martes, 15 de julio de 2008

Weezer - Rock Music

Con motivo del lanzamiento del nuevo trabajo de Weezer, titulado “The Red Album”, me parece oportuno alojar aquí todos los videos musicales realizados por la banda californiana. Mostrar cómo, tras dieciséis años de carrera y ya con seis discos a las espaldas, no ha perdido un ápice de la frescura con la que comenzaran allá por el 92 teloneando a Dogstar, aquel efímero combo grunge del que participaba Keanu Reeves. Si bien, ha de reconocerse que las circunstancias personales de su frontman, Rivers Cuomo, la marcha de su amigo Matt Sharp y un par de cambios de bajista, han definido cierta evolución en un sonido que alcanzó su cima, a mi parecer, en los dos primeros elepé, el celebradísimo disco azul de 1994 y mi favorito de todos, “Pinkerton” de 1996. Después y tras un largo parón vendrían “The Green Album” (2001), “Maladroit” (2002), “Make Believe” (2005) y este disco rojo que suena la mar de bien.

Frente a esa crítica que considera como algo negativo que el nuevo disco sea más de lo mismo, yo plantearía que más de lo mismo es mucho tratándose de Weezer. Y ese es el tema, que más Weezer es mucha manteca. Comenzando por “Pork and Beans”, pasando por “Troublemaker” y terminando por “The Greatest Man that Ever Lived (Variations on a Shaker Hymn)”, que es mi favorita. Y nada más que añadir, aparte de los vídeos. Por cierto, no os perdáis detalle de los cambios de look de River a lo largo de toda su trayectoria.

1. Buddy Holly
Aquí con look sesentero.

2. Undone - The Sweater Song 
Mi vídeo favorito forever & ever. Realizado por Spike Jonze y con Matt Sharp aún al bajo. Al loro con el pelito que se gastaba Rivers.

3. Say it ain’t so 
Uno de mis temas favoritos de siempre.

4. The Good Life
Junto con la anterior, un tándem perfecto.

5. El Scorcho
Otra de mis favoritas. Como curiosidad fijaos que Matt Sharp luce una camiseta del Barça… ¡De cuando jugaban el Txapi Ferrer y Sergi! Algo malo habían de tener, je je je.

6. Hash Pipe 

Tras cinco años de silencio, se nos presentaron con tamaño temazo.

7. Island in the Sun 

Para muchos su mejor vídeo hasta el momento. También sería dirigido por el mago Spike Jonze. Gracias a ello se reencontrarían con el gran público, amén de recoger numerosos premios.

8. Photograph 

Homenaje al retiro voluntario de Rivers tras la gira de “Pinkerton”. Al parecer Mr. Cuomo se desfogó jugando al soccer en un equipo de una liga semi-profesional de su país. La pintilla del menda es impagable.

9. Dope Nose 

Más cañero y con mayor presencia de esos ramalazos heavys tan de su gusto.

10. Keep Fishin’ 

Aquí en colaboración con los Muppets de Jim Henson.

11. Beverly Hills 

En la mansión Playboy rodeados de chatis y con el propio Hugh Hefner de espectador.

12. We are all on drugs 

Versión original jevilondia que podríamos calificar de rareza.

13. Perfect Situation 

Y aquí el manager de Weezer riéndose de sí mismo.

14. Pork and Beans 

Y el nuevo look con bigotito.




lunes, 14 de julio de 2008

Reyes del Sillón-Ball


La moda de lo políticamente correcto no hace prisioneros. Ahora se ceba en un escenario tan poco propicio, a priori, como es el deporte de competición. Y es que, aprovechando la ristra de éxitos del deporte español, varios columnistas se han apuntado a criticar a aquellos que celebran/celebramos esas gestas. El sonsonete se repite una y otra vez. Aquello de que las victorias son solo de quien las consigue y que por lo tanto, el aficionado no tiene nada que celebrar. Vaya, que simpatizar con uno u otro equipo de baloncesto, o ser fan de un motero, ciclista o tenista por los motivos que sean, sentir sus victorias o derrotas casi como algo propio, es inconcebible. O está mal, que existen dos gradaciones en la crítica. Ayer mismo escuché a un filósofo bilbaíno diciendo algo así. Que el ser conciudadanos del triunfador no nos hace legítimos copropietarios del éxito. Y que por lo tanto es un error asumir su éxito como propio y si lo hacemos es para avivar un orgullo tribal que no aporta nada, o si acaso adicción al patetismo. Te tienes que reír.

