jueves, 12 de noviembre de 2015

Las Meninas

No voy a ponerme aquí a desgranar las grandes virtudes que atesora la creación más celebre de don Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, ni a relatar la influencia de este cuadro en la obra de unos cuantos artistas posteriores. Tampoco es mi intención ahondar en su condición de cumbre del arte barroco, ni resaltar el hecho - bien conocido por otra parte- de que estamos ante uno de los grandes momentos de la pintura occidental. Ni siquiera abordaré el asunto de los enigmas que el lienzo encierra, por mucho que resulte fascinante elucubrar sobre esos secretos ocultos -algunos no lo son tanto- que Las Meninas esconden a plena vista.

Durante siglos, el cuadro que representa a la familia de Felipe IV, ha inspirado a artistas y escritores, convirtiéndose en un verdadero icono cultural. Los últimos en caer rendidos han sido los madrileños Santiago García y Javier Olivares, guionista el primero, ilustrador el segundo, de ese fantástico tebeo titulado precisamente “Las Meninas” y que ha sido justísimamente galardonado con el Premio Nacional del Cómic 2015. El jurado lo ha elegido por, literalmente, “ser una obra que asume un riesgo en la estructura narrativa y en el planteamiento gráfico que se resuelve con brillantez, y por constituir un buen acercamiento a la figura de Velázquez, su época y su influencia en otros artistas”.

Y no es moco de pavo. Porque sumergirse en él y en la deconstrucción que de la figura de Velázquez y su proceso formativo/creativo que le habría de llevar hasta pintar "Las Meninas", es una de las mejores cosas que le puede pasar en estos momentos a un apasionado del mundo de la historieta. Y hasta del universo pictórico creado por el gran maestro sevillano, ¡que coño! 
 

martes, 10 de noviembre de 2015

Noviembre de 2015. XÉ XÉ XÉ S'AFAITA O QUÉ aka SALMODIAS PARA ESPANTAR LAS CALORES DE UNA PUÑETERA VEZ

Consumidos los diez primeros días del mes y aún no les había hecho partícipes de esta preciosidad. Xé xé xé...  es que soy un puto desaborio. Eso y que no tengo respeto por mi -cada vez más- escaso público. ¡Manda caralho! En fin... ...que asín semos... ...que le vamos a hacer.
Así que ¡ale!, sin más preámbulos ni esbozos de excusa... Aquí os dejo con la SulotK de noviembre. La penúltima del año y en la que se incluyen canciones nuevas de Cuello y Caspian o el avance de lo que será el decimoprimer álbum de Weezer, con impactante portada papal para celebrarlo. También una delicatessen firmada por los Garotas Suecas incluida en su nuevo EP y la curiosidad que supone el ver como colaboran los líderes de dos bandas tan diferentes, a priori, como The National o Menomena. La cosa se llama El Vy suena bastante bien. Espero que como el bon vi gane enteros con el tiempo. También andan por ahí gente nueva como Korey Dane, las Marineros, The Deslondes... y nuevos-viejos como Eilen Jewell con su "Worried Mind". En fin, polla güena, como siempre. Disfruten de la listica y discúlpenme por el retraso... 

viernes, 6 de noviembre de 2015

...y ahora Dronizado (o como se escriba eso)

No creo que sea cosa de Ribó y los nuevos tiempos de la política municipal, pero lo cierto es que el volumen de conciertos interesantes programados en esta puta ciudad, se está incrementando hasta unos niveles que me hacen temer por mi salud económica y también la otra. Vamos, que este páramo está empezando a ponerse serio y en consecuencia las bandas internacionales ya no pasan tanto de largo cuando emprenden sus giras peninsulares. Cuento esto porque el pasado miércoles, absolutamente embotado con la dulce resaca que me dejó el show de don Ezra Furman la noche anterior, acudí hasta la sala 16 Toneladas para recibir un puñetazo sonoro al cargo de los Drones. Ojo, The Drones la banda australiana, no confundir con el esperpento que han firmado este año unos desnortados Muse a los que ya -y ojalá me equivoque- ni están ni se les espera.

Y es que por fin llegó el día en el cual la banda de Gareth Liddiard había de pasar por la capital del Regne -blavero mode ON- en el marco de una gira muy esperada por algunos. Vamos, por este menda y supongo que por todos aquellos fans que aún no habían tenido la suerte de ver a The Drones desenvolviéndose en su medio natural. Que es y ahora lo puedo afirmar con conocimiento de causa, el puto directo.

