viernes, 25 de diciembre de 2015

La listaka 2015 - Parte III. Cuaaate!!! Aquí hay tomaaate...

18. Ryley Walker - “Primrose Green”
Segundo disco de este talentoso guitarrista nacido en Illinois. Una exquisitez que conviene degustar de a poquito. Preciosismo anacrónico al cargo de un veinteañero que rehuye modas y corrientes musicales. Evoca al primer Van Morrison, pero también a Jansch y Renbourn, colaboradores en Pentangle. Magnífico ejemplo de lo que la trova contemporánea puede dar de sí.
19. Astro - “Chicos de la Luz”
Desde Chile con amor. Música de sanación y meditación, como le gusta definirlo a ellos. Psicodelia electrónica y psicotropía pop con ciertos ecos a unos MGMT más divertidos y en lengua de Cervantes. Más reposado y menos impactante que su álbum de debut de 2012, pero no por ello obra menor. Ergo cosa mayor, siguiendo la filosofía del poco ilustre presidente agredido.
20. Happyness - “Weird Little Birthday”
Un discazo tremedundo en proporción inversa a lo horroroso de su portada. Se les perdona. Son jóvenes y además seguidores de Pavement, lo cual resulta evidente y a los audios me remito. Un debut que nos hace esperar buenas cosas en un futuro próximo por parte de estos londoners. Y nosotros que las podamos disfrutar...
21. Waxahatchee - “Ivy Tripp”
El tercer disco de Katie Crutchfield es lo más personal y emocional que nos ha mostrado hasta la fecha. Surge de las entrañas, de momentos complicados, de gran confusión y honda tristeza. También de lo que supone aprender de ello y crecer. Y es que, la tristeza siempre es una buena fuente de inspiración. Y las penas son menos cuando las cantamos.
22. Best Coast - “California Nights”
Uno de mis discos energizantes de este 2015. Trabajo que huele, sabe y sobretodo suena a noventas. Muy mal recibido por la crítica, a diferencia de discos anteriores, lo que me lleva a concluir que prefiero a la Cosentino en sus patinazos antes que en sus aciertos. Poned a toda virolla “Feeling Ok”... no hace falta decir más.
23. Ryan Bingham - “Fear & Saturday Night”
Este 2015 ha sido el elegido por el oscarizado country-man de Nuevo México para regalarnos su mejor obra. Bingham se alejó de la ciudad y aislado en su remolque compuso una docena de canciones que hablan de una infancia inestable, la muerte de su madre por culpa del alcohol y el suicidio del padre. Álbum inspiradísimo y amargo como la hiel en el cual, a la preciosa voz de Bingham, se han unido las manos y los brazos de varios Rose Hill Drive.
24. Ampacity - “Superluminal”
Interesante propuesta de rock retro-futurista que viene desde Gdynia, en la costa báltica polaca. Pero es que encima, estos paisanos de Robert Lewandowski demuestran un más que efectivo manejo de los cánones de la psicodelia. Una especie de Man or Astro-man? pero algo más técnicos y reposados. ¿Puede ser? Pues sí.
25. Seasick Steve - “Sonic Soul Surfer”
Séptimo álbum de estudio para este bluesman californiano. Un maestro de la slide-guitar que, con sus más de setenta años, mantiene las facultades intactas y a sus riffs me remito. Álbum de blues arenoso que, si bien no supone ninguna revolución dentro del genero, suena de coña.
26. Alabama Shakes – Sound & Colour
Este “Sound & Colour” va mucho más allá de aquella fórmula vintage con la que Brittany Howard y sus chicos se presentaran ante nosotros hace ya tres años. Estamos ante un plástico más fiero, sexy e incluso más guarro que aquel “Boys & Girls”. Referencias evidentes al primer Prince, a las bandas sonoras de la blaxploitation y a la psicodelia, ¿alguien da más?