El caso es que el criterio de proximidad, que no deja de ser un criterio como cualquier otro, es el mayoritario entre aficionados al deporte televisado. ¿Eso obedece a una cuestión tribal? Pues probablemente. ¿Pero ese sentimiento grupal compartido por compatriotas, conciudadanos o simplemente vecinos, que tiene de malo? O sea, ¿A Santo de qué esa visión tan negativa? ¿Acaso no vivimos en sociedades, que es el nombre moderno que le damos a la tribu? ¿Es malo alegrarse y sentir como algo próximo que a un vecino le vaya bien? Pero es que encima, ese criterio no es el único que funciona en esto de las pasiones y los supporters. Es conocido que en Japón los aficionados al béisbol se identifican con la estrella a la que idolatran y por eso se convierten en seguidores de un club u otro dependiendo dónde el ídolo desarrolle sus habilidades. Eso sería impensable entre futboleros ingleses, italianos, españoles o sudamericanos. Aquí se es aficionado de un club llueva, nieve o haga Sol. Imperando la máxima que reza que se puede cambiar de trabajo, ciudad y hasta pareja pero nunca de equipo. También hay quienes se declaran seguidores de tal o cual equipo/deportista atendiendo a criterios tan variopintos como la belleza de las camisetas o del propio deportista. Como aquel nutrido grupo de fans polaco-ucranianas que durante la pasada Eurocopa y preguntadas por el motivo de lucir la indumentaria azzurri, respondieron sin rubor que ellas iban con los más guapos. Pues muy bien que me parece. Yo mismo tengo un amigo muy aficionado al ciclismo que se declara tifoso de Pantani y ahora de “la Cobra” Ricco. No porque sean los más guapos, que no lo son, sino por ser quienes mejor se desenvuelven en la montaña… a su parecer.

En el fondo, lo que expresa esta corriente entre hater e intelectualizante del espectáculo deportivo, es pura desconexión. O incomprensión. O las dos cosas. ¡Que esto esto va de pasiones señores! Y si son incapaces de sentir la emotividad, pues reconozcan que no les gusta esto y dejen disfrutar a los demás. Vamos, como si fuera lo mismo una victoria del Barça o del Madrid, de Menchov o Contador, del Joventut o del Pamesa. ¿Que gane el mejor? ¡¡¡Y un cuerno!!! Que ganen los míos, sean los que sean y por lo que sea. ¿Qué sería del deporte sin el sentimiento, sin la pasión por los colores, sin tomar partido por un deportista u otro, sin identificarse al fin y al cabo? ¿Quién dice que se tenga que actuar con raciocinio y alegrarse por el buen juego en abstracto o cabrearse por lo contrario, como si la cosa no fuera con uno? ¿Acaso tiene algo de racional alegrarse o apenarse porque alguien más joven, más rico y seguramente más guapo gane o pierda? Porque insisto y ahí está el quid de la cuestión: el deporte de competición es pasión y nos quieren convencer de que eso no tiene sentido. Pues mira, no. Para eso ya existe el deporte de base, que es y debe ser formativo y educativo. También las carreras que me pego yo todas las tardes, aunque eso más que nada es destructivo para mis rodillas.

Así pues y respondiendo a la pregunta inicial, decir que sí. Rotundamente sí. Somos los legítimos copropietarios del éxito de nuestros deportistas, de aquellos a quienes seguimos, como también lo somos de sus fracasos. Yo, como ciudadano, tengo mis mañas y preferencias, mis simpatías y unas antipatías que no oculto y por eso nunca seré objetivo. Ni falta que hace.

Ya se ha dicho demasiadas veces que la competición deportiva es el principal sustitutivo de la guerra. Las Olimpiadas evitaron en buena medida que varias potencias se agarraran a palos por enésima vez. Y en las guerras o se va con unos o con los otros. Si se va, vaya. Así pues claro que voy con Nadal cuando juega contra Federer. Claro que voy con la UD Levante cuando se juega la Copa contra el Valencia CF.  Porque me gusta como juegan y también, porque ocultarlo, al ser un compatriota y sentirlo más próximo a mí que a un suizo. O al ser un club en el que tengo algunos amigos y por eso prefiero que les vaya bien a ellos. En el caso del tenista, si en lugar de ser español fuese sueco sería igual de bueno y también podría ser fanático de su juego. Pero lógicamente no tendría igual predicamento en España. En Suecia pasaría lo contrario. Y eso ni es bueno ni es malo. Y desde luego no creo que haya que avergonzarse por ello. Y vaya, en definitiva, esto va de elegir. Yo sé quiénes integran tribu o mejor dicho mis tribus, dependiendo del deporte. Así pues, juego limpio y a poder ser que ganen los míos. Aun jugando mal. Cero trauma.

jueves, 10 de julio de 2008

Baserritarroak Mountain


Se anuncia a bombo y platillo el comienzo del rodaje de la que va a ser la primera película de temática gay en euskera. Se va a titular “Ander” y estará ambientada en la campiña vasca, en concreto en el precioso Valle de Arratia. La película que estará dirigida por el debutante Roberto Castón, contará la historia de Ander, un euskaldun de pura cepa que se enamora de un inmigrante peruano. Lo que hará que se replantee una serie de cuestiones que hasta entonces nunca había puesto en duda. No sabemos más sobre la historia, ni si Ander es un supporter del Athletic o de la Real Sociedad, si es políticamente abertzale o le tira más el constitucionalismo, si será aizkolari, segalari o pelotari, por seguir con los tópicos y que no se me enfade nadie. Para descubrirlo tendremos que esperar a la edición 2009 del Festival Zinegoak de Bilbao.