Ha pasado tiempo desde que estos australianos se hicieran un nombre con aquel lejano y maravilloso “Wait Long by the River and the Bodies of Your Enemies Will Float By”. Disco en el cual se incluye lo más parecido a un himno que tienen -y tendrán jamás-. Os hablo, por supuesto, de “Shark Fin Blues”. Canción que interpretaron anteanoche y por culpa de la cual, aún ahora mientras escribo estas líneas, la cabeza me da más vueltas que en un tiovivo. ¡Que puta barbaridad! Cómo sonó la jodía!!! Y es que diez años después el tema sigue produciendo escalofríos en el mejor de los sentidos. También es verdad que el disquito no era poca cosa. Vamos, que era cosa mayor -como diría el menda de la pachorra que ocupa La Moncloa-. Tampoco la preciosa reedición en vinilo doble que los colegas se han sacado de la manga este 2015. Motivo por el cual, supongo, durante la gira andan tirando del mismo para elaborar los setlist. 
Y es que la cosa no acabó con el blues del escualo, sino que, también hubo tiempo para que los aussies sacaran a pasear otros trallazos como “Baby”, “This Time”, “Locust” o “Sitting On The Edge of the Bed Cryin”, en su versión más descarnada, ruda y hasta virulenta. Con un Liddiard en modo contorsionista, pataleando y escupiendo como si estuviese poseído por alguna de esas deidades aborígenes que le quedan tan cercanas. Eso en los gloriosos interludios entre sermón y sermón, ya que, por si no lo sabéis, de eso va realmente la cosa, con un Liddiard que cuando canta parece un Nick Cave con guitarra y más rockanrolizado. Si bien, sin tantos aspavientos como su paisano y con los ojos fijos en el techo durante gran parte del discurso. Con el beneplácito de la señorita Fiona Kitschin, claro está, todo el concierto a su vera aporreando el bajo, mientras ofrece su espalda a gran parte de la audiencia. Excepto cuando le toca participar de los coros, obviamente. 
 
Una actuación brutal en lo sonoro e hipnótica en lo sensorial en la que también hubo tiempo para rescatar temazos del pasado. Es el caso de ese "The Miller's Daughter", incluido en su segundo álbum, con el que consiguieron ponerme los pelos de punta. También para incidir en composiciones más modernas como ese “I See Seawed” que da título a su último elepé hasta el momento, a expensas del lanzamiento del nuevo, del cual adelantaron “Taman Shud”. También es verdad que no fui capaz de identificar todos los temas interpretados, por lo que es harto posible que incluyeran algo más del nuevo material. Dio lo mismo. Disfruté esas canciones tanto o más que las (re)conocidas. Y es que, a cualquiera que hubiese estado presente -no demasiados, ni un tercio del aforo lastimosamente- le hubiera resultado imposible no dejarse llevar por tamaña demostración de entrega y talento.

Otra cosa me gustaría decir, ya para acabar. Es respecto a la mencionada “Taman Shud”. Canción que, lo reconozco, enlatada no me parece gran cosa. Extraña eso sí. Sin embargo, sobre las tablas del 16 Toneladas sonó gloriosa. Una de las mejores de todo el setlist. Y es que a través de ella sola y en los pocos minutos que duró esa interpretación, los Drones fueron capaces de sintetizar la retahíla de influencias que se suelen citar para etiquetar su música. Una ristra de músicos y de músicas entre las que no se suele citar a los Eitürzende Neubauten y al avantgarde berlinés pero que, a la vista del tattoo que lucía Liddiard en el antebrazo -el archiconocido logo de la banda liderada por Blixa Bargeld- y teniendo en cuenta la extraña estructura compositiva de la pieza musical compuesta por el cuarteto de Melbourne, igual habría que empezar a replanteárselo. 

En todo caso ¿qué más da? La música de los Drones es inclasificable. Y está bien que así sea.
Sin embargo sus conciertos, según he leído y ahora he vivido, si son clasificables. Exactamente en el top del ranking de actuaciones. No cabe mejor clasificación. Y es que estos tipos son una banda de directos, de las de verdad, con todo lo que supone eso. Unos monstruos. ¡Menudo regalo nos ofrecieron a los allí presentes! Para un servidor, el segundo que le hacen de este nivel en tan solo dos días. Esas cosas no pasan muchas veces. Aún flipo con ello. Y lo celebro.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Exposición de Munch en el Thyssen

De esto no os había hablado y la verdad es que no tengo excusa. Y es que, ya han pasado varias semanas desde que aterricé en Madrid y tuve la inmensa suerte de toparme con esta maravillosa muestra dedicada a la figura más prominente del arte noruego. Así que, como imploraba el monje Salvatore, inolvidable personaje de “El nombre de la Rosa”, “penitenciagite!!!”

