Pues
mira tú por donde que hoy, día de San Judas y de San Simón -el
simpaticón- toca hablar de Robertson Davies, famoso crítico,
conocido periodista, señalado profesor y por encima de todo egregio
escritor que, inexplicablemente, aún no se había asomado a este
ventanuco internetil. Alguien que pasa por ser uno de los autores
más conocidos del Canadá y a quien se ha llegado a comparar con
Charles Dickens y John Irving. Y todos estos parabienes se deben,
principalmente, a las afamadas trilogías firmadas por Davies a lo
largo de sus más de cuarenta años de trayectoria. Con una mención
muy especial para aquella que parte de un poblacho llamado Depford y que
está integrada por “El quinto en discordia”, “Mantícora” y
“El mundo de los prodigios”. Tres libros publicados en la década
de los setenta y que condensan lo mejor -y supongo que también lo
peor- de la obra de este ilustre barbudo.
El
caso es que la historia gira en torno a un misterio, el que envuelve
la muerte de un magnate remolachero llamado Boy Staunton. A partir de
ahí se teje una trama que involucra, fundamentalmente aunque no
solo, a tres personajes cuyo destino queda sellado por una pelea
infantil con bolas de nieve. Los tres nos ofrecerán su punto de
vista sobre quién mató al exitoso self-made man. Comenzando por
Dunstan Ramsay, amigo de la infancia del muerto y primer narrador.
Aquel que protagoniza ese quinto en discordia que abre la serie y que
es considerado por la crítica como la cima de la obra literaria de
este narrador nacido y criado en Ontario. Valoración a la que, por
supuestísimo, me sumo. Aunque eso no es más que el pistoletazo de
salida a este particular y por momentos exuberante ejercicio
literario repleto de sorpresas y misterio, hasta cuadrar el enigma
que le da sentido.
La
Trilogía está llena de personajes complejos con algunas luces y
otras tantas sombras, encuadrados en esos momentos de la historia del
mundo que hoy consideramos claves. Robertson Davies nos introduce,
por boca de ellos, en una serie de interesantes reflexiones y
pensamientos, perfectamente enlazados a los dramas personales, los
conflictos sociales y religiosos, los valores culturales, las
costumbres y la implacable moral de la época que genera monstruos
allá donde no los hay. Además, a lo largo de sus más de 1200 páginas
asistiremos al fantástico y sórdido mundo del circo, al extraño mundo del ilusionismo
y hasta al psicoanálisis. También conoceremos a gente extraña,
cuando no diréctamente freaks, como Magnus Eisengrim o su excentrica
amiga Liesl, personajes repletitos de historias dignas de ser
contadas. En definitiva, una obra inmensa en la que sumergirse de forma
placentera y dejarse llevar. Solo así accederemos a los
laberínticos túneles de la historia y a sus casualidades, serendipias
y coincidencias, a los mitos y a la magia (¡mucha magia!), pasados por
la túrmix e incorporándoles una buena ración de egos y miserias.
Buena/s novela/s a las que tan solo cabe oponer un pero. Tiene que ver con cierta sensación
de que al final la cosa ha ido de más a menos. Lo que no es cosa menor, o dicho de otra manera -Rajoy style-, es cosa mayor. También es verdad que el primer
volumen de la trilogía me parece insuperable y eso, a cualquier serie,
le supone un problema con difícil solución.
Sé
que estoy desaparecido desde hace tiempo, así que disculpadme, pero
es que ando afectado por el mal de la pereza. Una dolencia acrecentada por
los rigores del estío mediterráneo, tan del gusto de demasiados,
que me ha impedido engarzar cuatro palabrejas para darle forma a uno
de los habituales textos mediocres que suelen poblar esta bitácora.
