una mierda pinchada en un palo. Y el desempeño de Viggo Mortensen, así como la del resto de chinos esquizofrénicos que le acompañan en la aventureta, produce vergüenza ajena. Así que, si no la habéis visto, cosa probable, tampoco hace falta que os rompáis los cuernos buscándola… Dejadlo correr. En serio.

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PD. Por mucho que lo he intentado, no he podido dar con una imagen del cartel igual al que tenían colgado en la mítica reprografía. Me temo que alguno ya se habrá percatado… Y le sonará la música. Recuerdos de juventud lo llaman. Bendita juventud.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Ranking de películas distópicas


Es final de año y por eso época de listados y rankings de todo tipo y condición. Innumerables blogs, webs, revistas digitales y hasta diarios intentan convencernos de cuáles han sido las mejores películas, discos, libros, o lo que sea de este 2008, de la década o hasta del siglo pasado. Los hay incluso más banales, como aquellos que se dedican a relacionar las chicas más sexys del panorama patrio, los actores más guapetones del universo Hollywood, o cualquier otra chorrada ordenada según el discutible criterio del redactor, periodista, escribiente, opinante o su puta madre... Rebuscando entre la basura me he topado con este listado histórico -que no anual- en el cual se recogen las mejores películas calificables como distópicas. Y está realmente bien. Pero antes de nada habría que determinar a que nos referimos cuando hablamos de distopía.

La distopía es la antítesis de la utopía. Una utopía perversa en donde la realidad discurre en términos opuestos a los deseables. Grosso modo supone el advenimiento de una sociedad peor que la actual, que ya es decir. Deshumanizada, post-apocalíptica, opresiva, caótica, violenta, totalitaria o indeseable. Recoge el Oxford English Dictionary que el término fue acuñado a finales del XIX por el filósofo británico John Stuart Mill. Sí chicos, el teórico del utilitarismo que nos hacían estudiar para los exámenes de C.O.U. Se usa como sinónimo el término cacotopía, este último creado por el también filósofo, también británico y también utilitarista, Jeremy Bentham. A la sazón padrino de Stuart Mill.

Pues bien, aquí tenéis el Top 50 Dystopian Movies of All Time, en el cual se incluyen todo tipo de películas en cuanto a calidad, repercusión y pretensiones artísticas o comerciales. En ella conviven patochadas como “Equilibrium” (Kurt Wimmer - 2002), cintas sobrevaloradas, supuestamente revolucionarias, como “Avalon” (Mamoru Oshii - 2001), junto a obras maestras del sci-fi tales como “Blade Runner” (Ridley Scott – 1982), la versión de Byron Haskin de “La guerra de los mundos” de 1952, “La fuga de Logan” (Michael Anderson – 1976), o cintas con mensajes tan vigentes en la actualidad como “Están vivos”(John Carpenter – 1988) o “V de Vendetta” (James McTeigue – 2006) . Igualmente aparecen adaptaciones de los más distópicos escritores, Franz Kafka, Ray Bradbury y por supuesto George Orwell. Es el caso de “El proceso” de Orson Welles (1962), basado en la novela homónima del escritor checo, o “Fahrenheit 451” (François Truffaut – 1966) y “1984” (Michael Radford – 1984) en textos de Bradbury y Orwell respectivamente. También hay espacio para superproducciones hollywoodienses como “Inteligencia Artificial” (2001) o “Minority Report” (2002), ambas dirigidas por Steven Spielberg, y junto a ellas rarezas mínimas como “Naves Misteriosas” de Douglas Trumbull (1971). Film que no he vuelto a ver desde niño y del que guardo un magnífico recuerdo.