Como reza en la imagen que ilustra esta entrada, me estoy refiriendo a la exposición “Edvard Munch, Arquetipos”, del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. La primera retrospectiva del autor de “El Grito” en España en tres décadas y para la que se han reunido la friolera de ochenta obras, algunas de ellas muy conocidas. Una cifra más que suficiente para repasar todas y cada una de las obsesiones de este angustiado pintor y grabador, referente incuestionable para los expresionistas alemanes de principios del Siglo XX.

Al parecer Munch decía de sí mismo que, del mismo modo que Leonardo estudiaba la anatomía humana y para ello diseccionó cuerpos, él intentaba diseccionar las almas. De ahí que los temas más frecuentes en su obra sean aquellos relacionados con los sentimientos y las tragedias. Supongo que ese es el motivo por el cual la exposición del Thyssen se estructura en diferentes secciones a partir de arquetipos emocionales. Representados por seres humanos a los que vemos -o simplemente vislumbramos- en diferentes escenarios, manifestando obsesiones existenciales como el amor, el deseo, los celos, la ansiedad o la muerte, amén de estados anímicos como la melancolía, la pasión o la sumisión.

Entre todas las secciones destaca sobremanera, o al menos así me lo pareció a mí, la dedicada al pánico. Y entre las obras que la integran “Ansiedad” de 1896, una de las versiones que hay de “El Grito” de 1893 y “Pánico en Oslo” de 1917. Tres representaciones en las que el entorno urbano aparece como un lugar estresante y agitado, donde el hombre se ve sometido a una experiencia traumática.

También me impresionaron los cuadros cuya temática es la muerte. Como esa “Niña Enferma” de 1907 pintado a base de gruesos empastes, con lo que el pintor de Loten quiso simbolizar la materialidad de la carne deteriorada de los muertos. Y que decir de los encuadrados en el espacio dedicado a la melancolía, con “Atardecer” (1888) y “Melancolía” (1891) a la cabeza. Obras en las que Munch nos muestra a la naturaleza como espejo de las emociones más profundas.

En definitiva, una maravillosa muestra que, si no me equivoco, estará expuesta hasta mitad de enero y que, si tienes tiempo y dinero -tampoco tanto- no deberías perderte. Desde luego que, si te pilla por Madrid o alrededores, no tendría sentido que no fueras. Suloki dixit.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Furmanizado

A ver. El que la visita de Ezra Furman esté pasando casi desapercibida para tantísima gente de esta país, inclusive dentro de selectos ambientes musicales, no tiene perdón de Dios. Menos aún en el caso de estos últimos, repletos de eruditos de la cosa tan proclives a pontificar en sus columnas, foros de Internet y hasta conversaciones de barra de bar -musical o no-. Y es que con menos de treinta años y seis álbumes sobre la chepa -los tres primeros junto a The Harpoons- la que está liando este chaval es de aúpa. No solo porque sus discos, especialmente los dos últimos, sean una puta maravilla, sino también y muy especialmente debido a su exuberante directo. Algo digno de ser visto.
Os lo digo yo, que fui uno de los pocos privilegiados -¡no había ni media sala!- que asistió al desparrame pop-rock-punk-garage y dos huevos duros que el de Evanston protagonizó en el Teatre La Rambleta durante la noche del pasado martes. No creo que ni una sola persona entre los presentes saliera defraudada. ¡Para quedarse inmune ante tamaño arsenal! Veintidós torpedos musicales con los que el tipo se metió a todo quisque en la butxaca.

Y eso que asistí con la expectativa muy alta, lo cual tiene sus riesgos. Pero dio absolutamente igual. Este hombre está muy por encima de todo eso. Da la sensación de que se halla en su momento y justamente por eso es justo ahora cuando hay que verle y gozarle. También es verdad que, mi enamoramiento es tal, que aún si vuelve ya más talludito y viviendo de las rentas, con el ansia, la rabia y hasta la inspiración tamizada, también acudiré a su encuentro. Solo sea por comprobar cuanto se perdió en el fuego y sobretodo para disfrutar de lo que quede, que seguro será mucho.

