lunes, 7 de marzo de 2016

Will & I

A ver, que la culpa es mía, lo sé. Por no hacer caso a la ficha promocional en donde quedaba meridianamente claro que Will Hoge venía a esta gira más solo que la una. Eso sí, junto a sus guitarritas, los teclados, la armónica y toda la parafernalia necesaria para presentar en sociedad su último álbum de estudio “Small Town Dreams”. También un disco en directo recién salidito del horno titulado “Will Hoge: Solo & Live – December 2015”. “Solo & Live”, tócate la polla y este menda presto a rockanrolear con una banda de country que ni estaba ni se le esperaba.

Conste que lo de Will Hoge es country del bueno, folk-rock del de toda la vida, música de raíces, clasicismo 3.0, ese que entronca con una tradición que va desde Johnny Cash o Hank Williams hasta los Jayhawks, pasando por Jackson Browne, Neil Young, Tom Petty o Townes Van Zandt. Hasta la huella del mejor Springsteen podemos encontrar en su ya extensa colección de canciones. Una bonita mochila que permite afirmar a este cuarentón en la senda de los grandes del rock americano. Algo que viene demostrando a lo largo de una decena de discos. Obras paridas on the road, conduciendo su furgoneta, entre pueblos y ciudades de los EEUU y parte del extranjero, sorteando accidentes que casi le cuestan la vida y ofreciendo sus historias a todo aquel dispuesto a escucharlas. Vamos, la misma fórmula con la que comenzaron casi todos los grandes de esto. La opuesta a la que practican esos pufos que determinada prensa nos quiere hacer pasar por grandes. Y a los Mumford & Sons que pueblan en este universo me remito.

El caso es que el tío se plantó el pasado miércoles en Valencia proveniente de su Nashville natal, previo paso por la capital del reino. Lo hizo en el marco de una gira consagrada a relatar las cosas del pueblo que le vio nacer. Ese al que, según parece, ha vuelto tras largo tiempo y que le ha servido de inspiración para componer su nuevo cancionero. De ahí surgió un cúmulo de historias mínimas, tremendamente emotivas, extraordinarias por su sencillez y cercanía, que junto a alguna vuelta al pasado – glorioso en el caso de“Even if it breaks your heart”- y la siempre interesante reinterpretación de los clásicos – muy celebrada el “I'm so lonely I could cry” de Hank Williams tocado sobre la barra de El Loco- integraron el setlist de la noche. 

Y dicho así pensaréis que la cosa moló. Y es cierto, debió molar. O mejor dicho, debió molar mucho y no seré yo quien diga lo contrario... Pero no sé, me supo a poco y no porque el tipo no se dejará la piel sobre el tablao, sencillamente porque se dejó la banda. Tal vez, aunque solo tal vez, si todo hubiese transcurrido en otro ambiente, más íntimo, desenchufado y en un entorno algo más tranquilo o al menos de mayor quietud, otro gallo hubiera cantado. O no. O yo que sé. Y es que, como os he dicho al comienzo, lo más seguro es que el culpable sea yo. Así que, recuperando la lengua de los Césares y de aquellos que montaron la secta a la que pertenecen los pederastas de "Spotlight": penitenciagite.  

jueves, 25 de febrero de 2016

Rituales

Ya hace un par de semanas asistí a la presentación de la última creación surgida de la chola del historetista Álvaro Ortiz. Publicada por la siempre interesante Astiberri y titulada tal cual esta entrada, se trata de la cuarta novela gráfica firmada por el autor maño, incluyendo en el listado aquel coitus interruptus llamado “Fjorden” con la que inició su andadura en esto del noveno arte.