Si a eso le añadimos que he pasado una temporada expatriado y con la
agenda repleta de eventos, pues comprenderéis que esto haya estado
más muerto que Mufasa, la madre de Bambi, los padres de Tarzán y la
polla de Mr. Bobbit, todos ellos juntos pero no revueltos. Lo que no
obsta a que, a lo largo de estos casi dos meses, haya seguido atento
a cositas diversas, algunas ciertamente interesantes, siendo ahora el
momento de relatároslas. ¡Y no son pocas! Believe in me. Comenzando
por un bonito viaje trasandino del que daré buena cuenta en próximas
fechas, continuando por un par de libros y ensayos que me apetece
reseñar, algún disco del que ando bastante colgado, el conciertillo
que puso fin a mis merecidas vacaciones y hasta una interesante
exposición al cargo del mejor talento que ha deparado Noruega hasta
la aparición del fenómeno Martin Odegaard. Así que, tal cual
hiciera el pene del ex - esposo de doña Lorena, TCBUP resurge de
entre las cenizas con esta entrada…
¡Abordemos en primer lugar la
cuestión corcierteril!
Hete
aquí con el caballero Suloki, tras dos días de desvelo
interoceánico en interminable tránsito aeroportuario, infatigable
como es él, como quien no quiere la cosa, de corrido y sin pasar
por la casilla de salida, se planta en el Loco para asistir al
concierto de dos de sus galanes favoritos. Os estoy hablando, por
supuestísimo, de don Adam Stephens y míster Tyson Vogel, a la sazón
Two Gallants, dueto de folk-rock multivitaminado proveniente de la
maravillosa ciudad de San Francisco. Una banda que me enganchó allá por el año 11 por obra y gracia de maese Txarls, quien me los dio a
conocer a través de una entrada en su recomendable blog. Era cuando estos chicos
liderados por ese trasunto de Barney Stinton aka Doogie Howser “el
médico adolescente”, venían presentando su disco homónimo, el
tercero en su trayectoria y en el cual se incluye una de sus mejores
composiciones hasta el momento, “Despite what you've been told”.
Canción con la que precisamente abrieron su actuación en Valencia
el pasado viernes por la noche. Un temazo incontestable al que
sucedieron otros tantos como “We are undone”, “Incidental”,
“Fools like us”, “Some trouble” o “Heartbreakdown”, estos
incluidos en su último disco “We are undone”, amén de recuperar
jitazos como “Steady rollin'” o “Las Cruces jail” ya en los
bises, ambos cortes extraídos del que para mí aún sigue siendo su
mejor álbum, “What the toll tells”.
El
concierto, en términos generales, fue correcto. La impetuosa pareja
demostró que su fuerte son los directos, derrochando energía cual
banda de punk pese a que sus universos musicales están más próximos
al sonido de raíces. Incluso los medios tiempos marca de la
casa, sus murder ballads y esos novedosos momentos poperos de su último elepé, resonaron con fiereza sobre las tablas.
Y es que sorprende ver como únicamente dos tipos, uno con guitarra y aderezos, el otro a la batería, generan tantísimo ruido.
Con todo y con eso, tal vez porque el cansancio fue mermando mi capacidad de concentración
conforme pasaron los minutos, tuve la sensación de que la actuación fue de más a menos. Empezó pletórica, con la mencionada
“Despite...”, pero fue decayendo en intensidad, apreciando incluso cierta desgana en los músicos. Eso sin contar que
tardaron una eternidad en salir para los bises y tan solo después de un
buen rato, ante la insistencia de tres o cuatro energúmenos a los
que poco importó aporrear la puerta del camerino. Teniendo en cuenta la demora y lo escueto del retorno y que, ya en ese momento,
en la sala atronaba la música propia del post-show, me dio la sensación de que no estaban muy por la labor. Vamos, que no habían salido especialmente satisfechos del bolo. Mucho menos del comportamiento de algunos mendas que copaban las primeras filas.
En lo que a mí respecta lo dicho, dadas las circunstancias y la expectativa, prefiero haber ido. No estuvo mal, pero pudo y debió estar mejor. Confío en volverles a ver para el
desquite.
Y por
ahora eso es todo. Mañana más, si Dios quiere. Si no también.
