lunes, 27 de agosto de 2018

Crimen colectivo en Valpito


Se vino el crimen colectivo y este menda no ha dicho esta boca es mía. Grave. Ya hace un par de semanas de ello. Encima salí vivo y relativamente satisfecho. Así que os hago participes ahora. Tarde y mal. Achacadlo a la proverbial falta de tiempo del malfaener. O a lo que os salga de la punta del nabo. La cosa es que asistí, que es lo importante. Sobretodo por presenciar el directo de Como Asesinar a Felipes (en adelante CAF). Y es que necesitaba ver como defendían sobre un tablao los cortes de esa marcianada inclasificable que es “Elipse” y que yo mismo coloqué en el puesto 58 en la lista de los mejores álbumes del 2017. Aunque también para catar la emulsión de hip hop y big band elaborada por las gentes de La Brígida Orquesta.

Todo transcurrió en un espacio como el del Teatro Municipal de Valparaíso hasta las trancas de un público variopinto. Si bien, tras un sucinto estudio de campo - elaborado a ojo y sin contrastar nada-, puedo afirmar que yo era uno de los más firmes candidatos a ser declarado el pare ous. Los primeros disparos fueron cosa de las once molondras que conforman La Brígida Orquesta. Coupage de vientos al que se añade una base rítmica y un peculiar rapero al que a veces no se le entiende una mierda. Y no solo por mis problemas con el español chileno, que también. Los tipos presentaron un puñado de canciones que, seguramente, formarán parte de un álbum de debut aún por publicar. Tuvieron tiempo hasta de aparecer disfrazados de fantasmitas a la vieja usanza (“A Ghost Story” style), tras el interludio. Y aunque estuvo divertido, me pareció un tanto forzado. Rompiendo la fluidez con la que se habían desempeñado hasta ese instante. Moló la irreverencia de la propuesta y los relatos cotidianos rimados por ese peculiar emsí que es Matiah Chinaski. También la rica sección de vientos compuesta por siete tipos. Más en lo que se refiere a las trompetas que a los saxos, aunque para gustos los colores. Lo que me sacó un poco del juego fue la sobre participación vocal del tipo a la pianola. Un tal Gabo Paillao que parece ser es quien corta el bacalao. Una pena. Si hubiera limitado su participación al aspecto meramente instrumental les hubiese lucido más. 

Terminado el show de la orquesta, fue el momento de que CAF saliera a escena y tirara de setlist. El comienzo de los santiaguinos vino a mostrar varias de esas canciones antiguas ya importantes en su discografía. Hacía mitad pegaron más fuerte con sus temas de “Elipse” y a Dios gracias. Creo que es lo mejor que han parido hasta el momento y a leguas de distancia de todo lo anterior. Funky, rap, free jazz, hard rock, canción protesta y dos huevos duros. Sermones y prédicas usando la lengua de Cervantes. Con ritmos y efectos un tanto más duros –en ocasiones casi metaleros- a como suenan en el álbum. Retahíla de temas que sonaron urgentes y mostraron la complejidad de una propuesta tremendamente original. 

Mereció la pena. 

domingo, 19 de agosto de 2018

Matemáticas, atmósferas y emoción con La Ciencia Simple


Este viernes y con motivo de la primera fecha del tour de lanzamiento de su nuevo álbum "III V VII", acudí hasta Valpo para encontrarme con los chicos de La Ciencia Simple. Actuaban junto a los bonaerenses Proyecto Da Silva en la Sala Rubén Darío y en el marco del Ciclo LeRock, orquestado por las gentes del sello/grupo de amigos LeRockPsicophonique. Asistía al evento con sumo interés y bastantes expectativas, pero a ciegas. Y es que aún no había escuchado una nota del tercer álbum en la aún corta trayectoria del quinteto santiaguino. Mi esperanza surgía de algún punto entre los paisajes atmosféricos y aquellos ejercicios de intensidad experimental que trufan sus trabajos anteriores. Muy especialmente en “II III V” del 2016 al cual, lo reconozco, le he pegado unas cuantas vueltas. Afirmar que cumplieron con creces. El nuevo material va más allá de lo esperado. Y qué decir de la puesta en escena. Apabullante en lo sonoro. Y muy –pero que muy- emocional.     

Tratándose de un evento organizado para la presentación en sociedad de nuevo material, el setlist tan solo podía venir integrado por esas composiciones. Los seis cortes del mencionado “III V VII”, que así a bote pronto y tras darle un par de escuchas -amén del directo que origina esta entrada-, suena más etéreo y ambiental que en episodios anteriores. Menos duro, si se me permite la expresión, si bien, como ya he mencionado, el show resultó bastante ruidoso y por momentos hasta furioso. Diría que ahora hay menos huella de Explosions in the Sky o de mis añorados Duster, por citar una influencia reconocida por la propia banda. Sin embargo, sí que se respira algo más de lo ofrecido por el señor Wolfgang Voigt en sus proyectos “Pop” y “Narkopop” y también de aquel post-rock primigenio personalizado en bandas como Bark Psychosis. En algún momento del directo incluso percibí aromas cercanos al “Rock Action” de Mogwai y aún más –mucho más- al glorioso disco homónimo que firmaron los tejanos This Will Destroy You allá por el 2007. El shoegaze estuvo y está. Y bien que me parece.