La novedad de la historia radica tanto en su emplazamiento rural, como en el hecho de que esté rodada en euskera. Aunque supongo que no cambiaría demasiado si se hubiese rodado en gallego y estuviera ambientada en la ría de Arousa, o en inglés y la trama sita en algún enclave del estado de Wyoming. Aunque bueno, eso ya lo ha filmado Ang Lee, presentándolo bajo el título de “Brokeback Mountain”. Aunque tengo dudas de que en 
“Ander” se hable solo euskera. Vaya, salvo que el protagonista peruano venga aprendido de casa, gracias al método Euskalghan, o posea las increíbles capacidades del robot de “Cortocircuito”.  Pero vaya, que habrá que esperar el estreno. 

¡¡¡Aúpa Ander!!!

miércoles, 9 de julio de 2008

Haneke VS Haneke


Fruto de la incapacidad creadora que asola cual plaga a los guionistas de Hollywood, tenemos esta nueva versión de “Funny Games” de Michael Haneke. Y siguiendo la última moda en cuanto a los remakes se refiere, la dirección corre a cargo del mismo que escribió el guión y dirigió la cinta original en 1997. Precisamente por eso se hace difícil comentar nada sobre la película. Siendo necesario matizar, así de entrada, que no estamos ante un auténtico remake. Si entendemos por remake, o “rehecho” en castellano de Castilla, cuando un director X agarra una película Y, la reelabora sin apartarse de la historia original, pero añadiéndole matices o aspectos de forma que opera una suerte de customización. Nada de eso hay en esta “versión” norteamericana. Pareciera como si el realizador austríaco hubiese filmado la misma película, pero diez años después. Cambiando los actores y actualizando los decorados, pero nada más.

Es por eso que cuesta hablar de “Funny Games U.S.” como de una película realmente nueva. Y vaya, que cualquier análisis fílmico es aplicable también a la obra maestra de hace once años. Ni siquiera es necesario comparar ambas plano por plano o escena a escena, para constatar que estamos ante un clon, por expresa voluntad de su director. Quien llega a utilizar la misma música de la “versión” antigua, impactante merced al contrapunto entre las relajadas piezas de corte clásico y la brutalidad de los temas de John Zorn. Las únicas diferencias apreciables, como he indicado más arriba, tienen que ver con el uso de actores perfectamente reconocibles para el gran público: Naomi Watts, Tim Roth o Michael Pitt. Frente a los semi-desconocidos Susanne Lothar, Arno Fritsch o el recientemente fallecido Ulrich Muhe de la pieza original. Ni tan siquiera el lógico cambio de ubicación, que pasa de la campiña austríaca a los EEUU, establece notables diferencias de cara al espectador.

Obviamente las dos versiones son en cuanto a conceptos y lenguaje cinematográfico, puro cine europeo. De la mejor clase. Con esos planos largos y lentos a los que el público norteamericano no está tan acostumbrado. Las formas habituales de este maestro del séptimo arte que no sabemos a Santo de qué se ha metido en este berenjenal. Y que están presentes ya en aquellas primeras historias rodadas en Austria, también en la etapa francesa y que parece sobreviven tras cruzar el charco.

El largometraje es una especie de estudio sobre la violencia sin sentido. La que interrumpe inesperadamente la rutina de una perfecta familia burguesa en la que todos nos podemos ver identificados. Frente a ellos surge la figura de los malvados: Un par de jóvenes psicópatas que alimentan su locura desde la más absoluta calma. Monstruos surgidos de una sociedad enferma que les ha dado de todo menos consciencia. Pero es que además, esa violencia irracional se convierte en un personaje más de la historia, con una presencia latente en cada plano y secuencia.

