viernes, 17 de diciembre de 2010

Espectaculares Howlin' Rain


Para los que no les conozcáis, los Howlin’ Rain son la banda de Ethan Miller, otrora esencia de los tristemente desaparecidos Comets on Fire. Un quinteto asentado en la bella ciudad de San Francisco que ofrece una sugerente mezcla de hard rock con esencias sesenteras, blues, noise y sobretodo mucha psicodelia. Tanta que no cuesta ubicarles rondando entre las pintorescas calles del barrio de Haight, archiconocido lugar de nacimiento del movimiento hippie a finales de la década de los 60.   

Fascinado por el sonido retro de “Magnificient fiend” (2008), su segundo y magnífico disco, decidí poner en jaque mi delicado estado de salud por tal de verles en directo. Y la cosa bien mereció la pena. Pocas veces he visto a una banda sonar tan potente y a la vez tan bien sobre un escenario. Y es que la música de estos tipos engancha enlatada y no os digo nada en vivo, dónde se aprecia más si cabe el virtuosismo guitarrero de Miller, los fantásticos juegos vocales entre este último y Joel Robinow, y el maravilloso sonido del Hamond. O esas complejas composiciones, que podrían ser obra de cualquiera de los máximos exponentes de la historia del rock, desde el Dios Hendrix, hasta los Black Crowes, pasando por gentes como The Troggs o Jefferson Airplane. Otra cosa es su aspecto. Y no lo digo por su manera de vestir retro –o anticuada, para gustos los colores- y su evidente desaliño capilar, sino por sus innegables parecidos razonables, que nos hicieron esbozar más de una sonrisa durante la noche. Porque el tal Miller es la copia exacta de Salman Rushdie, mientras que sus chicos son los dobles de Robin Williams con melena, Rasputín y una curiosa mezcla entre Fernando León de Aranoa y Tim Burton en su juventud. [Creedme, la foto no les hace justicia]

El concierto discurrió rápido, sin que la banda nos diese un segundo de respiro, con guitarrazos, falsetes y wah-wahs a tutiplé. El repertorio se nutrió fundamentalmente del mencionado “Magnificient fiend”, si bien también tuvieron cabida hits de su álbum de debut, como la magnética “Death prayer in heaven’s orchad”, o los tres cortes incluidos en su reciente “Good Life EP” (2010), con mención especial para el que da nombre al mismo.

En fin, que disfruté como un enano. Lástima que el evento no cayera en fin de semana. Lástima que la cosa empezara tan tarde. Lástima el trancazo que llevaba encima...        

jueves, 16 de diciembre de 2010

Ibicus, de Pascal Rabaté

Fue en el marco de una conversación de almuerzo laboral, de esas en las que se abordan todo tipo de cuestiones y se arregla el mundo de un plumazo, cuando nos pusimos a hablar sobre la penúltima genialidad del binomio Benoit Delepine - Gustave Kervern. Me refiero a la divertidísima película “Louis–Michel”, dirigida en 2008 por este par de locos aunque se haya estrenado ahora en España, y cuyo visionado recomiendo. Intercambiando impresiones sobre la misma, salió a colación el nombre del historetista e ilustrador francés Pascal Rabaté, que forma parte de una de las escenas más divertidas del film. Para los que ya la hayáis visto, me estoy refiriendo al momentazo desayuno en el hotelito de Bruselas. Allí Louis y Michel, los protas, comenzarán a tirarse los trastos desde un extremo a otro del comedor –hablando de forma figurada, claro está-. La distancia entre ambos, que se habían posicionado en mesas alejadas, hará que el fuego cruzado pase sobre las cabezas de una familia de turistas con la que comparten hotel. Una familia cuyo pater está interpretado por el señor Rabaté y que se mantendrá impasible durante toda la escena, mientras va dando cuenta del desayuno, sin alzar la mirada ni por un momento.