27. Diamond Rugs - “Cosmetics”
Incomprensible que este disco, el segundo del proyecto colaborativo capitaneado por John McCauley (Deer Tick) y en el que también se encuentran miembros de The Black Lips o Los Lobos, haya pasado tan desapercibido. Imperdonable en el caso de que seas fan de la banda de Providence. Más que nada porque “Cosmetics” suena a Deer Tick en su faceta más juerguista. Y es un buen disco. Incluso mejor que “Divine Providence” o “Negativity”.
28. Alberto Montero - “Arco Mediterráneo”
El regreso del trovador del Puerto de Sagunto ha sido todo lo feliz que cabía esperar. Lo ha hecho con esta entrega repleta de luminosidad y olor a mar. Un disco algo más tranquilo y delicado que aquel fantástico “Puerto Príncipe”, con el que mantiene en común los pasajes oníricos, incluso cinematográficos y el gusto por el etnicismo en las instrumentaciones.
29. Liturgy -“The Ark Work”
El tercer disco de la banda de Brooklyn demuestra que el Black Metal puede reinventarse. El cuarteto liderado por Hunt-Hendrix se aleja del estándar de género, incorporando elementos electrónicos y acercándose a patrones propios de la IDM. Un esfuerzo que es algo absolutamente novedoso -incluso revolucionario- dentro de un movimiento que, quizás, ha pecado de autocomplacencia.
30. Jim O'Rourke - “Simple Songs”
Ocho canciones que, contradiciendo el título del álbum, de simple tienen bien poco. Y es que destacan precisamente por la complejidad en los arreglos y el virtuosismo de esos músicos japoneses que acompañan al músico de Chicago en esta aventura. Un álbum emocional, con cierto deje de amargura, que nos retrotrae al Harry Nilsson barbudo y melenudo de comienzos de los setenta.
31. Will Johnson - “Swan City Vampires”
Will Johnson es Dios. Esta es su quinta entrega en solitario y es excelente como todas las anteriores. Algo que podemos hacer extensible a los álbumes con South San Gabriel, Centro-Matic, Overseas y a las colaboraciones con Jay Farrar, Jason Molina, Anders Parker o Yim Yames. Un disco crudo y honesto, pero sobretodo brillante. Y es que todo lo que toca Johnson se convierte en oro. El puto rey Midas de la americana.
32. The Minus 5 - “Dungeon Golds”
Scott McCaughey se rodeó de algunos de sus amigos para grabar a su aire y en su estudio casero -la mencionada mazmorra-, esta joyita deliciosamente pop, con ciertos toques de psicodelia y algo de rudeza garajera. Eso sí, nunca renunciando a ese clasicismo marca de la casa que, al final de la carrera, determina que el disco sea tan jodidamente bueno.
33. The Mountain Goats - “Beat the Champ”
La enésima entrega de la banda de John Darnielle propone un objetivo loable pero complicado: batir al campeón. Para ello se sirve de trece composiciones que dibujan esos paisajes sonoros tan reconocibles para cualquier seguidor de la banda de Claremont. La verdad es que no sé si han conseguido su objetivo, pero desde luego lo han intentado. Y yo he disfrutado con su esfuerzo, que al final es lo que importa.
34. Caspian - “Dust & Disquiet”
Desde la publicación de “Tertia” a finales de 2009, cualquier anuncio de nuevo material efectuado por Caspian, es acogido con enorme expectativa. Este año hemos tenido suerte y el quinteto de Massachusets nos ha obsequiado con una decena de composiciones que se retuercen en plena ascensión, para luego bajar abruptamente y así una vez tras otra. Furia y no precisamente silenciosa, pero también momentos de tranquilidad. Caspian en estado puro.