He mencionado antes que sus dos últimos discos me parecen grandiosos. Asombrosos, añadiría. Porque están repletos de cortes a cada cual más diferente, conformando así una enorme madeja que hace imposible etiquetar su música. Evidentemente el tipo está abierto a todo tipo de ideas y tendencias. Se acerca a ellas, las deglute, luego las digiere y al final nos presenta esa transformación en forma de canciones, a veces delicadas y otras absolutamente desgarradoras. De ahí que se haya querido ver en su música el sello de unos Violent Femmes, Paul Simon, Jonathan Richman, los Beatles, los New York Dolls y por supuesto el puto David Bowie. La marca de este último es visible hasta en la pose que Furman adopta sobre el tablao -aquí en Valencia apareció con pelo azul, labios pintados y ataviado con un enorme collar de perlas. Tan solo echamos en falta la faldita exhibida en otros parajes. La próxima vez será-. Todo esto para señalar el mayúsculo acierto que supuso, a mi parecer, que el noventa por cien de la actuación estuviese consagrada a enaltecer los cortes del “Day of the Dog” (2013) y el recientemente publicado “Perpetual Motion People” (2015). Un álbum este último que, lo anticipo, aparecerá muy -pero que muy- arriba en el ranking de recomendaciones musicales de TCBUP al cierre de ejercicio.

La cosa comenzó sosegada, con “Day of the Dog”, pero rápidamente se aceleró con varios cañonazos incluidos en ese mismo disco como “Anything Can Happen”, “I Wanna Destroy Myself”, “Caroline Jones” (cara B del single “My Zero”) y un par de aportaciones extraídas de “The Year of No Returning” (2012) – en concreto “American Soil”, que sonó como un trueno, y “Bad Man”-. En este primer bloque también tuvimos la suerte de disfrutar de una versión sosegada de “And Maybe God is a Train”, que, si bien la prefiero en su formato original, demostró la capacidad de reinvención que tiene el andrógino geniecillo.

En el segundo bloque se aglutinaron varios de los platos fuertes de la velada. Cosas tan brillantes y a la vez tan diferentes como “Lousy Connection”, “My Body Was Made”, “Wobbly”, “Haunted Head”, “Tip of a Match” y la delicada “Ordinary Life”, canción que, según nos contó el propio artista -no sé si medio en broma- escribió en un momento bastante jodido en el cual decidía sobre su permanencia en el mundo de los vivos. También se paseó por allí el jitazo por excelencia de la corta pero larga trayectoria de Ezra Furman: “My Zero”. Lástima que fuese justo aquí -y solo aquí- cuando “The Boyfriends”, cómplices musicales del susodicho de un tiempo a esta parte, se desajustasen un poco. Ni siquiera creo que fuese culpa del principal implicado, el saxofonista Tim Sandusky, quien con su instrumento es el responsable de aportar esos toques tan elegantes e intensos característicos del universo Furman. Para finalizar y descontando el asunto de los bises, sonaron “The Mall”, “At the Bottom of the Ocean” y poniendo todo aquello patas pa'rriba ese himno titulado “Tell'em All to Go to Hell”.

Después vino la sorpresa en forma de bises. Y digo sorpresa no por el consabido teatrillo que esta práctica absolutamente desvirtuada, pero por todos aceptada, supone. Tampoco por la euforizante despedida a través de “Restless Year”, momento esperado hasta por el menos avezado entre los allí presentes. Me refiero a la libérrima adaptación del “Crown of Love” de los Arcade Fire que se sacaron de la manga Mr. Furman y sus novios, amén de la presentación a pelo -vamos, el peliazul pero sin banda de acompañamiento- de una nueva canción titulada “Penetrate” o “Penetration”.
Y hasta aquí.... Eso es todo lo que os tenía que contar. Tan solo me queda darle las gracias al artista por recordarnos que la música, aún hoy día, sigue siendo el mejor antídoto contra la depresión. Sobretodo en los tiempos de zozobra que nos está tocando vivir.

Pensaba que el concierto estaría bien, pero fue aún mejor. Uno de los mejores – sino el mejor- del año 2015. 

martes, 3 de noviembre de 2015

Legítima heredera de Loretta

Esa jodida manía de etiquetar y clasificar toda nueva propuesta musical y a su perpetrador. Esa jodida manía de señalar la ascendencia musical del susodicho y declararle heredero de prominentes figuras del pasado. Esa jodida manía que tranquiliza a crítica y publico, remitiéndonos a los melómanos -de medio pelo- a descubrir cual será la siguiente nueva tendencia. Esa jodida manía tan mal tolerada por algunos de los protagonistas de la música así etiquetada. Esa jodida manía que hace que, con precisión de relojero, año tras año asistamos al nacimiento de un nuevo estilo musical y al advenimiento del nuevo Dylan, el nuevo Bowie, los nuevos Joy Division y hasta el nuevo Camarón...