Me gustaron especialmente los recursos audiovisuales empleados. Proyecciones de patrones matemáticos sobre fondos monocolor, en consonancia con la exploración rítmica y en perfecta armonía con los conceptos musicales desarrollados. Muy especialmente durante la exposición de esa suerte de experimento titulado “105”, que es el penúltimo corte del álbum. Tremebundo. Como también, pero por otros motivos más detonantes, con ese final a dos percusiones en -creo que era- “AM”. O con el desarrollo de menos a más de “Noisetalgia”, por ahora mi canción favorita de “III V VII”.
Fantástica velada en compañía de una joven banda de la que espero bastante, visto lo visto y sobretodo oído lo oído. También participaron del "baile" Proyecto Da Silva, voluntarioso combo argentino que fue el responsable de abrir las hostilidades. En una actuación irregular, que no mala y que me dejó con un regusto agridulce. A ver, creo que la puesta en escena fue buena. Técnicamente sonaron impecables. O casi. El problema es que esa fórmula entre lo psicodélico y el electro-rock, no me acabó de llenar. Y encima la voz del vocalista me recordaba a demasiadas cosas que no me gustan, lo cual acabó por sacarme del todo. Una lástima.

Y eso es todo.
Os dejo esto por aquí. Dadle una oportunidad.   

viernes, 17 de agosto de 2018

Leñador o ruinas continentales


La novela comienza y termina de la misma forma: Talando un árbol. Cómo no,  siendo la historia de un tipo que se dedica a cortar, recoger y, suponemos, a vender leña. De nuestro leñador tan solo sabemos que es un antiguo combatiente y boxeador. Eso y que en tales oficios no le fue bien. Lo cual le lleva a abandonar todo e irse hasta al noroeste de Canadá, sumergiéndose en el legendario bosque del Yukón para vivir entre leñadores y aprender el oficio. Y de eso va esta obra, supuestamente. La experiencia de vida de un muchacho sin nombre y trasunto del propio autor, el gringo-chileno-argentino Mike Wilson.    

El libro es exuberante y bastante singular. Lo cual, en principio, debería ser bueno. Pero a veces no queda tan claro. La narración es farragosa en demasiados pasajes y muy especialmente de la mitad hacia el final. El problema principal estriba en que, en lo fundamental, el libro está construido al modo enciclopédico. Yo diría que en torno al noventa por ciento consiste en la exposición de conocimientos relacionados con el arte de talar, amén de otras cuestiones referidas a las condiciones de vida en los bosques. Todo ello en artículos separados, si bien no dispuestos alfabéticamente.

Lo que cuenta es interesante, no voy a negarlo. Pero al final es demasiada la información. Exhaustiva hasta el extremo en varias de las cuestiones abordadas. Además el número de páginas que vienen dedicadas a narrar la historia propiamente dicha –la de nuestro leñador- se antoja escaso. Escasísimo. Y es una lástima. Ya que al final estaríamos ante el relato de una hombre y de una búsqueda. Un experimento existencial con el que descifrar lo que significa estar vivo y que remeda, de forma bastante clara, al señor Thoreau y a su experiencia vital en “Walden”. O eso es lo que me ha parecido a mí.

Desde luego no es ni un libro de aventuras, ni tampoco un diario de viaje como le he leído a algún reputado crítico literario. Me parece que poner eso en una crítica es un ejemplo prototípico de aquello del hablar por no callar. Y poco más.

¿Lo recomendaría? Pues hombre, no lo sé. Supongo que es como desayunarse una chorrillana. Depende del estómago que tengas. O de la borrachera que hayas pillado en la víspera.
“Llegué a Yukón con la ropa que llevaba puesta y un fardo que contenía un puñado de objetos. Naipes, un par de fotografías, un tubo catódico, rojo, pequeño, del tamaño de mí pulgar, un par de hojas de papel, tres monedas y un frasco vacío.
Los repartí sobre mi catre y me quedé mirándolos, tratando de acordarme de por qué había escogido esos objetos.
Sin encontrar una respuesta que significara algo, que de verdad significara algo más que el despertar de un par de recuerdos fugaces, decidí líbrame de ellos. Los envolví en un pañuelo y los dejé en uno de los anaqueles de la cabaña. Al lado del almanaque agrícola.”     

jueves, 5 de julio de 2018

El thriller según Na Hong-Jin


Cerca de una década desde que este menda devorara producciones coreanas en sesiones non-stop, imitando a aquel Tarantino dependiente de videoclub, cuando empezó a gestarse la leyenda. O eso imaginaba yo. En todo caso, la chifladura acabó hace mucho. Y es que la sobredosis de Park Chan-Wooks, Kim Ki-Duks , Bong Joon-Hos y hasta Kim Jee-Woons hicieron estragos en mi ya de por sí maltrecho aparato digestivo. Eso por no hablar de toda la pléyade de imitadores de baratillo que, aprovechando la ola que nos venía desde el Mar de Japón, llenaron de sangre y vísceras mi salita de estar. Pues bien. Fue entonces cuando Na Hong-Jin apareció en mi vida.     

