jueves, 23 de noviembre de 2017

Lo de Exquirla en el TEM

Grandioso cual sinfonía de Mahler. 
Intenso cual disco de Pantera. 
Portentoso cual espectáculo en directo de Camarón de la Isla. 

¿Qué más puedo añadir?

Y es que las prestaciones en vivo de este artefacto instrumental llamado Exquirla y que no es sino la efímera conjunción de los cuatro miembros de Toundra y El Niño de Elche, con el único objetivo de defender el “Para quienes aún viven” a lo largo y ancho de la piel de toro, no podía resultar mejor. Soberbio espectáculo de metal, cante, poesía y dos huevos duros.   

Y es que el pasado sábado estuvieron por Valencia, concretamente en el Teatre el Musical de El Cabanyal. Ponían así fin a la gira de presentación de su hasta ahora único y maravilloso disco. Creo no ser el único que desearía que esto tuviera algo de continuidad. Un proyecto impactante que bebe tanto del “Omega” de Morente y Lagartija Nick como de la electrificación operada en el discurso de Camarón con aquel mítico “La leyenda del Tiempo”. Su sonido remite también –¿cómo no?- a Triana y ese rock andaluz que revolucionó el panorama musical español a finales de los setenta. Aunque para ser sinceros es eso y también muchas cosas más.   

La cuestión consistió en desgranar los ocho cortes del álbum, comenzando por el principio, con esa emocionante intro que es “Canción de E” y los versos recitados de "La marcha de los 150.000.000" de Enrique Falcón. Intensa hasta decir basta… O no. Ya que a partir de ahí la cosa fue in crescendo desembocando en “Destruidnos juntos”, para pasar después por “El Grito del padre”, “Hijos de la rabia” o, como no, por ese desgarro hecho poema y canción que es “Europa muda”. También hubo tiempo para "descansar" con la interpretación semiacústica de “Contigo”, que sonó preciosa en el directo y finalmente cerrar con esa bestialidad titulada “Un hombre”. El jitsínguel por excelencia de un disco que carece justamente de eso y que terminó con nuestros héroes vaciándose sobre el escenario. Brutal es poco.

Aunque también hubo espacio para los bises, cosa que por esta vez y sin que sirva de precedente, me parece genial. Consistió en la interpretación de la "Canción de amor de San Sebastián", homenaje al poeta T. S. Eliot y que comenzó con El Niño de Elche metiéndose los dedos en la boca para emitir una serie de sonidos indescriptibles.

Momentos para el recuerdo hubieron muchos. Tantos como canciones desfilaron durante la velada o hasta más. Amén de los ya mencionados, como olvidar ese grito que pone los pelos de punta hacia la mitad de "Destruidnos juntos". O los guitarrazos de David López, especialmente hacía el principio del show y de su partner el señor Girón más en la parte final. También ese épico final de "Un hombre", con el Niño metiéndose el micro hasta la glotis para proferir unos alaridos estremecedores.

En definitiva, una noche mágica e inolvidable. Bolarro al cargo de una de las propuestas musicales más acertadas que yo haya visto/oído jamás. Y es que, sin desmerecer el trabajo en solitario de Toundra -una de mis bandas favoritas-, ni mucho menos de ese renovador del flamenco que es El Niño de Elche, creo que en este caso el todo es mucho más que la mera suma de las partes. Cinco músicos que han sabido conjuntarse para crear algo muy especial. Una genialidad que pasará a la historia de la música de este país.  

jueves, 16 de noviembre de 2017

Diamont Dancer - "Shapes"

Llevo unos días metido de lleno en un proyecto de música ambient facturado en la terreta. Tras él andan Pau Roca (La Habitación Roja, Lost Tapes) junto al diyéi y productor Nacho Marco y la cosa atiende al nombre de Diamont Dancer. Na’que ver con la canción de Bill Callahan. El caso es que acaban de “debutar” con este delicioso artefacto sonoro titulado “Shapes”, en honor a sus siete cortes con nombre de formas geométricas. Temas instrumentales, absolutamente hipnóticos y que podemos encuadrar dentro de ese cajón de sastre por todos conocido como sonido experimental. Se trata de un disco conceptual, como no podía ser de otra manera, que nos remite a cosas variopintas del ayer y de hoy. Algunas influencias son bien evidentes, como la huella del combo Fripp-Eno, las texturas escuela Orbital o incluso el alma atmosférica de unos Mogwai. Otras no tanto, o quizás más puntuales, como cierta deriva en algún tema que, perfectamente, podría encajar en la banda sonora de “Drive”, amén de picotazos que remiten a las celebérrimas “Tubular Bells”. También aprecio algo de las melodías minimalistas alla maniera di David Cordero y su “rumor del oleaje” y en definitiva a esa teoría de los paisajes audibles patentada por R. Murray Schafer. Si bien, esto último parece algo más forzado. Ahora que lo pienso lo de Mike Oldfield también.

