El miércoles pasado, no ayer sino la semana pasada, tuve ocasión de reencontrarme con Nada Surf en el lugar en el que los vi por vez primera. De aquello hace ya dos décadas y es que uno va peinando canas. Dignamente. Es cierto que la sala está un tanto cambiada e incluso tiene otro nombre. Por aquel entonces aún mantenía el original, el auténtico, el único para algunos y es que, pese a sus tropecientos cambios la actual discoteca Moon es y seguirá siendo la Roxy por siempre jamás. El concierto se celebró en un martes frío. El primero realmente frío de la temporada. A pesar de ello, hubo un lleno total. Sorprendentemente. Gratificante. La ocasión lo merecía. Habituales de la escena y algún que otro farandulero, amén de gentes de salida y borrachera esporádica, se dieron cita para disfrutar de un show inolvidable. Tremendísimo en su parte final. Bolo que sirvió a los de Mathew Caws para confirmar que siguen ahí por méritos propios. También porque nunca se han ido. Y es que la ristra de buenos discos en la trayectoria de la banda neoyorquina viene de lejos. Nunca han despegado el pie del acelerador e incluso en sus peores momentos de forma es fácil encontrar más luces que sombras en sus trabajos. Si tenéis dudas al respecto, pegarle una oída a su último y maravilloso "You know who you are". Uno de los mejores de este 2016 que se nos va, sin duda alguna.
jueves, 1 de diciembre de 2016
Mooolt, Xicons...
martes, 8 de noviembre de 2016
No hay dos sin 3
Pasaron por Valencia los Slim Cessna's Auto Club hace ya casi un mes y este fiera no ha dicho ni Pamplona. Y eso que, según dixit literally “si vuelven a aparecer por este país, id a verlos, no os los perdáis, allí estaré yo en primera fila al coste que sea. Un show de Slim Cessna’s Auto Club justifica cualquier céntimo invertido en la entrada…”. Pero no dije que escribiría sobre el reencuentro.
Ahora en serio. Pos claro que fui. Y hasta lo disfruté. Pero no me gustó como las otras dos veces. Y no solo porque parecieran menos animosos que en ocasiones anteriores, que también, sino por esa deriva más pesada con la que mutaron algunas de las letanías marca de la casa y que no acabaron de agradarme. El repertorio exhibido tampoco ayudó, la verdad. Por mucho que tiraran de algunos de sus “hits” más conocidos. Y es que esos mandamientos versión SCAC que se han sacado de la manga en este 2016, me parecen un resbalón dentro de su gloriosa trayectoria discográfica. Aunque seguro que se recuperan y renacen de entre sus cenizas. Tanta oración merece su recompensa.
Y poco más que añadir. Ya ha pasado mucho desde el concierto y el alzhéimer no perdona. Eso y que he estado de vacaciones en la otra parte del mundo quemando neuronas a base de birra, vino, pisco sour y asado. Pues eso.
–----------------------------------------
Aquí molaron más...
...ni te cuento.
Ahora en serio. Pos claro que fui. Y hasta lo disfruté. Pero no me gustó como las otras dos veces. Y no solo porque parecieran menos animosos que en ocasiones anteriores, que también, sino por esa deriva más pesada con la que mutaron algunas de las letanías marca de la casa y que no acabaron de agradarme. El repertorio exhibido tampoco ayudó, la verdad. Por mucho que tiraran de algunos de sus “hits” más conocidos. Y es que esos mandamientos versión SCAC que se han sacado de la manga en este 2016, me parecen un resbalón dentro de su gloriosa trayectoria discográfica. Aunque seguro que se recuperan y renacen de entre sus cenizas. Tanta oración merece su recompensa.
Y poco más que añadir. Ya ha pasado mucho desde el concierto y el alzhéimer no perdona. Eso y que he estado de vacaciones en la otra parte del mundo quemando neuronas a base de birra, vino, pisco sour y asado. Pues eso.
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Aquí molaron más...
...ni te cuento.
lunes, 3 de octubre de 2016
Lo malo, lo peor y lo que va después...