Ya hace años que venimos asistiendo a la consolidación de una corriente
involucionista dentro del mundo del fútbol -y del deporte
profesional en general-. Salida de los laboratorios ideológicos del
empresariado más caradura y de esos chiringuitos montados por
caza-recompensas profesionales también conocidos como “agencias de
representación de jugadores”, amparada por poderosísimos grupos
mediáticos, esta ideología va impregnándolo todo. Como
representante de esos empresaurios, aquí en nuestro país tenemos a Don
Florentino Pérez, ingeniero y político además de
presidente del grupo ACS y del Real Madrid C.F. De entre los caza-recompensas
destaca el lisboeta Jorge Mendes, representante de futbolistas que
gestiona la compañía de representación Gestifute, asesora al
fondo de inversión deportivo Quality Sports Investment y colabora
con la agencia norteamericana Creative Artists Agency. Dos tipos
prepotentes, cobardes y egoístas, de los que no aceptan una crítica
y mucho menos un no por respuesta. Gente que se cree un regalo de
Dios a la Tierra y por lo tanto no están en disposición de
rebajarse a discutir con aquellos a quienes consideran currantes de
usar y tirar. Todo sea por un bien superior, su cosmovisión y su
cartera -y no necesariamente por ese orden-, a mayor gloria de su
ego.
La
última del dúo cómico hispano-portugués consistía en, una vez
destruido Casillas, una vez humillado y expulsado quien es y será
por méritos propios mucho más grande que ellos dos juntos, traerse
hasta las oficinas del Berbabéu y al coste que sea -que pa' eso pagan los
socios- a David De Gea. Un buen portero, no lo cuestiono, pero que
acaba contrato a final de esta temporada y por lo tanto queda libre para negociar con quien le pretenda. Pero las comisiones
son las comisiones compay y ahí hay demasiado botín como
para dejarlo pasar. El caso es que la “jugada maestra” implicaba
un daño colateral: la defenestración de Keylor Navas, otro buen
portero, al menos tanto como lo es De Gea.
Parecía que, como
siempre, estos dos se iban a salir con la suya. Poco importaba que el
Bernabéu se hubiera posicionado en favor del guardameta tico en la pasada jornada de liga. Tampoco el que a Keylor,
en principio, no le hiciera gracia el cambio de destino. Lo cierto es
que aparte de la visión “privilegiada” de Florentino y los
“fantabulosos” juegos de manos de Mendes poco importaba nada.
Porque al Real Madrid, o sea, a su director deportivo de facto y asociados, era esto lo que les rotava. Ese era el fichaje galáctico
para el 2015. Y ahí comenzó la guerra civil de cada veranito. Pero esta vez
y sin que sirva de precedente se han topado con otro infausto
personaje dentro de este mundillo balompédico, cada vez más asqueroso. Ese es don Louis van
Gaal, un tipo que por catadura no me explico como aún no ha sido
llamado a filas por Florentino -vía Mendes-, quien se transformó en la horma del zapato de Flo y Jor.
A
continuación viene la historia por todos conocida. El negociete por
los aires. Igualmente, la comisión de don Jorge y el ego del “ser
superior” al garete. La marca Real Madrid a tomar por culo. El
portero titular desnortado y es que, amén del ninguneo sufrido,
ahora tiene que quedarse con la mitad de sueldo que le prometía el Manchester y con el destemple de saber que está donde no le querían. ¿Y
De Gea? Pues De Gea con Van Gaal y la promesa -alegal- de seis
millones de prima por fichaje en el alero, quedando en lo económico
y en lo profesional ciertamente tocado. En fin...
Un
amigo igual o más madridista que yo me lo comentó ya hace tiempo:
"Modelo muerto, compadre". Muerto no... lo siguiente. Y es
que esto no se sostiene. Florentino y sus palmeros se han convertido
en una turba de figurantes de cualquiera de las temporadas en The Walking
Dead. El problema es que las criaturas ni tan siquiera se han dado
cuenta. Bueno, Mendes sí y vaya si saca provecho de ello.