Con todo es normal que, quienes vimos la versión original cuando tocaba, la prefiramos a esta nueva. Nada puede causar el impacto de aquello. Hay sensaciones que son irrepetibles y aún recuerdo el mal cuerpo con el que salí del cine. El estrés que me produjo. Vaya, que me acuerdo físicamente. Y es que ninguna otra peli me ha puesto tan tenso como el “Funny Games” de 1997. Con esas miraditas a cámara de Arno Fritsch… Una puta obra maestra.  

martes, 8 de julio de 2008

La trama Gladio


No hace mucho y por recomendación de un amigo, vi un reportaje realizado por la BBC en el cual se destapaba algo llamado la trama Gladio – incrusto el documental completo al final de la entrada-. Lo cierto es que me perturbó. Hasta ese momento desconocía la existencia de esta estructura paramilitar que actuó, hasta no hace tanto, en diferentes países europeos. Con unas implicaciones tan brutales como las del famoso atentado en la estación de trenes de Bolonia de 1980, a resultas del cual fallecieron 85 personas. Tras un sinnúmero pesquisas y falsas atribuciones, se acabó determinando que el atentado formaba parte de la “estrategia de tensión” auspiciada por Gladio.

Al parecer, la trama pretendía generar una tensión social tal que propiciara la ascensión de partidos de extrema derecha al frente de los ejecutivos europeos. Gracias a la adhesión que generarían las políticas de mano dura dentro de un contexto caracterizado por la inseguridad ciudadana. Con ello, además, se espantaba la sombra de una posible expansión de las ideas comunistas, tan en boga entre la juventud de la época. De hecho ese es el fin fundacional de Gladio, creada tras acabar la IIGM por los servicios secretos norteamericanos y británicos. Y es que, con el objetivo de prepararse ante una eventual invasión soviética, se dispusieron diferentes acantonamientos de fuerzas paramilitares secretas en los países europeos de corte capitalista. Para nutrir a esas fuerzas de élite fue necesario reclutar a mucha gente con preparación militar y capacidad de actuar con discreción. Ahí se apuntaron muchos antiguos soldados nazis, que cumplían con creces ambas condiciones. Además de estar bastante alejados del conservadurismo moderado y de todo lo que suene a izquierda.

Del visionado de los tres episodios que integran el documental dirigido por Allan Francovich, podemos concluir que Gladio fue una organización terrorista apoyada y financiada fundamentalmente por la CIA. Y que a pesar de que el nombre Gladio (alusivo a gladiador) se aplica a organizaciones paramilitares de diversos países, sería más exacto limitarlo al caso de los italianos. Optando por otros nombres en el resto de países implicados – la OAS en Francia, la Counter Guerrilla en Turquía, la FRELIMO en Portugal...-. Además fue en Italia donde este “gobierno en la sombra” sería descubierto y también donde las actividades terroristas alcanzaron una mayor virulencia. Especialmente entre la década de los setenta y ochenta, con las masacres de Peteano (1972), de la Piazza Fontana (1969) o el fallido “golpe Borghese” (1970), además de la mencionada matanza de Bolonia. Mención aparte merece el secuestroy asesinato de Aldo Moro en 1978. Supuestamente a manos de las Brigadas Rojas. Sin embargo, ya desde el inicio surgieron dudas sobre las extrañas circunstancias que rodearon el caso. Y es que, el por entonces Primer Ministro italiano fue secuestrado cuando se encontraba en negociaciones con la izquierda para formar un gobierno de coalición. Tras el destape de la trama Gladio y a la vista de algunas declaraciones de antiguos miembros, se ha vinculado este sonado magnicidio a la política de “Compromiso Histórico” iniciada por Gladio. Es más, no se la credibilidad que tendrá, pero hasta el archiconocido terrorista Carlos “el Chacal” se manifestó en ese mismo sentido.
Ya por último señalar que el reportaje muestra como la CIA va a utilizar a estas “fuerzas de retaguardia” para influir en la política de varios países, pasando de una estrategia inicial netamente defensiva, a una en la que se auspiciaban actuaciones concretas de desestabilización u operaciones de falsa bandera. Y que hoy día, hay quienes se atreven a relacionar esto con con la creación de otros grupos terroristas de supuesta izquierda, como el Baader-Meinhof en Alemania o los GRAPO en España. Y la verdad es que tampoco me extrañaría. Menudos son los gringos.

lunes, 7 de julio de 2008

Christopher Lambert, el anti-actor


“Resurrección” (1999) es un thriller dirigido por Russell Mulcahy sobre un detective encargado de la investigación de una serie de espeluznantes crímenes en la ciudad de Chicago. Al parecer, el asesino ha tenido la ocurrencia de reconstruir el cuerpo de Cristo con miembros amputados de sus víctimas. Tan magna obra debería quedar completada para el domingo de resurrección. Nada nuevo bajo el Sol. Siendo esta cinta un plagio, burdamente disimulado, de la celebérrima “Seven” dirigida por David Fincher en el año 1995.

