viernes, 7 de febrero de 2014

No hay dos sin tres...

…y no hay tres sin cuatro… ni cuatro sin cinco… y habrá todas las veces que haga falta. Porque lo de Slim Cessna’s Auto Club no tiene nombre. 

Ya os he dicho en otras ocasiones que su directo no admite comparación con nadie y punto. No hay mucho más que decir. Bueno, que si no estuvisteis presentes anoche, pues peor para vosotros. Porque avisados estabais. 

Y eso que ayer no fue una de sus mejores días. Estaban un pelín apagados en comparación con las otras veces que les he visto en directo. Eso y que la sala, la Wah Wah concretamente, debería hacérselo mirar en el tema del sonido. La cosa sonaba de puta pena y ya van unos cuantos conciertos en ese mismo recinto en el cual los músicos se quejan de este extremo. Pero bueno, con el devenir de las canciones, alguien consiguió darle a la tecla y adecentar el show. Cosa que agradecimos todos los allí presentes, pero muy especialmente la banda, que fue animándose y animándonos canción tras canción. 
Respecto al tracklist, fue el esperado. Casi idéntico al de la última vez que visitaron Valencia. Y es que empeñados como están en evangelizar tanto a la vieja como a la nueva Europa, el quinteto de Denver recurre a sus principales himnos para que nos entreguemos a los brazos del Señor. Amén brodas. El flaco es mi pastor y con el nada me falta. Pero el cadavérico es directamente Dios.

Es corto, lo sé, pero si queréis más, pues ahí lo tenéis: 
"Algo digno de ser visto"
Es triste recurrir a entradas del pasado, también lo sé, pero ya sabéis, más triste es robar.



domingo, 2 de febrero de 2014

Jacco Gardner y el barroquismo que no fue

Calentito, calentito… Ahí van mis someras reflexiones sobre Jacco Gardner y el concierto que éste y su banda dieron hace unas horas en la capital del Turia.

A ver, como ya os comenté ayer en la entradilla de presentación a la SuloTk de febrero, uno de los ilustres olvidados en mi lista de recomendaciones 2013 fue el álbum de este multi-instrumentista holandés. Un chaval de veintipocos años claramente influenciado por la psicodelia de los sesenta y el pop barroco, por las melodías cristalinas de los Zombies, pero también por los momentos más intimistas de Brian Wilson. Un tipo que, a la fin y a la postre, ha sido capaz de producir una brillante colección de canciones que suenan como de otra época y a la vez muy –pero que muy- actuales. Y lo ha hecho con convicción pero también, o más bien sobretodo, tirando de conocimientos, sin caer en uno de los grandes males de esta época que nos toca vivir -el “amarás lo vintage sobre todas las cosas a.k.a “la enfermedad del hipster”-. Porque las doce canciones incluidas en “Cabinet of Curiosities”, su portentoso disco de debut, suenan antiguas pero a la vez modernas, eclécticas y originales… ¿eso puede ser? Pozí. Creatividad y buen gusto mediante, algo que, obviamente, no está al alcance de todo el mundo. Vamos, que la cosa le ha salido con mucha chicha que dirían las abuelitas. Na’ que ver con tantísimos subproductos perpetrados por ese hipsterismo imperante que todo lo basa en formas y poses prescindiendo de alma. Sé que a todos os vendrán ejemplos a la cabeza.

El caso es que de la cabecita de este holandesito escuchimizado, con cierto parecido físico al Beck primigenio, surgió ese maravilloso gabinete de curiosidades que vino a defender ayer noche. Discazo elegante y conmovedor que tantas buenas tardes me ha hecho pasar durante este mes de enero que ahora termina. Pero mira tú por donde que una vez concluido el show, me marché a casa bastante decepcionado. Desconozco el problema y tampoco me importa demasiado, la verdad, pero esas composiciones repletas de color, capaces de transportarnos desde la placidez melancólica hasta extremos próximos a lo fantasmagórico, anoche sonaron tremendamente deslucidas. Mucho golpe de batería, escasa voz, pero sobretodo la casi total ausencia de ese barroquismo que tan maravillosamente funciona enlatado. Insisto, no sé si la culpa fue del reducto concierteril, de los cuatro acompañantes de Jacco, del propio Jacco, de la ecualización del sonido o yo que sé, pero lo cierto es que Jacco Gardner no sonó a Jacco Gardner y es una lástima. Tenía muchas expectativas puestas en el envite.
A ver, tampoco quiero transmitiros que el concierto fuese una puta mierda. No es eso. En términos generales la cosa se desarrolló correctamente. E incluso hubo momentos -pocos-  en los que sí reconocí algunas de las cosas por las que me enamoré de la propuesta de este hombre. Pero como os he dicho, esperaba muchísimo más. 
Y eso es todo... que se le va a hacer. Dicen que hasta el mejor escribano echa un borrón ¿no? Pues eso. Otra vez será compadre.