Septiembre,
cuando se van los calores o al menos eso es lo que prometen los
hombres del tiempo tan emperifollados ellos en su micro espacio
informativo. Es además el mes en el cual algunos iniciamos las
vacaciones, aunque no tú, que ya estás de vuelta dispuesto a
padecer ese neo-mal bautizado por alguna estrella de la
psicología del papel cuché como “estrés post-vacacional”.
Septiembre y el pistoletazo de salida para que los coleccionables de
tacitas, daditos, muñequitas y hasta clásicos de la literatura
grecorromana invadan los kioscos de vuestros villorrios. El mes del
buen rollo, en el que es obligado plantearse buenos propósitos,
alabados por todo quisque cual verdad inmutable, como ir al gimnasio
para compensar los desmanes del verano o dejar de fumar. También es,
y esto me parece más interesante, época de grandes lanzamientos
discográficos como los que os presento a continuación. Una SulotK
con un poquito de tó y un muchito de ná. No hay espacio en ella
para Jennys Farlópez ni para Justinbivers... Solo buena
mierda, como siempre, que de eso se trata. Colóquense con ella, pero no
abusen. O sí, ¡que coño! Pa' eso está...
Se
me había olvidado comentar que el viernes estuve en esta movida. La
organizaba la peña del Magazine, en su impagable labor en pos de
regalarnos un verano mejor a todos esos pringaos que tenemos que
pasar el agosto en este horno also known as Valencia. Tres bandas
de la terreta que me vio nacer practicando esa suerte de fórmula
entre punkarra y garajera tan del gusto por estos pagos. Primero los
veteranos Retraseres con su "punk hecho por y para mongolos". Y la peña
se lo pasó de la hostia con ellos, la verdad. Muy especialmente esos
vietnam veterans que poblaban las primeras filas. Luego saldrían a
escena unos algo más conocidos Caballo Trípode. Quienes, al final
de la carrera y siempre en mi (poco)humilde opinión fueron lo
mejor de la noche. Sorprendentemente en mi caso, ya que su música enlatada y especialmente "Totum Revolutum", me deja bastante frío. Por
último asistimos a la reunión de Los Tracahombres con el polifacético y
pluriempleado don Rogelio J. (Tumba Swing, Aullido Atómico) al
frente y con Uba Fambuena (Cuello) al bajo (además del veterinario
de mi barrio aporreando los teclados). Lo pasamos bien, lo que no es poca cosa. Y esquivamos el chaparrón, eso también.
Fa
calor... és veritat. Però estem en estiu, que volíeu? Per
això ací vos deixe ací la nova SuloTk, fresqueta i plena de
cançonetes d'eixes que quitan el sentío. Les millors que podreu trobar a
tota la uorluaidueb... Una peaso compilasió de grupasos en peaso
discos a l'esquena... y en la que no tienen cabida todas esas mierdacas
que tenéis a bien en degustar a los pies del infecto chiringuito
playero, en esa maravillosa piscina caldufa en la que hay más orines por metro cúbico que en el orinal de un viejo, amén del resto de antros repletos de gentes de mala vida y peor veraneo a los que soléis arrastrar vuestros culos de vacacionante.
...y como diría cierto cabroncete, a este discurso arrogante en el cual desprecio abiertamente el criterio musical de
todo quisque e incluso vuestro concepto del estío, lo llamaré "mi humilde opinión" y le daré
forma de widget del Spotify. Ea!!! Un jefazo, that's what I am... y lo sabes.
La
rebeldía es la calidad del rebelde, la cualidad de quien se opone a
la autoridad de forma activa o pasiva, del que se levanta ante la
injusticia. Todos estamos en la obligación de ser rebeldes de una u
otra forma. Es una obligación moral. Un deber para con nosotros y
nuestros semejantes. Es por ello que debemos oponernos a los actos y
procesos de los que tenemos plena consciencia sobre su ilegitimidad.
Y ya sé que parece de perogrullo y hasta puede que lo sea, pero no
viene mal recordarlo en estos días aciagos que nos toca vivir.