Aquí la historia comienza con dos amigotes buscando piso en Barcelona. Tras una larga búsqueda consiguen alquilar uno bastante céntrico y a precio razonable. Les han contado además que en el piso de abajo no vive nadie ya que es el almacén de un anticuario. Pero, el hecho de que, tras meses viviendo allí nadie entre ni salga de dicho almacén, empieza a inquietar a uno de los amigos, que acabará obsesionándose. 
En torno a ese punto de partida orbitan una serie de episodios, aparentemente independientes, conformando estos “Rituales”. Desarrollándose en diferentes lugares y momentos de la historia, e involucrando a personajes de lo más variopinto. Una seguida de capítulos breves sin título cuya única vinculación es, a parte del halo de misterio, la presencia de ese ídolo fálico que aparece en la cubierta del tebeo.

Una novela bien chula que atrapa conforme se va enmarañando a medida que aporta más y más información. Y con un final como mínimo desconcertante.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Pablo und Destruktion vs Mr. Perfumme en la Wah Wah

Eso de venirse del pueblo a la capi tiene sus ventajas en forma de ganancias, pero también lleva implícito una serie de pérdidas. Algunas evidentes desde el primer minuto, pero de otras, como ocurre en demasiadas ocasiones y con asuntos de mayor calado, no te das cuenta hasta mucho después de haberlas perdido. Tampoco quiero darle a esto una carga de profundidad que, al menos a día de hoy, no siento. Ni es momento de remedar el típico listado de pros y contras con los que afrontar la comparación campo - ciudad. Tan solo trato de introducir una entrada, que va de una cosa tan liviana y a la vez tan importante como un concierto de música. Cuestión mucho más banal y menos trascendente que las saudades generadas por alejarse del terruño. Si bien esto último no lo tengo tan claro. Lo de la trascendencia, digo.

Mi pueblo no es demasiado grande, aunque en los últimos años ha crecido los suyo. No está demasiado lejos de aquí y sin embargo me dejo caer de uvas a peras. Recurriendo al gran Kiko Veneno os diré que lo mismo lo echo de menos que antes lo echaba de más. El pasado sábado por la noche fue buen ejemplo de lo primero. Sucedió en el transcurso del maravilloso recital que Pablo und Destruktion ofreció en la sala Wah Wah. Fue a causa de una sensación que se apoderó de mí desde que don Pablo comenzó a recitar las primeras estrofas de “El aire puro” y que no me abandonaría hasta los últimos compases del recital. Un sentimiento que, para poder verbalizarlo, me lleva a utilizar ese aborronar tan de la terreta y que tan abandonado tenía en el cap i casal. Porque en el poble uno se aborrona, mientras que en Valencia, a lo más que llego es a que se me pongan los pelillos de punta. Y sí, ya lo sé eminentes traductores internetiles, que eso o lo de la "gallina de piel.l" -el Johan dixit- vendría a ser lo mismo... Pero no. Porque el Pablemos de la música patria me dejó aborronat con su show del sábado noche. Y esa sensación, que aún evoco ahora mientras suscribo estas líneas, es mucho más que su equivalente en castellano. ¡Es que se te pongan los pelos como escarpias y dos huevos duros! La pell de borró como le gustaba repetir a un colega cada vez que se sentía estremecido por algo. Y creedme si os digo que no eran muchas las veces. 
 