Pues bien, de no ser por esa jodida manía este menda no habría podido sumergirse en los maravillosos mundos de doña Eilen Jewell, also know as la nueva Loretta Lynn. Jodías manías que, al final de la carrera, ni son buenas ni malas sino todo lo contrario. En este caso todo lo “countryario” -ouyeah-. Y es que la Jewell puede llegar a ser en el mundo del country lo que en su momento fue la Honky Tonk Woman. Así lo afirman algunos de los que saben de esto. Si bien, esos mismos son quienes señalaron como trasunto de “la hija del minero” a personalidades tan dispares -sobretodo en lo que a calidad musical respecta- como Lucinda Williams, Gillian Welch, Tift Merritt y últimamente (OMG!) en la señorita Lindi Ortega. Pasando por alto la coña que supone esta última comparación, a la única que veo en el papel -además de a Eilen- es a Lucinda y con matices. Nunca a una hoy retirada (¿?) Gillian Welch quien jamás consiguió enamorarme y mucho menos a la señorita Merritt, mucho más en la onda de Joni Mitchell.
El caso es que el descubrimiento de Eilen no se ha producido ahora. Esta bitácora ya se hizo eco del fantástico espectáculo ofrecido en Valencia por la cantautora de Boise hace unos años. Fue en octubre del 2010 y gracias a un concierto al que acudí con muchas expectativas, pero también con algo de miedo, como si de una cita a ciegas se tratara. Todo ello por mor de la machacona campaña publicitaria en ciertos medios, bien aderezada de loas y parabienes. Y es que muchos saludaron efusivamente aquella gira española, la segunda de esta rubia de porcelana por la piel de toro. Eso hizo que este menda se interesase en comprobar si por los poros de la Jewell realmente rezuma el espíritu de Loretta, más allá de ser la responsable de un bonito homenaje, en forma de disco del año 2010, que se titula “Butcher Holler: A tribute to Loretta Lynn”. A Dios gracias que me dejé seducir y fui al evento. Desde entonces soy fan...

...y desde entonces suplico por que la señorita comparta sus nuevas canciones. Amén de su vuelta a la noche valenciana para defenderlas sobre las tablas. Alguien por allá arriba debió atender mis plegarias ya que durante este 2015 hemos tenido la suerte de disfrutar de un nuevo disco de Eilen Jewell -“Sundown Over Ghost Town”- y de que programe un bolo en Valencia para presentárnoslo como es debido. Esto último pasó durante la noche del pasado jueves y de eso es de lo que os quería hablar. Un concierto al que la diva vino acompañada de esa fantástica banda en donde destaca sobremanera, además de ella misma, un extraordinario guitar-hero llamado Jerry Miller. También el bataca Jason Beek, a la sazón su marido y padre de esa niñita que les acompaña durante la gira. La misma a la que dedicaron una deliciosa versión del “My Girl” de los Temptations a modo de despedida y cierre.

El concierto -celebrado en El Loco- estuvo centrado, como no podía ser de otra forma, en los cortes incluidos en su último lanzamiento. Un álbum con un sugerente título que alude a su nueva residencia en Idaho, su tierra natal, a donde la familia Beek-Jewell decidió retornar tras unos años afincados en Boston. Se trata de un disco de corte más intimista e introspectivo que los anteriores, al que cuesta entrar pero del que, una vez dentro, es bastante difícil salir. Así pues, en el tracklist de la noche se colaron joyitas como “Worried Mind” -canelita fina que sirvió para romper el hielo”, “Hallelujah Band” -cançoneta repleta de notas autobiográficas-, “Río Grande” -con rasgueo de guitarra a lo flamenco incluido- o “Song Bird” -también dedicada a su omnipresente bebé-. Por supuesto recuperó cortes de su álbum más reconocido, aquel “Queen of the Minor Key” del 2014 y gracias al cual bailoteamos con “Ban Bang Bang”, nos tranquilizamos un poco con “I Remember You” y nos emocionamos con esa delicia que es“Santa Fe”, más aún en la forma que fue interpretada: a pelo -voz y guitarra, vamos-. Con lo que quedó patente que sí, que es verdad, que se podrá discutir quien es más o menos heredera de la señora Loretta, pero no quien es la auténtica "reina del tono menor". Entre medias también hubo tiempo para que se colaran la fantástica “Rain Roll In” del “Sea of Tears” (2009) -mi canción favorita de su ya amplio repertorio-, o “Richman's World” y “Mess Around” incluidas en sus dos primeros -y olvidados- discos de estudio. Y como no, las fantásticas versiones marca de la casa. Además del mencionado jitazo de los Temptations, el “Shakin' All Over” de Wanda Jackson, “Drop Down Daddy” de Lucinda Williams, “The End of the Line” de Bob Willis & His Texas Playboys y, of course, “Fist City” de Loretta Lynn.
En definitiva, un concierto tremendo al cargo de alguien que pasa por ser una de las voces más interesantes de la música norteamericana actual. ¡¡¡Que nos dure pardiez!!! Y que la podamos ver por aquí cuantas veces que haga falta.