Bueno, pues arriba tenéis enlazado el listadito por si os apetece bucear en él. Resulta interesante pero es muy discutible, como todo listado que se precie. En todo caso, está por encima de la media de aquellos que suelen proliferar durante esta época del año.

martes, 9 de diciembre de 2008

El molinero aullador


Podría decirse que con este tío empezó todo. Al blog me refiero.
¿Pero quién es este tío? ¿Y que tiene que ver con este espacio? Pues atiende al nombre de Arto Paasilinna y es, actualmente, el escritor finlandés más conocido fuera de sus fronteras y que me perdonen el brasas de Mika Waltari y su “Sinuhé, el egipcio”. Con traducciones de casi todas sus novelas a diferentes idiomas, entre ellos el castellano o el catalán. Y decía lo anterior porque, como alguno ya sabrá, Paasilinna es el padre de la criatura Sulo Remes –la “s” intercalada para conformar la locución en valencià es cosa mía- , protagonista de aquella divertida novela titulada “El bosque de los zorros”, que leí antes de crear esta bitácora. Solo por eso ya debo afirmar que estamos ante su opus magnum, si bien esta última afirmación está cogida con alfileres. Y es que de las treinta y tres novelas que componen la obra de este sexagenario lapón, tan sólo cinco han sido traducidas al castellano y me he leído dos. Por ahora. Aparte que de lengua finesa, pese a mis (ficticios) orígenes, ando justito.

Escritor, periodista, guardabosques, poeta y ecologista, Paasilinna publicó “El molinero aullador” en el año 1981. Se trata de su octavo libro, el tercero que aparecería traducido al castellano, lo cual no se haría efectivo hasta el 2004, veintitrés años después del alumbramiento. Confirmando todo lo bueno que aprecié en él con el mencionado “El bosque de los zorros” y en definitiva todo lo que se venía hablando desde que en 1975 y con motivo de la presentación de “El año de la liebre”, su nombre comenzara a sonar. Asignándole la invención de la novela de humor negro ecológico. Una suerte de nuevo género literario que, a día de hoy, solo está representado por él. Que yo sepa.

“El molinero aullador” cuenta la historia de Gunnar “Kunnari” Huttunen, un ignorantón que se traslada a un pueblecito de Laponia para desempeñar su oficio. Este personaje tiene una peculiaridad que lo hace diferente a sus vecinos y que le va a ocasionar el rechazo de estos: le gusta aullar por las noches como un lobo. La cruz de Gunnar es la imposibilidad de reprimir esos aullidos en los momentos de tristeza. Además posee otro don que le convierte en un personaje especial: su inmensa capacidad de imitar tanto a los animales como a los humanos.

Y así es como Gunnar, con sus aullidos e imitaciones, va a dividir al pueblo. Unos -como el policía Portimo, la asesora agraria Sanelma Käyrämö, o el cartero Piittisjärvi- se convertirán en sus compañeros y amigos; otros en cambio -como Huhtamoinen, director de la Caja, la familia Siponen, el granjero Vittavaara o el tendero Tervola- lo acosan y persiguen. Pero ese aullar y toda la mimesis no son sino pistas falsas que nos ofrece la narración. La vida de Gunnar, de sencilla dedicación al trabajo, se ve lastrada por una constante lucha contra las imposiciones, las apariencias y las constricciones sociales de los que piensan que son cuerdos. De hecho, al final de la historia, aquellos que se consideran juiciosos y por ello persiguen al loco Kunnari, acaban convirtiéndose en los auténticos desequilibrados, obsesionados en capturar a un simplón cuya única aspiración vital consiste en ser feliz.

Así es como Paasilinna confirma su maestría en el arte de narrar el eterno motivo de la persecución del hombre por el hombre. Especialmente la de aquellos que rechazan la vulgaridad, la mediocridad o la aceptación de imposiciones y compromisos sociales y que, según parece, protagonizan todas las novelas del escritor finlandés. Además, su larga experiencia en los bosques le permite enmarcar las historias en los frondosos parajes de Laponia, transportando a los personajes a una naturaleza salvaje en la que el hombre actúa como un lobo con sus semejantes. Todo ello narrado con un estilo directo, bizarro, rayano en lo absurdo y ambientado en una sociedad como la finlandesa, que en muchas cosas nos resulta tan lejana a los mediterráneos. Mejor dicho, os resulta… je je je.

