La
rebeldía es la calidad del rebelde, la cualidad de quien se opone a
la autoridad de forma activa o pasiva, del que se levanta ante la
injusticia. Todos estamos en la obligación de ser rebeldes de una u
otra forma. Es una obligación moral. Un deber para con nosotros y
nuestros semejantes. Es por ello que debemos oponernos a los actos y
procesos de los que tenemos plena consciencia sobre su ilegitimidad.
Y ya sé que parece de perogrullo y hasta puede que lo sea, pero no
viene mal recordarlo en estos días aciagos que nos toca vivir.
"Yo
soy rebelde porque el mundo me ha hecho así, porque nadie me ha
tratado con amor, porque nadie me ha querido nunca oír" que cantaba
una afectada Jeanette. Rebelde porque no hay otra manera de vivir en
este mundo plagado de injusticias. Debes serlo porque sino acabarás
convertido en un tiralevitas, confirmando aquello
de que este es el país del vivan las caenas.
Todo
eso y mucho más debieron de pensar los autores de los relatos
incluidos en "El modorro y otros cuentos libertarios".
Personajes con orígenes y de trayectorias tan dispares como Rafael
Barrett, Blasco Ibáñez, Flores Magón, Ernesto Herrera, Baldomero
Lillo, Juan José Morosoli, Pi y Arsuaga, Azorín, Pi y Margall,
Teresa Claramunt, Ricardo Mella, Herminia Brumana, Joaquín Dicenta,
Octavio picón y Joan Salvat Papasseit.
Y
es que detrás de una preciosa portada firmada por Manuel Sáez,
encontramos veinte historias escritas entre finales del XIX y
principios del XX, cuyo hilo conductor tiene que ver precisamente con
el concepto de rebeldía. Con el ansia de libertad. Cuentos
libertarios, como reza en el título, que reivindican ese valor
esencial e imprescindible para cualquier sistema democrático.
Cuestión esta que demasiados y no solo con el affaire "Grexit",
parecen haber olvidado. Y es que la libertad no es eso con lo que se
llenan la boca Rajoy & Cia día sí y día también, para goce de
sus huestes y demás acólitos. Lo que estos cuentos plantean no son
cosas rescatadas de un pasado lejano y ya olvidado, sino cuestiones
que, a veces de forma diferente y otras no tanto, siguen candentes. No hace falta acudir hasta las escalinatas del Partenón para darse cuenta
de ello.
Además
de la referencia a los historetistas y a Manuel Sáez, es de justicia mencionar al
resto de artistas gráficos. Y es que las fantásticas ilustraciones de David Gálvez, Jorge Pablo Hernández, Santiago
Larrosa y Javier Lapuerta engrandecen aún más el impacto de los relatos que introducen.
Una gran lectura veraniega. Compradlo y por supuesto leedlo. O leedlo y después compradlo. Supongo que aquí también opera la milonga aquella de la propiedad conmutativa. Digo yo...
Cuenta
Suetonio que la expresión era empleada con fruición por el
emperador César Augusto en sus conversaciones familiares. Con ello
daba a entender que alguien no pagaría nunca su deuda. Más que nada
porque no puede cumplirse un plazo que está destinado a no
cumplirse. Y es que los griegos clásicos no contaban
el tiempo en calendas. Y lo que no puede ser pues no puede ser y
además es imposible.
No sé si Mario Draghi, el demente presidente
del BCE, pertenece a la estirpe de los julio-claudios pero, de ser
así, es evidente que no ha heredado los conocimientos de "el
divino". De los corruptos Lagarde y Juncker, directora del FMI y
Presidente de la Comisión respectivamente, mejor ni hablar. Esos son
unos cachondos. Con los anhelos y esperanzas de los demás, clar clar... Como frau Merkel y su
perrito faldero -aka el Presidente del Eurogrupo- Jeroen
Dijsselbloem...
Pero
todos estos malages no van a amargarme la existencia. Lo que no ha
conseguido la plaga de mosquitos que asola mi hogar, ¡ni siquiera la
jodida ola de calor!, no van a lograrlo estos profetas del
austericidio para pringaos. Así que, Ότι καθάρματα εσείς
σκατά. θα το ξεπεράσουμε. Dicho con
música, por supuesto...
Íñigo
Domínguez es vasco y además reside desde hace mucho en la bella
Italia. Es más, según parece, su relación con el país que le vio
nacer, se limita a pasar las vacaciones en familia y visitar a los
amigotes de la infancia. Cuando este corresponsal de El Correo en
Roma decidió embarcarse en el proyecto del que ahora os voy a
hablar, llevaba la friolera de siete años fuera del territorio
nacional. Y según el mismo reconoce, apenas si conocía la costa
mediterránea, más allá de que, posiblemente, alguna vez se halla
rustizado en las playas de Salou o hasta zampado algún remedo de
pintxo de los que se elaboran en las "tabernas vascas" de
Benidorm. Al margen de todo eso, no existen dudas sobre que
Domínguez se ha convertido y por méritos propios, en uno de los
periodistas españoles actuales más interesantes. Un tipo con unos
puntos de vista que no son solo respetables sino que además, en la
mayoría de ocasiones, considero acertadísimos. Y sus proyecciones,
nunca gratuitas, se acercan peligrosamente al concepto de
premonición. Valga como ejemplo la nota previa a la primera edición
de "Mediterráneo descapotable" (Libros del KO, 2015):
"Cuando
iba y venía de vacaciones tenía una sensación creciente de que
todo el mundo se estaba volviendo loco y mi país cada vez me gustaba
menos. La degeneración del paisaje visual, el explícito, me parecía
a mí, era resultado de un concreto paisaje moral, oculto, o no
tanto. En verano ya se empezaba a sentir que algo no iba bien -ya
habían saltado las primeras alarmas por el desplome de la venta de
pisos- pero ni nos imaginábamos el auténtico significado de la
palabra crisis, que íbamos a descubrir enseguida, en caída libre."