El verdadero motivo por el cual comento esta porquería es para manifestar mi opinión respecto al actor protagonista, don Christopher Lambert. Y eso porque en los días de mi vida he visto actor más lamentable que éste. Ya desde su etapa de guaperas -que alguien me lo explique-, hasta sus aportaciones al cine histórico o historicista, o incluso cuando hace de gorila gorilón, Mr. Lambert se ha empeñado en mostrar al mundo de los insufribles cinéfagos -sí chavales, aquellos que acabamos tragándonos cualquier cosa que pasan por la tele al margen de la pinta que presente el producto- que cualquier tonto con suerte puede ganarse la vida y bien en una profesión para la cual simplemente no vale. Pues bien, me doy por aludido y le reconozco el mérito Christopher. ¡Es usted pésimo! ¡¡¡Nefasto!!! En los días de mi vida he visto un profesional tan negado. ¡Y sin embargo vive de ello! ¿Cómo lo ha conseguido? ¿Cuál es su secreto? Porque ni haciéndolo a posta se puede ser tan malo. Con sus actuaciones consigue hacer buenos a Vin Diesel, Van Damme, Steven Seagal o Chuck Norris... Que tié cojones la cosa… Así que, acepte esta recomendación de un humilde aficionado al cine: ¡Retírese hombre! Vaya a disfrutar de sus hijos o nietos o caballos o lo que tenga en su rancho texano. O dedíquese al arte, a la papiroflexia o a moldear bonsais. ¡Haga lo que le rote! Se lo ha ganado con creces. Ale, arreando… Y cierre la puerta al salir. 

Pero no... No solo es incapaz de retirarse, aunque fuere por dignidad, sino que ahora se deja humillar en una campaña publicitaria luciendo de esta guisa…

S/c.

Lo gracioso es que la colaboración entre Mulcahy y Lambert, dio buenos frutos en el pasado. De hecho, buceando en ese océano de mierda que es la filmografía del amigo Christopher, encuentras dos filmes como Los Inmortales”(1986) y su secuela “Los Inmortales II: El desafío” (1991), ambos con el de Long Island en el rol principal y el realizador australiano tras las cámaras. La historia de esos seres que sólo pueden morir decapitados entre sí y que viven desde hace siglos entre los hombres ocultando su identidad, es seguramente lo único decente que han filmado ambos, juntos y por separado. Y por eso ilustro la entrada con esa fotito... 

No, si al final habrá que quererle... Redèu quina Creu!!!

viernes, 4 de julio de 2008

Shyamalan o la necesidad de creer


“El incidente” (2008) es el sexto largometraje del director indio-estadounidense Manoj Nelliyattu Shyamalan, conocido por todos nosotros como M. Night Shyamalan. Es la historia de una familia que huye desesperadamente de la ciudad tras una serie de misteriosos incidentes en los que personas de distinto pelaje y condición, comienzan a autoinflingirse daños mortales de necesidad. Y lo cierto es que comienza la mar de bien, con tremendas escenas de suicidios individuales y colectivos que te dejan ojiplático. Unos primeros ataques que están súper bien rodados por Shyamalan. Con mención especial al protagonizado por esos obreros de Nueva York aficionados al air puenting, o sea, sin arnés ni cuerda ni . Ahí se nos despierta la curiosidad por descubrir lo que está sucediendo y, sobre todo, por qué. El problema es que una vez pasamos de la introducción, la historia pierde todo el interés y la cinta naufraga lastimosamente. Y es una pena. La cosa daba mucho más de sí. Pero al director de “El Sexto Sentido” (1999), “El Bosque” (2004) y “La joven del agua” (2006) se le agotaron las ideas.
Así pues, esta paranoia distópica y moralizante tiene sus momentos, pero la débil historia y sus flojos personajes hacen más daño que la amenaza que subyace al fondo de la misma. Incluso da la sensación de que la extraña relación entre los protagonistas, interpretados por Zooey Deschanel y Mark Wahlberg, sólo está ahí para justificar un metraje de hora y media que resulta a todas luces excesivo. De no ser así, hubiéramos visto un mediometraje de treinta o cuarenta minutos. Y es que, cómo le escuché a algún crítico radiofónico cuyo nombre no recuerdo, “El Incidente” es una suerte de tráiler alargado. No le falta razón. Todo lo interesante de la historia, incluyendo el mejor incidente, se concentra en el vídeo promocional. Lo demás es paja.