Dejando lo paja mental para luego, hablemos del concierto. Además porque lo del aborronament fue después, ya que antes se subieron al escenario Mr. Perfumme y su banda de locos quienes desparramaron todo su caudal creativo. Con esa particular visión de la chanson popular, en la que se aprecia la herencia del bolero, la vena del tango, las cadencias del blues y una suerte de cabaret totalmente desprejuiciado. Vamos, lo que vienen a ser las señas de identidad de este proyecto valenciano único e inimitable dentro de una escena local huérfana de este tipo de engenders. El caso es que, a pesar de que el encuentro no llegó a la categoría de aborronant, sí fue tremendamente divertido. ¡E incluso algo más! La conseguida atmósfera jaranesca no puede ni debe ocultar esas trazas de emoción y hasta de lirismo que engrandecen la fórmula musical. Sobresaliendo esto último en varios de los cortes interpretados durante la velada como “Hagamos el amor” - con esos coros a capela del comienzo-, “Búscate otro patrón”, “Empleado del mes”, “Santo pastor alemán” o ese “Amoramoramor” que da título a su último álbum.
Después fue el momento de Pablo und Destruktion. Esa suerte de crooner barroco y visceral al que alguien inscribió en el registro civil como Pablo García Díaz hace unas tres décadas. Un self made man gijonés que, con tan solo tres discos a sus espaldas, ya ocupa un lugar en mi panteón de ídolos del rock y otro en el de poetas con guitarrita. Cantautor de talento inconmensurable, con una garra y una personalidad que ya la quisieran para sí otros artistas más bregados. Con un estilo personal que bebe de muchas y diversas fuentes, algunas tan obvias como Nick Cave y sus murder ballads o la poética underground de Javier Corcobado. Otras lógicas por su procedencia geográfica, como las que van desde la tradición lírica y la tonada montañesa hasta la obra de su convecino Nacho Vegas. También las trovas de mi paisano Paco Muñoz y hasta la tradición folk singer norteamericana. Con esos pasajes que orientan su propuesta hacia la Bauhaus y el post-punk primigenio, pero siempre con un halo de grandilocuencia de corte raphaelista.

Y con estas credenciales se plantó Pablo a recitar, con esa portentosa voz que Dios le ha dado, todas esas maravillosas composiciones que integran su ya amplio cancionero. “A veces la vida es hermosa”, “Califato”, “Mis animales”, "Extranjera", “Ganas de arder”, “Los días nos tragarán”, “Busero español”, “Powder”, “Pierde los dientes España”, “Limonov, desde Asturias al infierno”, “Por cada rayo que cae”, todas ellas sonaron a gloria bendita por obra y gracia de ese geniecillo escuchimizado con bigotito que Asturias ha regalado al mundo. Además interpretadas junto a una fantástica banda en la que destacó sobremanera la presencia de una vigorosa violinista descalza. ¡Formidable! Como la guitarra con arco en manos de don Javier Bejarano. Una tremebunda representación de canciones íntimas e intimistas, intensas y desgarradas, no exentas de la necesaria cota de dulzura, en las que Pablo nos habla del amor, de la política, de la filosofía, de espiritualidad, ¡e incluso de religión!

Un concierto épico. Una noche para enmarcar.
"Y antes de que arda nuestra piel
prometo hacerte una casa en Valdediós
Ahí los dos podríamos correr
de noche entre ganado y eucaliptos
Tendríamos frío pero no sé
ya sabes no perder el equilibrio
En cualquier caso entregó mi carné
de socio en el club del precipicio"
Pell de boggrroooó, Àlex. 



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Las fotos en b/n son de este tío para La Gramola de Keith. 

jueves, 4 de febrero de 2016

La ciudad

No sé donde escuché eso de que cuando un escritor muere, su obra ingresa en una suerte de limbo que dura en torno a diez años transcurridos los cuales, unos pocos elegidos regresan y sus libros toman un nuevo impulso. Los libros se reeditan, el público los lee y la crítica los comenta. Deduzco que algo de eso es lo que pasó con Jorge Mario Varlotta Levrero en torno al 2014, justo cuando se cumplían diez años de su muerte.

Tampoco recuerdo donde leí que Mario Levrero se decidió a firmar con su segundo nombre y su segundo apellido para diferenciarse de ese Jorge Varlotta, tal como era conocido en la vida civil y familiar. Ilustre uruguayo como lo fueran Quiroga, Benedetti, Felisberto o Galeano en su propio gremio y Francescoli, Artigas o Mujica en otros. Su vida transcurrió mayormente en la tierra que le vio nacer, donde se desempeñó como fotógrafo, librero, historetista, columnista y hasta creador de crucigramas. Si bien donde destapó el tarro de las esencias fue a la hora de componer sus historias, creando esos universos singulares que han elevado su obra literaria a la categoría de culto.