El caso es que un amigo me preguntó si conocía a este autor y ante mi negativa, pasó a recomendármelo a través de uno de sus mejores tebeos, “Ibicus”, obra galardonada con el prestigioso premio “Alph-Art” al mejor libro del año en el Salón de Angulema, en enero del año 2000. No se trata de una obra original de Rabaté, sino más bien la libérrima adaptación de una historia de Alexei Tolstoi, el sobrinísimo del archiconocido autor de “Guerra y paz” o “Ana Karenina”. Una fábula sobre la condición humana protagonizada por un triste contable de San Petersburgo, Simeón Nevzorov, que decidirá perseguir sus sueños de gloria y fortuna a cualquier precio. En principio nuestro héroe carece de la voluntad y del coraje necesario para intentarlo, pero todo cambiará cuando un día, viniendo de visitar a sus padres, se tope con una vieja gitana que le revelará que ha nacido bajo el signo del Ibicus, “la calavera parlante”. La adivina le vaticinará que: “¡Cuando el mundo se hunda envuelto en fuego y sangre, cuando la guerra entre en las casas, cuando el hermano mate al hermano, tú te harás rico! ¡Vivirás aventuras extraordinarias, pues serás rico!”. Tal como predice la gitana, Rusia no tarda en arder en llamas –estamos en las postrimerías de la Revolución de 1917- , y Simeón se lanzará a aprovecharse, sin el menor remordimiento, de los terribles acontecimientos que sacuden su patria, con el único objetivo de acumular el máximo de riqueza material y de disfrutar a tope de todos los placeres terrenales.

Es así como este personaje iniciará su particular epopeya. Una especie de tragicomedia con final feliz (¿?), salpicada de peligros y que llevará a Simeón a ocupar diferentes roles: desde ser un reputado miembro de la nobleza rusa, hasta un contrabandista de cosas variadas, un espía, un chuloputas o el gerente de un negocio de apuestas. Sin embargo y pese a lo que pueda parecer, el personaje de Simeón no es para nada entrañable. Es difícil sentir empatía por él, un tipejo sin escrúpulos que no es capaz de mirar por nadie. Un personaje terrible a través del cual sufrimos una cruda inmersión en los rincones más negros del alma humana.

En fin, que el libro me ha gustado de la hostia y no sólo por la historia que cuenta, de la que os he hablado largo y tendido, sino también por como está dibujada y coloreada. Y es que Rabaté ha optado por un dibujo marcadamente expresionista, en un blanco y negro muy bello, que va fantástico con el tono general de la obra.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Finestres

Una de las cosas que más me gusta de mi oficina, es disponer de un enorme ventanal que ofrece unas bonitas vistas a la zona noble de la ciudad. Pero de un tiempo a esta parte ese “privilegio” se está viendo amenazado por la rápida construcción de un edificio de viviendas de lujo enfrente mismo. Justo en el momento en que en este país no se construye nada. ¡Tiene huevos la cosa!

Por otra parte, gracias a la evolución de esa obra, cada mañana cuando llego al curro presencio un extraño ritual que me tiene completamente fascinado. Se trata de una delicada operación de “transporte aéreo” del catre móvil para operarios que, debido a la velocidad con la que se está edificando, precisa ser movido a diario de una punta a otra. Y va en serio, ¡lo juro!. Ese cagadero pendiendo de una grúa, recortando su silueta contra el cielo azul (o rojizo o gris, según el día) y meciéndose al ritmo que le impone el viento, es una imagen muy bella. Como cuando Ricky Fitts, el vecino psicótico de “American Beauty”, graba la escenita de la bolsa de plástico dando vueltas en el aire.

Alguien debería incluir esta imagen en una película. En una especie de “Spanish beauty” en la que, pongamos por caso, Gabino Diego recogiese estas bellas imágenes con la cámara de su teléfono móvil, a modo de colofón. Un elemento al que se podría otorgar un carácter no sólo onírico, sino también soez. Por ejemplo, si el cagadero se abriera en pleno traslado y una lluvia de “petróleo” se desparramara sobre los andamios, llenando a los trabajadores de mierda hasta las cejas.

Ahora en serio. Todos los días rezo para que pase esto último y, a poder ser, antes del próximo día 22, el del Sorteo Extraordinario de Navidad. Lo digo por aquello que siempre se comenta de que pisar una mierda es un signo de fortuna, ergo que la mierda te “pise” a ti debe dar la hostia de suerte. Por lo menos yo prefiero que la suerte sonría a estos currelas, antes que a gentuza del tipo Carlos Fabra, sempiterno ganador del Sorteo. Aunque, que coño, para que engañarnos, mejor me lleno yo de mierda y me llevo el premio. 
 