Justo ahí, mes arriba o mes abajo, descubrí a este fantástico realizador surcoreano. Casi de casualidad, como todo en la vida de este caballero de triste figura. En algún canal del cable, a alguna hora intempestiva y me gustaría pensar que en el marco de una jornada lluviosa a finales de otoño. Aunque lo más probable es que fuese en mitad de los rigores del estío y sudando cual chancho, no tanto por el calor como a consecuencia de la enésima intoxicación etílica durante la noche valenciana. Lo importante es que quedé absolutamente prendado de una suerte de policíaco a la coreana, repleto de personajes sin futuro y en donde la naturaleza de los hombres obedecía a la lógica aristotélica respecto a la maldad intrínseca del ser humano. Una película larga en cuanto al metraje pero que no se hacía larga para nada, gracias a una magistral narrativa que te mantiene pegado al asiento hasta que sale el cartelito de The End o como quiera que se escriba en coreano.    

“The Chaser (Chugyeokja)” es el film del que os hablo. Ese fue el thriller que me abrió la puerta al universo de este gran hombre. Y no solo a mí, supongo. Y es que, aunque entonces no lo sabía, la puesta de largo del por entonces joven cineasta asombró tanto a la crítica especializada de los EEUU como a la del viejo continente. Hasta el punto de que Roger Ebert, reputado crítico cinematográfico del Chicago Sun Times, se atreviera a “aconsejar” su estudio a las gentes de la industria en su país. Y que se aplicaran las enseñanzas extraídas, en lugar de caer en la tentación de filmar el enésimo remake gringo carente de interés. Véase “Vanilla Sky” (2011 - C. Crowe) como ejemplo de lo que digo. Aunque ya sé que “Abre los ojos”(1997 – A. Amenábar) no es una producción coreana y ni siquiera asiática. Pero sirva como muestra de agravio para todos los que hemos engordado visionando el universo cinematográfico cañí.    

La película en sí destaca por su tensión. También por un toque de sordidez exótica. Al menos para aquellos que aún no hemos visitado el país de nacimiento de Son Heung-Min o Park Ji-Sung. Noir malrroller repleto de giros argumentales. Protagonizado por un proxeneta con problemas de liquidez - que para más inri es un antiguo policía- preocupado por la desaparición de varias de sus fulanas. Ante la incapacidad de sus ex compañeros, nuestro anti-héroe se las tendrá que arreglar para seguir las pistas que le lleven a resolver el asunto. O más bien a entender que es lo que hay en ese agujero infecto que aparece al fondo. Respetando o no la ley a su conveniencia, claro está. El caso es que la historia se va enroscando y por allí empiezan a desfilar una serie de elementos que mejor no desvelaré para no joderos el visionado.

Tremenda película que, sin embargo, no me hizo seguir a su director. Supongo, aunque sinceramente no me acuerdo, que investigaría algo y al ver que era un debut lo dejé estar. O quizás me topé con los nombres de sus dos cortos previos. Inencontrables aún hoy día. Aunque nada justifica que le perdiera la pista hasta que, por sorpresa, me topara con “El extraño (Goksung)”, a finales del 2016. Habían pasado ocho años desde “The Chaser”. Ya ha llovido.

A ver, reconozco que he tenido que revisar “El extraño” durante estos días. Y no sabéis lo que me alegro. Porque la primera vez la vi de mala manera, en una tablet y desde algún lugar inapropiado. Con imágenes mejorables, un sonido para nada envolvente y subtítulos que aparecían y desaparecían como los ojos del Guadiana. Con todo, la sensación general fue positiva. Me gustó principalmente ese ambiente enrarecido que tanto remite al film anterior. Aún así y por las dificultades  mencionadas, la cinta se me hizo un pelín cuesta arriba por lo larga, que lo es y mucho. Ciento cincuenta y seis minutos. ¡Ahí es ! Sin embargo, recién revisada en mi residencia quilpueína, hasta se me hicieron cortos. ¡Qué puta maravilla de película, por Dios!   

“El extraño” o “The Wailing” en el ámbito guirófilo, también tiene como trasfondo una investigación criminal. Va sobre unos asesinatos salvajes que se están produciendo en alguna zona de la Corea más rural. Na Hong-Jin añade una serie de elementos novedosos que se salen del molde tradicional del thriller y entroncan directamente con el género de terror. Supersticiones y supercherías a cada cual más burda y que remiten al mundo de lo sobrenatural. Y con un ermitaño de origen japonés en el centro de todo eso. Bueno, con el mencionado “extraño” pero también con un policía y padre desesperado, presto a darle pelea al mismísimo diablo. Santería, espiritismo, chamanes, posesiones diabólicas y sobre todo muchos miedos e ignorancia de paleto. Y lluvia, mucha lluvia. Y una atmósfera acojonante. Magnífica en lo estético y con un despliegue visual despampanante. Con un empleo magistral del suspense que nos mantiene en vilo durante cerca de tres horas. Y expandiendo las posibilidades del género con esos devaneos más propios del cine de zombis o hasta de la cosa gore. No me extraña su premiación en el Festival de Sitges.  
Y ya por último hablaros de “The Yellow Sea (Hwanghae)” del año 2010. Cronológicamente el segundo largometraje filmado por Na Hong-Jin, si bien es el último que yo he visto. También en el cable y por casualidad. ¿Cómo no? Ahora sí en el marco de una deliciosa tarde de lluvia y frío en pleno invierno austral. ¡Ah! Y sin resaca de por medio. Con mantita y agua de jengibre, que hay que cuidarse. La epopeya de un taxista reconvertido en asesino a sueldo, que se enreda con la mafia más violenta de oriente. La que hace sus negocios en y desde la prefectura autónoma coreana de Yanbián, fronteriza con China y Rusia. Acosado por las deudas, el hombre acepta asesinar a alguien como último recurso para cubrir las necesidades de su familia. Para ello tendrá que viajar hasta Seúl donde, en principio, también reside su esposa de la que no tiene noticias desde hace un tiempo y casi mejor. De ahí en adelante os lo podéis imaginar. Y si no pues mejor para vosotros. Más os sorprenderá.
  