Tenemos nuevo colaborador en els Cagallons. El abuelete se estrena con la crónica del concierto perpetrado protagonizado por Mujercitas Terror y Mueran Humanos en No Hay Nada Mejor Que un Buen Equipo de Sonido del Cabanyal. Un bolo enmarcado en la campaña "Joven, di no a las drogas" del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Vale que el abuelete está en fase de rodaje y se confunde al hablar de películas. Comprendámoslo. La época de los guateques le queda lejana. Pasando por alto esto, el mensaje es claro...
...y no hase falta desir más!
...y no hase falta desir más!
viernes, 16 de septiembre de 2016
Vasquez, nieto de Vasco e hijo de la fiesta
Pues
no sé como enfocar esta crónica exprés de lo anoche acontecido en
El Loco. Y es que se presentaba, por primera vez en España que yo
sepa, el amigo Matthew Logan Vasquez. Alma máter de los Delta Spirit. El
más apocado de aquellos tres medio hermanos responsables de uno de
los mejores discos del 2011: "Middle Brother". Venía
acompañado por un bajista y un bataca para, supuestamente, presentar
los diez cortes que componen su álbum de debut en solitario, el
estimable "Solicitor Returns". Continuista de aquel "Austin - EP" publicado tan solo unos meses antes. Un buen disco de folk-rock,
ideado, diseñado y ejecutado al noventa y nueve por ciento por este
prolífico músico tejano. Rico en influencias que van desde el
distintivo trabajo de guitarras de unos Crazy Horse, el country
rock escuela Gram Parsons -con o sin los Flying Burrito Brothers-, o
el espíritu de esos Deer Tick más juerguistas, con el
(midel)broda' John McCauley al frente. Amén de la inclusión de cadencias
psicodélicas y, lo que es más sorprendente, cierta deriva grungera
en varios de los cortes.
Dicho
así la cosa no pinta nada mal, ¿verdad? El problema viene cuando el
trío calavera se pasa por el forro el repertorio esperado y, en
apenas una hora de concierto, se dedica a insertar covers y
reinterpretaciones casi metaleras, que en ocasiones parecían
autenticas improvisaciones surgidas de la ingesta masiva de alcohol. Y aún así
no estuvo mal del todo. El tipo tiene actitud y lo dejó patente anoche. Además la
banda sonó como un trueno. De hecho demasiado a trueno. Y es que el
estruendo fue la tónica dominante y quizás salvo cuando sonó
"Maria", el bolo anduvo escaso de matices. Esos que tan
bien le sientan a las canciones enlatadas por Vasquez. Por otra parte la revisión
de esa suerte de himno rockero titulado "Everything I do is
out", en versión alargada y con incrustaciones del "Negative
Creep" de Nirvana -entre otras- moló bastante. La versión de alguno de los clásicos de Middle Brother también, pero me pareció
obvia y por lo tanto innecesaria.
Al final salgo con la impresión de que los tíos han cruzado el charco con la única
finalidad de beberse hasta el agua de los floreros y pasarlo teta. Y
está bien que así sea, pero un poco de "disciplina" sobre el tablao -una
mijita siquiera- no les iría nada mal. Pueden y deben dar más de sí. Eso y presumir de disco. Yo al menos lo eché bastante en falta.
martes, 13 de septiembre de 2016
Mujercitas Terror en el Maga
El
trío bonaerense Mujercitas Terror está inmerso en la que viene a
ser su primera gira europea. Con diferentes paradas a lo
largo y ancho del estado y entre ellas una, la del pasado jueves por la noche, en
la capital del Turia. Acuden hasta aquí con su tercer disco, aún
calentito, bajo del brazo. "Fiesta Muda" que así se llama,
publicado en los Estates por el sello neoyorquino Stereo-Neg Records,
que es quien me los dio a conocer.
De
esto último no hace tanto. Y en parte por culpa de un desafortunado incidente con la mencionada discográfica gringa. Si bien, haciendo
realidad aquella máxima que reza que "no hay bien que por mal no
venga" (¿o era al revés?), gracias a ello me paré a escucharles. ¡Y menos mal! Hubiese sido una
lástima no hacerlo, ya que su particular propuesta oscura, cercana a
los postulados del post-punk, cantada en castellano y con un
inequívoco sello porteño, bien merece la pena. Es cuando menos
disfrutable, como quedó sobradamente demostrado en el concierto
celebrado en Valencia. Y eso que, probablemente por culpa de la sala,
no sonaron del todo bien. Aún así pudieron apreciarse esas trazas de
genuinidad que alumbran su música. Deleitándonos con esa fórmula -y la estética- que va entre lo gótico, la teatralidad y la
emergencia sonora.