jueves, 24 de diciembre de 2015

La listaka 2015 - Parte II. Bueno, algo más habrá que desir...

35. José González – “Vestiges & Claws”
Lo último del artista sueco-argentino fue, posiblemente, el primer gran disco que se publicó en este 2015. Al menos en lo que a mi goce concierne. Y es que, desde la primera semana de febrero, vengo disfrutando de la cálida voz de González a través de estas diez canciones en las que se respira cierto aire meditativo. Historias pequeñas que encapsulan grandes ideas.
36. Iron and Wine & Ben Bridwell - “Sing into my Mouth”
Delicioso disco de covers al cargo de dos de las mejores voces -y barbas- del panorama musical actual. Por él desfilan temas originales de los Talking Heads, Bonnie Raitt, Ronnie Lane, John y JJ Cale, Sade, Pete Seeger, Marshall Tucker Band o Spiritualized. Siempre en clave raíces, lo cual funciona mejor en unas ocasiones que en otras. En todo caso, lo que nació como una mera curiosidad, acabó por transformarse en algo muy disfrutable.
37. Speedy Ortiz - “Foil Deer”
Es este un disco maltratado por parte de la crítica. Sin embargo, a un servidor, esa propuesta noventera repleta de medios tiempos, le pone los pelillos de punta. Y sí, quizás el álbum no se sostenga al mismo nivel de principio a fin, pero aunque solo fuera por sus guitarras serpenteantes y los complejos juegos de palabras creados por Sadie Dupuis, ya merecería la pena. El artefacto sigue evolucionando y cada vez suena mejor.
38. Wavves X Cloud Nothings - “No Life for Me”
Me costó entrar en esta peculiar propuesta colaborativa. Pero una vez dentro ya no pude salir. Y es que, al principio, no acababa de entender la indolencia que transmiten los señores Baldi y Williams. Lo gracioso es que, tras un par de escuchas, eso me pareció lo mejor del disco. Y sí, también es verdad que sigo prefiriendo a Cloud Nothings en solitario. También que prefiero a Wavves mostrando pachorra. Lo comido por lo servido.
39. Havalina - “Islas de Cemento”
Soy incapaz de valorar si este, el octavo disco en la trayectoria del trío madrileño, es lo mejor que han grabado hasta el momento. Si sé que es el primero con el cual han captado realmente mi atención. Un disco notable con cierta sensación de profundidad en el cual se respira la influencia de bandas tan dispares como The Cure, Sonic Youth, los Deftones e incluso aquellos mundos dibujados por el fallecido Gustavo Cerati.
40. Drenge - “Undertow”
Segundo lanzamiento al cargo de este prometedor dueto británico. Los hermanos Loveless mantienen su propuesta ruidosa, catalogada por algunos como post-grunge, para goce y disfrute de los adeptos al rock alternativo 2,0. Guitarras sucias y distorsiones a lo largo de once canciones en las que la fiereza aparece como el común denominador. Más Alice in Chains que Nirvana. También algo de los primeros Arctic Monkeys.
41. Courtney Barnett - “Sometimes I Sit and Think, and Sometimes I Just Sit”
A veces me siento y pienso, y a veces solamente me siento, es el simpático título del álbum de debut de esta indie-rocker australiana. Tras la enorme expectativa creada a raíz de sus EP's de presentación, la de Melbourne continúa poniendo en práctica esa particular manera de entender el rock, el pop y hasta el folk. Álbum repleto de garra e incomodidad post-adolescente que se disfruta con suma facilidad.
42. Eilen Jewell - “Sundown Over Ghost Town”