Novela repleta de momentos descacharrantes y que incluye una crítica poco disimulada a la normalidad y las convenciones, al cargo de un autor especial e inimitable al cual trataré de no perder la pista. No me extraña que sus seguidores se declaren incondicionales.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Wovenhand, "Mosaic"


De gira actualmente por Europa, presentando un nuevo trabajo que responde al nombre de “Ten Stones”, reivindico aquí el mejor disco grabado hasta la fecha por Wovenhand. Publicado en el 2006, “Mosaic” es pura Iglesia. Pero Iglesia gótica y mala onda, como le gusta al reverendo Edwards. Tremendo trabajo repleto de pasajes atmosféricos, oníricos e incluso abstractos. Dotado de una densidad que surge desde la espiritualidad y los miedos atávicos del país de las barras y estrellas, zambulléndonos directamente hacia lo más profundo. Recordando en ocasiones a Sisters of Mercy o la Bauhaus, incluso a la Joy Division más siniestra, siempre y cuando estos grupos se hubiesen formado en algún árido poblacho de Colorado, Wyoming, Oklahoma o Nuevo Méjico.

Y ese es el discurso de Wovenhand, una suerte de western gótico y crepuscular oficiado por Su Santidad David Eugene Edwards. ¡Ah! Que no lo había dicho. Detrás de esta gente se halla el líder de los tristemente desaparecidos 16 Horsepower, a los que ya dediqué una entrada hace tiempo. Un tipo que, según cuenta la leyenda, es hijo de un predicador cristiano. Lo que cuadra a la vista de la retórica y ademanes. Amén. 

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Libros malrrolleros


Me han regalado este libraco en el curro y ha sido ojearlo y que me diagnosticase todas las enfermedades y dolencias que vienen recogidas. Y es que los libros del estilo “El médico en casa” son la peor mierda que se le ha ocurrido a nuestros amiguetes del mundo editorial. De medicina saben los médicos y punto. Poner al alcance de to quisqui conocimientos propios de esta disciplina, además de una gilipollez, es una temeridad. Más aún si tenemos en cuenta que este es un país en el cual “de fútbol y medicina todo el mundo opina”. Al personal sólo le faltaba tener una suerte de diccionario a través del cual acceder a términos médicos con los que dárselas de listos. Enteraillos que no se cortan a la hora de espetarnos términos y alocuciones más o menos impactantes en conversaciones de café o cerveza. Algunos incluso se permiten discutir con los médicos de cabecera. ¡Con dos cojones! Y es que, como solía decir un borrachín de mi pueblo “Arrvarooo... ¿Le vá a ejplicá tu a tu padre como se tié que follá a tu madre?

Cierto que no es algo exclusivo de esta disciplina el que cualquier listo se lea cuatro cosas y se vea con opciones a ganar el Premio Nobel. No hace mucho, en una cena de amiguetes de la infancia asistí impertérrito a como el más iletrado de los presentes, pretendía rebatirle a un amigo economista una cuestión que era propia de su formación y quehacer diario. Eso sí, empleando una potente argumentación extraída, al parecer, de un artículo que sobre la materia firmaba algún articulista del Interviú. Un don nadie, vamos. Yo mismo, en ocasiones me he visto interpelado por mindundis de todo pelaje y condición, que pretenden explicarme cosas de mi trabajo. De eso que hago todos los días y con lo que gano el pan. Mendas que tiran de argumentaciones que, o bien me las tomo a broma, o acabamos con las amistades.

Y es que no es lo mismo aprenderse de memoria un palabro o una expresión y soltarlo por ahí, como si tal cosa, que saber lo que significa e implica. Vaya, que no son lo mismo dos pelotas negras que dos negras en pelotas. Y disculpadme la chabacanería. 

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Por cierto que le acabo de echar otro vistazo al librito y ya me duele hasta el alma... ¿Qué hostias espera Zapatero para decretar su prohibición en lugar de tanto hablar de la puta crisis? Crisis, what Crisis?

sábado, 29 de noviembre de 2008

Sir Thomas Aston junto a Casper (the friendly ghost)


Durante el siglo XVII y en la Inglaterra post-isabelina, se desarrolló una tipología pictórica consistente en la realización de grandes cuadros de caballete, con retratos del Rey Jacobo I y la Reina Ana -posteriormente serán de Carlos I, su heredero-, así como de otros cortesanos de la época. Una pintura que, vista en comparativa, dista mucho de lo que se estaba realizando por aquel entonces en Italia, España o Francia. Cuento esto para enmarcar esta mierda de cuadro con el que me he topado en un libro sobre el barroco inglés, mientras preparaba un trabajo para la Universidad. Algo que, por cierto, de barroco tiene bien poco.

