viernes, 19 de julio de 2019

Cuatro lecturas dispares sobre Chernobyl


Cuando ya ha pasado más de un mes desde que HBO emitiera el último de los cinco capítulos de esta miniserie y, de alguna forma, la ola de entusiasmo se ha disipado, es momento de que este menda os hable sobre la última creación de Craig Mazin. “Chernobyl”, dirigida por el sueco Johan Renck, es un drama histórico que recrea el desastre de la central nuclear ucraniana de abril de 1986, contando las historias de aquellos que, supuestamente, lo causaron y de quienes pagaron por ello. Según he leído, bebe de los recuerdos locales de Pripyat recogidos por la premio Nobel bielorrusa Svetlana Alexiévich en su libro “Voces de Chernóbil”. Una obra literaria que descansa en mi estantería desde hace tiempo y a la que no acabo de hincar el diente. 

Antes de nada una anécdota de pre-adolescencia. Servidor forma parte de esa generación de europeos que un 29 de abril de 1986, tres días después del accidente, se desayunó con la noticia de que había una nube radioactiva pululando por el viejo continente. Y que si no moríamos todos poco iba a faltar. Bueno, esto último no sé si fue tan así. Seguro que estoy exagerando. Pero os imaginareis lo sugestionada que estaba la mente de un niño que, por aquel entonces, ya leía historias de Julio Verne, Boy Lornsen, los tebeos de Dany Bub y los de Tintín. Recuerdo que el acojonamiento era más o menos generalizado. Al menos en mi entorno pueblerino. Hasta el punto de dejar apartadas el resto de preocupaciones. Que vaya, en ese momento y con esa edad no pasarían de evitar las collejas del chulito del cole o que me partieran la trompa jugando a el rogle. Bueno, también hinchar para que Duckadam, Belodedici, Balint, Lacatus y Piturca se follaran al Barça en la final de Copa de Europa a disputar en Sevilla, como finalmente ocurriría.

Así pues, como os podéis imaginar, no podría haber recibido con mayor expectación un producto como este. Quien dice expectación dice entusiasmo, por mucho que fuera consciente de que la fabulación iría más allá de lo que realmente sucedió y que eso serviría a los productores, tan occidentales ellos, para plantear una enmienda a la totalidad de aquel bonito sueño que fue la URSS, con su economía planificada y el milagro de la abundancia en cuatro sencillos pasos. Y no seré yo quien reivindique un proyecto a todas luces fracasado, pero me carga que se niegue el pan y la sal a cualquiera de los que creyeron sinceramente en aquello. Y sobre todo que se oculten los logros de aquel modelo político y económico, que también los hubo.

Dicho lo cual, vamos al asunto: Las cuatro lecturas dispares anunciadas al comienzo. Más que dispares contrapuestas. Lo cual deja a este humilde bloguero al nivel de un Pdr Sncz diciendo una cosa hoy y mañana la contraria, o al de un Alberto Carlos haciendo… Bueno, no, al nivel del farlopero jamás.

La primera es que “Chernobyl” mola un puñao. Por intensidad, por la fuerza de las imágenes ligadas a la música de Hildur Gudnadóttir y también a la no-música de muchas escenas… Por la forma en que la cámara penetra en la historia, aislándolos en los detalles más ínfimos… Porque nos transporta a un tiempo y un lugar absolutamente conseguidos, a un escenario creíble… También porque el elenco actoral es estupendo, en algún caso -como el de Jared Harris en el papel de Valeri Legasov, el de Con O’Neill como director de la central, o en el del secundario que hace de líder de los mineros-, absolutamente maravilloso. Por el sonido, los diálogos, la iluminación, el montaje, los encuadres y movimientos de cámara, los decorados… Por ese color desvaído que lo impregna todo… Lo cierto es que todo brilla a gran altura. Dando lustre a una etiqueta como “HBO presents” que suele asociarse a calidad, aún cuando a veces sea discutible. También por como esas imágenes reproducen una realidad que conmueve. Dibujando un escenario en plan “qué coño pasaría sí…” de forma tal que nos olvidamos de que todo eso ya pasó. De verdad que pasó.