El nuevo álbum de esta legítima heredera de Loretta Lynn, se presenta tras un sugerente título que alude a su nueva residencia en Idaho. Su tierra natal, a la que regresó para convertirse en mamá. Lo que ha determinado que estemos ante un elepé de corte más intimista e introspectivo que los anteriores. Bonita colección de canciones en las que no cuesta envolverse, sobretodo gracias a la cálida voz de la rubia de Boise.
43. Nudozurdo - “Rojo es peligro”
Feliz regreso del tipo más carismático del pop-rock patrio. Más reposado de lo que cabría esperar, pero sin dar la espalda a las señas de identidad que han hecho de los madrileños lo que hoy día son. La presencia de sintetizadores denota una voluntad de renovación sonora envidiable. Y con ello introducen nuevos matices a una propuesta musical ya de por sí bastante rica. Una de las mejores surgidas de entre las entrañas de la piel de toro.
44. Peter Broderick - “Colours of the Night”
Pop cavernoso y elegante. Melodías perfectamente cuidadas y preciosas voces –la suya y la de su acompañante femenina-, además de una instrumentación impecable. El multi-instrumentista de Portland repasa toda la paleta de grises que conforman esa noche a la que consagra su último disco.
45. Two Gallants - “We Are Undone”
Quinto álbum de estudio publicado por este dueto de folk-rock multivitaminado proveniente de la bella San Francisco. Un disco en el cual nos encontramos con los habituales medios tiempos y esas murder ballads marca de la casa. Pero también, como novedad, cadencias poperas en algunos de los cortes que suenan de coña. Siguen generando mucho ruido. ¡Y a Dios gracias!
46. Will Haven - “Open the Mind to Disconfort”
El último elepé de Will Haven no da tregua ni medio segundo. Nada nuevo respecto a ese noise-metal arrollador con el que lograron fama y fortuna hace unos años. Aún así cabe situar esta nueva colección de berridos, en el top de los álbumes publicados hasta el momento por el sexteto de Sacramento. Desde luego es lo más brutal que se han sacado de la manga desde el mítico "WHVN" de 1999.
47. Daniel Norgren - “Alabursy”
Seis discos le ha costado a este compositor sueco ser reconocido fuera de su país. Diez pistas de corte minimalista, en las que su voz inestable, la guitarra acústica y sobretodo las atmósferas son los protagonistas. Canciones tristes que nos hablan de la enfermedad, de la muerte y de la soledad. Poco alentador, lo sé, pero delicioso.
48. Calexico - “Edge of the Sun”
La última gran obra de la banda de Joey Burns y John Convertino es otra oda al multiculturalismo. Se han ido de tournée por México para ofrecernos una fusión tex-mex más evidente que en discos anteriores. Menos americana y más ritmos latinos. Incluso africanos. Y con un plantel de colaboradores de postín: Neko Case, Ben Bridwell, Sam Beam, Carla Morrison, Gaby Moreno y otra vez Amparanoia.
49. Colleen Green - “I Want to Grow Up”
Recién entrada en la treintena, esta californiana clama por crecer -aka madurar-. Me parece bien, mientras siga demostrando que tiene un don para escribir y hacer buena aquella máxima ramoniana en virtud de la cual no hacen falta más que un par de acordes para componer canciones perfectas. Un disco muy energético y poco pretencioso que, pese a insistir en los mensajes negativos, resulta bastante divertido.
50. Camerado – s/t
Supergrupo pergeñado por el co-fundador del sello Undertow, Mr. Mark Ray. Se ha servido de sus “asalariados” Matt Pence (Centro-matic), John Askew (The Dodos, Richmond Fontaine) o Steve Rauner (Nadine, The Longest Days) para grabar estos once cortes que revelan su amor por los primeros discos de la ELO, Badfinger o Pink Floyd. Todo con una peculiar sensibilidad cercana a la del lo-fi noventero.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