Ah! Y no quiero olvidarme de doña Soledad Vélez, que actuó de telonera en el bolo de la noche. Llegamos tarde. Penitenziagite. Pero me desquitaré en un par de semanas, cuando esta chileno-valenciana de imponente voz actúe en un escenario más íntimo –y próximo a mí domicilio, que también es importante-. Pero eso será entonces. Y os daré buena cuenta de ello.

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Por cierto que los chicos de Munube - Música en la nube, retransmitieron el concierto gratuitamente en streaming. No sé si habrá manera de recuperarlo a toro pasado. Estaría bien. A ver si así, de segundas y sin tanta expectación acumulada, soy capaz de disfrutarlo más. Al menos tanto como mi acompañante durante la velada, quien sí salió plenamente satisfecha del show protagonizado por el pipiolo de Horn.   

sábado, 1 de febrero de 2014

Febrero de 2014. NUEVOS TIEMPOS, NUEVAJ COZICAJ (AUNQUE ALGUNAS DE NUEVAS TIENEN BIEN POCO)

Y aquí estamos otra vez con la sección favorita de algunos de los más ilustres seguidores de esta bitácora -Kaixinha da Souza, for exampol-.
Siendo esta la primera SuloTk del año, no podía dejar de incluir muestras de algunos de esos grandes álbumes publicados durante el pasado ejercicio que, por haber llegado hasta ellos demasiado tarde, no aparecieron en mi lista de recomendaciones musicales 2013. Y tiene cojones la cosa, porque la listica, como bien sabéis, ¡tenía la friolera de 100 ítems! En fin, que en este supuesto se hayan los discos de Dorian Wood, Gregory Porter, Ezra Furman, The Leisure Society, Giuda, William Onyeabor, The Strypes, The Piedmont Brothers Band, Jacco Gardner, Brendan Benson y algún otro más. Es más, estoy seguro de que en la SuloTk de marzo ocurrirá otro tanto de lo mismo.
Junto a estos ilustres olvidados también aparecen los primeros brotes verdes de la cosecha musical 2014. Hablo de gentes como Angel Olsen, los Shy Boys, The Pack A.D., Beck, Dum Dum Girls o el gran Damien Jurado, cuya aparición hace presagiar que este 2014 volverá a ser un gran año en lo musical.
Pues eso.
Disfrútenla en soledad o en compañía, eso corre por su cuenta.

martes, 28 de enero de 2014

World Press Photo 2013 - Valencia

El pasado sábado, como ya hiciera el año pasado -y haré el que viene si el hombre del espacio quiere- , me acerqué hasta el Palau de Valeriola para degustar la maravillosa selección de fotografías premiadas por la fundación World Press Photo durante el 2013. Casi ciento cincuenta instantáneas en las que se reflejan todos aquellos sucesos relevantes y significativos que tuvieron lugar durante el año. Maravillosa muestra que cumple con una doble e importantísima función: erigirse como testimonio de excepción de todos aquellos acontecimientos importantes acaecidos en el planeta Tierra -independientemente de que algunos se nos pasaran por alto por culpa de la infoxicación-, así como actuar a modo de alegato en defensa de los derechos humanos. Imperdible por partida doble. 

Poco o nada más que añadir. 

Bueno sí, algunas imágenes que hablan por sí solas: 















[...]