Os lo he puesto porque a veces uno tiene la sensación de que hay cosas que se estudian únicamente porque son antiguas. Y es que parece obvio que esta cutrez carente de perspectivas y plagada de personajes ridículos dibujados siguiendo unas escalas absurdas, es obra de un artista mediocre y no la de un importante creador digno de ser reconocido por la historia del arte. Tened en cuenta que, en ese momento, en el concierto europeo habían surgido figuras como Velázquez, Van Dyck, Caravaggio o Rubens, por citar sólo a unos cuantos. Mientras tanto, en las islas, pues esto... Hasta que desembarquen por allá los grandes de la pintura flamenca.

Aunque bueno, cabe la posibilidad de que el perpetrador de esta basura fuese un cachondo mental. Alguien que, tirando de la célebre flema inglesa, estuviera burlándose de las élites de la Inglaterra setecentista y por extensión de todos los estudiosos del arte que con posterioridad habrían de analizar seriamente la obra. ¡Por qué no jodamos! Esto tiene que estar hecho a posta... Si no fijaos en la tipa muerta saliendo de la cama… ¿Qué es sino un claro antecedente del fantasmita Casper? Por cierto que el cuadrito de marras se titula “Retrato de Sir Thomas Aston junto al lecho de muerte de su esposa”. Fue pintado al óleo por John Souch allá por el año 1635. Ya ha llovido desde entonces…

Y eso nos enseñan en la Facultad de Historia del Arte. Así nos luce el pelo.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Gira de Electric Six


Estos seis cabrones de arriba son los miembros de Electric Six, banda de Detroit liderada por el inefable Dick Valentine. Su carta de presentación es una versión del característico sonido garage de su ciudad natal, a la que añaden elementos propios del retrodisco

El caso es que en el transcurso de su gira 2007, tuvimos la suerte de verles en la Sala Durango. Pero como no todos los días son fiesta, ahora que vuelven a coger la furgoneta y rodar por las salas españolas, se han saltado Valencia para ir a parar al Auditorio de Murcia. En fin… Como no pienso acercarme hasta allá abajo, me quedo con los recuerdos y me consuelo revisando sus desopilantes vídeos. 

Dejo aquí aparcados los tres mejores: “Danger, High Voltage”, a la postre su primer “gran” éxito (con la curiosidad de que las voz de la chica es realmente la de Jack White de The White Stripes);  la archiconocida “Gay Bar”; Y el homenaje burlesco del clásico de Queen “Radio Ga Ga”.

Gay Bar 

Radio Ga Ga

Danger! High Voltage 

jueves, 27 de noviembre de 2008

Juventud Caníbal


Ya hace un tiempo colgué un post dedicado a dos libros de un mismo autor, que me habían gustado mucho: “No tengo miedo” y “Como Dios manda”. El escritor en cuestión era Niccolò Ammaniti, a quien la crítica de su país sitúa dentro del movimiento de “Los caníbales”. Pues bien, durante estos días me he leído la recopilación de relatos que dio nombre a este colectivo, “Juventud caníbal: Una antología del terror extremo”, en la que se recogen diez historias de otros tantos jóvenes escritores italianos. De hecho, he de reconocer que de todos ellos, apenas conocía al mencionado Ammaniti y a Aldo Nove, del cual llevo tiempo queriendo leer alguna cosita. En todo caso se trata de un colectivo muy heterogéneo en el que caben desde escritores noveles, a otros con bastante obra publicada e incluso algún premio, como en el caso de Andrea G. Pinketts, tres veces galardonado con el premio Mystfest. También aparecen realizadores de televisión, humoristas, periodistas o biólogos metidos a fabular en plan salvaje.