"Yo
soy rebelde porque el mundo me ha hecho así, porque nadie me ha
tratado con amor, porque nadie me ha querido nunca oír" que cantaba
una afectada Jeanette. Rebelde porque no hay otra manera de vivir en
este mundo plagado de injusticias. Debes serlo porque sino acabarás
convertido en un tiralevitas, confirmando aquello
de que este es el país del vivan las caenas.
Todo
eso y mucho más debieron de pensar los autores de los relatos
incluidos en "El modorro y otros cuentos libertarios".
Personajes con orígenes y de trayectorias tan dispares como Rafael
Barrett, Blasco Ibáñez, Flores Magón, Ernesto Herrera, Baldomero
Lillo, Juan José Morosoli, Pi y Arsuaga, Azorín, Pi y Margall,
Teresa Claramunt, Ricardo Mella, Herminia Brumana, Joaquín Dicenta,
Octavio picón y Joan Salvat Papasseit.
Y
es que detrás de una preciosa portada firmada por Manuel Sáez,
encontramos veinte historias escritas entre finales del XIX y
principios del XX, cuyo hilo conductor tiene que ver precisamente con
el concepto de rebeldía. Con el ansia de libertad. Cuentos
libertarios, como reza en el título, que reivindican ese valor
esencial e imprescindible para cualquier sistema democrático.
Cuestión esta que demasiados y no solo con el affaire "Grexit",
parecen haber olvidado. Y es que la libertad no es eso con lo que se
llenan la boca Rajoy & Cia día sí y día también, para goce de
sus huestes y demás acólitos. Lo que estos cuentos plantean no son
cosas rescatadas de un pasado lejano y ya olvidado, sino cuestiones
que, a veces de forma diferente y otras no tanto, siguen candentes. No hace falta acudir hasta las escalinatas del Partenón para darse cuenta
de ello.
Además
de la referencia a los historetistas y a Manuel Sáez, es de justicia mencionar al
resto de artistas gráficos. Y es que las fantásticas ilustraciones de David Gálvez, Jorge Pablo Hernández, Santiago
Larrosa y Javier Lapuerta engrandecen aún más el impacto de los relatos que introducen.
Una gran lectura veraniega. Compradlo y por supuesto leedlo. O leedlo y después compradlo. Supongo que aquí también opera la milonga aquella de la propiedad conmutativa. Digo yo...
Cuenta
Suetonio que la expresión era empleada con fruición por el
emperador César Augusto en sus conversaciones familiares. Con ello
daba a entender que alguien no pagaría nunca su deuda. Más que nada
porque no puede cumplirse un plazo que está destinado a no
cumplirse. Y es que los griegos clásicos no contaban
el tiempo en calendas. Y lo que no puede ser pues no puede ser y
además es imposible.
No sé si Mario Draghi, el demente presidente
del BCE, pertenece a la estirpe de los julio-claudios pero, de ser
así, es evidente que no ha heredado los conocimientos de "el
divino". De los corruptos Lagarde y Juncker, directora del FMI y
Presidente de la Comisión respectivamente, mejor ni hablar. Esos son
unos cachondos. Con los anhelos y esperanzas de los demás, clar clar... Como frau Merkel y su
perrito faldero -aka el Presidente del Eurogrupo- Jeroen
Dijsselbloem...
Pero
todos estos malages no van a amargarme la existencia. Lo que no ha
conseguido la plaga de mosquitos que asola mi hogar, ¡ni siquiera la
jodida ola de calor!, no van a lograrlo estos profetas del
austericidio para pringaos. Así que, Ότι καθάρματα εσείς
σκατά. θα το ξεπεράσουμε. Dicho con
música, por supuesto...