Y eso es todo...

...bueno... no. Se me olvidó comentar que hubo teloneros. Respondían al nombre de Miss Tess and The Talkbacks. Dueto de Nashville que practica una suerte de country-rock, con una deriva algo más swing que la banda teloneada. Además participaron como músicos de acompañamiento en algunas de las versiones interpretadas por Eilen Jewell y su banda durante el show. Algo que, sin ningún género de dudas fue su mejor aportación a la velada. Y es que las canciones propias de Miss Tess y su compañero, sin estar mal del todo, no me parecieron nada del otro jueves.

Y ahora sí que está todo...

miércoles, 28 de octubre de 2015

La trilogía de Depford

Pues mira tú por donde que hoy, día de San Judas y de San Simón -el simpaticón- toca hablar de Robertson Davies, famoso crítico, conocido periodista, señalado profesor y por encima de todo egregio escritor que, inexplicablemente, aún no se había asomado a este ventanuco internetil. Alguien que pasa por ser uno de los autores más conocidos del Canadá y a quien se ha llegado a comparar con Charles Dickens y John Irving. Y todos estos parabienes se deben, principalmente, a las afamadas trilogías firmadas por Davies a lo largo de sus más de cuarenta años de trayectoria. Con una mención muy especial para aquella que parte de un poblacho llamado Depford y que está integrada por “El quinto en discordia”, “Mantícora” y “El mundo de los prodigios”. Tres libros publicados en la década de los setenta y que condensan lo mejor -y supongo que también lo peor- de la obra de este ilustre barbudo.

El caso es que la historia gira en torno a un misterio, el que envuelve la muerte de un magnate remolachero llamado Boy Staunton. A partir de ahí se teje una trama que involucra, fundamentalmente aunque no solo, a tres personajes cuyo destino queda sellado por una pelea infantil con bolas de nieve. Los tres nos ofrecerán su punto de vista sobre quién mató al exitoso self-made man. Comenzando por Dunstan Ramsay, amigo de la infancia del muerto y primer narrador. Aquel que protagoniza ese quinto en discordia que abre la serie y que es considerado por la crítica como la cima de la obra literaria de este narrador nacido y criado en Ontario. Valoración a la que, por supuestísimo, me sumo. Aunque eso no es más que el pistoletazo de salida a este particular y por momentos exuberante ejercicio literario repleto de sorpresas y misterio, hasta cuadrar el enigma que le da sentido.

La Trilogía está llena de personajes complejos con algunas luces y otras tantas sombras, encuadrados en esos momentos de la historia del mundo que hoy consideramos claves. Robertson Davies nos introduce, por boca de ellos, en una serie de interesantes reflexiones y pensamientos, perfectamente enlazados a los dramas personales, los conflictos sociales y religiosos, los valores culturales, las costumbres y la implacable moral de la época que genera monstruos allá donde no los hay.
Además, a lo largo de sus más de 1200 páginas asistiremos al fantástico y sórdido mundo del circo, al extraño mundo del ilusionismo y hasta al psicoanálisis. También conoceremos a gente extraña, cuando no diréctamente freaks, como Magnus Eisengrim o su excentrica amiga Liesl, personajes repletitos de historias dignas de ser contadas. 
 En definitiva, una obra inmensa en la que sumergirse de forma placentera y dejarse llevar. Solo así accederemos a los laberínticos túneles de la historia y a sus casualidades, serendipias y coincidencias, a los mitos y a la magia (¡mucha magia!), pasados por la túrmix e incorporándoles una buena ración de egos y miserias.

Buena/s novela/s a las que tan solo cabe oponer un pero. Tiene que ver con cierta sensación de que al final la cosa ha ido de más a menos. Lo que no es cosa menor, o dicho de otra manera -Rajoy style-, es cosa mayor. También es verdad que el primer volumen de la trilogía me parece insuperable y eso, a cualquier serie, le supone un problema con difícil solución.

martes, 20 de octubre de 2015

Y de comité de bienvenida, ¡Two Gallants!