La listaka 2015 - Parte I. No hase falta desir más...

51. Death Grips – “The Powers that B”
Cuarto álbum de estudio el firmado por este loco de Sacramento, dedicado en cuerpo y alma al hip hop y al sonido industrial. Álbum doble cuya primera parte ya fue lanzada a mitades del pasado año. Nada nuevo bajo el sol si habéis seguido la trayectoria de Death Grips. Idéntica agresividad a cargo de MC Ride y experimentación sin límites en las bases rítmicas.
52. Robert Forster - “Songs to Play”
He disfrutado mucho con la vuelta al ruedo de quien fuera líder de los Go-Betwens. Y es que, siete años después de su debut en solitario, hete aquí con estas diez canciones repletas de hallazgos melódicos y temáticos. Un bonito homenaje a Grant McLean, su compañero muerto en primera línea de combate.
53. The Deslondes - s/t
Nacidos como Sam Doores & the Tumbleweeds, tras varias incorporaciones y la consiguiente evolución, surgen en Nueva Orleans estos Deslondes. Trovadores itinerantes cuyas composiciones beben de la mejor tradición musical norteamericana, la que va desde Guthrie, hasta Williams, de Van Zandt a Foley. Cinco excelentes instrumentistas repletos de energía y con muchas ganas de juerga. Country-soul de qualité.
54. Delvoid - “Serene”
A falta de pan buenas son tooltas... Los noruegos se muestran como alumnos aventajados de la banda liderada por Maynard James Keenan. ¡Ojo! Beben del universo Tool pero no copian a Tool. Rock progresivo más centrado en los desarrollos que en las subidas de intensidad. Obra que requiere una degustación lenta. Dedicarle la calma necesaria para apreciar cada uno de los detalles que la componen.
55. Chelsea Wolfe - “Abyss”
El único problema de este álbum es que la expectativa generada en torno a él era altísima por culpa del adelanto de “Iron Moon”. Y es que el temita es un cañonazo, desde luego el mejor corte del álbum. Una perfecta introducción al complejo mundo de los sueños, su mecánica, su explicación y profundidad, que es de lo va la cosa. Por lo demás la Wolfe sigue facturando discos impecables. ¡Y ya van cinco!
56. Joan Miquel Oliver - “Pegasvs”
Compendio de historias cotidianas que transcurren en esos universos ideados por el ex-Antònia Font. Un relato de su personalísima visión de la vida, tirando de ciencia-ficción pero sin rehuir la mediterraneidad. Ecos samberos, patrones electrónicos, cadencias rockeras y melodías pop que se van sucediendo en el mejor disco en lengua catalana de este 2015.
57. Car Seat Headrest - “Teens of Style”
Grato descubrimiento el disco de esta banda al frente de la cual está un tal Will Toledo (toca't el nas!!!). Un chaval nacido en Virginia hace 23 primaveras que ha necesitado la friolera de 11 discos (¡once!) para que alguien le haga caso. Pero nunca es tarde si la dicha es buena. ¡Y vaya si lo es! Composiciones que beben del espíritu de Yo La Tengo, Pavement, Guided By Voices y otros ilustres indies noventeros.
58. Korey Dane - “Youngblood”
Segundo disco firmado por este cantautor californiano que combina momentos de pop luminoso con otros más profundos e intimistas. Ecos a Josh Rittter y al Ryan Adams más desnudo y reposado. Es esta una propuesta de pre-americana fundada en las guitarras acústicas. Un disco sencillo en el cual destaca la habilidad lírica de su autor, un veinteañero con muchas cosas que contar.
59. Gilmore Trail - “The Floating World”
Sobresaliente álbum de post-rock. El segundo en la cuenta de la banda de Sheffield. Destaca por sus desarrollos vibrantes y una más que evidente capacidad emotiva. Aspecto este último bastante subjetivo, lo sé, pero es que quien suscribe esto soy yo. Ambientaciones muy logradas y épica. Profundamente arraigado a la naturaleza y a la imaginación.
60. Guadalupe Plata – s/t
Perico de Dios y sus chicos no han descubierto la pólvora. Su Evangelio musical apela al blues de toda la vida. Música de raíces negras convenientemente electrificada, tal como hicieran aquellos hermanos que en los 30 marcharan hasta el norte de EEUU para ganarse el pan. El trío de Úbeda ha sabido llevar todo ese bagaje hasta nuestro sur, cantando en castellano, sonando veraces y hasta contemporáneos. Y siguen en ello. Lo que no es poco.
61. King Dude - “Songs of Fresh & Blood – In the Key of Light”
TJ Cogwill exorciza sus demonios personales por quinta vez en forma de disco. Y lo hace a través de este, el más oscuro que ha publicado hasta el momento. Un álbum de dark-folk, aunque a veces casi suene a post-punk, que bebe los vientos de la poesía del maestro Nick Cave y de la misas góticas del reverendo Edwards con o sin Wovenhand.
62. El Vy - “Return to the Moon”
Es difícil escuchar a Matt Beringer y no asociarlo a The National. De eso peca este experimento a dos manos junto a Brent Knopf de Menomena. Más allá, el álbum se aleja de los usos y costumbres de sendas bandas matriz. Salvo algún pasaje aislado, poco o nada hallamos del dramatismo de The National y aún menos del vitalismo de Menomena. Un buen puñado de jits bailongos y otros artefactos sonoros en los que apreciar el peso de lo liviano.
63. Murder By Death - “Big Dark Love”
El séptimo álbum de la banda de Indiana recoge las mejores composiciones de Adam “Wolverine” Turla hasta la fecha. 10 canciones que dan vueltas en torno al amor y sus consecuencias. Se aprecia una clara evolución en el sonido característico de la banda. A la habitual fórmula rootsy, las peculiares baladas góticas y esos coros alcoholizados marca de la casa, ahora añaden toques pop e incluso sintetizadores.
64. Sudakistan - “Caballo Negro”
Esperadísimo álbum de debut de esta quinteto de emigrantes o hijos de emigrantes sudamericanos radicado en Estocolmo. Se me hacía la boca agua tras cada adelanto y ahora ya les tengo aquí, aunque quizás han tardado demasiado en publicar su largo y por eso la retrasada posición en el ranking. Rock macarra y garaje machacón, en el cual introducen, con total desparpajo, ritmos latinos. Energético y hasta bailonguero.

martes, 15 de diciembre de 2015

Person of lo qué???

La semana pasada la revista Time declaró personaje del año 2015 a la canciller alemana Angela Merkel. O sea, a la principal responsable del austericidio. Esa adusta big mamá que tanto disfruta regañando a sus díscolos hijitos del sur -pero que luego no se aplica el cuento a sí misma-.  ¡Y se quedaron tan a gusto! Y sí, lo sé, que lo de personaje del año no es necesariamente un mérito. Que tan solo designa a la persona que ha tenido un efecto mayor en las noticias del año. Y eso, en ocasiones, ha supuesto que escogieran a personajes de dudosa honorabilidad como el mismísimo Adolf Hitler. Pero no me digáis que no tiene cojones el que Merkel sea la primera mujer galardonada con ese premio en 19 años. Anda que...