Íñigo
Domínguez es vasco y además reside desde hace mucho en la bella
Italia. Es más, según parece, su relación con el país que le vio
nacer, se limita a pasar las vacaciones en familia y visitar a los
amigotes de la infancia. Cuando este corresponsal de El Correo en
Roma decidió embarcarse en el proyecto del que ahora os voy a
hablar, llevaba la friolera de siete años fuera del territorio
nacional. Y según el mismo reconoce, apenas si conocía la costa
mediterránea, más allá de que, posiblemente, alguna vez se halla
rustizado en las playas de Salou o hasta zampado algún remedo de
pintxo de los que se elaboran en las "tabernas vascas" de
Benidorm. Al margen de todo eso, no existen dudas sobre que
Domínguez se ha convertido y por méritos propios, en uno de los
periodistas españoles actuales más interesantes. Un tipo con unos
puntos de vista que no son solo respetables sino que además, en la
mayoría de ocasiones, considero acertadísimos. Y sus proyecciones,
nunca gratuitas, se acercan peligrosamente al concepto de
premonición. Valga como ejemplo la nota previa a la primera edición
de "Mediterráneo descapotable" (Libros del KO, 2015):
"Cuando
iba y venía de vacaciones tenía una sensación creciente de que
todo el mundo se estaba volviendo loco y mi país cada vez me gustaba
menos. La degeneración del paisaje visual, el explícito, me parecía
a mí, era resultado de un concreto paisaje moral, oculto, o no
tanto. En verano ya se empezaba a sentir que algo no iba bien -ya
habían saltado las primeras alarmas por el desplome de la venta de
pisos- pero ni nos imaginábamos el auténtico significado de la
palabra crisis, que íbamos a descubrir enseguida, en caída libre."
El
viaje que da origen a este libro y consiguientemente a este tipo de
reflexiones, se produjo durante el verano del 2008. Al poco tiempo
quedaría oficialmente inaugurada la crisis que aún hoy día
perdura, con la celebérrima quiebra de Lehman Brothers -el banco,
que no los maravillosos diyéis-.
La
idea inicial era recorrer parte de la costa mediterránea, visitando
sus principales enclaves, en tan solo un par de semanas y a bordo del
descapotable que se cita en el título. El viaje comenzaría por
Collioure (Francia), desde la tumba en la que reposan los restos de
Antonio Machado, para terminar en ese esperpento llamado Gibraltar.
Estamos por lo tanto ante un libro de ruta, escrito de forma amena e
incluso divertida, aún cuando lo que hay detrás tiene poco de
gracioso. De ahí que muchos de los chistes y bromas recogidas
enmascaren furibundas críticas. A fin de cuentas, el distanciamiento
obligado del periodista respecto a las realidades que presencia, le
permite captar con mayor objetividad los defectos de un país ya en
plena crisis, aunque por aquel entonces casi nadie fuese consciente
de ello. Así es como vamos asistiendo a una relación detallada de
desmanes, que van in crescendo conforme descendemos
por la A-7. Y es que, visto lo visto, las barbaridades cometidas en
Lloret de Mar o Burriana palidecen ante los despropósitos y las
corruptelas que han campado a sus anchas en diferentes enclaves de
las provincias de Málaga y Alicante o la región de Murcia.
Pero
lo más interesante de este road-book, viene al final del
viaje. Íñigo Domínguez se ha peocupado de redactar un apéndice
actualizado a fecha de anteayer, el cual podría resumirse con el
profético a la par que castizo "de aquellos polvos, estos
lodos". Las casi cien páginas en las que consiste esta especie
de informe sobre la corrupción mediterránea, debería avergonzarnos
a todos aquellos que somos y/o habitamos a la vera del Mare
Nostrum. El sinfín de corruptelas,
la cantidad de políticos chapuceros y el tamaño de las tramas de delincuencia financiera que han
aflorado durante los últimos años en esta parte del país, son una cosa tremenda. Increible que hallamos consentido que se llegara hasta ese punto. Y todo por culpa de un concepto mal entendido
de lo que supone es la mediterraneidad. Turismo de Sol y playa que
muchos -¡demasiados!- interpretaron como turismo de pelotazo y a
huir.
También
podríamos ver este "Mediterráneo descapotable" como un
cuento moral. Una lamentable historia de tontos y/o malos en la que se
nos conmina a aprender de nuestros propios errores y a no volver a insistir
en ellos. Aunque es más bien un deseo que un mandato. Basta con oír
a ciertos políticos de la terreta para darnos cuenta de que el
cambio de modelo y sobretodo de mentalidad aún anda lejano.