Lo cierto es que ya hace meses que me llamaron la atención. Y es que, los organizadores de la Filmoteca d’Estiu 2017 tuvieron la brillante idea de inaugurar el ciclo con un pase especial del clásico de Eisenstein “El acorazado Potemkin”. Lo de especial es porque venía acompañado del directo de Diamont Dancer, ejecutores de una particular y novedosa banda sonora. Y así, con los dos miembros del proyecto colaborativo cara la pantalla, es como realmente les descubrí. ¿Y el maridaje? Pues bastante bueno, la verdad. Por momentos mucho. Hasta cojonudo. Sobretodo al inicio de la película, pero también ya hacia el final, en varias de las escenas que transcurren en el puerto de Odesa. Hasta el punto de que ahora, la archiconocida escena de la escalera -aquella de la madre que es alcanzada por la bala de un cosaco y el cochecito con su bebé acaba rodando escaleras abajo-, no solo me recordará al final de “Los intocables de Eliot Ness”, a la descacharrante secuencia inicial de “Atrápalo como puedas 33 1/3”, o aquella divertida escena de “Bananas” en la que Woody Allen se queda compuesto y sin novia. Y a Dios gracias que así sea.

 
Pegarle una vuelta al disquito. Paga la pena.  

lunes, 13 de noviembre de 2017

Pastillitas de cianuro y disgustoss de Taiwán

https://www.facebook.com/cyanidepillsuk/
Bolarro el que nos obsequiaron los Cyanide Pills el pasado sábado en el Magazine. Herederos de bandas clásicas como The Boys y adoradores confesos de The Adverts o los Buzzcocks, los británicos vinieron a presentarnos en directo su último elepé. Cuarto largo en la trayectoria del quinteto de Leeds y que se titula “Sliced and Diced”. Un disco con el que se confirman como uno de los grupos retropunk más interesantes surgidos en los últimos años. 

Para que os hagáis una idea de a lo que juegan los payos, tocaron sobre veinte canciones en menos de una hora. Así del tirón y sin parar más que unos segundos en lo que, supongo, fue su particular homenaje al paripé de los bises. ¡Ahí es ná! Y es que la fórmula es similar a la de aquella primera ola punkarra que despatarrara la escena musical en plenos setenta. Descerrajar un corte tras otro cual francotirador en el sitio de Alepo. Con todo, las influencias no se agotan con las ya mencionadas. Amén de las cadencias ramonianas de gran parte de los temas incluidos en el setlist y esa pose a lo Johnny Rotten que se gasta el vocalista, hay algo más que nos remite a los Undertones pero también, porqué no, a aquellos primeros Strokes. A los buenos, ya sabéis a lo que me refiero. 

Así pues, todo muy guay. Un show desenfadado, energizante, buenrollero y algo guarrete pero sin abusar, que me hizo caer en mi particular bucle melancólico. Y es que cómo no añorar aquellos tiempos en los que uno podía darlo todo sin tener que arrepentirse durante el resto de la semana. Juventud divino tesoro maifrén. Aún así, larga vida a los Cyanide Pills, ¡coño! No a los teloneros. Que eran más malos que el capitán del Costa Concordia.


miércoles, 8 de noviembre de 2017

Popular Songs 2017

La verdad es que la peña esta de tranquilo música se lo curra a base de bien. De no ser por ellos, tendríamos una agenda musical bastante más triste de la que ya tenemos en este enclave capital del Mediterráneo feliz. Es cierto que no ayuda mucho el que a la peña le cueste tanto soltar diez o quince lereles para acudir a un evento de este tipo y sin embargo no les importe gastárselos en un par de cubatas en el antro de moda. Aunque bueno, tampoco que quienes sí participamos del show no escribamos ná en un blog cuya razón de ser es, justamente, contar ese tipo de cosas. ¡Penitenciagite!   

El caso es que, con el tiempo ya transcurrido desde que se celebraron los cinco conciertos que integraban el ciclo, no sé si tiene sentido ponerse ahora a hablar de aquello. Entre otras cosas porque no me acuerdo de mucho. Y es que el señor alemán no perdona. Eso sí, quedan las sensations. Y al menos dan para una crónica-telegrama como la que sigue. 