¡Visitadla!

domingo, 26 de enero de 2014

14 Totchmeti

Me la recomendó un amigo sabiendo de mi gusto por la prosa de Emmanuel Carrere. Y es que la escritura sencilla, que no simple, de Jean Echenoz, así como la importante carga de ironía e incluso humor que contiene -al menos en lo que se refiere a este libro-, recuerda mucho a las formas del autor de “Limonov” o “Una novela rusa”. La novela en cuestión se titula “14”, como el año en curso, y es una de las diez seleccionadas por los especialistas de Babelia en su lista de imprescindibles 2013. Con todo y con eso no me hubiera introducido en el universo Echenoz de no mediar sugerencia, por mucho que el currículo de este autor nacido en la Provenza hace la friolera de 66 años, incluya prestigiosos premios como el Médicis de 1983 por “Cherokee”, el Goncourt de 1999 por “Me voy”, o el Aristeion y el Mauriac 2006 por “Ravel”. Hubiera sido una pena.

Más que una novela “14” es un cuento largo con moraleja -más o menos explicita-. Nos habla de la Primera Guerra Mundial, aquel conflicto que se iba a resolver en un par de semanas y acabó durando más de cuatro años, siendo movilizados más de setenta millones de militares y causando más de nueve millones de muertes. Sin embargo Echenoz huye de la épica con la que se suelen narrar este tipo de historias. Y hete aquí con la principal fortaleza de “14”, el tocar este fenómeno monstruoso con criterios de absoluta cotidianidad. No nos importa tanto la Gran Guerra como la pequeña guerra en la que se embarcan Charles, Anthime y sus amigos. La guerrita a la que ha de sobrevivir Blanche, su hija y su familia. El conflicto en el que todos acabarán perdiendo muchísimo, pese a que el país por el cual supuestamente luchaban se alce con la victoria final. 

En fin, que no puedo sino recomendaros su lectura. Creo que el acierto está asegurado. Como también lo es el descubrir el fascinante mundo de este sociólogo francés metido a escritor de best sellers.
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14 Totchmeti - Catorce თოთხმეტი

viernes, 24 de enero de 2014

Dos no será multitud, ¿pero pa' que más?

Sentencia el refranero castellano que dos es compañía pero tres ya son multitud. Bueno, esa es la máxima comúnmente aceptada, luego está lo de Andrés Calamaro y Fito, para quienes la suma de sus dos egos ya supone multitud. Y no les falta razón, porque uno de ellos, por sí solo, ya adquiere la consideración de muchedumbre insondable pero sobre todo insoportable. Al nivel de pasear por un Toys “R” us en víspera de Reyes.

Dejando al margen la paja mental del cocainómano con tonga y el calvo con patillas, es evidente que, de un tiempo a esta parte, el formato dúo se ha puesto de moda en el universo del rock. Y es que no hace falta mucho más para hacer buena música. Y si no que se lo digan a Jack y Meg White, cuya aparición fue fundamental para la normalización de esta fórmula entre quienes pretenden guarrear sobre un escenario tirando de derivados del garage y el blues más bastardo. No hace falta ser un melómano para conocer a los mencionados The White Stripes, a los archipresentes The Black Keys o incluso a los eclécticos The Raveonettes. Quizás sí exige un mayor grado de inmersión en este universo el saber de otros duetos como los imprescindibles -al menos para mí- Two Gallants, mis añorados Death From Above 1979 o estos The Naked Heroes de los que ahora pensaba hablar. Y es que anoche tuve la oportunidad de ver como desnudaban sus miserias sobre un escenario los perpetradores de aquel maravilloso “99 Diamond”. Sin duda uno de los mejores álbumes de rock'n'roll del 2009.

Estos héroes desnudos provienen de los EEUU, ¿cómo no? Concretamente de Brooklyn y eso sí que me resulta más extraño. No es que uno sea ajeno a la diversidad de las propuestas que nos llegan desde ese barrio neoyorquino, pero lo que hacen The Naked Heroes, quizás, lo asociaría más con otros rincones de los Estates como Chicago, Detroit o incluso Philadelphia. Da lo mismo, serán cosas mías. El caso es que The Naked Heroes son un matrimonio bien avenido que sale desde Brooklyn al mundo para desparramar energía sobre los escenarios. Y eso es exactamente lo que vinieron a hacer aquí, en el marco de la extensa gira que les está llevando por lo largo y ancho de este país (y el de al lado).