Me ha encantado la peli, la verdad. Una historia que, aunque al principio no lo parezca, también es un thriller. Pero con fuerte calado social en este caso. Es evidente la mirada crítica hacia la pobreza y marginalidad que divide a los habitantes de estos países hermanos. Con una frontera al medio que es la que forja a esos seres humanos endurecidos y que se ven abocados a tomar decisiones traumáticas. Los marginados joseonjoks, chino-coreanos que solo pueden optar entre delinquir o malvivir. Como nuestro taxista ludópata. A la postre el responsable de llevar a cabo las pesquisas pseudo-policiales que hacen avanzar la trama, al igual que le ocurría al proxeneta de “The Chaser”. Y es que al amigo Na Hong-Jin le pone la cuestión policíaca. En este caso planteándola de una forma más clásica. En parecidos términos a los de la mencionada “The Chaser”, pero no tanto respecto a “El Extraño”. Poniendo énfasis especial en esas escenas de violencia física que, si bien están presentes en toda su filmografía, aquí son más exageradas y auténticas. Y es que en “The Yellow Sea” asistimos a un espectáculo de martillazos, hachazos y cuchilladas que bordean el límite de las leyes de la física. En línea con películas como “Oldboy” (2003 – C. Park). Sin embargo y a diferencia de esta última -y del cine de Park Chan-Wook en general-, no hay gratuidad aquí. Como tampoco son impostadas unas escenas de persecuciones, que para nada desmerecen a las rodadas en Hollywood por gentes como Michael Mann.

Dos horitas y pico más de divertimento garantizado por obra y gracia de este gran director. Otra gran película firmada por este realizador surcoreano. Aplaudida en Cannes y también en Sitges, en donde además se llevó el premio a la mejor dirección. A ver que nos regala este hombre en el futuro. Ojalá la espera no sea tan larga esta vez.
   

domingo, 10 de junio de 2018

Otra tanda de discos más o da' best albums of 2018 pa' este menda (so far) - 2ª parte

Stephen Malkmus & the Jicks “Sparkle hard”

El séptimo disco del que fuera líder de Pavement tras salir de su zona de confort, nos devuelve a ese Malkmus irónico, inteligente y en ocasiones sincopado, que ya brillaba en “Wig out at Jagbags” o en “Real Emotional Trash”. Aunque nunca de forma tan brillante y sobre todo con la solidez que nos muestra aquí. Este “Sparkle hard” conjuga el preciosismo folkie con la psicodelia marca de la casa, respetando el glorioso legado de Pavement–en cortes como “Shiggy” de forma más que evidente-. Eso sí, alejándose del noventerismo lo suficiente como para que nadie tenga la tentación de acusarlo de perseguir glorias pasadas. La verdad es que no acogía con tanto entusiasmo un nuevo trabajo de este mozo desde su álbum homónimo tras la disolución de Pavement. Un disco que, por cierto, acabó por aburrirme. No creo que me pase igual con este. ¡Si hasta la colaboración de Kim Gordon en esa especie de boutade que es “Refute” me parece maravillosa!

Daniel Avery “Song for Alpha”

Le estoy cogiendo yo el gustirrinín a eso de los paisajes sonoros, la verdad. Si bien, siendo rigurosos, este disco no es propiamente un exponente de esa fórmula. De hecho algún purista me espetaría, no sin razón, que esto ni se le acerca. Es techno oscurete y repetitivo, lo acepto. Con todo, la manera con la que yo estoy disfrutando de él, o mejor dicho, el como he ido dejándome embargar por esta suerte de electrónica relajada y hasta sensual, me genera idénticas sensaciones a las de escuchar a David Cordero por poner un ejemplo. Vale, siempre y cuando me hubiese tomado un tripi en alguna rave y estuviera de bajón. También lo acepto. Porque el nuevo trabajo del diyéi y productor londinense recuerda más a Autechre y a los primeros –y no sé si últimos ya que me borré de esa historia- Aphex Twin. Estructuras machaconas que se envuelven en un reverb grandilocuente y con unos sintetizadores que en ocasiones evocan el universo sonoro de “Blade Runner”. De hecho este álbum podría ser una versión alternativa un tanto más bailonguer y trallera de la mítica banda sonora de Vangelis. Estoy muy loco, lo sé.