Cuestión aparte es el mensaje que trasmite. Enroscado en las siempre arduas cuestiones de la fe, leitmotiv de toda la filmografía de este cristiano nacido en el Puducherry hindú hace treinta y ocho años. L
a idea general de “El Incidente” es que nuestro mundo está en peligro. Encuadrándose dentro de la cadena de películas sobre desastres posteriores a los atentados del 11/S y muy influidas por ese suceso. Historias que se centran en grupos de desconcertados supervivientes que tratan de mantenerse enteros y unidos ante una catástrofe sobrecogedora e inexplicable. Algunos realizadores como Shyamalan, ven ahí una buena forma de introducir la religión. Lo vemos con el protagonista, un profesor de ciencias en la Universidad de Filadelfia que constantemente trata de afrontar la amenaza desde un punto de vista racional. Sin embargo en la película acaba enfatizando que la ciencia es inútil y que el universo funciona en base a leyes que siempre estarán fuera de nuestro alcance. Lo deja bastante claro desde el comienzo, cuando en una de sus clases y tratando de explicar por qué están desapareciendo las abejas, celebra que un estudiante se refiera a ello como un “acto de la Naturaleza que no podemos comprender”. O cuando idéntico personaje, ya hacia el final y tratando de entender lo que acontece, afirma que “la ciencia encontrará alguna explicación para poner en los libros pero, al final, sólo será una teoría. Fracasaremos en reconocer que hay fuerzas operando más allá de nuestro entendimiento”. Y es que la preocupación por el cristianismo y sus preocupaciones metafísicas es una constante en la obra de Shyamalan. Tirándose de cabeza hacia esa conjetura cristiana que pretende explicar la creación del Universo con la milonga del diseño inteligente.

Pero vaya, la conclusión es que la peli es un truño y su director un loquer. Cuando acierta del tipo maravilloso. No es el caso.   

jueves, 3 de julio de 2008

Porque Dios lo manda

Es probable que muchos de vosotros hayáis oído hablar sobre el Camino. Cabe incluso la posibilidad de que, en vuestro entorno, algún conocido, compañero de trabajo o familiar participe de esa cosa y lo sepáis. Y vaya si lo sabréis. Los fans del Camino Neocatecumenal podrán ser discretos en muchas cosas, pero nunca a la hora de exponer esas verdades absolutas que creen conocer. Y así desde los sesenta, cuando nacieran como movimiento eclesial y organización católica en el extrarradio de Madrid. Desde entonces sus miembros son conocidos por el nombre de Kikos, debido al nombre de su iniciador, un tal Kiko Argüello, quien junto a Carmen Hernández formaría el equipo inicial. El caso es que los mencionados Kikos conforman junto al Opus Dei, a Comunión y Liberación, a los Focolares, a los Legionarios de Cristo y a los Carismáticos, los llamados nuevos movimientos neoconservadores dentro de la Iglesia. Sus miembros adoran al Papa, asumen la doctrina católica más tradicional, tienen los hijos que Dios les dé y viven en comunidades aisladas del mundo real, en una suerte de gueto para iluminados.

Don Kiko Argüello cuenta en la actualidad con 69 años y, como digo más arriba, es el iniciador de esa secta de fundamentalistas católicos. Lo de llamarles Kikos en alusión a la figura del líder, denota ese culto a la personalidad cultivado durante cuarenta y tantos años al frente del movimiento. “En la Iglesia siempre hay alguien que inicia” dice a los periodistas sin ningún reparo. Y los seguidores dando palmas. Mezcla de visionario, místico y agitador, Kiko es célibe y viste siempre con traje y corbata oscura. Se aferra a la Biblia, pero no es un sacerdote. Predica, pero no tiene una formación teológica. Resuelve los conflictos existenciales de sus discípulos, pero no es psicólogo. Podríamos afirmar que es lo más parecido que tenemos en España a un telepredicador. A él le gusta definirse como un artista que subsiste gracias a las limosnas. Si bien, el “artista” tiene hilo directo con el Vaticano y según sus fieles con el mismísimo Jesucristo Nuestro Señor.

Siendo un personaje público, muchas de las circunstancias en torno a su obra y milagros o a los propios Kikos como movimiento, son un misterio. Sus seguidores no saben bien dónde, cómo y de qué vive. La mayoría ni siquiera le conocen personalmente. De la administración del Camino Neocatecumenal tampoco se sabe mucho. Sí conocemos el origen del personaje. El de un joven artista madrileño sin oficio ni beneficio, agnóstico confeso, hijo de una familia acomodada y padre militar, que tras sufrir una crisis existencial y estar a punto de suicidarse en el año 1964, vio la luz y se fue a los poblados marginales de Palomeras Altas para comenzar su particular proceso de evangelización. Al principio desde una mísera chabola rodeado de putas y yonquis, hoy en un magnífico chalet romano rodeado de cardenales y otra gente influyente.