En definitiva, una recomendable lectura veraniega. Casi fundamental para aquellos que siendo de por aquí, aún no se han aprendido la lección...
Ah! Que no se me olvide... Me parece un
gran acierto por parte de la editorial, el haber ilustrado cada uno de los
diecisiete capítulos de este libro-viaje, con otras tantas viñetas
firmadas por mi amigo Esteban. Una serie de ilustraciones marca de la
casa que le van como anillo al dedo a este librico.
...que
es como a Sílvia Pérez Cruz y a Raül Fernandez Miró les gusta
escribirlo. Por el fruto del granado, comestible, ovalado, de corteza
dura y delgada, granulado y dulce en su interior. Pero también por
ese proyectil, hueco, de pequeño tamaño, explosivo y capaz de
generar una destrucción impropia dadas sus dimensiones. Así es como
definen ambos este "granada", segundo álbum firmado por la
ex-componente de Las Migas, primero junto al líder de Refree. Un
disco que engrandece el encanto de la nostalgia hasta tal punto, que
la R.A.E. debería aceptar una tercera acepción de “granada” en
el diccionario de la lengua española, en homenaje a este exuberante
disco de versiones/adaptaciones. Una maravilla que este menda ya
situó en el top ten de recomendaciones extraídas de la rica cosecha musical 2014 y es que, creedme, no es para menos. Porque el álbum,
escucha tras escucha no para de crecer. Y no os digo nada después de
disfrutar de su traslado al directo. ¡Que cosa más
tremebunda!
Y
es que anteayer por la tarde-noche, tuve la suerte de ser uno de los
pocos valencianos y/o residentes en el Cap i Casal que presenciaron
la defensa de "granada" sobre las tablas. Fue en el teatro
Olympia, marco incomparable para desgranar los cortes incluidos en un
disco que no tiene desperdicio. Fue algo mágico. Muy grande.
Irrepetible. Casi dos horas y media de bolo incluyendo bises y hasta "trises" -o como coño se diga eso- pero de los de verdad.
Nada del paripé al que casi todas las bandas nos tienen
acostumbrados. Porque esa noche todo se produjo en perfecta sintonía.
La de un público heterogéneo absolutamente entregado a la causa y
la de una pareja de artistas encantados con la gente, incluso
emocionados, siempre prestos a satisfacer las demandas del
respetable.
Muchos
consideran a Sílvia Pérez Cruz como una de las mejores voces del
momento. Uno de los fenómenos del año pasado sin duda, si bien la
artista de Palafrugell ya lleva unos años dando el callo. Ayer quedó
sobradamente demostrada su valía. Que voz, madre mía de mi alma...
¡Menudos pulmones tiene la gachona! Y que variedad de registros...
Pero sobretodo, que belleza y que entrega. Las manos de su compañero
de correrías, el mencionado Raül Fernandez, tampoco le fueron a la
zaga. Y si me apuráis, hasta el encargado de iluminación, ya que,
como reconocieron los propios artistas al final del show, esos
magníficos juegos de luz son algo fundamental para esta gira. Algo
que embelleció muy mucho un espectáculo ya de por sí bellísimo.
La
cosa empezó por el célebre "Abril '74" de Lluís Llach y
continuó con la "Tonada de luna llena", una de las coplas
más conocidas del venezolano Simón Díaz. Ya desde ese momento
tenía a todo el público metido en el bolsillo. Siguió con el mix
alemán Heine – Schumann con "Im wunderschönen monat mai"
/ "Aus meinen tränen spriessen", que sonaron dulces pese a
lo aspero de la lengua de Goethe. Inmediatamente después vino uno de
los momentos álgidos de la velada, con la aparición de las primeras lagrimillas, gracias a ese precioso "Hymne à l'Amour" de
Edith Piaf absolutamente embellecido por Sílvia y que me perdonen
los puristas. Llantos que no terminaron de secarse y ya estábamos
sumidos en "I get along without you very well (except sometimes)" de Nina Simone o de Chet Baker, que lo mismo me da
que me da lo mismo. Después sería el momento de "Mercè"
de Maria del Mar Bonet que a su vez daría paso, en un fantástico
cambio de registro, a la interpretación de "Acabou chorare".