Tienen una gran ventaja. Y es que, a día de hoy, ya pueden tirar de un interesante y extenso repertorio de canciones incluidas en un dos discos, el mencionado “99 Diamond” y el más reciente “Demon the Whiskey Down”, además de un par de singles de adelanto de lo que está por venir. Con todo y con eso, o mejor dicho, precisamente por eso, el show de anoche en el Magazine Club me pareció excesivamente corto. Se me antoja que la cosa podría haber dado algo más de sí y, por motivos que se me escapan, se quedó como a mitad. Una suerte de coitos interruptus que deslució, en parte, una actuación que fue tremendamente energética y que tuvo como puntos fuertes la interpretación de “Ginger Jones”, “Bag O'Bones”, pero sobretodo la ya icónica “99 Diamond” y la vigorizante “Take a Knee”. Y es que la cosa seguía aún mu' pa'rriba cuando los gachones decidieron poner fin al asunto. En fin... lo que pudo haber sido pero no fue. Una auténtica lástima.    

Por si os interesa aquí tenéis su página oficial en donde les podéis escuchar y descargar for free.   

martes, 21 de enero de 2014

Sonríe o muere

Interesante ensayo especialmente indicado para todos aquellos que, como yo, estén hasta la polla de la farsa esa del pensamiento positivo. Y es que la cultura del porque yo lo valgo ya ha dejado demasiados cadáveres en el camino como para seguir soportando a sus voceros. Vale que el libro no descubre la pólvora, pero no viene nada mal que alguien con el prestigio y los conocimientos de Barbara Ehrenreich, escritora, periodista y activista social norteamericana, exponga hacia donde nos lleva - y porqué - ese optimismo irredento tan del gusto de los siervos del capital.

Os dejo un enlace en el que la propia autora comenta su libro:

lunes, 20 de enero de 2014

El fascinante mundo de Dorian Wood

Alguien a quien aprecio bastante me comentó, hace ya un tiempo, que escuchar a Dorian Wood le suscitaba un cúmulo de sensaciones contrapuestas. No sabía decirme si le encantaba o le disgustaba su música, ahora, eso sí, tenía claro que esa particular propuesta entre el folk, el blues bastardo y la ópera rock no podía dejar indiferente a casi nadie. Eso y que, en directo, la performance del angelino era algo digno de ser visto. Y vaya si lo es. Ahora puedo dar fe de ello.

Y es que el pasado sábado por la noche en el Espai la Rambleta, el torbellino Dorian Wood se presentó ante el público valenciano. Un respetable que, me dio la impresión, desconocía grosso modo la propuesta de este artista multifacético y sin embargo, al menos mayoritariamente, salió contentísimo del evento. Poca importancia tuvo el que la formación tuviera un carácter casi accidental (si no me equivoco el baterista de la noche era el tío de Betunizer). Porque Dorian Wood (& Co) fue capaz de reproducir las excelencias de esa joyita titulada Rattle Rattle”, su tercer y último disco hasta el momento, al que estuvo consagrada casi toda la velada. Tampoco importó demasiado lo conciso del concierto, poco más de una hora incluyendo un único bis. Ya sabéis que lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Y es que la voz de este hombre emociona y sobrecoge, dejando espacio para el estremecimiento en piezas cuya densidad y melancolía le han valido ser comparado con el señor Antony (de Antony and the Johnsons). Pero pasando por alto esta semejanza, bastante obvia por otra parte, así como otras que habréis leído por ahí, la aventura musical de Wood es mucho más que un mero remedo. Sus canciones se adentran en una serie de caminos experimentales que ofrecen como resultado una propuesta única, original, inclasificable y siempre brillante. A todo ello ayuda el delicioso contrapunto vocal de Leah Harmon, fantástica durante toda la noche con su acordeón y su pelo rosa. Supongo que aún hubiera sido más espectacular de haber contado con la presencia de “The Difficult Women”, el coro de 45 miembros del cual Dorian Wood se ha valido para grabar su último álbum. Pero bueno, eso ya hubiera sido pedir demasiado.