Tras la revelación comenzó la cruzada del converso, consistente en reevangelizar a los cristianos durmientes y conducirles hacia un nuevo bautismo. Pero a su manera y sin aceptar el dominio de nadie. Y es que el ungido no precisa de ello, se basta por sí solo. Aunque bueno, para ir tirando también se pueden coger cosas de este grupo, absorber prácticas de aquellos otros, aprovechar la estructura de los de más acá... Y hacer sesiones de kumbayá, explicando sus experiencias en público, construyendo una imaginería propia y, en definitiva, creando un producto fácil de vender a quienes anden necesitados de comprar. Desde ese momento, la ascensión de Kiko Argüello y su grupo fue la propia de una estrella del rock mainstream camino al número uno del Billboard. Le tiene que dar las gracias por eso a sus “productores”: el sacerdote Mario Pezzi, que fue el primero en apostar por él, y el papa Juan Pablo II, quien le dará el espaldarazo definitivo para lograr alcanzar la gloria -suponemos que divina-. Tampoco puede olvidarse de su gran amigo y aliado Rouco Varela, arzobispo de Madrid, además de fascista confeso. Un tipo bastante conocido por estos fueros.

Fruto de la creciente influencia en las más altas estancias del Vaticano, consiguió la aprobación de sus estatutos, en los que se describe la naturaleza del Camino y los bienes espirituales que lo constituyen. Según su doctrina, la familia tiene tres altares: la eucaristía, la mesa y el tálamo nupcial. “El tálamo es la habitación donde se hace el amor y se da la vida. En él no puede dormir ninguna otra persona y, antes de hacer el amor, las parejas neocatecumenales rezan al Señor. Porque el Camino les enseña la auténtica sexualidad”. Y es que las parejas del Camino están obligadas a tener los hijos que vengan. Suelen esposarse entre ellos y es que, como les repite Kiko, “casaos con la hijas de Israel”. De hecho, si se casan con hombres o mujeres de fuera del movimiento, están obligados a convertirlos. Si no lo hacen, están obligados a abandonar el “paraíso neocatecumenal”. Porque la familia es importante, pero Dios lo es más. De ahí que sus normas permitan a un kiko separarse en una suerte de divorcio de hecho, en el caso de que el otro cónyuge no le apoye en esto del Camino. Todo vale para salvar el alma.

Pero es que además, la ideología de estos terroristas de la salvación conlleva condenar el matrimonio entre personas del mismo sexo, la utilización de anticonceptivos, el aborto, la eutanasia, las ideas socialistas, el separatismo -que vaya usted a saber que tiene esto que ver con los asuntos del alma-, a los religiosos progresistas, a los tibios, a los jesuitas izquierdosos, a los sacerdotes que no ceden sus parroquias al Camino y en definitiva a todo aquel que no piense como ellos (él).

El poder económico de Argüello y sus Kikos es incalculable. Siempre oculto, gestionado a través de la Fundación Familia de Nazaret para la Evangelización Itinerante, constituida en Madrid el 3 de noviembre de 1992 por el cardenal Suquía. Una fundación que tiene personalidad jurídica propia tanto en el ámbito eclesiástico como civil. Y que de acuerdo a sus estatutos, tiene como fin organizar el movimiento y sostenerlo económicamente, por medio de la “gestión de oblaciones, contribuciones, donaciones, herencias y legados que le sean conferidos por los fieles de las comunidades neocatecumenales y por otros entes y personas privadas”. Eso significa en dinero contante y sonante más de 120 millones de euros anuales. Con ese dinero pagan a más de mil familias en misión, invitan a cientos de obispos a encuentros para explicarles el Camino, sostienen sus seminarios, tienen un centro religioso en Israel -la Domus Galilae-, organizan cursos bíblicos y sostienen centros especiales en Porto San Giorgio, Lima, San Pedro del Pinatar y El Escorial. ¿De dónde procede tanto dinero? Pues sobre todo de los diezmos. Cada discípulo, una vez que supera el segundo escrutinio -un examen personal que se realiza pasados los primeros años en el Camino-, debe entregar a la comunidad el diez por ciento de sus ingresos. Sin embargo nadie sabe dónde va ese dinero ni cómo se administra, porque no hay facturas ni se rinden cuentas. Además está lo de la  “bolsa de las inmundicias” al final de cada celebración religiosa. Se supone que uno de los hermanos pasa la gorra y cada quien aporta lo que puede, desde unos míseros euros hasta la escritura de un piso. Si bien, resulta curioso por no decir otra cosa, que con antelación ya se haya fijado la cifra a conseguir. Vaya, que la bolsa sigue circulando ad eternum hasta que se obtiene esa cantidad.