...me da a mí que no hará falta. Este año me he hecho con el boleto ganador: 
 "In Fabra we trust"

martes, 14 de diciembre de 2010

Me llamo Aram


Recuerdo con alegría la primera vez que escuché el nombre armenio Aram. Fue gracias a Aram Khachaturian -en armenio Արամ Խաչատրյան que mola el doble- compositor soviético al que debo uno de los escasos momentos de placer que me ha procurado la música clásica hasta el momento. Fue gracias a un cedé adquirido de chiripa hace un huevo de tiempo, por recomendación de alguien (sinceramente no recuerdo quien). En el se incluían la “Suite nº 4 – Espartaco” y una deliciosa pieza creada por Khachaturian para la representación teatral de “Masquerade”, obra del poeta y dramaturgo ruso Mikhail Lermontov. Sin embargo no es a éste Aram a quien me quiero referir en esta entrada, sino a Aram Garoghlanian, alter ego del escritor armenio-americano William Saroyan y protagonista de su libro “Me llamo Aram”.

 

Y es que el joven Garoghlanian es el protagonista de los catorce relatos que integran esta fantástica compilación que, al igual que sucedió tras leerme “La comedia humana”, me ha dejado gran sabor de boca. Para la ocasión Saroyan recurre a la figura de este inocente chaval nacido y residente en Fresno (California) –como él mismo- a través del cual nos relatará una serie de anécdotas y/o experiencias más o menos autobiográficas, más o menos fabuladas, de las que se extraen importante lecciones vitales. Del mismo modo que en “La comedia humana”, con estas historias se nos muestran los modos de vida de los agricultores armenio-americanos establecidos en el Valle de San Joaquín. Sus problemas, sus recuerdos, la supervivencia de sus tradiciones ancestrales y el sempiterno tema del desarraigo del inmigrante, más aún en el seno de una comunidad tan castigada como la de los armenios.

 

El libro, escrito en 1940, consagraría a Saroyan como uno de los  grandes maestros de la narrativa norteamericana contemporánea y no es para menos. Con un estilo marcadamente realista, no por ello exento de lirismo, sus formas le asemejan muy mucho a otro autor referencia para un servidor y del cual os he hablado en otra ocasión: Sherwood Anderson.

Quien no se haya leído nada de Saroyan tiene una magnífica oportunidad de acercarse a su mundo a través de este libro. Un auténtico best seller internacional en su momento. Very good.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Otra vez Micah (with Tachenko)

Tercera, cuarta o quinta vez que veo al Micah P. en directo, la verdad es que ya ni me acuerdo. Aunque sí soy consciente de que en anteriores ocasiones salí más satisfecho. No me malentendáis, el concierto estuvo bastante guapo, el repertorio escogido cojonudo -básicamente los cortes de su último elepé, el magnífico “Micah P. Hinson & the Pioneers Saboteurs”- y los músicos de acompañamiento, el cuarteto zaragozano Tachenko, sonaron de la hostia. Pero tal vez a causa del hartazgo tras una extraña semanita salpicada de días festivos y plagada de excesos, o quizás por haberle visto hace relativamente poco y en su mejor versión, o simplemente porque la cosa se celebró en domingo (de resaca), el peor día de la semana para conciertear, en fin, fuese por lo que fuese la cosa no acabó de rular. Y eso que Micah estuvo sorprendentemente comedido, no abusando de sus particulares monólogos en los que narra sus desventuras como si se tratara de una screwball comedy protagonizada por Cary Grant  y no las catastróficas desdichas que han trufado su todavía corta existencia. Eso sí, debería replantearse el papel de su enamoradísima esposa, que ha pasado de ser mera acompañante en las giras a un miembro más de la banda, ¡y eso en menos de un año! No pasaría nada si su aportación otorgara un valor añadido a la música del de Abilene, pero no es así, la señora se limita  a tocar uno o dos acordes al órgano, en el mejor de los casos, o a corear o más bien susurrar los estribillos. En fin… que si vuelve a tocar por estas tierras, allí que me plantaré, pero preferiría que su señora se quedara en casa. Y no estaría mal que tardase un poquito en volver, ¡y viernes o sábado!, para cogerlo con más ganas.