El
viaje que da origen a este libro y consiguientemente a este tipo de
reflexiones, se produjo durante el verano del 2008. Al poco tiempo
quedaría oficialmente inaugurada la crisis que aún hoy día
perdura, con la celebérrima quiebra de Lehman Brothers -el banco,
que no los maravillosos diyéis-.
La
idea inicial era recorrer parte de la costa mediterránea, visitando
sus principales enclaves, en tan solo un par de semanas y a bordo del
descapotable que se cita en el título. El viaje comenzaría por
Collioure (Francia), desde la tumba en la que reposan los restos de
Antonio Machado, para terminar en ese esperpento llamado Gibraltar.
Estamos por lo tanto ante un libro de ruta, escrito de forma amena e
incluso divertida, aún cuando lo que hay detrás tiene poco de
gracioso. De ahí que muchos de los chistes y bromas recogidas
enmascaren furibundas críticas. A fin de cuentas, el distanciamiento
obligado del periodista respecto a las realidades que presencia, le
permite captar con mayor objetividad los defectos de un país ya en
plena crisis, aunque por aquel entonces casi nadie fuese consciente
de ello. Así es como vamos asistiendo a una relación detallada de
desmanes, que van in crescendo conforme descendemos
por la A-7. Y es que, visto lo visto, las barbaridades cometidas en
Lloret de Mar o Burriana palidecen ante los despropósitos y las
corruptelas que han campado a sus anchas en diferentes enclaves de
las provincias de Málaga y Alicante o la región de Murcia.
Pero
lo más interesante de este road-book, viene al final del
viaje. Íñigo Domínguez se ha peocupado de redactar un apéndice
actualizado a fecha de anteayer, el cual podría resumirse con el
profético a la par que castizo "de aquellos polvos, estos
lodos". Las casi cien páginas en las que consiste esta especie
de informe sobre la corrupción mediterránea, debería avergonzarnos
a todos aquellos que somos y/o habitamos a la vera del Mare
Nostrum. El sinfín de corruptelas,
la cantidad de políticos chapuceros y el tamaño de las tramas de delincuencia financiera que han
aflorado durante los últimos años en esta parte del país, son una cosa tremenda. Increible que hallamos consentido que se llegara hasta ese punto. Y todo por culpa de un concepto mal entendido
de lo que supone es la mediterraneidad. Turismo de Sol y playa que
muchos -¡demasiados!- interpretaron como turismo de pelotazo y a
huir.
También
podríamos ver este "Mediterráneo descapotable" como un
cuento moral. Una lamentable historia de tontos y/o malos en la que se
nos conmina a aprender de nuestros propios errores y a no volver a insistir
en ellos. Aunque es más bien un deseo que un mandato. Basta con oír
a ciertos políticos de la terreta para darnos cuenta de que el
cambio de modelo y sobretodo de mentalidad aún anda lejano.
En definitiva, una recomendable lectura veraniega. Casi fundamental para aquellos que siendo de por aquí, aún no se han aprendido la lección...
Ah! Que no se me olvide... Me parece un
gran acierto por parte de la editorial, el haber ilustrado cada uno de los
diecisiete capítulos de este libro-viaje, con otras tantas viñetas
firmadas por mi amigo Esteban. Una serie de ilustraciones marca de la
casa que le van como anillo al dedo a este librico.
...que
es como a Sílvia Pérez Cruz y a Raül Fernandez Miró les gusta
escribirlo. Por el fruto del granado, comestible, ovalado, de corteza
dura y delgada, granulado y dulce en su interior. Pero también por
ese proyectil, hueco, de pequeño tamaño, explosivo y capaz de
generar una destrucción impropia dadas sus dimensiones. Así es como
definen ambos este "granada", segundo álbum firmado por la
ex-componente de Las Migas, primero junto al líder de Refree. Un
disco que engrandece el encanto de la nostalgia hasta tal punto, que
la R.A.E. debería aceptar una tercera acepción de “granada” en
el diccionario de la lengua española, en homenaje a este exuberante
disco de versiones/adaptaciones. Una maravilla que este menda ya
situó en el top ten de recomendaciones extraídas de la rica cosecha musical 2014 y es que, creedme, no es para menos. Porque el álbum,
escucha tras escucha no para de crecer. Y no os digo nada después de
disfrutar de su traslado al directo. ¡Que cosa más
tremebunda!
Y
es que anteayer por la tarde-noche, tuve la suerte de ser uno de los
pocos valencianos y/o residentes en el Cap i Casal que presenciaron
la defensa de "granada" sobre las tablas. Fue en el teatro
Olympia, marco incomparable para desgranar los cortes incluidos en un
disco que no tiene desperdicio. Fue algo mágico. Muy grande.
Irrepetible. Casi dos horas y media de bolo incluyendo bises y hasta "trises" -o como coño se diga eso- pero de los de verdad.
Nada del paripé al que casi todas las bandas nos tienen
acostumbrados. Porque esa noche todo se produjo en perfecta sintonía.
La de un público heterogéneo absolutamente entregado a la causa y
la de una pareja de artistas encantados con la gente, incluso
emocionados, siempre prestos a satisfacer las demandas del
respetable.