Pero eso no es lo peor. Detrás de Merkel aparecen como personajes del año el califa Abu Bakr al-Baghdadi, líder de Daesh, y en tercera posición el puto Donald Trump. Hilarante. Lo que me lleva a concluir, por si no lo tenía suficientemente claro, que este 2015 ha sido un año de mierda. ¡Glorioso pódium!  Menuda camada maededeusinyor... Pero es que encima el millonario pelofiesta se ha cabreado por no quedar en primera posición... Halaaaa... Festival del humor... pero del negro.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Joan Miquel Oliver y Gener en el TEM

Por lo que a mí respecta, el pasado viernes quedará señalado como el día en el cual se produjo mi regreso al Teatre el Musical. Ese fantástico recinto renacido, o más bien revivido, tras la tentativa de homicidio operada por el padre de Monchito, Macario y el cuervo Rockefeller. Y no es cuestión de hacer aquí un alegato a favor o en contra de este o aquel, tampoco pretendo valorar la labor de los sucesivos equipos municipales encargados de los teatros de esta ciudad y la cosa cultural en general, si bien no es demasiado complicado ver de que pie cojea este menda. Aunque bueno, sí creo necesario resaltar el hecho de que, al menos de momento, el cambio de responsables en las poltronas ha supuesto una clara revitalización cultural en una ciudad que no se merecía el grado de ineptitud y desidia mostrada por los anteriores gestores. Y eso lo han notado también en el TEM y por extensión el Cabanyal y sus gentes.

En fin, a lo que íbamos, que no es otra cosa que el concierto ofrecido por el mallorquín Joan Miquel Oliver y los valencianos Gener en el bonito recinto cabanyalero. Antes que nada decir que siempre es un placer reencontrarse con los mundos del ex-Antònia Font. Historias cotidianas que transcurren en ese universo completamente diseñado por tamaño fabulador. Más aún cuando, en este 2015, Oliver ha publicado “Pegasvs”, su álbum más brillante hasta el momento. Desde luego el más redondo de los tres que lleva firmados bajo su nombre real.

Como no podía ser de otra manera, las historias oníricas de “Pegasvs” protagonizaron la velada. Esas visiones personalísimas de la vida, entre la ciencia-ficción y lo mediterráneo, que se elevaron sobre la platea del teatro para regocijo de los allí presentes. Y es que por allí desfilaron “Marès de radial”, “Pegasvs”, “Ecos d'ambulàncies”, “Flor de cactus”, pero también algunos himnos del pasado reciente como “Hansel i Grettel”, “Final Feliç”, “Ryanair”, “Polo de llimona” o “Pallasso”. Ecos samberos, patrones electrónicos, cadencias rockeras y melodías pop que se fueron sucediendo en el marco de un concierto delicioso para el que Joanmi se hizo acompañar de sus habituales Jaume Manresa a los teclados y Xarli Oliver a la batería.

Destacar también la labor de los teloneros para la ocasión, mis paisanos Gener. Sobretodo porque, antes de asistir al concierto, era un tanto escéptico respecto a lo que pudieran ofrecer. Pero la calidad del show dejó pocas dudas. De diez. Estuvieron enormes hasta el punto de que, una vez finiquitado el bolo, estuve cavilando sobre la importancia de su propuesta musical dentro de la actual escena valenciana. Al final concluí que, en mi humilde opinión, la banda capitaneada por Carles Chiner se ha convertido en la gran esperanza blanca del rock en valenciano. Incluso por delante de Senior i el Cor Brutal. Su único disco hasta el momento, “El temps del llop” (2014), ya lo dejaba entrever, pero es con su tremebunda puesta en escena cuando no dejan lugar a dudas. Me parece que el Premi Ovidi a mejor disco de rock en valenciano no es más que un prometedor comienzo. Si la cosa no se tuerce y confío en que no lo haga, nos esperan grandes momentos de la mano de Gener.