“Las páginas gritan sangre, la violencia explota con frialdad de laboratorio: más que escritores, nos encontramos ante científicos del horror y la frialdad. Aventurándose en la pesadilla, se sirven de la ironía como último refugio frente a la locura.” De esta forma nos anuncia la contraportada lo que vamos a encontrar en las páginas de un libro, que, cuando fue publicado en Italia hace ya trece años, supuso una auténtica conmoción en el panorama literario. Visto en perspectiva, podemos apreciar mejor la característica que comparten todos estos relatos. Más allá del canibalismo literario o de la supuesta juventud de sus autores -los hay desde veintiséis hasta cuarenta y pico-, todos tiran de un estilo directo que reconvierte el lenguaje escueto de la publicidad y del mundo audiovisual, para narrar sin tapujos sus historias truculentas. Lo de englobarlos a todos dentro de una misma corriente ya es más discutible, puesto que los caníbales son demasiado distintos por edad y contenidos como para constituir una generación o un movimiento.

El libro se estructura en tres partes. En la primera, subtitulada “Atrocidades diarias”, destacan el relato de apertura -“Nochecita” de Niccolò Ammaniti y Luisa Brancaccio – y el que le sigue -“El mundo del amor”- de Aldo Nove. También “Y Roma llora” de Alda Teodorani. El de Ammaniti y la Brancaccio es, desde mi punto de vista, el mejor del libro. Nos cuenta la noche loca de un niño pijo. Una especie de “Jo, qué noche” de Scorsese (1984) pero en versión salvaje. El relato de Aldo Nove es una rayada en la que dos hinchas embrutecidos mueren enlazados en una especie de sesenta y nueve lésbico tras castrarse por mero aburrimiento. Porque es domingo, no saben qué hacer y no tienen dinero para comprar un vídeo pornográfico decente. El de Teodorani es la historia de un eliminador de vagabundos a sueldo. La segunda parte “Juventud Caníbal”, llamada “Adolescencia feroz”, es quizás la más floja del libro. Aun así recoge el interesante relato “Cosas que yo no sé” de Matteo Galiazzo. La historia de una chica que se cartea con un recluso responsable de varios asesinatos y al que ella y su novio consideran una especie de profeta -“Santa Sangre” que diría Jodorowsky-. Un “ingenioso ensayo de subcultura teológica” tal cual fue definido por la crítica. La última parte incluye los dos relatos más extensos del libro: el tremebundo “El ruido” de Stefano Massaron y, a modo de despedida, “Día de paga en la calle Ferretto” al cargo de Paolo Caredda. El primero va sobre traumas infantiles, o de cómo a unos capullos caprichosos, responsables del suicidio de una niña gorda, la cosa les pasa factura tiempo después. El de Caredda es una historia de venganza narrada en primera persona por alguien cuyo trabajo consiste precisamente, en dar satisfacción a los agraviados con ansias de resarcimiento.

Así pues una tremenda colección de historias que me ha dado a conocer un buen puñado de autores a los que trataré de localizar. Además todo resulta muy actual. Y es que el paso del tiempo no ha restado frescura a unos cuentos en los que, citando a Aldo Nove, se presenta una imagen horrorosa de cosas que dan miedo, pese a que se viven con normalidad en ciertas conductas de masas y en determinados programas televisivos.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Danko Jones - Never too loud

Con cinco álbumes ya sobre las espaldas, Danko Jones lanzó este 2008 “Never too loud”, un buen disco de hard rock muy fiel a ese estilo cañero y macarra, rebosante de energía y fácil de escuchar para cualquier rocker de medio pelo. Según dicen la propuesta mejora en los directos. Ahí el gamberro músico canadiense y sus secuaces se dejan el alma e incluso algo más. Confiado de que alguna vez se presenten por estas tierras para comprobarlo, que mejor manera de esperar que con la escucha de este elepé. Editado por el sello sueco Bad Taste Empire, que tiene el honor de haber publicado sus dos mejores discos. Os hablo de este último y por supuesto de su antecesor “Sleep is the enemy”, en el que se incluía la archiconocida “First Date”.