Muchos
consideran a Sílvia Pérez Cruz como una de las mejores voces del
momento. Uno de los fenómenos del año pasado sin duda, si bien la
artista de Palafrugell ya lleva unos años dando el callo. Ayer quedó
sobradamente demostrada su valía. Que voz, madre mía de mi alma...
¡Menudos pulmones tiene la gachona! Y que variedad de registros...
Pero sobretodo, que belleza y que entrega. Las manos de su compañero
de correrías, el mencionado Raül Fernandez, tampoco le fueron a la
zaga. Y si me apuráis, hasta el encargado de iluminación, ya que,
como reconocieron los propios artistas al final del show, esos
magníficos juegos de luz son algo fundamental para esta gira. Algo
que embelleció muy mucho un espectáculo ya de por sí bellísimo.
La
cosa empezó por el célebre "Abril '74" de Lluís Llach y
continuó con la "Tonada de luna llena", una de las coplas
más conocidas del venezolano Simón Díaz. Ya desde ese momento
tenía a todo el público metido en el bolsillo. Siguió con el mix
alemán Heine – Schumann con "Im wunderschönen monat mai"
/ "Aus meinen tränen spriessen", que sonaron dulces pese a
lo aspero de la lengua de Goethe. Inmediatamente después vino uno de
los momentos álgidos de la velada, con la aparición de las primeras lagrimillas, gracias a ese precioso "Hymne à l'Amour" de
Edith Piaf absolutamente embellecido por Sílvia y que me perdonen
los puristas. Llantos que no terminaron de secarse y ya estábamos
sumidos en "I get along without you very well (except sometimes)" de Nina Simone o de Chet Baker, que lo mismo me da
que me da lo mismo. Después sería el momento de "Mercè"
de Maria del Mar Bonet que a su vez daría paso, en un fantástico
cambio de registro, a la interpretación de "Acabou chorare".
Bonita canción compuesta a principios de los 70 por los Novos
Baianos y en la que Sílvia y Raül colaron una estrofilla del "Panis
et circenses" de los imprescindibles Os Mutantes. Golazo por
toda la escuadra.
La
segunda parte del concierto se inició con "Carabelas nada"
de Fito Páez y "Piedra en el camino" en una versión que
bebe mucho de la adaptada por Atahualpa Yupanqui. Ambas relecturas darían paso al no suficientemente conocido "Cant dels ocells"
de Pau Casals, en su versión cantada. Ese fue el prólogo al segundo
gran momento de la noche o, porque no decirlo, al auténtico
momentazo de la noche y que fue, como no podía ser de otra manera,
la portentosa readaptación de dos clásicos del tristemente
fallecido Enrique Morente. Hablo de ese "Compañero (Elegía a
Ramón Sijé)", cuya letra e inspiración pertenece a don Miguel
Hernández y a su amigo Ramón, y por supuesto "Que me van aniquilando", perfectamente enlazada. Un momento
de emoción generalizada, incluso de catarsis, al que el público
respondió con un atronador aplauso que pareció no iba a tener fin.
Creo
recordar que fue en ese momento cuando Sílvia comenzó con sus
habituales juegos capilares, recogiéndose la melena para poco después
volvérsela a soltar y luego colocarla de otra manera... a la vez
que relajaba un tanto el ambiente con la deliciosa y desenfadada
interpretación de "Albert", composición que supone un
pequeño homenaje al loco de "Albert Pla" y que comienza
con estrofas de la divertida "Papa, jo vull ser torero".
Después de esto, tiempo para retomar a Lluís Llach con su versión
musicada de las "Corrandes d'exili" de Pere Quart que un servidor recuerda más por la de su paisano Ovidi Montllor. Anticipo del sentido homenaje de Sílvia a sus padres: el desaparecido
compositor de habaneras Cástor Pérez Diz y Glòria Cruz. Sería a través
de una de sus creaciones, titulada "Vestida de nit", que sonó tremendamente emotiva, como casi todo en esta noche de
ensueño. Y de ahí dieron paso, con nocturnidad y alevosía, al que
debía ser el punto y final de un maravilloso espectáculo. Me refiero
a ese "Pequeño vals vienés" de Lorca a través del "Take
this waltz" de Leonard Cohen pasando por Morente & Lagartija
Nick. Pero no... Tan solo era un punto y seguido. Aún nos quedaba la guinda en forma de
bises.
Programado
estaba, como no, cautivarnos con la relectura de ese "Gallo rojo, gallo negro" compuesto por Chicho Sánchez Ferlosio y cuyo mensaje sigue tan de actualidad hoy
día. Por mucho que el buenismo de mis compañeros de trinchera les
incapacite para percatarse de cuales son, han sido y serán las
reglas del juego democrático en esta jodida España. Hubiese sido un
glorioso final, pero la gente quería más, ¡necesitaba más! Por
suerte, tanto la cantante gerundénse como el músico barcelonés, también lo deseaban. De ese convenio tácito
surgió una preciosa adaptación de "Cucurrucucú paloma". Preciosa a la par que extraña y es que, originalmente compuesta por el
mexicano Tomás Méndez, uno la recordaba muy diferente en boca de
Caetano Veloso, Celia Cruz, Harry Belafonte y hasta de Julio Iglesias.
Ya para terminar y esta vez de verdad, Sílvia y Raül se despidieron
de todos nosotros con "Menuda"
de Joan Manuel Serrat.
Uno
de los conciertos del año sin duda alguna. Uno de los conciertos de
recordaré durante toda mi vida y lo digo en serio.
Así que, gracias y hasta la próxima pareja de cracks. Espero y deseo que el retorno hasta estos parajes no se haga de rogar demasiado.