El temps del llop” es un disco muy rico en matices que se agranda sobre un tablao, como quedó patente ayer noche. Con un cancionero que destaca por su eclecticismo y la solvencia a la hora de adentrarse por caminos inexplorados – o poco frecuentados- por la música en valenciano. Ecos evidentes a Jeff Buckley, sobretodo en los juegos vocales del señor Chiner, algo de Elliott Smith y otros american song-writers coetáneos, pero también reminiscencias que nos trasladan hasta el blues del delta o el rock de raíces sureñas que practican bandas actuales como los Delta Saints. Eso sin dejar de lado la terreta y la influencia del cant d'estil 2.0 practicado por renovadores de la tradición valenciana como Pep Gimeno “el botifarra”. El directo fue impecable y por momentos apabullante. Me gustaron muchísimo, la verdad. Procuraré no perderles de vista.
 Como habréis deducido estoy profundamente satisfecho del concierto. Que mejor regreso al TEM que este. 
¡Larga vida a la música, a los músicos y al Cabanyal!

jueves, 3 de diciembre de 2015

Galveston

Galveston o lo que vendría a ser la ciudad de Gálvez, pero Bernardo Gálvez y Madrid su fundador y primer gobernador de Luisiana, no el tronco aquel que jugó en el Valencia CF. Se trata de una pequeña población de la costa texana, que tiene el honor de dar nombre al debut literario del chico de moda: Nic Pizzolatto. Si amigos, el mismo que viste y calza, el hacedor de la archirequeteconocida “True Detective”, pero también el perpetrador de su segunda temporada. Una digna ópera prima, es cierto, pero ni de lejos la obra maestra que se nos ha querido vender.

Se trata de una novela negra. La enésima. O bueno, no exactamente. Siguiendo la última moda literaria de hacer cosas que no son lo que parecen, podríamos afirmar que “Galveston” es un drama con apariencia de noir. El enésimo. También podría pasar por ser una road movie, si fuera una movie, con sus toques de violencia y de sexo. Si bien esto último, sin ningún género de dudas, es lo peor del libro. Lo mejor es que está muy bien escrita, bien ambientada en el sugerente sur de los Estates y, según yo lo veo, bastante bien resuelta. Sí, a mi me gusta ese final impregnado de fatalismo redentor, aunque pueda chirriar un poco.

El protagonista de la historia atiende al nombre de Roy Cady y es un matón profesional a tiempo completo con vecindad administrativa en Nueva Orleans. Un tío que se nos presenta tal que así:
Me llamo Roy Cady, pero Gino fue el causante de que todo el mundo empezase a llamarme Big Country y siguen haciéndolo sin ningún cariño. Soy del este de Texas, del Triángulo de Oro, y esos chavales siempre me han considerado escoria, lo cual ya me parece bien, porque así me tienen miedo”.
El caso es que, tras años de impecables servicios prestados, su jefe decide desprenderse de él. Vamos, que se la lía, pasando por alto que el amigo Roy, en una pelea, tiene más recursos que MacGyver en un Leroy Merlin. Craso error. A partir de ahí comienza el mencionado drama, que incluye una huida en coche, una enfermedad incurable, a una prostituta adolescente y un incesto más que previsible para cualquier lector mínimamente avezado.

Las referencias culturales son obvias. Las podréis leer por ahí: Que si el Sam Spade de Hammett, que si el Rust Cohle de la primera temporada de “True Detective”, que si las primeras pelis de Tarantino, que si el universo McCarthy, que si James L. Burke, que si pollas... Ya sabéis como va esto. Eso sí, no esperéis aquí la fuerza del maestro del hard boiled, ni tampoco la causticidad del escritor de “Meridiano de sangre”. Eso serían palabras mayores y “Galveston” con ser una novela correcta, no pasa de ahí.

Ya para acabar, un consejo por si decidís leer “Galveston” tras haber visto “True Detective”. Dejad las comparaciones a un lado, que siempre dejan a alguien mal parado. Roy Cady no es Rust Cohle y viceversa. Y está bien que así sea, que queréis que os diga. Quien si podría serlo es Matthias Schoenaerts, actor belga encargado de ponerle cara a "Big Country" en la anunciada adaptación cinematográfica. Su rotundidad al interpretar al inolvidable Jacky de “Bullhead” o a Alain en “De óxido y hueso” le avalan.

¿Pero es recomendable o no? Pues supongo que sí. 
También es prescindible. 
Así que, cómo os diría un guiri, as you like it
Por si os sirve de algo, no os ocupará mucho tiempo. 