1) King Creosote + Gilbertástico. Hostia puta que aburrío. D.O.A . Me bajo de la vida. ♪ Eiii, Manolete ♪ ♫...
2) Clap Your Hands Say Yeah + The Harpoonist & The Axe Murderer. Más se perdió en Cuba. Sorpresa molt agradaaablaa. "Super ratón: El ratón del mañana" (aunque más del ayer). Cancheros cual volante del Peñarol. 
3) Luna + Ramírez Exposure. Magia, pero no a lo Tamariz. Hostia puta que plomo. Would you marry me, Britta? "Contigo no, bicho". 
4) The Pains of Being Pure at Heart + Fantastic Explosion. Quien tuvo retuvo. ¿Lo qué? Sobreviviendo a Yoko Ono. ¿¿¿Pero qué coño????
5) Mark Eitzel + Frontera. Apabullante es poco. Pueeeee, esta vez va a ser que sí... "Gallina de piel" qui disia aquell. Madurez y señorismo en el mejor de los sentidos. 

Y eso es todo lo que tengo que decir. 
Buen ciclo de conciertos.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Maudit Allende

Me ha gustado bastante este cómic en torno a la figura de Allende –y la de Pinochet-, escrita por un francés e ilustrada por un argentino. El francés es Olivier Bras y fue corresponsal para medios francófonos en Chile, además de colaborar con Juan Guzmán en el libro “En el borde del mundo - Memorias del juez que procesó a Pinochet”. De ahí que tire de su experiencia personal en el país transandino para montar una historieta que bien podría ser real. La de un chaval nacido en Chile pero criado en el extranjero, a dónde emigró junto a su familia a comienzos de los años setenta. Hijo de pinochetistas, recibe una imagen de Allende que poco o nada tiene que ver con la realidad. Años más tarde y gracias a una relación sentimental, acaba viajando a su país natal donde descubre una visión de la historia completamente diferente a la que le contaron. En paralelo a este descubrimiento, asistimos al auge y caída del recordado presidente chileno y a la traición del golpista militar porteño.
 

Más allá de la trama, la parte gráfica al cargo de Jorge González es muy interesante. Combina carboncillos, pasteles y lápices con técnicas cercanas al collage, dotando de una personalidad propia a cada viñeta del álbum. Muy chulo todo.

lunes, 16 de octubre de 2017

El refugio de los canallas

El fader me regaló este libro por el día de mi cumpleaños. Al parecer lo recomendaron en la sección cultural del programa radiofónico líder de las mañanas del fin de semana. He de reconocer que me sorprendió, ya que suelo escuchar ese programa y me fío de lo que allí dicen. Sin embargo no me sonaba haber oído a Pino & Co hablar sobre la novelita de marras y de ahí el escepticismo con el que me introduje en su lectura. Bueno, para ser justos, probablemente se debiera a la saturación de gestos y símbolos que durante estos días dan la razón al Dr. Samuel Johnson en su archirepetida reflexión sobre el patriotismo que sirve de título a esta novela. El caso es que al final, me ha dejado un muy buen sabor de boca.

He leído por ahí que “El refugio de los canallas” es la novela de madurez del escritor, guionista y columnista Juan Bas. También que remite parcialmente a “Patria” de Fernando Aramburu. El problema es que no me he leído el que fuera el hit literario del pasado 2016. Eso y que antes de zambullirme en esta obra, desconocía de la existencia de su autor, así que no puedo valorar lo de la madurez. Bien es cierto que el bilbaíno tiene ya unos cuantos libros publicados. Entre ellos el que fuera Premio Euskadi de Literatura 2007 , “Voracidad”,  o un sugerente  “Tratado sobre la resaca” que trataré de agenciarme. Pero lo dicho, hasta ahora ni idea de este buen hombre.

Pero vamos a la mandanga.

La novela en cuestión va de terrorismo, sí. Y de banderas, también. El autor se basa tanto en historias que ocurrieron durante aquellos años del plomo -como el secuestro de J. A. Ortega Lara, el macabro asesinato de Ramón Baglietto, el caso Lasa- Zabala y otras operaciones de los GAL...-, como en personajes fácilmente reconocibles para quienes asistimos a la barbarie televisada del terrorismo. Juan Bas construye con ello una estructura compleja en la forma, a partir de saltos en el tiempo, pero bastante ágil y muy fácil de seguir. Concatena breves capítulos, siempre encabezados por el año en el que transcurre la acción –entre 1946 y 2015-, para que así nos ubiquemos y podamos situar cada momento.