Como nota curiosa diré que coincidimos con Micah, la esposa y los Tachenko en un bareto próximo a la Sala de conciertos. Espalda con espalda y viendo el Barça – Real Sociedad. De este curioso encuentro he sacado tres conclusiones. La primera que el Micah es del Barça (¡algo malo debía tener! Ja ja ja), ya que celebró efusivamente el golazo de Andrés Iniesta (creo que suponía el 2-0 a favor de los culés). La segunda es que los Tachenko hablan inglés como el culo. Vamos que hasta servidor se sorprendió de lo macarrónico de su uso. Se lo diré a mi profe de inglés. Que vea que no soy el único que por estos lares se caga en la gramática de Shakespeare.  Y tres, que el bareto en cuestión tiene un magnetismo brutal con las celebrities. Especialmente con las pertenecieres al gremio musical. Sí amigos, es el mismo en el cual mi amigo Ivanrojo y un servidor coincidieron con Nachete (Vegas) y con Joe “Barrilete Cósmico” Crepúsculo. Y os aseguro que el sitio no tiene ningún encanto especial ni es lugar de encuentro habitual para faranduleros. Se trata de un cuchitril tirando a cutre pero bastante barato, repleto de carajilleros con boina, forofos futboleros y algún que otro mascachapas extraviado. Se ve que eso atrae a estas gentes de mal vivir.

Agur maes!!!      

domingo, 12 de diciembre de 2010

Fabreken Pis


Continuando con mí cháchara sobre aeropuertos y otras malas hierbas, hoy le toca el turno al necesarísimo Aeroport de Castelló y a su bienamado benefactor, el eterno Presidente de la Diputación Provincial de Castellón, Don Carlos Fabra Carreras (Don Carlo Fabrizio para los amigos). Y es que lo de este tipejo ya es de traca. ¡Su megalomanía no conoce límites!  

No contento con impulsar la creación de un aeropuerto totalmente innecesario para mayor gloria de su persona, ahora resulta que varios estómagos agradecidos pretenden homenajearle con una enorme escultura en cobre de 24 metros de alto por 18 de diámetro, que estará situada en la rotonda de acceso a la terminal. Y es que lo que no consiga este tío… Al más puro estilo Niyázov, fallecido dictador de Turkmenistán, el acceso al recinto estará decorado por esta monumental estatua obra de Juan García Ripollés, escultor oficial y pintor de cámara del virrey de Castellón. ¿Y la bromita cuanto les va a costar a los castellonenses? Pues sobre los 300.000 eurazos de , que ya se sabe, “els diners i els collons són pa’ les ocasions”, ¿y que mejor ocasión que un merecido homenaje al “padre de todos los castellonenses”?   

Por cierto que, ya puestos, el Beato Ripo podría inspirarse en la figurita del Manneken Pis y representar a Fabra sacándose la pitorra y meándonos encima a todos. Al fin y al cabo es lo que hace normalmente i no passa res… ¡y la justicia dando palmas! En fin, no sé que habrán hecho mis primos del norte para padecer este dolor, pero se lo deberían de hacer mirar.

Tan sólo espero que este año no le vuelva a tocar la Lotería al menda. ¿Será mucho esperar? 

sábado, 11 de diciembre de 2010

¡Pintor!

Pintores los hay de muchos tipos. Algunos utilizan lienzos y/o tablas, otros se lo curran haciendo frescos e incluso los hay quienes prefieren decorar otro tipo de superficies. Unos se definen como artistas y otros como meros artesanos, aunque a pocos se les considera artistas y la mayoría no pasan de ser aficionadillos -¡o pintores de brocha gorda!-. Pero de lo que no cabe duda es que existen unos pocos –¡muy pocos!- cuya valía les lleva a alcanzar un reconocimiento tal que trasciende cualquier estimación subjetiva en contra. Ese el caso de Rodrigo Celestino, protagonista de ¡Pintor!, un antiguo profesional de la pintura de interiores que conocerá el éxito artístico tras la jubilación. Y todo gracias a sus particulares murales pintados en techos de cuartos de baño. Un trabajador humilde y desconocido que terminará por convertirse en algo parecido a un artista de culto.        