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Diciembre de 2015. IT'S DA' FINAL COUNTDOWN aka TIRORIIIROOo TIRORIIIRORIIIIIIIÍ

Comentaba Wittgenstein allá por el pleistoceno medio, que los lenguajes privados son imposibles así que, ¿para que coño inventar conceptos incomprensibles? 
Para que nos entendamos, ¿qué mierda es esto del juernes? El jueves es jueves y siempre será jueves, porque si se conviertiera en viernes pues entonces sería viernes y no jueves, ¿no? 
¿Y qué mierda es eso del centro político? Digo yo que si tus ideas, si tus planteamientos, si tu cosmovisión, es conservadora, vamos que tienes posicionamientos de fachuzo y propugnas la aplicación de políticas a las que les importa una mierda el tema de las diferencias sociales, pues serás de derechas, ¿no? Otra cosa es que te salga rentable no decir lo que realmente eres e inventarte un término para esconderlo. O eso o que directamente te da vergüenza reconocer lo que sientes en cuyo caso estaría bien que te lo hicieses mirar.
Y hasta aquí mis reflexiones pre-20D. Dadle vueltas mientras escucháis las 95 canciones que componen la última SulotK del año. Varias de ellas al cargo de hacedores de algunos de los mejores álbumes publicados este 2015. En breve listaca al canto, como no podría ser de otra forma. 
Iniciando la cuenta atrás...

martes, 1 de diciembre de 2015

El libro de Ramón Libro

Recostado en el sofá, resguardándome de un invierno que, aunque parezca mentira, al fin ha llegado, me dispongo a plasmar mis impresiones sobre "Música Alternativa, Auge y Caída (1990-2014) de Ramón Oriol. Lo hago mientras degusto por enésima vez el "New Year's Model" de Elvis Costello y el caso es que, como me parece que este disco no es lo más apropiado para hablar del libro, me levanto, saco el vinilo del plato y después coloco otro de Nirvana. A continuación vendrán los Drive-by Truckers o Neurosis o Lucinda Williams o Fugazi o Jeff Buckley o Jawbreaker o Team Dresch o Huggy Bear o los Black Crowes... Porque de todos ellos y de otros muchos se nos habla en la ópera prima de este barcelonés. Un ensayo sobre música, pero escrito ante todo y por encima de todo por un fan entregado al arte de las musas. Alguien que participó de esos días de euforia y rabia colectiva que fueron los noventa musicales. Desde fuera, como casi todo hijo de vecino, apoquinando la mordida cada vez que querías asistir al concierto de turno o leer la revistilla de marras.

El libro en sí puede parecernos caótico y a resultas, complejo de seguir. Desde luego, se me antoja difícil para aquellos que no fueron partícipes del momento y por supuesto para todos esos que por cuestiones de edad no estaban para esos trotes. Eso pese a estar bien estructurado, por sonidos o escenas o como queráis llamarle, lo que nos sitúa un capítulo tras otro en los diversos focos del noventerismo cultural. El problema es que al final -a veces directamente al principio-, Ramón acaba deslizándose hacia cuestiones, hitos y hasta momentos de lo más variopinto. Es lo que tiene escribir con las tripas, lo cual, reconozco, le va la mar de bien al ensayo. Que es delicioso, lo digo desde ya.

¡Ojo! No escribo esto por compadreo. No conozco al autor de nada, aunque tampoco me importaría. Es cierto que hace un tiempo que “le tengo” en la friend zonde de una conocida red social. Creo que fue él quien me envió la petición de amistad y yo, cosa extraña en mí, la acepté. Gracias a eso vi que el hombre firmaba un librito con una llamativa cubierta. Se trata del conocido bichejo creado por Daniel Johnston para la portada de su mítico“Hi, How Are You” de 1983. El mismo que popularizó KurtCo -que estés en los cielos- allá en los albores del grunge. El mismo que, mucho me temo, en alguna de estas será expandido entre la chavalada por obra y gracia de H&M, Springfield, Zara o similares.

Lo cierto es que más que un ensayo musical, parece que estemos ante una obra autobiográfica. Un autentico libro de memorias donde el autor nos habla de él a través de la música que le ha hecho ser quien es. Pero que también habla de nosotros, los que vivimos esa época alternativa, compendio de escenas irrepetibles e inolvidables, aunque estuviéramos -en mi caso- a 350 km de distancia de la ciudad del narrador.

En alguna parte he leído que Ramón Oriol tardó cinco años en acabar este “Música alternativa...”. A vosotros no os llevará tanto leerlo. Y bien que se lo agradeceréis.
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