Con esta fórmula conocemos las tragedias sufridas por un amplio abanico de personajes tocados directa o indirectamente por el terrorismo. Del mosaico destaca la historia protagonizada por “La Pantera”. Guapa y sanguinaria terrorista que evoca muy mucho a la figura de Idoia López Riaño aka “La Tigresa”. También la miseria vital de la madre del etarra Mairu, una fanática que con su odio acabará destruyendo a todos aquellos a quienes supuestamente quiere. Y como no la trama que recrea los orígenes del GAL y en paralelo el auge y caída de sus principales actores, con una mención muy especial para los últimos días en la indigencia del comisario Arnedo. 

Como he dicho al comienzo, la novela es bastante chula. Te mantiene en vilo hasta el final y no se hace pajas mentales en un tema tan delicado como el que trata. Y se agradece.

lunes, 2 de octubre de 2017

La "Música de mierda" no mola...

Parece obvio, ¿no? Y es que, como dice su autor, el periodista musical Carl Wilson, "200 millones de discos después Céline Dion sigue sin gustarle a nadie". Y a Dios gracias añadiría yo, aún sabiendo que no es cierto. Porque eso de que nadie aprecia los gorgoritos de la estomagante chillona de Charlemagne, es una mentira como un piano de cola. Vendría a ser como aquella leyenda que reza que nadie vota al PP en el entorno de uno. O como aquello otro de las meigas, que haberlas haylas. ¡Putos expedientes X!

Se supone que "Música de mierda” va sobre Céline Dion y el gusto. O mejor dicho el mal gusto. Y de la mierda de música que nos gusta y hasta tarareamos en público para vergüenza de los presentes. También pretende explicar algo acerca del esnobismo cultural. Y de la pugna cultura popular vs cultura de masas. Y otras muchas muchas cosas. Para eso Wilson tira de Paul Valéry, Whitman, Hume, Kant o Bourdieu. Pero ná... Ni por esas. El ensayo, como dice su título en español, es una piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. Quizás no un ñordo catedralicio, pero desde luego dista mucho de ser la joyita literaria que han tratado de vendernos. Aparte de que en algunos aspectos está absolutamente desfasado. Ofreciendo escasas conclusiones y yéndose por los cerros de Úbeda con una pasmosidad que asusta.  

O sea, que sí, que el gusto de gran parte de los mortales es pésimo. Que incluso los que presumimos de buen gusto musical aceptamos de buen grado nuestras dosis de mierdecilla en forma de vicios inconfesables, o reivindicados hasta con pose torera. Que el pop crea-diabéticos que se gasta la Dion es indefendible y sus power-ballads producen vergüenza ajena se pongan como se pongan sus fans alrededor del mundo. Que la humanidad, como tal, está sobrevalorada desde el affaire de Adán con la manzana y solo eso explica que gente como Céline sean referentes musicales para millones. Y también que está muy mal mirar por encima del hombro a otra persona por sus preferencias. Aunque tampoco esperarás que te feliciten si te pasas el día cantando el horror ese de “Titanic”. Vamos que sí… Pero para contar todo eso no hacía falta este ensayo con pretensiones literarias.


Pues eso.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

El niño que...

Casi me olvido de deciros que leáis a este tío. Al menos esta novelita, que se lee en dos ratos y es magnífica. Si no lo hacéis a causa de mi recomendación, que sea por lo sugerente del título, que lo es y mucho. No lo negaréis. 
Yo caí gracias a una mención en el twitter de no recuerdo quien. Y me topé con una obra angustiosa, emotiva, salvaje e incluso divertida en alguno de los pasajes. Preciosa en las formas, con una prosa poderosa de enorme belleza. 
Nos cuenta el viaje iniciático de una pareja de hermanos, el Grande y el Pequeño, dentro de un pozo en medio de ninguna parte. Allí pasarán cerca de tres meses tratando de salir, luchando por sobrevivir al hambre, al frío, al hastío y también a la locura. 
Como veis una trama muy sencilla, pero de gran poder metafórico. Bonita fábula para adultos.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Los peligros de fumar en la cama

Ya os dije aquí que leyerais a la Enríquez, pero no me hicisteis caso.
Vuelvo a insistir, esta vez con la excusa de una nueva compilación de relatos que, pese a publicarse ahora, son anteriores a los incluidos en “Las cosas que perdimos en el fuego”. Absolutamente coherentes con aquellos, todo sea dicho, e igualmente prodigiosos. Y es que la inmersión en esos universos cotidianos, en los que de repente irrumpen elementos siniestros, es una de las mejoras cosas que me han pasado últimamente. Literariamente hablando, se entiende.