Peeeero… la serie está rodada en inglés. Y eso mola menos. Hasta el punto que me cuestiono si realmente importa verla en versión original. Y es que escuchar a Gorbachov, a los camaradas Briujanov, Shcherbina o Pikalov interactuando en un inglés con acento de Londres, me recordó a aquellos blockbusters ochenteros en los que los rusos siempre eran los malos y hablaban entre sí en jerga de Kentucky pero con acento de Vladivostok. Vaya, que los actores ingleses son cojonudos, no cabe duda. De hecho estoy bastante de acuerdo en aquello que afirmaba Garci de que, junto a los argentinos, son los mejores en lo suyo. Pero la cuestión idiomática chirría. La historia es demasiado soviética como para pasar esta circunstancia por alto. Y esa es mi segunda lectura.
Aún mola menos y esta es la tercera, por cómo afronta la cuestión política de fondo. Más bien por lo maniqueo del planteamiento. Todos sabemos que el cine es un lenguaje y por lo tanto es un medio de llevar un relato y de vehiculizar ideas. Esto viene siendo así desde Griffith hasta Ken Loach, pasando por Visconti y por supuestísimo por un Sergei Eisenstein que siendo soviético viene bastante al caso. El cine es un medio de información pero también de propaganda y esta serie, que incide especialmente en el empeño de los soviéticos por impedir que se conociera la gravedad de lo acontecido en Chernóbil, no escapa a esa premisa. No porque lo que cuente sea mentira, supongo, sino por como lo cuenta y, sobre todo, por lo que decide no contar. Presentándonos a un gran villano, el sistema soviético, pero eludiendo que cuando se produjo el accidente ese sistema ya no existía. Eran tiempos de Perestroika, el proceso de reestructuración y desmantelamiento del antiguo régimen soviético capitaneado por Mijail Gorbachov. Alguien que también tiene su cuota de pantalla en “Chernobyl”, presentado como un zote, o más bien un pelele preso de los burócratas. Una retahíla de hijos de puta, viles y mentirosos, que simbolizan el terrible funcionamiento de las cocinerías de la URSS. Como si estas cosas fueran diferentes en el mundo libre de entonces y en el de ahora. Y a la actualidad política de Españita o el Chilito lindo que tan bien me acoge, me remito. Con todo, lo peor es el antagonismo de esos insobornables y abnegados científicos que velan por el progreso compartido y el bien de la humanidad. Unos seres de luz que al parecer nada tuvieron que ver con el merder que se les/nos vino encima. A otro perro con ese hueso…  Ai Marededeu si todo fuera tan sencillo…

Y ya para acabar mi cuarta lectura. Tiene que ver con ese tonito moralizante e hipócrita que incide en los peligros de la energía nuclear pero no para criticarla como fuente de energía, sino para cuestionar que sus beneficios caigan en manos de los malosos. Vaya, lo mismo que hace Trump señalando a Irán, Corea del Norte y demás miembros honoríficos del eje del mal por desarrollar idénticas tecnologías a las que se exploran desde hace décadas en el país de las barras y estrellas. Vamos, que está bien crear bombas atómicas capaces de arrasar ciudades enteras en cuestión de segundos, siempre y cuando lo hagamos nosotros que somos los buenos, pero no ellos. Todo muy olrait. Y es que, como vemos en un vergonzante pasaje del penúltimo episodio de “Chernobyl”, ¿vamos a aprobar que tengan centrales nucleares unos tipos que no dudan en matar perritos a sangre fría? Que más dará si lo hacen para que la contaminación no se propague y que hayan muerto nosecuantos ucranianos intentando reconducir la situación... Todo tiene un límite y este se sitúa en cosas como el sacrificio de mascotas contaminadas. En serio, ¡¿Perritos?! ¿Qué hostias le pasa a esta peña?

Y esto es todo lo que tengo que decir sobre esta miniserie que habla del principio del fin de la guerra fría y de alarmas nucleares. Un producto televisivo de impecable factura y que, aunque ahora no os lo creáis, he disfrutado bastante. Me ha gustado más de lo que me ha disgustado y de hecho le he cascado un siete en el Filmaffinity. ¡Quién te entienda que te compre, Sulo!  

Ah! Y por cierto, acabo de ver lo de las tropecientas nominaciones a los Emmys… Supongo que volverá el entusiasmo que os comentaba al principio.

Eso y que si queréis ver fotos chulas de las consecuencias del desastre, aquí os dejo esta entrada de hace ocho años… ¡Cómo pasa el tiempo conchasumare!  

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