Y
no me refiero al dirigente revolucionario mexicano, inmortalizado por
Elia Kazan en aquella sobresaliente película protagonizada por Marlon Brando en 1952. Esto
va por Guillermo Zapata,
dimitido edil de cultura del recientemente constituido Ayuntamiento
de Madrid. Un tipo al que se ha exigido más de lo que
se exige al común de los mortales. Desde
luego más de lo que le pedimos al común de los políticos españoles.
Y muchísimo más que a Rafael Hernando, Pablo Casadoo Cristina Cifuentes,
solo por poner tres ejemplos
que afectan al ofendidísimo PP.
Y
es que, en otro episodio de cinismo e hipocresía marca de la
cas(t)a, han conseguido que el representante electo de Ahora Madrid dimita
del puesto en el cual le habían situado los madrileños. Y todo por
unos tuits publicados en su cuenta hace cuatro años, cuando era un
ciudadano anónimo. Unos tuits que, para mas inri, formaban parte de
una discusión sobre los límites del humor suscitada con motivo del
vergonzante affaire Nacho Vigalondo vs El País. Un
hilo en el cual, por cierto, participó este menda. Así que voy a
apresurarme en borrar mi timeline de Twitter por si dentro de unos añitos alguien
decide esgrimirlos en mi contra para expulsarme de la comunidad de vecinos o
impedirme el ingreso en el A.M.P.A.
A
ver, no es por buscar agravios comparativos, pero manda huevos que en España se tenga que dimitir por eso y no por, pongamos por caso,
llevarse por delante a unos agentes de movilidad, estafar a los
preferentistas, no condenar los crímenes del franquismo, filtrar
datos fiscales de adversarios políticos, negar el acceso a la sanidad a
los inmigrantes sin papeles, financiarse ilegalmente, llevárselo crudo a Suiza o
a Andorra, irse a follar a las Canarias con cargo al erario público,
cobrar sobresueldos en B, manipular accidentes de metro o de avión,
proteger a abusadores en el seno de las sacrosantas Fuerzas Armadas, repartir lo
de los parados entre amigos y familiares, insultar y amenazar a
jueces y policías o directamente sustituirlos al gusto, retirar
medicamentos a enfermos crónicos o conceder finiquitos en diferido.
Y es que Zapata, este Zapata, ni es un terrorista ni es un chorizo. Ni siquiera podemos achacarle el ser un mal gestor cultural. Ni la ineficiencia en el desempeño de cualquier cargo público. Tampoco es uno de esos que se han ido por la puerta grande, triturando legajos de documentos oficiales antes de abandonar el despacho. No, nada de eso. Guillermo Zapata lo único que ha hecho (mal) es contar chistes...
Mejor dicho, entrecomillar chistes en el marco de un debate más amplio... Y encima utilizando el humor negro...¡¡¡waaaalaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!! 'ande vamos a ir a parar???
Y eso que hace cuatro días todos éramos Charlie. Desde el ABC, a El
Mundo, pasando por La Razón, El País, Interecomía, el PP, y hasta el PSOE... todos
eran Charlie y se rasgaban las vestiduras ante el salvajismo y la sinrazón de los
integristas. Parece ser que allí si teníamos claro aquello de que
las religiones, como todas las ideas, pueden ser criticadas, satirizadas e incluso
faltarles al respeto sin miedo a las consecuencias. Todo quedaba
amparado en el amplio paraguas de la libertad de expresión. ¿Todo?
Pues parece que no. Mejor dicho, ahora ya no. Alguien ha decidido que los chistes
de aquellos a los que vemos como enemigos no tienen perdón
de Dios. Poco importa si hasta a los supuestos agraviados se la suda, restándole importancia a los tuits . Aún les interesa menos el
contexto en que se produjeron y ni siquiera que el tal Zapata los
publicase cuando no era ni el presidente de su escalera. Visto lo
cual, estaría bien cuestionarse qué coño fueron a hacer todos
estos pánfilos en la gran movilización por los asesinatos del
Charlie Hebdo. ¿Para que cojones salieron a las calles? ¿A dominguear? ¿O a pintar el
mono como casi siempre? Je suis Charlie clamaban... Ya, ya... ¡Los cojones! Unos hipócritas y unos falsos, eso es lo que son.
Siendo esto lamentable, lo que más me duele de toda esta historia no son las
reacciones de esa derecha política rancia y el casposo TDT Party. De esas gentes no
espero nada bueno. Lo peor de lo peor es el modo en el que la izquierda
mediática ha reaccionado, bailando al son de lo que marcaba doña Esperanza
Aguirre -la musa del facherío patrio- y sus palmeros. Anoche mismo, en el Intermedio de La Sexta asistí a un ejercicio de equidistanismo impropio y asqueroso. El tito Wyo actúo como un
pelele de la marquesa antisistema. "No hay que confundir los
límites del humor con los de la ofensa" decía. ¡Tócate los huevos! ¡Pero si eran chistes,
imbécil! ¡¡¡Y no debería haber límites en el humor!!! Precisamente tú, que eres un puto
humorista curtido en mil y una persecuciones, lo deberías saber mejor que nadie. 'enga, dime un solo chiste que no
"ofenda" a algún colectivo. A ver, veamos, ¿un chiste de vascos? ¿de
catalanes o andaluces? ¿de argentinos tal vez? ¿sobre cornudos? ¿chistes de maridos y mujeres? ¿de cojos o ciegos? ¿sobre funcionarios, putas, portugueses, moros, leperos, chinos...? ¡ ¡Ilústrenme Señorías! Y es que, no sé cómo coño nos lo vamos a montar para contar uno
sin que algún colectivo pueda sentirse ofendido. Ánimo, espero
vuestras propuestas.