Como
no podía ser de otra manera, el setlist estuvo integrado
principalmente por los cortes incluidos en su último álbum. Si
bien, también quedo espacio para revisitar sus discos anteriores,
tanto el homónimo de debut (2007) como "Excavaciones"
(2011). Buena manera de introducir a los allí presentes en su
particular universo. Y sumarlos a una causa en la que, servidor, como buen y
disciplinado neófito, buscará profundizar.
jueves, 8 de septiembre de 2016
Crímenes
Al
parecer estos "Crímenes" son la primera obra literaria de
Ferdinand von Schirach. Aunque bueno, viendo como escribe el gachón,
es más que probable que ya pudiéramos incluir en esa categoría a sus alegatos de defensa.
Y es que estamos
ante una compilación de relatos basados en la experiencia
profesional de un reputado penalista alemán. Alguien que, en el
ejercicio de su profesión, ha ejercido como defensor en causas
penales muy conocidas en su país. Hablo de asuntos como el que afectó al miembro del
servicio de inteligencia alemán Norbert Juretzko o los diferentes juicios a Günter
Schabowski, aquel funcionario socialista que ganara fama mundial al
propiciar, parece que accidentalmente, la caída del Muro de Berlín.
Las
historias incluidas en "Crímenes" reflejan el aguzado instinto narrativo de su autor. Nunca resultan demasiado farragosas, ni por estructura ni por el abuso de términos jurídicos. En última instancia siempre nos
llevan en búsqueda de la verdad judicial, lo que no obsta para que los
crímenes en cuestión, los que le dan sentido al libro, sean expuestos con toda su crudeza. De ahí que el lenguaje
empleado por Von Schirach sea sobrio y conciso, pero mucho menos técnico de lo que cabría esperar. Relatos que siempre están bien llevados, despertando interés y en los que, por ponerles un pero, se aprecia una excesiva preocupación a la hora de señalar las circunstancias atenuantes de los
responsables.
Un
libro que me ha sorprendido gratamente hasta el punto de haber
despertado en mí, aunque fugazmente, aquellas motivaciones que me llevarían a matricularme en la Facultad de Derecho
allá por el pleistoceno medio.
lunes, 5 de septiembre de 2016
Refrescándome con El Bosco y Caravaggio
El
pasado sábado, se supone que huyendo del caloruzo impropio que
afecta a esta terreta que me vio nacer, marché hasta los Madriles
con la idea de empaparme de cultura. Sobra decir que escaparse de
Valencia a Madrid con la pretensión de apartar los rigores del estío
es un ejercicio de poc trellat difícil de defender. Y es que
empaparme, lo que se dice empaparme, pues sí que lo conseguí pero
de sudor.
Eso
no quita que disfrutara sobremanera de la visita al Museo del Prado y
a la magnífica muestra "El Bosco, exposición del V Centenario"
con las obras de don Jheronimus Bosch. Y es que no podía faltar a la
expo más completa que de la obra del pintor brabanzón se ha hecho
hasta el momento. Veintitantas obras atribuidas, también otras
anónimas o adscritas al Taller de El Bosco, a Alaert du Hameel,
Adriaen Van Wesel o Felipe de Guevara que nos permite entender el
ambiente en el que se gestaron las pinturas del genio.
Entre
las pinturas expuestas estaban, cómo no, las ocho que se conservan
en España. Y entre ellas destacando el fastuoso Tríptico del Jardín
de las Delicias, su creación más compleja y enigmática. Repleto de
memorables escenas e icónicas figuras, próximas a los postulados
del surrealismo, que giran de alguna u otra forma en torno al
concepto del pecado. Unas tablas con un mensaje enormemente
pesimista, el de la fragilidad y el carácter efímero de la
felicidad o goce de los placeres pecaminosos. Un cuadro que, por
muchas veces que lo haya visto, no deja de impresionarme y
emocionarme cada vez que me vuelvo a plantar ante el.