Sé que estoy desaparecido desde hace tiempo, así que disculpadme, pero es que ando afectado por el mal de la pereza. Una dolencia acrecentada por los rigores del estío mediterráneo, tan del gusto de demasiados, que me ha impedido engarzar cuatro palabrejas para darle forma a uno de los habituales textos mediocres que suelen poblar esta bitácora. Si a eso le añadimos que he pasado una temporada expatriado y con la agenda repleta de eventos, pues comprenderéis que esto haya estado más muerto que Mufasa, la madre de Bambi, los padres de Tarzán y la polla de Mr. Bobbit, todos ellos juntos pero no revueltos. Lo que no obsta a que, a lo largo de estos casi dos meses, haya seguido atento a cositas diversas, algunas ciertamente interesantes, siendo ahora el momento de relatároslas. ¡Y no son pocas! Believe in me. Comenzando por un bonito viaje trasandino del que daré buena cuenta en próximas fechas, continuando por un par de libros y ensayos que me apetece reseñar, algún disco del que ando bastante colgado, el conciertillo que puso fin a mis merecidas vacaciones y hasta una interesante exposición al cargo del mejor talento que ha deparado Noruega hasta la aparición del fenómeno Martin Odegaard. Así que, tal cual hiciera el pene del ex - esposo de doña Lorena, TCBUP resurge de entre las cenizas con esta entrada… 

¡Abordemos en primer lugar la cuestión corcierteril!

Hete aquí con el caballero Suloki, tras dos días de desvelo interoceánico en interminable tránsito aeroportuario, infatigable como es él, como quien no quiere la cosa, de corrido y sin pasar por la casilla de salida, se planta en el Loco para asistir al concierto de dos de sus galanes favoritos. Os estoy hablando, por supuestísimo, de don Adam Stephens y míster Tyson Vogel, a la sazón Two Gallants, dueto de folk-rock multivitaminado proveniente de la maravillosa ciudad de San Francisco. Una banda que me enganchó allá por el año 11 por obra y gracia de maese Txarls, quien me los dio a conocer a través de una entrada en su recomendable blog. Era cuando estos chicos liderados por ese trasunto de Barney Stinton aka Doogie Howser “el médico adolescente”, venían presentando su disco homónimo, el tercero en su trayectoria y en el cual se incluye una de sus mejores composiciones hasta el momento, “Despite what you've been told”. Canción con la que precisamente abrieron su actuación en Valencia el pasado viernes por la noche. Un temazo incontestable al que sucedieron otros tantos como “We are undone”, “Incidental”, “Fools like us”, “Some trouble” o “Heartbreakdown”, estos incluidos en su último disco “We are undone”, amén de recuperar jitazos como “Steady rollin'” o “Las Cruces jail” ya en los bises, ambos cortes extraídos del que para mí aún sigue siendo su mejor álbum, “What the toll tells”.
El concierto, en términos generales, fue correcto. La impetuosa pareja demostró que su fuerte son los directos, derrochando energía cual banda de punk pese a que sus universos musicales están más próximos al sonido de raíces. Incluso los medios tiempos marca de la casa, sus murder ballads y esos novedosos momentos poperos de su último elepé, resonaron con fiereza sobre las tablas. Y es que sorprende ver como únicamente dos tipos, uno con guitarra y aderezos, el otro a la batería, generan tantísimo ruido. 

Con todo y con eso, tal vez porque el cansancio fue mermando mi capacidad de concentración conforme pasaron los minutos, tuve la sensación de que la actuación fue de más a menos. Empezó pletórica, con la mencionada “Despite...”, pero fue decayendo en intensidad, apreciando incluso cierta desgana en los músicos. Eso sin contar que tardaron una eternidad en salir para los bises y tan solo después de un buen rato, ante la insistencia de tres o cuatro energúmenos a los que poco importó aporrear la puerta del camerino. Teniendo en cuenta la demora y lo escueto del retorno y que, ya en ese momento, en la sala atronaba la música propia del post-show, me dio la sensación de que no estaban muy por la labor. Vamos, que no habían salido especialmente satisfechos del bolo. Mucho menos del comportamiento de algunos mendas que copaban las primeras filas. 

En lo que a mí respecta lo dicho, dadas las circunstancias y la expectativa, prefiero haber ido. No estuvo mal, pero pudo y debió estar mejor. Confío en volverles a ver para el desquite.

Y por ahora eso es todo. Mañana más, si Dios quiere. Si no también. 

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Agárramela como puedas 33 1/3 - Florentinada final

Ya hace años que venimos asistiendo a la consolidación de una corriente involucionista dentro del mundo del fútbol -y del deporte profesional en general-. Salida de los laboratorios ideológicos del empresariado más caradura y de esos chiringuitos montados por caza-recompensas profesionales también conocidos como “agencias de representación de jugadores”, amparada por poderosísimos grupos mediáticos, esta ideología va impregnándolo todo. Como representante de esos empresaurios, aquí en nuestro país tenemos a Don Florentino Pérez, ingeniero y político además de presidente del grupo ACS y del Real Madrid C.F. De entre los caza-recompensas destaca el lisboeta Jorge Mendes, representante de futbolistas que gestiona la compañía de representación Gestifute, asesora al fondo de inversión deportivo Quality Sports Investment y colabora con la agencia norteamericana Creative Artists Agency. Dos tipos prepotentes, cobardes y egoístas, de los que no aceptan una crítica y mucho menos un no por respuesta. Gente que se cree un regalo de Dios a la Tierra y por lo tanto no están en disposición de rebajarse a discutir con aquellos a quienes consideran currantes de usar y tirar. Todo sea por un bien superior, su cosmovisión y su cartera -y no necesariamente por ese orden-, a mayor gloria de su ego.