En
relación con esto último me gustaría recomendarle a la izquierda
de este país, la mediática y la que no lo es; a la que voto, a la que he votado y hasta a la que nunca votaré; que se meta en la
puta cabeza que los conceptos bueno y malo, o sea, lo que está bien y lo que está mal, aquello que es ético y lo
que no lo es ya me entendéis, no se los puede dictar la derecha. Aunque solo fuera
porque, viendo la mierda de derecha cavernícola que nos toca sufrir por estos
lares, si les hacemos seguidismo, estamos bien jodidos.
Así que no. Yo
no estoy contento con la dimisión de Zapata. ¡Que cojones! Zapata,
como cualquier ciudadano de este país, tiene derecho a ejercer el
humor sobre cualquier tema nos guste a los demás o no. Que luego sus
chistes nos parezcan buenos o malos, que no nos riamos con ellos o incluso que nos toquen la moral, eso ya es harina de otro costal. Y por cierto,
que no se me olvide mencionar al gran Manuel Jabois y su columna de
hoy martes. El chiste no convierte en mejores personas a quienes no
les haya hecho gracia respecto a aquellos a los que sí. A ver si nos enteramos de una puñetera
vez.
En fin y ya para acabar, mencionar que la
última vez que alguien copó todas las portadas de los diarios nacionales, hizo falta el saqueo mayúsculo capitaneado por un todopoderoso ex-Ministro al cual aún hoy algunos atribuyen ser el artífice del "milagro
económico español". Ahora le corresponde ese honor a un don
nadie. Le ha bastado con tres o cuatro tuits de mierda. This is Spain.
¡Y que
viva Zapata carajo!
Je suis Zapata...
...y la mayoría de vosotros no, panda de gilipollas. Así nos luce el pelo.
La
RAE define terror como aquella sensación de miedo intenso y al
parecer la clave radica en lo de intenso. O sea, que el terror se da
cuando esa perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo real o
imaginario que es el miedo, supera los controles cerebrales y
ocasiona que el sujeto no pueda pensar de forma racional, no
reaccionando o sí pero malamente que para el caso da lo mismo. Por
otra parte, la misma Academia establece que terror, en su acepción
adjetivada, sería aplicable a las obras cinematográficas o
literarias que buscan causar miedo o angustia en el espectador o en
el lector.
Se
podría afirmar que la insana atracción de los humanos por infundir
terror es más antigua que los rodapiés de las Cuevas de Altamira.
De ahí que las representaciones destinadas a eso mismo o los propios
cuentos de terror sean tan antiguos como el lenguaje, el pensamiento
humano o el jodido viento al que me refiero en el título de esta
entrada. Y es que, efectivamente, el asunto ya aparece como un
ingrediente del folclore más antiguo, cristalizando en las
narraciones orales, canciones, rezos y oraciones o textos sagrados
arcaicos. Vamos, que esto no comenzó con Browning, Lovecraft, Poe o
Tourneur y por supuesto tampoco con Carpenter, Craven, Ramsey
Campbell o el puto Alexandre Aja. Aunque supongo que gentes como Uwe
Boll, tan pagados de si mismos y de su obra perpetrada, opinarán de
forma diferente.
El
caso es que la emoción más antigua e intensa de la humanidad ha
dado mucho juego a escritores y cineastas. Especialmente a los más
malos de entre estos últimos y aún más de un tiempo a esta parte.
Y es que, hoy en día, buscar alguna cinta de terror que merezca la
pena equivale a aquello de encontrar una aguja en un pajar. No será
por falta de producciones, marededeusinyor!!! Rara es la semana que
entre los estrenos no se cuela algún reputado representante del
género presentándonos su nuevo zurullo. Y así andamos, con las
producciones del Boll de turno campando a sus anchas en las cada vez
más escasas salas de cine.
Pero
mira tu por donde que este año he hallado la aguja. O más bien me
he pinchado con ella y eso que hace ya mucho que no me revuelco en
ese tipo de pajares. La pelicullilla en cuestión se titula“It Follows”y la firma un tal David Robert Mitchell a quien no
tenía el gusto de conocer. El punto de partida, que no es la polla
Montoya y podría servir de arranque a cualquier film de terror al
uso, se inicia con una rubia adolescente pensando en cosas de
adolescentes rubias: En salir y follar con su novio guapetón. Lo que
acabará por concretarse en la parte trasera de un coche. El problema
es que por culpa del/los polvo/s a nuestra heroína le va a cambiar
la vida. Y no porque el noviete fuese un trasunto de Rocco Siffredi
con menos años y centímetros por allá abajo, sino porque el
intercambio de fluidos conlleva el traspaso de unos espíritus con
manía persecutoria a los que tan solo es posible ahuyentar
continuando con la cadena de polvos. Es decir, enganchando a algún
primo/a en alguna disco y haciéndole participar de esta versión
porno-macabra del juego del“tú la llevas”.
¿Os
hace risa? Pues nooooo... Ya os digo yo que no. Da muy mal rollito,
believe in me. Entre otras cosas porque, si bien no lo parece por
como lo he relatado, la historia esdesagradable grado sumo. En ella
todo lo que parece una cosa es otra muy diferente y, en buena medida, ni
siquiera te lo esperas. Además es sumamente bella. Muy lírica. Algo
inusual en este tipo de producciones. Y es que en “It Follows”el como está rodado es casi tan importante como lo que se nos
cuenta. Con una mención especial a una serie de planos fijos en
los que vemos acercarse a los espíritus cabrones a velocidad tortuga, o aquellos maravillosos travellings circulares en los
que descubrimos muchas más cosas de las que los protagonistas
consiguen ver.