Aprovechando
que ya estaba por allí y que no tenía programada la vuelta al cap i
casal hasta la noche, me acerqué hasta la Thyssen para darme un
garbeo por la exhibición titulada por las huestes de doña Carmen
como "Caravaggio y los pintores del norte". Exposición que
pensaba molaría mucho más de lo que me moló. Y es que, pese a
estar centrada en la figura de Michelangelo Merisi del Caravaggio y
en su influencia en el círculo de pintores del norte de Europa que,
fascinados por su obra, difundieron su estilo, tan solo unas pocas de
las obras suscitaron mi interés. Concretamente las cinco o seis
atribuidas al pendenciero pintor milanés, curiosamente conocido como
"el más famoso pintor de Roma", entre las que destacaban
"La buenaventura", "Chico mordido por una lagartija"
o "Santa Catalina de Alejandría". No así las de los
caravaggistas holandeses, flamencos o franceses expuestos. Y es que,
lo reconozco, ni Van Baburen, ni Ter Brugghen, Van Honthorst, tampoco
Nicolas Regnier o Claude Vignon, ni ninguno de los demás con representación en la muestra me generan el más mínimo interés.
Cosa distinta hubiera sido si en la exposición hubiesen tenido
cabida obras de los Gentileschi o Manfredi. Pero bueno, eso ya es
cosa mía.
lunes, 29 de agosto de 2016
La historia oral del grunge
Si
tenías menos de 20 años a principios de los 90, cuando te quedaste
noqueado con el teen spirit de Nirvana; si eres de los que cabeceaste
todo lo que pudiste y más con aquella pose de Jesucristo firmada por
los chicos de Soundgarden e hiciste wachiwachi con los jitazos del
primero de Pearl Jam; Si te desgañitaste con el "Man in the
box" de Alice in Chains... Vamos, que si eres un noventer yonki,
o rehabilitado, de la franela y el tartán, "Todo el mundo adora
nuestra ciudad" de Mark Yarm es tu libro. Es más, lo vas a
disfrutar aunque te repugne el término grunge, como a gran parte de
los entrevistados en esta auténtica historia oral del movimiento.
Grunge, o "Sonido Seattle" para no ofender a los aludidos.
El
libro captura los antecedentes, auge y apogeo del movimiento a través
de testimonios, a veces contradictorios, de quienes forman o formaron
parte de las bandas implicadas, de sus amigos y acólitos, de los
productores y representantes, fotógrafos, periodistas musicales,
propietarios de salas, roadies y entusiastas del género que de
verdad vivieron el momento. Se nos cuenta toda la historia, con
diferentes enfoques, abarcando desde el momento gestacional que el
autor sitúa de alguna manera un fin de semana del día del trabajo
de 1985 en la ciudad esmeralda. Fue con un mítico concierto de los
U-Men en el marco del Festival Bumbershoot de Seattle, que pasaría a
la posteridad porque a los chicos no se les ocurrió nada mejor que
pegarle fuego al estanque frente al escenario. Asistimos a
continuación a la fundación de aquellos grupos que moldearon el
característico sonido de Seattle a finales de los 80, llegando hasta
el éxito mundial de los cuatro grandes referentes del grunge a
principios de los 90: Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden y Alice in
Chains. Una historia que va desde los orígenes de la insolvente pero
entusiasta discográfica independiente Sub Pop, hasta el frenesí con
el que las grandes multinacionales cayeron sobre el Noroeste de
Estados Unidos dispuestas a exprimir la gallina de los huevos de oro.
Desde el nacimiento de la apartada movida seattlesense, articulada a
través de conciertillos en diminutas salas y fiestas privadas en
sótanos, hasta las trágicas y solitarias muertes de Kurt Cobain y
Layne Staley una vez convertidos en mega estrellas.
Un
necesario ejercicio de nostalgia con un punto onanista, destinado a
quienes, como un servidor, disfrutamos tanto con la música de
Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden, Mudhoney, Screaming Trees, Alice in
Chains, Mother Love Bone, The Melvins, Hole, Green River, 7 Year
Bitch, Gruntruck, Temple of the Dog, Mad Season,
TAD, U-Men, Malfunkshun, Skin Yard, Cat Butt, Supersuckers, The
Gits, Love Battery o Truly.