Dream Wife s/t

Me ha costado reconocerles el mérito a estas jovenzuelas de Brighton, en la Pérfida Albión, que practican una suerte de punk-rock con muchísima actitud. La de pegarte con la guitarra en toda la cabeza, para que me entendáis. Cierto es que sus composiciones aparecen trufadas de momentos en los que, tras bajar el pistón, derivan hacia sonoridades un tanto más poppies que le van de perlas al conjunto. Pero bueno… A lo que iba. La cosa es que en varios sitios pintaban este debut poco menos que como el disco del año. Y hombre, como que tampoco tanto. De ahí mi natural alejamiento respecto a un trabajo que, retomado tardíamente y casi a regañadientes, me parece de notable alto. El trío británico – islandés nos ofrenda un álbum con once cortes que dejan sin resuello y en los que no hay material de relleno. ¿“Love without reason” quizás? ¡Los cojones! Por cierto, mención muy especial para la vocalista Rakel Mjöll, alumna aventajada de la escuela Kathleen Hanna de Riot Grrrls y sin cuya participación nada sería lo mismo.

Els Jóvens s/t

No podía faltar por aquí la original propuesta de este súper grupo valenciano que, partiendo de la rica tradición de la tierra que les/me vio nacer, es capaz de actualizarla de una forma muy digna, deslizándose a través de los senderos del pop. Y es que el disco de debut de la banda de Sant Vicent del Raspeig no es un mero homenaje a jotas valencianas y cants de batre. Tampoco cae en el insípido revival tan presente hoy día en esta, en aquella y casi en cualquier latitud. Es un álbum de pop cantado en valenciano y rico en instrumentación -tradicional y no tradicional-, con unas letras muy curradas en las que se refleja un imaginario propio que me resulta bastante próximo. El fantasma de Al Tall está presente y aún más el de Pep Laguarda i Tapineria, como máximo exponente de esos músicos valencianos que bebieron de la tradición para hacerla propia en sus canciones. ¿Algo de Caetano, Kiko Veneno y hasta del maestro Dylan? ¿Por qué no? Todo en once cortes con temáticas contemporáneas entre los que destacan un bonito homenaje al futbolista Paco Alcacer o una curiosa versión de los Magnetic Fields -“Crec que em falta un cor nou” – ¡Ah! También incluye un recadito para el primer presidente negro en la historia de España. Ya sabéis a que delincuente me refiero.

Toundra “Vortex”

¿Qué decir de lo nuevo de Toundra? Pues que “Vortex” es otro de los firmes candidatos a álbum del año para esta bitácora. Y es que, aunque parezca imposible y necesariamente lo sea en algún momento, la banda madrileña lo ha vuelto a hacer. Vamos, que se ha vuelto a superar con este, su quinto largo en una ya épica trayectoria dentro del competido mundo del rock instrumental, el metal progresivo, el post-rock o como rayos queramos definir su sonido. Siguiendo sus propios pasos y sin alejarse de aquello para lo que nacieron, Toundra confirman de manera definitiva su ingreso dentro de la élite post-metalera mundial. Al mismo nivel o hasta por encima de muchos de sus referentes. En lo que al disco se refiere señalar que está algo más próximo en intensidad al que fuera su tercer trabajo y un tanto más alejado del (II). El caso es que da igual. Parecen bendecidos por el santoral en pleno. “Vortex” no tiene desperdicio y es difícil elegir cuál de sus ocho cortes es mejor. Ahora mismo escogería “Tuareg” y ese apoteósico cambio de mitad hacia el final y también el single Kinston Falls” que tiene pinta de sonar como un trueno en el directo. Bueno, al igual que “Cruce Oeste” ¡Qué coño! Vale, lo sé, estoy salivando con la idea de verlos en directo de nuevo.

Dumb “Seeing green”

Yo que pensaba que había descubierto la pólvora con esta joven banda de Vancouver y el que creía era su debut discográfico. Y mira, resulta que no. Los gachones llevan ya un tiempo en la brecha y con éste, tres álbumes en la mochila. El caso es que ando bastante pegado a este “Seeing Green” desde que escuché a su vocalista, un tal Franco Rossino, explicar que el álbum gira en torno a la figura de un joven confundido y cabreado que, sin darse cuenta, es víctima del mismo condicionamiento capitalista en el que todos los occidentales somos criados. Menuda gilipollez, ¿no? Vamos, que el discurso no podría ser más huero. Pero bueno, gracias a esa mierda de declaraciones me llamaron la atención. Y menos mal, porque me encanta su rollo. Esa fórmula que va entre los Devo más rockers y, por poner a alguien más de ahora, los Ought del gran a la par que escuchimizado Tim Darcy. Algo del macarrismo de los Parquet Courts también les veo, pero igual es cosa mía. El caso es que hete aquí con catorce canciones que suenan urgentes y atemporales. Envueltas entre ritmos nerviosos y algo aceleradas, con sus buenas dosis de riffs de guitarra y un desempeño martilleante a cargo del batería. 