Lo cierto es que los Kikos componen un movimiento en constante expansión, sumando entorno al millón y medio de fieles repartidos en un montón de países, gracias a la ingente cantidad de hijos que aporta cada uno de sus miembros. Y es que “cada cristiano ha de tener los hijos que Dios le dé”. Además cuentan con sus propios seminarios e incluso universidades, como la San Antonio de Murcia. Pero el Camino es largo hasta que los iniciados llegan al final. Se tarda entre veinte y treinta años recorrerlo y se pasa por cinco paradas obligatorias: el kerygma, el precatecumenado, el catecumenado postbautismal, la elección y renovación de las promesas bautismales y la llegada al destino final, la familia de Nazaret.

Suerte en el viaje hermanos... A mí no esperéis.

miércoles, 2 de julio de 2008

La otra cara de la moneda. El Orfanato


Cuando ayer posteaba mis impresiones sobre la ópera prima de Nacho Vigalondo, me referí a cierta crítica española muy servil con determinados directores y productoras. Comento esto para introducir mi punto de vista sobre otro de los últimos éxitos del cine español, “El Orfanato” (2007), del también debutante Juan Antonio Bayona. Caso típico de esas otras producciones que sí gozan de viento a favor y que tan buenos réditos, en forma de caché y taquilla, les reporta. De hecho estamos ante la producción nacional con mayores ingresos por taquilla durante el ejercicio pasado. Transcribo mi humilde aportación al apartado “críticas” del Filmaffinity:

El Orfanato: Mojón de primer orden.

Tras la estomagante campaña publicitaria que nos ha tocado padecer gracias a nuestros amigos de Telecinco, por fin llega a nuestras pantallas esta peliculilla con ínfulas de obra maestra y que en realidad no es más que un refrito de tópicos del cine de terror. Un enorme deja vu que llega a ser vergonzante. Y es que a cualquier cinéfago de nivel medio le irán viniendo a la mente, una tras otra, cientos de películas del género en las que ya ha visto escenas o situaciones iguales a las que aquí se plantean. Con todo, eso no es lo peor de la película, sino esa búsqueda desesperada del susto por el susto a base de subidas de volumen. De hecho dan ganas de demandar a los realizadores de esta cosa por atentar contra la salud auditiva de los espectadores. Un recurso que denota la incompetencia del enésimo “renovador del cine de terror” que suple sus carencias acudiendo al recurso fácil.
También reseñar la sorpresa que me produce leer las maravillosas críticas recibidas por parte del panteón de críticos españoles. Y vaya, que yo entiendo que debemos promocionar a nuestro cine, pero también creo que se le hace un flaco favor si elevamos a los altares a medianías de este tipo. Se pierde credibilidad y da sensación de poco respeto por tan noble arte. Y si no somos capaces de respetar lo nuestro, no sé cómo pretendemos que lo respeten desde afuera. En fin, que pagaría por ver las críticas de esos mismos periodistas si “El Orfanato” fuese una producción extranjera.

PD. Lo de “...una Belen Rueda gigantesca. (...) Puntuación: **** (sobre 5)” de Antonio Trashorras en el Fotogramas me ha tocado el alma. Me acabo de enterar que Belén mide dos metros en lugar del 1’72 que figura en su ficha. Gracias por sacarme del error.

martes, 1 de julio de 2008

De viajes en el tiempo va la cosa


Recién llego del cine tras ver “Los Cronocrímenes” (2007), primer largometraje del cántabro Nacho Vigalondo como director. Un joven realizador que saltó a la fama en 2003, después de que su cortometraje “7:35 de la mañana” fuese nominado al Oscar. Así a bote pronto y a expensas de que medite un poco más sobre lo visto, he de decir que me ha gustado bastante. Vaya, que mereció la pena gastarse las perras en la entrada. Además no me parece que se la haya inflado por ser una producción española. Ni siquiera por parte de esa crítica amiga tan servil con según quienes.

Estamos ante un ejercicio de estilo muy bien planificado y ejecutado, a pesar de las dificultades que plantea la trama. La clave no es tanto lo que se cuenta como la forma en que se cuenta. Respecto a lo primero solo pienso decir que va sobre un viaje en el tiempo y que hay un asesino enmascarado. Eso y que se desarrolla íntegramente en un bonito trozo de jardín sito en algún enclave natural de la campiña vasca. Nada más. Cualquier comentario extra podría destripar la película y joderos la sorpresa.

Alabada en todos los festivales por los que ha desfilado, Vigalondo demuestra con su ópera prima que con imaginación y talento se puede aportar mucho a este, cada vez menos original mundo del cine. Creyendo ciegamente en las posibilidades de uno mismo y con algo de financiación, obviamente. Y eso nomás…

Por cierto que en la red circula un rumor que sitúa a David Cronenberg como director del remake norteamericano de “Los Cronocrímenes”. Al parecer, el director de “Promesas del Este”, “Una historia de violencia” o “Inseparables” quedó impactado tras verla en un festival de cine fantástico.  Ja vorem que fa. Si bien, ¿es necesario un remake, mante?
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