Bonita canción compuesta a principios de los 70 por los Novos
Baianos y en la que Sílvia y Raül colaron una estrofilla del "Panis
et circenses" de los imprescindibles Os Mutantes. Golazo por
toda la escuadra.
La
segunda parte del concierto se inició con "Carabelas nada"
de Fito Páez y "Piedra en el camino" en una versión que
bebe mucho de la adaptada por Atahualpa Yupanqui. Ambas relecturas darían paso al no suficientemente conocido "Cant dels ocells"
de Pau Casals, en su versión cantada. Ese fue el prólogo al segundo
gran momento de la noche o, porque no decirlo, al auténtico
momentazo de la noche y que fue, como no podía ser de otra manera,
la portentosa readaptación de dos clásicos del tristemente
fallecido Enrique Morente. Hablo de ese "Compañero (Elegía a
Ramón Sijé)", cuya letra e inspiración pertenece a don Miguel
Hernández y a su amigo Ramón, y por supuesto "Que me van aniquilando", perfectamente enlazada. Un momento
de emoción generalizada, incluso de catarsis, al que el público
respondió con un atronador aplauso que pareció no iba a tener fin.
Creo
recordar que fue en ese momento cuando Sílvia comenzó con sus
habituales juegos capilares, recogiéndose la melena para poco después
volvérsela a soltar y luego colocarla de otra manera... a la vez
que relajaba un tanto el ambiente con la deliciosa y desenfadada
interpretación de "Albert", composición que supone un
pequeño homenaje al loco de "Albert Pla" y que comienza
con estrofas de la divertida "Papa, jo vull ser torero".
Después de esto, tiempo para retomar a Lluís Llach con su versión
musicada de las "Corrandes d'exili" de Pere Quart que un servidor recuerda más por la de su paisano Ovidi Montllor. Anticipo del sentido homenaje de Sílvia a sus padres: el desaparecido
compositor de habaneras Cástor Pérez Diz y Glòria Cruz. Sería a través
de una de sus creaciones, titulada "Vestida de nit", que sonó tremendamente emotiva, como casi todo en esta noche de
ensueño. Y de ahí dieron paso, con nocturnidad y alevosía, al que
debía ser el punto y final de un maravilloso espectáculo. Me refiero
a ese "Pequeño vals vienés" de Lorca a través del "Take
this waltz" de Leonard Cohen pasando por Morente & Lagartija
Nick. Pero no... Tan solo era un punto y seguido. Aún nos quedaba la guinda en forma de
bises.
Programado
estaba, como no, cautivarnos con la relectura de ese "Gallo rojo, gallo negro" compuesto por Chicho Sánchez Ferlosio y cuyo mensaje sigue tan de actualidad hoy
día. Por mucho que el buenismo de mis compañeros de trinchera les
incapacite para percatarse de cuales son, han sido y serán las
reglas del juego democrático en esta jodida España. Hubiese sido un
glorioso final, pero la gente quería más, ¡necesitaba más! Por
suerte, tanto la cantante gerundénse como el músico barcelonés, también lo deseaban. De ese convenio tácito
surgió una preciosa adaptación de "Cucurrucucú paloma". Preciosa a la par que extraña y es que, originalmente compuesta por el
mexicano Tomás Méndez, uno la recordaba muy diferente en boca de
Caetano Veloso, Celia Cruz, Harry Belafonte y hasta de Julio Iglesias.
Ya para terminar y esta vez de verdad, Sílvia y Raül se despidieron
de todos nosotros con "Menuda"
de Joan Manuel Serrat.
Uno
de los conciertos del año sin duda alguna. Uno de los conciertos de
recordaré durante toda mi vida y lo digo en serio.
Así que, gracias y hasta la próxima pareja de cracks. Espero y deseo que el retorno hasta estos parajes no se haga de rogar demasiado.