Frigs “Basic Behaviour” 

Estos también son de Canadá, pero de Toronto como los Raptors de Serge Ibaka y DeMar DeRozan. Al igual que Dumb, tampoco son nuevos pero casi. El álbum ya llama la atención desde esa impactante portada con una chica de espaldas y desnuda, encadenada dentro de un acuario en el que hay unas calas flotando. Esa sensación de incomodidad y hasta de mal rollo es la que logran trasladar en una decena de cortes de ambientación densa a los que hay que sumar unas letras tremebundas obra de su lideresa Bria Salmena. Melodías oscuras, incluso pesadas, construidas a base de riffs repetitivos que se contraen y hasta tiemblan, a los que sumar un bajo machacón, onda post-punkarra, con la voz de la mencionada Salmena como guinda. Una señorita que, en muchos momentos y a causa de la dicción, me recuerda a Jehnny Beth de Savages. Sobre todo en “Waste”, en donde también destaca ese gorgoteo nirvanesco etapa “Bleach”. Aparte de este tema, me maravillan “Taking Pictures” o “Doghead”, a la postre mi favorita de todo el álbum. También “Solid State” y esa línea de guitarras que me recuerda un poco a las reaparecidas Breeders, pero cuando molaban. O por qué no, el onirismo de “Gemini”. Un pedazo de disco, sí señor.

Titus Andronicus “A productive cough"

No hay tres sin cuatro que diría aquel…  Si se inventara el refrán, claro está. Aunque bueno, si prescindimos del resbalón que supuso -a mi parecer- “Local Business”, este sería el tercer gran álbum en la trayectoria de la banda de New Jersey. Vale que este “A productive cough” me parece inferior a “The most lamentable tragedy” y al superlativo “The Monitor”. Y es que era muy difícil mantener el nivel. Con todo, siguen manteniendo ese espíritu de borrachera, entre el punk más macarra y el folk americano, que viene siendo su seña de identidad desde los comienzos. Lo cual no es poco. De hecho es mucho. Conste también que entré raro en el disco. Como me ha pasado en casi todos sus discos. En este caso andaba un tanto escamado tras leer que esto iba a ser un disco de baladas. Que Patrick Stitckles quería dotarlo de un enfoque más suave, evitando así la proliferación de esos himnos roqueros que trufan sus anteriores trabajos. ¡Los cojones! Bueno, lo de mis atributos va por el asunto de las baladas. Lo otro puede que sea verdad. De hecho “A productive cough” es más clásico, por definirlo de alguna manera. ¡Incluso versionan el “Like a Rolling Stone”! Ahí es . Pero bueno… Lo cierto es que “A real talk” y “Home alone” no serán himnos, pero como si lo fueran. Tremendas canciones. Como a otro nivel ese bonito cierre que es “Mass transit madness (Goin’ loco)”.

Marmozets “Knowing what you know now”

Buen pepino el que nos ofrecen las metalizadas gentes de Roadrunner. Y en parte extraño. Y es que estamos ante un tremendo disco de post-hardcore con voz femenina al frente. La de Becca Macyntare quien junto a su hermano Sam lidera esta banda nacida en West Yorkshire hace no mucho. Lo de extraño lo decía por la presencia de la vocalista y no me tildéis tan pronto de machirulo que ahora os lo explico. Vamos, que para alguien tan acostumbrado como este menda a una escena en la que los desempeños vocales corren al cargo de tiarrones como Jakob Bannon de Converge o el tipo de Gallows, esto le descoloca. Para bien, se entiende, por eso aparecen en este listado. También es verdad que este “Knowing what you know now” no es exactamente un disco de hardcore. O no es solo eso. Es rock súper vitaminado y mineralizado que diría Súper Ratón. Moviéndose como pez en el agua entre la propuesta de las bandas mencionadas más arriba y otra más suave si queréis, que podría venir representada por gentes como los Blood Red Shoes. Eso sí, si esto últimos tomaran anabolizantes. En todo caso, la sombra de estos paisanos es más que evidente en temas como “Major System Error”, sin duda el principal aspirante a jitazo del álbum.   

Indignu [lat.] “Umbra”

El cuarto largo del colectivo de Barcelos es, probablemente, lo mejor que han grabado hasta el momento. Y ya es meritorio tras aquel fantástico “Odyssea” que presentaran en 2013 y con el que les conocí, Bboyz mediante. Disco que, como su propio nombre indica, resulta oscuro y hasta tenebroso. Desde luego bastante más que sus predecesores. No es para menos, teniendo en cuenta de dónde surge la inspiración. Ellos mismos han declarado que estas seis piezas, principalmente instrumentales, recogen todo el dolor y la profunda tristeza generada por todas aquellas almas arrasadas por el fuego en los incendios acontecidos en Portugal, durante el verano de 2017. Así se explica que les haya quedado este trabajo de tintes apocalípticos, repleto de guitarras furiosas y también de esas orquestaciones grandilocuentes que ya aparecían en “Ophelia”. Aunque ahora estén más presentes y produzcan un efecto desgarrador. Además, como novedad y en orden a apuntalar ese mensaje entre doloroso y nostálgico, en dos de los cortes –“Nem só das cinzas se renace” y “Levitação do Sahara”- incorporan las voces de referentes de la actual escena musical portuguesa: Manel Cruz y Ana Deus. Estremecedor el primero de ellos.