La autora argentina mantiene el pulso a través de doce nuevas-viejas historias de temática más perturbadora que oscura, que también. Una turbación que, lejos de ser mero cliché, define a las claras la seducción ejercida sobre el lector. Y da igual que sea a través de la experiencia de una niña que desentierra unos huesos que resultan no ser de animal o de las andanzas de un mendigo despreciado por las gentes de un barrio de clase media. El desconcierto es el mismo. Como con esa suerte de giros finales que, lejos de resultar impostados, apuntalan lo que parece ya marca de la casa. O esa manera de cerrar sin cerrar nada al final de la narración.   

Con “Los peligros de fumar en la cama” se recupera el primer volumen de cuentos de Mariana Enríquez. Otra joyita manufacturada por una autora en estado de gracia y en la que ninguna de sus historias desmerece a la anterior. Con todo me han gustado especialmente un par de ellas. Aquella que se desarrolla en una Barcelona transformada en un escenario desconcertante más próximo al Raval filmado por González Iñárritu en “Biutiful” (2010). O el cuento protagonizado por una chica que siente una atracción fetichista y hasta malsana por el sonido de los corazones enfermos. ¡Que coño y el del rockero devorado! O el de los niños que vuelven y que tanto remite a aquella fantástica producción francesa con inolvidable sintonía de Mogwai.

Grande la Mariana -que no el Mariano- again.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Soto Ivars, Foucault y Lewis Carroll

El otro día reflejaba por aquí cuan certero me había parecido el análisis que de la poscensura hace Soto Ivars en “Arden las redes”. Libro bien interesante cuya lectura recomiendo de nuevo. Me apetece recordarlo hoy, tras conocer que una mujer anónima ha perdido su empleo después de verter un comentario terrible sobre Inés Arrimadas en twitter. 

Comentaba el murciano que si alguien se ofende contigo por lo que cuelgues en las redes, te linchará digitalmente. Aunque no lo haga él directamente. Se bastará de sus acólitos quienes te insultarán una vez hayan reconocido la diana que tienes pintada en la frente. Si hace falta, hasta recogerán firmas para que te despidan. Para echarte del trabajo, que es exactamente lo que le ha pasado a una usuaria de twitter por culpa de un tuit machista y violento que no pienso reproducir aquí. En este, como en demasiados casos, la justicia la han dictado las redes y todos tan contentos. Y perdonadme si me acojona vivir en un país en el cual una turba de mónguers anónimos tras un teclado es quién dicta las sentencias. Debe ser por deformación profesional.

Quizás no recuerde demasiadas cosas de cuando estudiaba en la facultad, pero sí tengo grabado alguna cosita. Simplezas y naderías, como aquella que reza que en un país serio y democrático, la justicia la dictan los jueces y que los castigos deben ser proporcionales al delito cometido. Esto último se llama principio de proporcionalidad penal y exige un juicio de ponderación donde se valora tanto la gravedad de la pena como el fin que se persigue con ella. En definitiva, que un despido laboral por poner un tuit en tu perfil personal durante tu tiempo libre, por muy terrible que este sea, por muy execrable que sea lo que en el se manifieste, no es admisible para un Estado que se jacta de ser de derecho cada cuarto de hora.

Y luego hay otra cosa. Tiene que ver con otro comentario vertido en la misma red por un eminente miembro del PP el mismo día. Otro repugnante tuit, en este caso racista, dirigido al teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona a cuentas de su ascendencia argentina. No seré yo quien propugne un linchamiento digital y las consiguientes consecuencias en forma de cese o expulsión de este impresentable. Pero sí me llama la atención como aquí la maquinaria ha funcionado de forma diferente. Supongo que esto va un poquito más allá de lo que explica Soto Ivars en su libro. Un complemento al mismo que tiene que ver con las relaciones de poder. Aquello que decía Foucault de que la verdad la dictan los que mandan.

En un conocido pasaje de “Alicia a través del espejo”, la protagonista de la historia se sorprende de que las palabras puedan significar cosas tan diferentes. “La cuestión -zanjó Humpty Dumpty- es saber quién es el que manda…, eso es todo.” Pues eso. Y que miedo da todo, tú.
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