La última del dúo cómico hispano-portugués consistía en, una vez destruido Casillas, una vez humillado y expulsado quien es y será por méritos propios mucho más grande que ellos dos juntos, traerse hasta las oficinas del Berbabéu y al coste que sea -que pa' eso pagan los socios- a David De Gea. Un buen portero, no lo cuestiono, pero que acaba contrato a final de esta temporada y por lo tanto queda libre para negociar con quien le pretenda. Pero las comisiones son las comisiones compay y ahí hay demasiado botín como para dejarlo pasar. El caso es que la “jugada maestra” implicaba un daño colateral: la defenestración de Keylor Navas, otro buen portero, al menos tanto como lo es De Gea. 

Parecía que, como siempre, estos dos se iban a salir con la suya. Poco importaba que el Bernabéu se hubiera posicionado en favor del guardameta tico en la pasada jornada de liga. Tampoco el que a Keylor, en principio, no le hiciera gracia el cambio de destino. Lo cierto es que aparte de la visión “privilegiada” de Florentino y los “fantabulosos” juegos de manos de Mendes poco importaba nada. Porque al Real Madrid, o sea, a su director deportivo de facto y asociados, era esto lo que les rotava. Ese era el fichaje galáctico para el 2015. Y ahí comenzó la guerra civil de cada veranito. Pero esta vez y sin que sirva de precedente se han topado con otro infausto personaje dentro de este mundillo balompédico, cada vez más asqueroso. Ese es don Louis van Gaal, un tipo que por catadura no me explico como aún no ha sido llamado a filas por Florentino -vía Mendes-, quien se transformó en la horma del zapato de Flo y Jor.

A continuación viene la historia por todos conocida. El negociete por los aires. Igualmente, la comisión de don Jorge y el ego del “ser superior” al garete. La marca Real Madrid a tomar por culo. El portero titular desnortado y es que, amén del ninguneo sufrido, ahora tiene que quedarse con la mitad de sueldo que le prometía el Manchester y con el destemple de saber que está donde no le querían. ¿Y De Gea? Pues De Gea con Van Gaal y la promesa -alegal- de seis millones de prima por fichaje en el alero, quedando en lo económico y en lo profesional ciertamente tocado. En fin...

Un amigo igual o más madridista que yo me lo comentó ya hace tiempo: "Modelo muerto, compadre". Muerto no... lo siguiente. Y es que esto no se sostiene. Florentino y sus palmeros se han convertido en una turba de figurantes de cualquiera de las temporadas en The Walking Dead. El problema es que las criaturas ni tan siquiera se han dado cuenta. Bueno, Mendes sí y vaya si saca provecho de ello.

martes, 1 de septiembre de 2015

Septiembre de 2015. NI ALMUSSAFES ES USA NI UN SIRUEL.LO UNA PARRUSA aka HOLANDA YA SE VE, YA SE VE, YA SE VE...

Septiembre, cuando se van los calores o al menos eso es lo que prometen los hombres del tiempo tan emperifollados ellos en su micro espacio informativo. Es además el mes en el cual algunos iniciamos las vacaciones, aunque no tú, que ya estás de vuelta dispuesto a padecer ese neo-mal bautizado por alguna estrella de la psicología del papel cuché como “estrés post-vacacional”. Septiembre y el pistoletazo de salida para que los coleccionables de tacitas, daditos, muñequitas y hasta clásicos de la literatura grecorromana invadan los kioscos de vuestros villorrios. El mes del buen rollo, en el que es obligado plantearse buenos propósitos, alabados por todo quisque cual verdad inmutable, como ir al gimnasio para compensar los desmanes del verano o dejar de fumar. También es, y esto me parece más interesante, época de grandes lanzamientos discográficos como los que os presento a continuación. Una SulotK con un poquito de tó y un muchito de ná. No hay espacio en ella para Jennys Farlópez ni para Justinbivers... Solo buena mierda, como siempre, que de eso se trata. Colóquense con ella, pero no abusen. O sí, ¡que coño! Pa' eso está...
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