Khruangbin “Con todo el mundo”

Brillante nuevo trabajo el que nos presentan estos virtuosos del rock ambiental, la psicodelia, el soul internacional y hasta el funk. Álbum sophomore, por seguir la jerga del deporte profesional gringo. Un discarro al que le he pegado numerosas vueltas de un tiempo a esta parte y que se erige como disco de confirmación. Y es que tras aquel interesante “The Universe smiles upon you” en el que el trío de Houston se inspiraba en el thai-funk de los sesenta, ahora completan y hasta perfeccionan su sonido a la vez que amplían horizontes. Porque este “Con todo el mundo” se mueve más hacia el sonido funk y el soul con tintes arábigos o saharianos. Le veo cosas incluso del pop gabacho sesentero. El caso es que la ecléctica fórmula con la que los texanos hicieron fortuna no permanece intacta, pero sigue mostrándose bajita de revoluciones, que no sosegada, lo cual se agradece y mucho. Según cuenta la bajista Laura Lee, la historia tras el título del álbum viene de su abuelo. ¿Cómo me quieres? Le preguntaba este cuando era una cría. “Con todo el mundo” respondía ella. Y en ello que andan. Dejándose influenciar a lo largo y ancho del planeta para definir un sonido que es muy accesible pese a lo alejado y variopinto de las fuentes de las que se nutre.  

Mint Field “Pasar de las luces”    

Más allá de Julieta Venegas, de los narco-crímenes y de las jodidas pipas Tijuana - que creo no son de allí- la capital de la Baja California también es capaz de ofrecer cosas bonitas. Es el caso de este hipnótico elepé titulado “Pasar de las luces”. Segundo largo al cargo de un par de veinteañeras a las que yo ubicaba en Seattle, vaya usted a saber por qué. Envolvente trabajo con el que me lo he pasado pipa tumbado en la cama, cuando los días de frío y lluvia comenzaron a asomar por estas latitudes. Compuesto por nueve cortes que transitan entre el shoegaze, el dream pop e incluso el mundillo lo-fi, su sonido remite a bandas como Slowdive, Cocteau Twins o This Mortal Coil. También le encuentro referencias a cosillas más actuales, por ejemplo lo que hacen DIIV. Siento que en “Pasar de las luces” la nostalgia y la belleza campan a sus anchas, generando una bonita conexión con las cosicas de adentro. Y eso mola. Un vibrante compendio de sonidos de antaño, repleto de cadencias lentas y ambientaciones oscuras que hará las delicias tanto de los degustadores del buen pop, como de los adictos a la darkwave. ¡Y qué viva México coño!          

Human Tetris  “Memorabilia”

También quedé prendado de este “Memorabilia”, segundo largo de la formación moscovita Human Tetris y primero tras su refundación. Y es que el largo periodo de reflexión autoimpuesto y la necesaria incorporación de nuevos miembros, les ha venido la mar de bien. Por lo pronto han parido un álbum que, si bien sigue el esquema de los EPs precedentes y de aquel interesante “Happy way in the maze of rebirth” de 2012, ofrece una mayor riqueza compositiva. Y sobre todo que suena más maduro. La cosa sigue fluyendo entre el shoegaze y el post-punk a la rusa que sería la manera de definir un inconfundible sonido surgido de las calles de Moscú. Entonando en inglés, eso sí. Ruidos elegantes, sintes ochenteros, ecos a Joy Division y/o Interpol –“Long Flight”-, a The Cure “A company”-, aunque más a los Smiths creo yo –“Another day”, “Warm memory”-. ¿Cómo no te voy a querer?        

Parquet Courts “Wide awake!”

Los discos de Parquet Courts y sus miembros molan todos, no nos vamos a ir por las ramas. Da igual que esté la familia en pleno, o los hermanos Savage junto a Daniele Luppi –más Karen O-, o que Andrew vuele en solitario, o que junto a Austin Brown y otros “fichajes” monten algún quilombo bajo la etiqueta Parkay Quarts… Todas sus mierdas huelen bien y es un don que les ha otorgado Dios. Alabado sea. Así que cuando antes lo aceptemos mejor para todos. Este “Wide awake!” no podía ser la excepción. Señalar que la incorporación a las labores de producción del conocido Danger Mouse no ha supuesto ruptura alguna en el sonido de la banda. Y yo que lo saludo, a pesar de haber leído cada cosa por ahí… El inicio del álbum con ese himno macarra que es “Total football” no podría resultar más representativo de esto último. Una de las mejores canciones del álbum, por cierto. Junto a “Almost had to start a fight/In and out of patience”, “NYC observation”, “Tenderness” y ya en otra línea mucho más funky, “Violence” o hasta la que da nombre al álbum. Bueno, en otra onda algo más relajada están “Mardi Gras Beads” y ese experimento organístico llamado “Before the water gets too high” que también son súper chulas. Y las seis restantes. ¡Qué coño! ¡Larga vida a la incontinencia creativa de esta peña!             

Dylan Carlson “Conquistador”

Siendo gran fan de Earth - banda madre de este gachón que aunque solo fuera por el descomunal “Hex; Or printing in the infernal method”, ya debería entrar en el Hall of Fame de la música- no le había prestado atención a los discos que el colega del KurtCo firmaba con su nombre y apellido. Y eso sabiendo que Earth es básicamente el proyecto en solitario Dylan Carlson. Su único miembro constante y quien realmente corta el bacalao en ese glorioso artefacto, referente del drone universal. Eso hasta ahora, cuando que me he topado, casi por casualidad, con este fantástico “Conquistador” con el que el artista de Seattle amplía horizontes. El propio Carlson reconoce que el álbum es una continuación de aquel “Concrete desert”-nº 15 en mi lista de álbumes 2017- ejecutado a dos manos junto al productor británico The Bug. Y es fácil apreciar esa continuidad a pesar de sonar tan diferente. El disco está estructurado en cinco cortes a base de riffs lentos e incendiarios que definen unos ambientes arenosos, casi desérticos y que podrían ser perfectamente la Mexámerica dibujada en las novelas de Cormac McCarthy. Tremendo el primer corte – ¡de más de trece minutos!- y “Scorpions in their mouths”. Y muy bonita la portada con su esposa Holly de perfil. Quien además participa del álbum al mando de la percusión. No sorprenderá a los acólitos a la causa. Ni falta que hace.         