La ciudad”, obra que ha supuesto mi primer acercamiento a Levrero, es uno de sus libros más conocidos y celebrados. Una novelita corta que los críticos engloban dentro de una especie de trilogía que se completa con “El lugar” y “París”, obras que no he leído pero seguramente leeré.

El innombrado protagonista se muda a una casa en un lugar indeterminado, del que nada sabemos porque nada se nos dice. En un momento dado sale a buscar provisiones a un almacén que recuerda haber visitado tiempo atrás, pero sin tener una noción clara de por donde queda. Como no podía ser de otra forma se pierde, cae la noche y queda a merced de la oscuridad, el silencio y la lluvia torrencial. Como no sabe como regresar hasta la casa y se haya calado hasta los huesos resuelve salir del laberinto en el que se ha metido haciendo autoestop. Es ahí, a bordo de un camión conducido por un personaje desagradable, acompañado de una misteriosa señorita, cuando llega hasta un extraño poblacho al que, no sé si irónicamente, identificaremos como “la ciudad”. Durante el resto de la novela, el protagonista intentará escapar de ese lugar pequeño, feo y desolado.

La historia es extraña y muy cercana a los postulados que hicieron reconocible a autores como Franz Kafka, pero también y aunque pueda resultar extraño al Camus de “El Extranjero”. Onírica y desasosegante por partes iguales. Incluso absurda por momentos.
Aunque lo más destacado es lo bien narrada que está.  

martes, 2 de febrero de 2016

D.O.A. Pereza y cultura en la capital del Regne (capítulo n)

Ando de nuevo atravesando una de esas fases grises en las que no tengo ganas de . Con la consiguiente pereza a la hora de aporrear el teclado, claro está. ¡Y no será por falta de cosas que contar! He ido a exposiciones, me he emocionado con discos, he visto pelis... De hecho he visto pelis que vosotros no creeríais. Pero això ara no toca. También he visto los 10 episodios de Fargo 2 en dos días. Todo quisque diciéndome que era la polla Montoya es lo que tiene. Y lo es, incluyendo una maravillosa banda sonora, pero no es mejor que la primera parte. También he asistido a algún conciertillo a pesar de que, rompiendo el criterio que da sentido a este espacio, he pasado de las reseñas

Primero fue Segunda Persona, proyecto en solitario de José Guerrero (Betunizer, Cuello, Jupiter Lion), quien presentaba su álbum “Faro sencillo” en un conocido café-librería de Russafa. Y no me gustó mucho, la verdad. No sé si por culpa de la acústica del recinto, o sencillamente porque me cuesta entrar en esos directos desnudos a los que demasiados artistas están cogiéndole el gusto. También es verdad que no sería lo mismo si el prota hubiera sido Ryan Bingham o Will Johnson o hasta Nacho Vegas, que queréis que os diga. El caso es que admiro la labor de Guerrero en Betunizer y sobretodo al frente de Cuello, pero liberado de instrumentos y acompañamientos, como que no me acaba de convencer.

Eso fue el jueves tarde-noche. El sábado fue el momento de Las Ruinas, la banda de heavy pop (sic) de Barna. Y protagonizaron un concierto bastante decente. Divertidos como son ellos y con bastante solvencia sobre el tablao, desgranaron los mejores cortes de ese “Siesta Mayor”, su último álbum hasta la fecha. Por allí desfilaron “International Yonki Tour”, “Gabriel y Vencerás”, “Fruta de Temporada” o “Cosas tontas que hice por ti” a las que se unieron algunos de los hits más reconocibles del trío como “Ramón y Cajal” o “Cerveza Beer”. Además contaron con la colaboración a la guitarra de un Hans Laguna que, cuando no estaba sobre el escenario, lo daba todo en las primeras filas junto a una legión de fans capitanedada por un trasunto de McLovin que también tuvo su minuto de gloria haciendo coros en “Club de fans”. Pese al cansancio y la perrera que me embarga lo pasé realmente bien.  