Podría
afirmarse que “It Follows”es una película de terror
poético en la que hasta las escenas más inquietas están filmadas
con un gusto exquisito. Una obra que va más allá del simple cine de género. Y eso a pesar de que no rehuye los
homenajes a exponentes del cine de terror -cuando el género no había
derivado en la mierdaca en la que se ha convertido hoy día- como “La noche de Halloween” de John Carpenter. En este sentido, la elección
de la música -que es genial- tampoco parece casual.
¿Estamos
ante una obra maestra? ¿Es Mitchell la nueva esperanza blanca? Solo
el tiempo lo dirá. Desde luego esta peli es una joyita que no
deberías dejar pasar. Una rara avis dentro de un mundillo
instalado en la mediocridad desde hace demasiado y cuyo fin último parece ser la venta de
palomitas y pepsicolas entre la muchachada.
A
Luke Winslow-King tuve el placer de conocerle allá por el 2013. Fue
gracias a Bloodshot Records, interesante sello de Chicago en cuyo
catálogo aparecen algunos artistas sobre los que ya se ha hablado en esta bitácora como Ha Ha Tonka, Murder By Death, Jerry
David DeCicca, JC Brooks & The Uptown Sound o los Deadstring
Brothers. Por aquel entonces, el amigo Luke presentaba su tercer
álbum, "The Coming Tide", una preciosa compilación de
temas en la que este excelente guitarrista nacido en Cadillac
(Michigan) pero residente en New Orleans, se complementa con su
pareja Esther Rose para ofrecer su visión particular de la música
de raíces. Y es que Luke Winslow-King es uno de esos a los que la
crítica tilda de "nuevos tradicionalistas". Gentes como
Pokey LaFarge, Kitty Daisy & Lewis o CW Stoneking -a pesar de que este último sea
australiano e incorpore esa particularidad en su propuesta musical- que
mezclan a la perfección elementos provenientes del ragtime, el blues
del Delta, el góspel, el swing de Luisiana, el folk tradicional y
como no, el rock 'N roll.
El
caso es que tras "The Coming Tide" vino el no menos bueno
"Everlasting Arms" y con ello cierto reconocimiento fuera
de los EEUU y la consiguiente gira europea que, ¡oh sorpresa!,
incluía una parada en Valencia. Eso fue durante el pasado mes de
enero y no recuerdo muy bien porqué, o tal vez no me quiero acordar,
pero no pude asistir a un show que, según cuentan ciertas fuentes de
total confianza, resultó tremebundo. Pero bueno, como la vida a
veces ofrece segundas oportunidades, prontamente -para sorpresa de
propios y extraños- el artista norteamericano repitió cita en el
Cap i casal. El hito se produjo justamente ayer y p'alla que nos
fuimos. ¡Y menos mal!
Porque
fue un conciertazo. Hora y tres cuartos de deleite musical con un
Luke Winslow-King en estado de gracia, bailongo y hasta sabrosound, mostrando una absoluta sintonía con un público que se lo
agradeció entregándose desde el minuto uno. No quiero
olvidarme de la banda de acompañamiento. Una
cuadrilla de virtuosos entre los cuales, y brillando con luz
propia, hay que destacar el bajo de cinco cuerdas de don Brennan Andes y, por supuestísimo, al guitar-hero
italiano Roberto Luti. Alguien que, debajo de su enorme pañuelo, esconde mucho más de lo que presagia ese look a lo Kid Rock de baratillo. Y en ese contexto fueron sucediéndose los
mejores cortes incluidos en "The Coming tide", desde el que da
nombre al disco hasta el trompetístico "Moving On (Towards Better
Days)", amén de una versión bien bluesera del "Keep Your
Lamp Trimmed and Burning". Pero también, lógicamente, las
inevitables referencias a esa biografía musicada que es "Everlasting Arms",
con la no suficientemente pinchada "Swing that Thing" a la
cabeza. Lo más parecido a un hit que Luke Winslow-King tendrá en su
vida con permiso de "Never Tired", precioso corte extraído
de uno de sus primeros álbumes que también sonó, y
muy bien, en el directo de anoche.
Y
poco más que añadir. Tan solo recomendaros que si tenéis la
oportunidad de presenciar un bolo de este muchacho, no lo dejéis
pasar. Puro encanto sureño digno del Mardi Gras de New Orleans. No
ha inventado la pólvora, es cierto, pero quizás tampoco anda tan lejos...
Afirma gente que sabe de esto, que una segunda obra –en el caso que nos ocupa, un segundo libro- supone un momento trascendental en la trayectoria del artista. El autor, que no tiene rostro cuando crea ya que su rostro es justamente eso que crea, se halla en una encrucijada. Se trata de saber si con la nueva obra se confirman las maneras y el talento desplegado en el debut o por el contrario estas han quedado diluidas como un azucarillo en el café. En el caso que nos ocupa, cualquier atisbo de duda al respecto queda disipado al leer las primeras líneas de “De cigotos y galgos”, el primero de los relatos incluidos en “La vida salvaje”:
EL METRO SE DETIENE en la estación de siempre, las puertas se abren, la corriente nos empuja y una mañana más recorremos los pasillos juntos, todos juntos y revueltos, como un turbio río de carne. Encajados entre hombros ajenos, aprisionados entre axilas y desodorantes, alientos y legañas y sueños y pesadillas y codos huesudos en las costillas y grasa y sudor y pollas y culos. Una mañana más recorremos el espeso torrente de los pasillos, subimos escaleras mecánicas, las bajamos y volvemos a subirlas, y otra vez pasadizos de linóleo y carteles publicitarios de la sonrisa Vitaldent y fluorescentes y colas y tornos. Y al final salimos escupidos, vomitados, eyaculados a la calle siempre exactamente a las siete treinta y siete según el reloj-termómetro que se alza hacia el cielo azul junto a la boca de metro, y que veo en contrapicado mientras subo a pie los últimos peldaños. [...]