Como ya nos hicimos eco en este blog, “¡Pintor!” es el último tebeo firmado por Esteban Hernández, ciudadrealeño de nacimiento, valenciano de adopción, amiguete de un servidor, buen historetista, gran ilustrador y mejor persona. Un álbum que ya está a la venta, para suerte de todos. Y es que la espera ha sido larga desde que, a comienzos de este año, su obra fuese galardonada con el Premio Internacional de Novela Gráfica Fnac-Sins Entido, en su cuarta edición.

Fiel a su peculiar estilo, esta novela gráfica no defraudará ni a sus fieles seguidores (entre los que me incluyo) ni a todos aquellos nuevos lectores que se acerquen por primera vez al personalísimo universo Hernández. Brillantemente ilustrada, ¡Pintor! es una mezcla de novela de aventuras, comedia y drama que creo puede gustar a todo tipo de público. Muy recomendable…y por sólo 19 mauros!!! Así que no hay excusa, un regalo perfecto para las fechas que se acercan.

Ahhh… y no se olviden de revisar el techo de sus baños y aseos. Podrían llevarse alguna sorpresa.

“¡Pintor!” está editada por Sins Entido.

martes, 7 de diciembre de 2010

Épico Zardoz


Vaya de entrada que ni soy incondicional de la obra de John Boorman ni de la de Sean Connery, director y actor principal de esta cagada de película titulada “Zardoz” (1973). ¡Pero hostias, que estos tíos daban para algo más! Que si observáis la filmografía del realizador británico, podéis encontrar en ella algunas cositas interesantes como “La selva esmeralda” (1985), “Excalibur” (1981) “Defensa” (1972) o “A quemarropa” (1967). ¿Y del abuelote escocés que decir? ¡Si venía de rodar a las ordenes de Sydney Lumet “La ofensa” (1972) y “Supergolpe en Manhattan”(1971)! Eso por no hablar de que, un par de años después, protagonizaría una obrita maestra del séptimo arte titulada “El hombre que pudo reinar” (John Huston - 1975). ¿Qué coño pasó en esas cabezas?

Porque mira que es ridícula “Zardoz”. ¡Y mala de pelotas! No hay más. Patética, envejecida y chusca en grado sumo, hasta el punto de producir vergüenza ajena y eso que no conozco a estos dos mendas de nada…¡A Dios gracias!. Sobre todo cada vez que aparece Sean Connery en calzoncillos rojos, ataviado con bigote de nibelungo, cola caballuna y un pecho-lobo digno de película de Ozores...

La historia, que pretende ser epatante y es risible hasta decir basta, se sitúa en un futuro más o menos lejano, cuando la Tierra está poblada por dos castas que no se mezclan entre sí: la de los Inmortales y la de los Brutales (¡¡¡No se vale reírse!!!). Estos viven o malviven –según- en condiciones de vida totalmente diferentes. Los primeros son los privilegiados, quienes cortan la pana en ese mundo. Habitan en un rincón maravilloso del planeta, no envejecen y han conseguido vencer a la muerte. Frente a estos, los mencionados Brutales sobreviven en condiciones precarias, sujetos a privaciones, en un mundo corrompido y desolador. Además están sometidos de facto a esa casta de Inmortales, que los esclaviza a través del culto a Zardoz, el Dios al que veneran (¡Siempre la puta religión!). El caso es que, no se sabe muy bien ni como ni porqué, aunque tampoco importa, el tal Zardoz elegirá de entre los Brutales a un hombrecillo llamado Zed –Sean Connery para los amigos- para provocar un conflicto entre castas. En concreto su misión consiste en invadir y destruir el Vortex, el maravilloso rincón poblado por los Inmortales y que vendría a ser una suerte de Arcadia perdida de Hacendado. Como veréis, un guión digno del peor imitador de A.C. Clarke.