 Arctic Monkeys “Tranquility base hotel & casino”

¡¡¡Booooomba!!! Pues sí tíos, soy uno de esos a los que “Tranquility base hotel & casino” les parece un discazo. Y parafraseando a Iñaki Sáez “me importa treinta y tres” lo que opine la prensa seria. ¿Que no tiene nada que ver con lo que hacían hasta ahora? Obvio. ¿Qué os decepciona el nuevo material? Pues para resolver eso tenéis un par de opciones: Poner a rodar sus discos anteriores en sesiones non-stop hasta que se os pase el berrinche, o directamente fingir que este nunca ha existido. O las dos. Elija su propia aventura. ¡Y ojo! Me siguen gustando más los Arctic Monkeys de “AM”, lo reconozco. Pero este cambio de registro con Alex Turner a la pianola, acicalado cual dandi en una peli de James Bond y bebiendo los vientos por el Bowie de “Station to Station” me parece tremendo. Ea! Y ahora zurradme si queréis. Ya de paso os diré que a mí el “Whatever people say I am, that’s what I’m not”, el “Favourite worst nightmare” o el “Humbug” no me dicen una mierda.  El “Suck it and see” sí que lo tolero y al “AM” lo adoro. En definitiva que este es el segundo en mis preferencias, ¿os queda claro? ¿Os parece bien? Ale... I a plorar a l'era.       

Niño de Elche “Antología del cante flamenco heterodoxo”

Detrás de un título aparentemente presuntuoso y hasta pedante, se esconde una auténtica maravilla que pone patas arriba, nuevamente, el anquilosado mundo del cante. Pantagruélico álbum doble o triple –según formato- compuesto por 27 composiciones del flamenco más revolucionario y transgresor que jamás se haya hecho. Y es que el compadre se siente comodísimo en su papel. Desfilando entre palos, siempre adaptados y hasta reinventados conforme a su particular imaginario, que va desde Shostakovich hasta José Val del Omar, pasando por Tim Buckley, Mikel Laboa, Lola Flores y hasta Guy Debord. Fandangos, peteneras, seguiriyas, malagueñas, saetas, tanguillos, polos, martinetes y también rumbas o hasta una canción de cuna, siempre pasado por su prisma y cantadas con esa gloriosa voz con la que su madre lo trajo al mundo. Con esta antología, Francisco Contreras parece dejar atrás aquello del kraut-flamenco –penosa etiqueta que no sé a quién se le ocurrió- para demostrar que lo suyo es flamenco a secas. Renovador y lleno de referentes contemporáneos, cierto, pero fiel al excelso patrimonio legado por el género musical más español. Con todo, lo más acojonante del zagalón es cuando se pone político. En este disco casi siempre. Escuchad “Recitando a Eugenio Noel”. Tremebundo es poco.                
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C O D A


Pues mira... Respecto a Baikonur y su “Nihil per saltum” y al “Boarding house reach” de Jack White, necesito darles su tiempo. Le he pegado un par de escuchas a cada uno y requieren más atención. Pero ambos prometen. 
La vuelta de A Perfect Circle pues como que no. Ya ni siquiera me parece que “Disillusioned” o “TalkTalk suenen tan de coña como dije la otra vez. Lo he intentado pero Dios sabe que no he podido. Mil perdones. Esperemos a ver qué tal el nuevo material de Keenan junto a su banda madre, los seminales Tool. Si es que nos regalan de una puñetera vez lo que vienen tanto tiempo prometiendo. Aunque no confío mucho. 
Tanto el de Desperate Journalist como el de Spielbergs son bastante chulos. Sobretodo el primero, que sigue la línea del “Grow up” –Nº19 en mi lista de álbumes 2017- . Pero son EPs y por algún motivo he prescindido de formatos cortos para elaborar esta entrada. De lo contrario hubiera tenido que tomarlos en cuenta junto al de José González & the Brite Lites, el de Osorezan, el de El Último Vecino y hasta el de Protomartyr (aunque de este tan solo escuché una canción… je je). 
Como ya se intuía con “El Sol”, anticipo del nuevo álbum de Will Haven, “Muerte” es buena mierda. A reventón, como siempre. Con todo, tanto este como el de Between the Buried and Me los guardo para próximas entregas. No tengo el cuerpo para metaleros ahora mismo. 
Y ya por último me queda el proyecto entre Tórtel y Alberto Montero, del cual os dije que me había sorprendido gratamente alguna canción. Al final no he llegado a escuchar integro “Alucinados”, que es como se titula la colaboración. También es verdad que ahora mismo hay un disco de Alberto sobre la mesa y con bastante mejor pinta: “La catedral sumergida”. Veremos.

Y eso es todo. Creo

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