“La vida salvaje” es el segundo libro de Iván Rojo, el primero publicado por Rasmia Ediciones. Una buena muestra de ese universo Rojo por el que transitan personajes tan especiales y la vez tan normales como lo es el propio autor, o tú, ese que ahora está leyendo estas líneas y que en breve dará buena cuenta del libro. El estilo de Iván tan solo puede ser crudo, porque la vida lo es y todos, en mayor o menor medida, padecemos esos pequeños dramas –a veces no tan pequeños- que nos recuerdan lo que somos. Orgullosos miembros de una especie animal consagrada a la destrucción, la propia y la ajena, y que no solo tropieza dos veces con la misma piedra, sino que en ocasiones se gira y chuta con todas sus fuerzas a ver si revienta él, la piedra, el receptor de la pedrada o todos a la vez. Y es que en el fondo todos somos unos perdedores ya desde el momento en el que salimos del vientre materno. Abandonamos así ese entorno confortable y protegido y nos subimos al cuadrilátero de la vida a dar hostias, pero sobretodo a recibirlas. Todo eso nos lo muestra Iván con sus historias, ahondando en la parte referida al encaje de golpes, pero sin renunciar a esos momentos de ternura que nos recuerdan que hasta en Chernóbil sale el sol por las mañanas e incluso, muy de tanto en tanto, se pueden divisar majestuosas rapaces recortando su silueta contra el cielo radioactivo.
[...] Y ahí abajo, mirando frente a frente a la estatua como un imbécil, entre miles de burbujas perdiéndose para siempre, comprendes que nunca has sido tan feliz como en ese preciso instante. Y te importa una mierda las caras de estupor que te reciben cuando emerges. En primera fila hay una, más pequeña que el resto, que sencillamente se limita a reír. De la manera más nítida y más pura que jamás has escuchado. Porque sí, siguen resonando las explosiones, pero ahora las ves brillar y apagarse y brillar en el cielo. Justo encima de su risa. Bañándolo todo de luz. ("Feliz cumpleaños")
A diferencia de “Pantano”, debut literario de Iván en Sven Jorgensen, este libro compendia junto a esos relatos marca de la casa, una buena muestra del poemario que el escritor valenciano viene cultivando desde hace tiempo. Una poesía caracterizada por su realismo descarnado pero al mismo tiempo lírico, en ocasiones tierno pero casi siempre brutal, que nos remite al Bukowski de “Guerra sin cesar”, a las letras más desgarradas de Pablo Und Destruktion y también a las visiones amorosas de Houellebecq. Todo eso teniendo en cuenta que, a diferencia de los anteriores, la escritura del Rojo está fuertemente influida por la atmósfera de la terreta. La de ese hell on earth mediterráneo, tal como a mi me gusta llamarlo, en el cual Iván ha pasado la mayor parte de su vida.
Un ojo morado/El otro hinchado,/medio cerrado./La nariz rota/varias veces,/el tabique/desviado./El labio partido./Un pómulo/astillado./Y sangre/entre los dientes./Si tu vida/tuviera cara,/a estas alturas/del combate/estaría/hecha un mapa./ ¿Qué esperabas? … (“Eterno aspirante al título”)
Y no hay mucho más que añadir. Que confío en que a Iván le vaya bien porque su obra bien lo merece. Y vale que el talento no augura necesariamente el éxito -ni siquiera el éxito supone una confirmación de talento-. Pero el buen lector tiene la obligación de buscar a esos autores talentosos entre la broza acumulada en los estantes de las librerías. Y como sé que ustedes son buenos lectores y no vacas pues háganme caso y agénciense una copia de “La vida salvaje”. ¡Y léanlo pardiez! No se arrepentirán.
El último elepé de Will Haven es tremendo. No da tregua ni medio segundo. Vale que no encontrareis en él nada nuevo respecto a ese noise-metal arrollador marca de la casa. Aún así cabe situar a “Open the mind to discomfort” en el top de la trayectoria de sexteto de Sacramento. Desde luego es lo más brutal que se han sacado de la manga desde el mítico "WHVN" de 1999.
Y que decir de la “Vigorexia emocional” de don Pablo und Destruktion. Un discarro de corte raphaelista que confirma al gijonés como uno de los artistas más interesantes surgido en este país en las últimas décadas. Canciones como “A veces la vida es hermosa” o “Califato”–incorporada a esta SuloTk- son joyas para enmarcar. Tremenda compilación de canciones íntimas e intimistas que, como manifiesta el propio Pablo en la hoja promocinal, no desatienden ni la política, ni la filosofía e incluso la religión, tratando de compaginar anarquismo, mística y romanticismo. ¡Ale pues!
Poco que aportar al enorme caudal de loas y parabienes dedicados, de forma absolutamente justa, al segundo disco de los Alabama Shakes. A priori no esperaba mucho del mismo, la verdad. Pero con tan solo una escucha me percaté de que “Sound & Colour” es un álbum soberbio. Un disco que va mucho más allá de aquella fórmula vintage con la que Brittany Howard y sus chicos se presentaron ante nosotros hace ya tres años. Parece evidente que este “Sound & Colour” es un plástico más fiero, sexy e incluso más guarro que aquel “Boys & Girls”. Una auténtica pasada.