Pero es que encima, el amigo Boorman pretende darle a su obra un tono de reflexión filosófica que echa pa’tras. Son constantes las divagaciones en torno a los males de la inmortalidad, las bondades del conocimiento, la necesidad del sexo y otras paridas surgidas de la mente de un enfermo con las que dan ganas de gomitar (así, con G, que es como vomitar pero a lo bestia). Eso sí, todo ello sesudísimo, hoyga... Y todo impregnado de un erotismo de pacotilla, con profusión de mamellas y culamen  en un entorno claramente hippiesco… De pasmo, como diría uno que yo me sé. Vamos, que me imagino yo al Boorman éste el día de la premiere al lado de los directivos de la 20th -¡que no sabrían ni donde meterse!- y preguntándoles como en el chiste: “señores, ¿Qué les ha parecido la ejecución?”. A lo que estos responderían aquello de “hombre, la ejecución igual es un poquito fuerte, pero de un par de hostias no te libra ni el Dios Zardoz”.  

Es evidente que me ha encantado.
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Dedicada a M.     …with love!!!

jueves, 2 de diciembre de 2010

Viaje al fin de la noche, de Louis-Ferdinand Céline

Me he leído ahora, por primera vez en mi vida (¡a la vejez viruelas!), la extraordinaria aventura de Ferdinand Bardamu, protagonista de “Viaje al fin de la noche” de Louis-Ferdinand Céline. ¡Qué barbaridad de libro! Cuánta acidez y mala leche condensada en tan poco espacio. ¡Vaya nihilista éste Bardamu! Alter ego de Céline, ya que a nadie se le escapa que ésta, como la mayoría de las obras del controvertido escritor francés, tiene mucho de autobiográfico. Publicada en 1932, la novela sitúo a Céline en una posición de privilegio dentro de las letras francesas. Posición que vio peligrar por una serie de condicionantes extra-literarios –básicamente su antisemitismo y sus simpatías filonazis- que casi consiguieron que autor y obra fuesen borrados del mapa. Llegó incluso a exiliarse en Dinamarca para evitar una condena a muerte decretada por los tribunales franceses, por delito de colaboracionismo. En fin, lo que me interesa es el libro, the song not the singer.

Comienza la historia cuando su protagonista, el mencionado Bardamu, se enrola en el ejército francés. Al poco tiempo acabará asqueado de trincheras, por lo que decidirá desertar haciéndose pasar por loco. Éste primer episodio de la historia de Bardamu es, sin duda alguna, uno de los mejores. Mezcla de lo absurdo y lo real, no hace sino denunciar la brutalidad de una guerra (en el fondo, de cualquier guerra). Una vez finalizada la Primera Guerra Mundial y tras un fugaz noviazgo con una cooperante estadounidense y un extraño affaire con una mujer de vida alegre, decidirá marchar a colonias. Para ello tomará un barco repleto de militares retirados que a punto estarán de matarlo. Una vez en África comenzará otro de los pasajes más brillantes de esta novela. Muy crítico con el papel de Francia en sus colonias, describiéndolas de forma brutal como un paraíso de corruptos y racistas que practican un sistema basado en la explotación salvaje de los indígenas. Al final conseguirá escapar de esa situación, de una forma ciertamente extraña con la Iglesia y del ejército español implicado en ello, hasta los Estados Unidos de América. Allí conseguirá vivir durante un tiempo, primero en Nueva York y después en Detroit, donde trabará amistad y algo más con una prostituta que acabará enamorándose de él. Sin embargo y a pesar que su vida por primera vez parece encauzarse, decide volver a París, terminar sus estudios en Medicina y malvivir con la práctica médica. Si en el periodo norteamericano Céline nos muestra como son los inicios de una sociedad que va a más, en su vuelta a los suburbios de París vemos reflejado lo contrario. Una decadencia y una decrepitud que asquea a Bardamu aka Céline hasta límites inconfesables. De aquí hasta el final la acción no saldrá ya de Francia. Y paralelamente a la vida del protagonista veremos la caída en los infiernos de su amigo León Robinson, presente en todos y cada uno de los episodios del libro y con cuyo asesinato finalizará este “Viaje al fin de la noche”.  