Centrándonos de nuevo en “Never too loud”, decir que Mr. Jones se hace acompañar otra vez por John Calabrese al bajo y Dan Cornelius a la batería. Y el trío factura once temas repletos de sonidos afilados, certeros y totalmente compulsivos, marca de la casa. Aunque con menos decibelios y agresividad que antaño. De entre los cortes destacan “Code Of The Road”, single de presentación cuyo vídeo incrusto en el post, “King Of Magazines”, mi favorita, o la extraña “Forest For The Trees”, donde colabora el ínclito John García (Kyuss) y que para muchos es la mejor del álbum.

Lógicamente a quiénes ya seguíais a Danko Jones no os va a sorprender el disco. Pero al resto y muy especialmente a aquellos amantes de los sonidos más roqueros que no le conocierais, estoy seguro que os va a molar la peculiar propuesta de un tipo cuya personalidad y actitud no ofrece discusión. 


martes, 25 de noviembre de 2008

Asfixia


Hace un par de años -si no más- y por recomendación de mi compadre Ivanrojo, me aficioné a ese particular escritor nacido en Pasco y residente en Portland que atiende al nombre de Chuck Palahniuk. Entre la obra de este tipo se destacan varias novelas que son referentes de la literatura contemporánea. Si bien, en demasiadas ocasiones encontramos sus lanzamientos en la sección de nuevos escritores. Teniendo en cuenta que el tipo cuenta ya en su haber con una decena de novelas, la última a puntito de salir en castellano, no se entiende muy bien el criterio. Pero vaya, deben ser cosas del marketing utilizado por las editoriales y/o los libreros. La cosa suena aún más rara toda vez que Palahniuk es responsable de maravillas como “Superviviente”, “Nana”, “Rant” o esta “Asfixia” de la que a continuación os paso a hablar.

Y es que durante estos días se estrena en nuestras salas la adaptación que de “Asfixia” dirigió el hasta ahora guionista Clark Gregg. La historia de Victor Mancini. Aquel artista del timo y el engaño, adicto al sexo, figurante en un parque temático dedicado a la América colonial, hijo angustiado e insospechado héroe romántico que protagoniza la cuarta novela de Palahniuk. Junto a él y acompañándole en esta historia, se encuentra su amigo Denny, así como su madre Ida Mancini -una demente internada en un manicomio regentado por monjas, cuyos elevados costes suponen el origen de que Víctor se consagre profesionalmente al arte del engaño-.

Pues bien, poco convencido de la cosa, me acerque al cine para ver que ofrecía la película. Las dudas venían porque “Asfixia”, como toda obra de Palahniuk, me parece muy difícil de adaptar al universo del celuloide. De adaptar bien, se entiende, para sacarle todo el jugo. Además la única referencia que tenía de su director, era la participación como guionista en la nefasta “Lo que la verdad esconde” (2000) de Robert Zemeckis, así que... Pero vaya, una vez vista he de deciros que la cinta está bastante conseguida. No solo eso, sino que se erige desde ya como la mejor adaptación que de este admirable escritor se haya hecho hasta la fecha. Pasando por delante de la sobrevalorada “El club de la lucha” (1999), de David Fincher y a expensas de lo que nos deparé el estreno de “Monstruos invisibles”, que se anuncia para el 2010.

Así pues ya sabéis… Si os interesa pasar un buen rato viendo este alocado paseo por el mundo de las adicciones, los trabajos de mierda, la identidad indefinida y los más insondables anhelos del personal que puebla la América contemporánea, acercaos hasta el cine más cercano. Aunque ya puestos, mejor sería que le hincarais el diente a la excelente novela en la que se inspira. Y ya de paso, a cualquiera de las otras firmadas por Palahniuk.

Por cierto que, además de la acertada elección de Sam Rockwell en el papel de Victor, también destaca la labor de Anjelica Huston como Ida y la del propio director interpretando al Major del poblado colonial en el cual se desarrolla parte de la trama.
“Todo lo que hacemos es un intento de engañar a la gente para que nos quiera o se enamore de nosotros, y así mis personajes no son muy diferentes de la gente común y corriente” Chuck Palahniuk dixit. Amén.
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