Al disco de Happyness –“Weird Little Birthday”- accedí tarde, pero no mal, gracias a Bboyz, uno de los gurús musicales de este humilde bloguero. Un discazo tremedundo en proporción inversa a lo horroroso de su portada. Se les perdona. Son jóvenes y además seguidores de Pavement, lo cual resulta bastante obvio y a los audios me remito. Pero no sólo de Pavement vive el hombre. Algo más se respira en su propuesta. Mucho más nos transmite el alma de estos tres londinenses cuyo debut augura puñaos de cosas lindas.
Llegamos a lo último de Best Coast, que este menda anda disfrutando como un enano pese a haber sido un descreido de la religión bestcoastiniana. “California Nights” puede llegar a ser el disco energizante del año. Un trabajo que huele, sabe y sobretodo suena a noventas. Me da la sensación de que con él, Bethany Cosentino ha destapado el tarro de las esencias. Si bien no todo el mundo opina igual –las críticas en los medios especializados son reguleras-. Tal vez sea cosa mía, pero si este disco es tan mediocre como he leído, debe ser que prefiero a la Cosentino en sus patinazos que en sus momentos de gloria. Poned a toda virolla “Feeling Ok” y chitón!!!
Ya para acabar, nada mejor que el pop cavernoso de Peter Broderick. Su último disco, “Colours of the night” -¡una puta maravilla!- destaca por sus melodías perfectamente cuidadas, elegantes y sosegadas, además de las preciosas voces –la suya y la de su acompañante femenina- y unas bonitas instrumentaciones. Con ello el amigo Peter repasa toda la paleta de grises que conforma esa noche a la que el multi-instrumentista de Portland dedica su último disco. Muy grande.
Sumisión es la última marcianada firmada por ese loco maravilloso nacido en la Isla de Reunión y bautizado como Michel Thomas, aunque todos le conozcamos por Houellebecq. He dicho marcianada ,que no provocación, me habéis oído bien. Y es que no veo por ningún lado el mensaje supuestamente islamófobo que lleva implícito el libro. Vale que “Sumisión” llegó a las librerías francesas el mismo día del trágico atentado contra Charlie Hebdo, pero eso no es culpa de Houellebecq –al menos que sepamos-. Y que esa circunstancia le venga fenomenal para promocionar su libro, algo evidente por otra parte, no justifica que se le acuse de islamofobia o de dar alas a la extrema derecha francesa.
Tampoco acabo de entender el que se califique a “Sumisión” como novela distópica, más aún después de que el mismo autor lo haya negado en reiteradas ocasiones. El libro parece más bien una crítica –otra más, como lo son el resto de sus novelas- a los valores de la Ilustración y de la modernidad europea. Proyectos que este casi sesentón considera absolutamente agotados y no sin motivo. Esa suerte de advertencia ante el peligro musulmán que muchos han querido ver en “Sumisión” me parece una interpretación bastante pobre. Más allá de que gran parte de los que opinan en este sentido ni siquiera se han leído el libro. Hilando con lo anterior, convendría recordar que islam es una palabra derivada del verbo árabe “aslama”, que significa, literalmente, “aceptar, rendirse o someterse”, es decir “sumisión”. Y quien quiera ver fantasmas ahí, que se las apañe.
Lo cierto es que “Sumisión” nos sitúa en una Francia no demasiado distinta de la de hoy. Estamos a las puertas de las presidenciales del 2022 y los partidos tradicionales se han hundido en las encuestas. Un tal Mohammed Ben Abbes, líder de una nueva formación de corte islamista, aparece como el ave fénix para frenar a los extremistas del Frente Nacional. Para ello contará con los apoyos de socialistas y de una derecha tradicional que, temerosos de Marine Le Pen, pedirán el voto por Ben Abbes en la segunda vuelta de las elecciones.
François, el protagonista de la historia, asiste impertérrito a todo esto. Es profesor universitario por lo que goza de buen salario e incluso de cierto estatus académico. Vale que está hasta la polla de casi todo, pero vive instalado en una zona de confort que le hace resignarse ante una vida aburrida, pero sin privaciones… i follar de tant en tant, que cantaban los Manel reinterpretando el clásico de Pulp. El caso es que la llegada de Ben Abbes al Elíseo, conllevará unas transformaciones que, de alguna manera, también acabarán por afectar a nuestro héroe apoltronado. ¿De una forma negativa? Pues no sé que deciros. Leed el libro y sacad vuestras propias conclusiones.
Muy interesante es como Houellebecq utiliza la imagen del profesor y su condición de máxima autoridad en Joris-Karl Huysmans para ofrecernos una parábola sobre la conversión. La de Huysmans fue al catolicismo, ¿os imagináis hacia donde discurre el amigo François? Por otra parte, tampoco parece casual que se haya elegido a este escritor francés del XIX para co-protagonizar la novela. Ese disgusto por la vida moderna y el profundo pesimismo tan marca de la casa y que tan bien se expresan en libros como “A contrapelo”, son los propios de François/Houellebecq. Y es que no hace falta rascar demasiado para darse cuenta de que el hastiado profesor es un trasunto de su creador literario.
Con todo, “Sumisión” no es ninguna obra maestra. Se lee con interés y agilidad, como siempre pasa con Houellebecq, dejando incluso un pequeño poso de satisfacción al final. Pero promete mucho más de lo que ofrece y no alcanza, ni de lejos, a otras obras del novelista francés. Eso sí, el tipo sigue sin casarse con nadie y poco le importa soltar mandobles a diestro y siniestro. Así que leedlo.