Ya para acabar me gustaría incluir una última reflexión. En ocasiones uno asiste a conciertos en los que se percibe claramente que aquello va de otra cosa. Y es que uno tiene la sensación de que, para Dorian Wood, el directo no es solo una cuestión musical. Subirse al escenario e interpretar sus canciones ante nosotros le supuso, de alguna manera, introducirnos en su complejo mundo. Algo que, muy posiblemente, resultaría prácticamente imposible de no adoptar la música como lenguaje vehicular. Y así fue como Dorian Wood se abr en canal ante nosotros haciéndonos participes de sus miedos, anhelos, pensamientos, vicios y pasiones. Esa es la forma de contarnos su historia, la de una niña frustrada por haber nacido aprisionada dentro del feo cuerpo de un niño gordo.

Mi amigo no sabía cómo definirse respecto a la música de este hombre, pero yo sí: Es preciosa... ...pero duele. Entre el candor y el escalofrío. Maravillosa.

Si podéis acudir a verle no lo dudéis ni por un instante. 

martes, 14 de enero de 2014

El Imperio, según Kapuscinski

Como os decía en la entrada que colgué ayer, muy mal titulada “El Roto vs Kapuscinski”, hoy toca hablar de este último. El motivo es obvio: la muestra fotográfica que actualmente y hasta finales de mes, se expone en el MuVIM (Museu Valencià de la Il.lustració i la Modernitat). La exposición, que se ha titulado aquí “Kapuscinski (Ryszard) - L'Ocàs de l'Imperi”, está compuesta por una serie de fotografías tomadas en diferentes repúblicas de la ex- URSS por el propio Kapuscinski durante el periodo 1989-1991. Parece ser que el mítico reportero tenía en proyecto organizar una exhibición con esas imágenes, tomadas en el marco de todos aquellos viajes magistralmente narrados en su obra magna “El Imperio”. Pero el hombre se murió sin concretar nada. Unos años después, algunas de las instantáneas seleccionadas fueron halladas entre su extenso archivo personal. Y de ahí salieron las cincuenta que se expusieron en la Galería Nacional de Arte Zacheta de Varsovia, reducidas aquí a treinta y cinco. Se ve que cincuenta aún les pareció demasiado a los encargados de esta cosa.

Como habréis deducido ya, la exposición me supuso una decepción mayúscula. Y es que quien suscribe estas líneas es muy fan del periodista polaco y se ha leído la mayoría de sus libros. Curiosamente el primero fue “El Imperio”, justamente en el proceso de “ambientación” que precedió a un bonito viaje que me llevaría a transitar por entre las tierras de los zares, hace la tira de años. 
Se supone que con la exhibición de estas fotografías se pretendía dotar de una dimensión personal a todo aquello que tan bien se contaba en el libro. Pero no. Y es que treinta y pocas imágenes, la mayoría de ellas sobre la marcha que tuvo lugar en Moscú frente al intento de golpe de Estado perpetrado por Guennadi Yanáyev, no dan para dimensionar nada. Y lo que es peor, no le hace justicia a un magnífico libro que cuenta como ninguno el como y los porqués del desmembramiento de la URSS. Porque “El Imperio”, pese a no ser más que un librito de viajes y anécdotas, cuenta ese periplo mejor de lo que hacen la mayoría de manuales de historia. Nunca un relato personal me había ayudado tanto a comprender un proceso histórico tan complejo. Bueno, matizo lo anterior, rayando a ese nivel de excelencia, aunque referido a otros procesos y localizaciones, también están los libros que Kapuscinski dedicó al Sha de Persia (“El Sha o la desmesura del poder”) y al puzzle africano (“Ébano). Y es que, como comentó en su día Salman Rushdie, “un Kapuscinski vale más que mil chupatintas con sus gimoteos y fantasías”

En fin, ¡lástima de exposición!

Por cierto que del genio de Pinsk ya os hablé aquí y también aquí. Y de la peligrosa moda instaurada en Valencia de montar exposiciones de mierda, justo aquí
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