Con todo y pese a que la historia reviste un indudable interés, lo más destacado del libro, al menos lo que más me ha llamado la atención, es la forma como esta escrito. Por lo actual que nos suena todo. Empleando una prosa amarga y desesperanzada, con un ritmo altamente intenso y, sobretodo, usando un lenguaje descarnado, grosero y muy jergal, de rabiosísima actualidad, que escandalizó a propios y extraños y que supuso una innovación literaria nunca vista. Lo dicho, que me ha encantado el librico. Y esa visión mordaz de un mundo repleto de miserables, me ha cautivado. Repetiré con Céline, no os quepa duda.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Tiran más dos tetas…

Ya era hora de que el New England Journal of Medicine, la revista referente en investigación y economía médica, publicase un estudio medianamente interesante. Estos científicos locos, siempre tan preocupados en investigar sobre chorradas que no interesan a nadie –curar el cáncer y ese tipo de cuestiones, ya me entendéis-, por fin, después de tropecientosmil tediosos artículos, nos ofrecen uno como Dios manda que viene a concluir lo siguiente: “Los hombres que miran cada día las tetas de una mujer pueden vivir hasta 5 años más”. ¡Pos claro coño! Eso si que es ciencia y lo demás son tonterías!!!

No va de broma. El estudio es obra de la doctora Karen Weatherby, gerontóloga alemana especialista en estas cuestiones, quien concluye que “basta con diez minutos al día para notar este efecto”. Al menos eso es lo que se desprende de las pruebas realizadas durante casi siete años en varios hospitales de Francfort. La cosa fue más o menos tal que así: Se hizo un seguimiento a cuatrocientos hombres que fueron monitorizados durante esos años. A doscientos de ellos se los puso delante de un buen par de tetas durante diez minutos al día, mientras que a los otros doscientos se los dispuso de cara a la pared. Al finalizar las sesiones, se pudo comprobar como los afortunados observadores del pechamen femenino tenían mejor presión arterial y menor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares ya que, según explica, “la excitación sexual hace que el corazón bombeé más y aumenta la circulación de la sangre“. Además los resultados indican que con este delicioso ejercicio se reduce a la mitad el riesgo de sufrir un ataque al corazón”. Por lo que la doctora termina recomendando esta práctica, especialmente los mayores de 40 años, ya que esta actividad equivale a treinta minutos diarios de ejercicio en el gimnasio… ¿y quien quiere correr cuando puede estar mirando tetas? Así que ya lo saben señoras/señoritas, ¡colaboren con la ciencia! Ja ja ja Todo es por una buena causa.

Lo que no comenta el estudio es sí esos beneficios en el sistema cardiovascular serían mayores si además de mirar, se llegan a tocar las susodichas mamellas. Cuestión esta que, sin duda alguna, formará parte del nuevo estudio de la doctora.

Ahora en serio… ya sé que la investigación científica –y especialmente la biomédica- debe ser potenciada por las administraciones. Pero hombre, lo que no pué ser es que se dediquen a financiar tontás como esta. Por qué no es un caso puntual, no... fijaos en los estudios e investigaciones galardonados anualmente con el Premio Ig Nobel. Sin ir más lejos, este 2010 se ha premiado a unos tipos que consagran su vida a perfeccionar un método para recoger mocos de ballena mediante un helicóptero de radio control (wtf???), o a otros que han descubierto que los síntomas del asma pueden ser tratados con una vuelta en una Montaña Rusa (guaaaaauuuu!!!), o mi favorito de todos ellos, el premio de Biología otorgado a unos científicos chinos e ingleses que documentaron científicamente la felación en los murciélagos de la fruta. ¿Y cómo coño se documenta eso “científicamente”? En fin, como observareis, todo es superinteresante y profundamente revelador… ¡manda webs!

Ah! Esperad, esperad… comentan los organizadores que con esos premios se honra a lo imaginativo y se estimula el interés del público en la ciencia, medicina y tecnología... ¿estáis de coña tíos? Por lo menos el de las mamellas tenía aplicaciones interesantes.  
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