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U-Men
martes, 16 de agosto de 2016
La ciudad y la ciudad
Reconozco
que le entré a este libro con muchas de reservas. Supongo que por
aquello de la weird fiction con la que se suele etiquetar a
esta y a otras obras del autor, para encasillarlo en un espectro
literario en el cual caben demasiadas cosas y no necesariamente
buenas. También por culpa del escribiente, el británico China
Miéville, a quien tenía por lo que no es, si bien, ese prejuicio ya
estaba bastante debilitado por obra y gracia de Javier Calvo. El caso
es que, pasando por alto lo anterior y las más de quinientas páginas
de las que se compone, me adentré en el entramado de dos ciudades,
Besźel y Ul Qoma, de alguna manera superpuestas ya que, en gran
medida ocupan un mismo espacio geográfico. Una ciudad y otra ciudad
que lo son por la voluntad enfocada de sus ciudadanos, además de la
amenaza latente de un poder secreto conocido como "la brecha",
que obliga a que la percepción de los lugareños sea la de vivir y
funcionar en dos espacios diferenciados con una interacción que
tiende a cero.
Dicho
lo cual y aunque pueda parecer sorprendente, la novela responde más
a los patrones del género policíaco, a la novela negra clásica, que
al universo de la fantasía, el sci-fi y/o derivados. La premisa es
la aparición del cadáver de una mujer joven sin nada que la pueda
identificar. Para llevar a cabo la investigación se confía en el
inspector Borlú, de la policía de Bészel, quien, en el marco de
las pesquisas, se verá forzado a viajar desde su decadente ciudad
hasta la urbe rival y vecina, la anteriormente mencionada Ul Qoma.
Para cruzar la frontera, el inspector deberá emprender un viaje no
tanto físico como psíquico. Ver aquello que hasta ahora debía
desver y viceversa. Una vez allí se verá envuelto en un submundo
repleto de nacionalistas que intentan destruir a la ciudad vecina,
unionistas que conspiran para alcanzar la lógica fusión, políticos
corruptos, empresarios sin escrúpulos, los fantasmas de Orciny y
como no los chicos de "la brecha".
La
verdad es que la imaginación de Miéville no tiene limites y es
capaz de construir una gran novela de fantasía que no lo es
realmente, o al menos no tanto como parece. He visto que con ella
este escritor, profesor y político inglés, ganó el Premio Hugo y
el Arthur C. Clarke, entre otros. No me sorprende.
martes, 2 de agosto de 2016
Las cosas que perdimos en el fuego
Lean
a Mariana Enriquez.
En
serio.
Sí,
ya sé que el exceso de bombo nos lleva a la atonía y que
últimamente el libro de la Enriquez aparece hasta en la sopa, pero
haced el esfuerzo y sobreponeos por esta vez. Y es que, todos los
elogios y parabienes que habréis leído en prensa, blogs,
suplementos culturales o revistas literarias respecto a "Las
cosas que perdimos en el fuego", primer libro de la escritora argentina que se publica en España, están más que justificados.
Antes
de nada decir que ninguno de los doce relatos incluidos en "Las
cosas que perdimos en el fuego" tiene que ver con aquellas cosas
que Audrey Burke y Jerry Sunborne perdieron en las llamas, en la película de Susanne Bier. Buena peli, por cierto. Aquí estamos ante
una compilación de relatos de terror o algo así, de esos que causan
angustia y hasta pavor evocando a los clásicos del género, pero que
a la vez trazan historias con un trasfondo que va mucho más allá.
Utilizando el miedo como excusa para abordar otros temas, aun
superficialmente dada la extensión de los escritos, como el desamor,
los celos, el patriarcado, el machismo y la violencia de género, la
dictadura argentina, el hikikomori, la magia negra, la miseria y la
exclusión social, la homosexualidad, la soledad, la culpa, las
drogas y hasta el rockanrol.
Un
enjambre de historias protagonizado por personas normales en
escenarios habituales que, de repente, se transforman. Cotidianeidad
que deriva en pesadilla y una normalidad que da paso a lo insólito.
Como en el caso de las mujeres ardientes que deciden
extender una forma extrema de protesta contra la violencia doméstica,
o de esa estudiante que se arranca las uñas y pestañas porque alguien
se lo pide, o
esas amigas en una hostería en la que aún perviven los fantasmas de un pasado
no tan lejano, o ese guía turístico que asiste a la inesperada reaparición del tristemente conocido Petiso Orejudo.
Gran
libro.
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