Ah! ¡Que no se me olvide! Antes que Las Ruinas tocaron unos tíos que atendían al nombre de Primates con Motosierras. Creo que son de la terreta. Muy malos. Sin matices. 
 

lunes, 1 de febrero de 2016

Enero - Febrero de 2016. PRIOR IN TEMPORE, POTIOR IN IURE, PERO NO SERÁ ESTE MENDA EL PRIMERO QUE ABJURE

Primera playlist del 2016 que, como viene siendo habitual cada mes de enero, aparece trufada de canciones incluidas en algunos de esos muchos álbumes que incomprensiblemente pasé por alto en 2015. Con una mención muy especial para los rusos Pinkshyniultrablast, el song-writer de Merseysire Bill Ryder-Jones, ese combo de Minnesota que atiende al nombre de The Honeydogs, o la sección latina encabezada por los colombianos Bomba Estéreo. También hay espacio para algunos de los discos que prometen alzarse muy alto en el ranking de este 2016: Savages, Dr. Dog, The Drones, DIIV y muy especialmente la gloriosa colaboración entre Mark Kozelek -y sus Sun Kil Moon- y Justin Broadrick -con sus Jesu-. Y eso es todo lo que os tengo que contar. Disfrutar del nuevo año. Pero sobretodo que os sea leve.

lunes, 18 de enero de 2016

Lords of Chaos

Me acabo de leer este libro. Va sobre el black metal, la última vanguardia europea tal cual lo define Javier Calvo y este menda suscribe. Los autores desmenuzan al detalle la historia del movimiento, analizando tanto sus raíces como sus consecuencias artísticas, éticas y hasta criminales. No se ciñe al aspecto más sensacionalista y salvaje, pero tampoco lo elude. E introduce reflexiones e incluso estudios que van mucho más allá del aspecto artístico. Michael Moynihan -a quien tengo en gran estima desde que editara junto a sus Blood Axis aquel maravilloso “The Gospel of Inhumanity-, con la inestimable ayuda de Didrik Søderlind, ha elaborado un libro muy accesible y sugestivo. Interesante incluso para aquellos a los que, a priori, esto del black se la suda o le suena a chino filipino.

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Otras entradas blackmetaleras en esta bitácora: 
Cuando éramos blackmetaleros...  (en este ya anticipo mi voluntad de leer este libraco)

martes, 12 de enero de 2016

viernes, 8 de enero de 2016

El cobrador

Ya hace la hostia de tiempo que me leí este libro y ahora me he dado cuenta de que no lo reseñé. No passa res... esh iguaaaaal... como Albert y Mariano...El caso es que me gustó mucho. 
Se trata de una compilación de relatos que no llega a las 200 páginas. Su autor es brasileño, Rubem Fonseca, Premio Camões 2003 -para los que no lo sepáis vendría a ser el Cervantes en lengua portuguesa-. Un ex-comisario de la policía de Rio de Janeiro que, tras colgar la porra, se dedicó al mundo de las letras. De esa experiencia y de su formación jurídica previa, saca la galería de tragedias humanas que pueblan las historias incluidas en “El cobrador”. Con una mención muy destacada para ese peculiar recaudador de deudas vitales impagadas que protagoniza el último cuento. Un poeta del inframundo que se debate entre la justicia, la locura, el gore y el romanticismo. Tampoco está nada mal la movida de Anísio el del bar con “el falso perpetuo”. Alguien capaz de vender a su madre por tal de ganar una apuesta. Y es más o menos literal. O ese "Pierrot de la caverna" y sus miserias vitales, sincerándose ante la grabadora, para disgusto de propios y extraños. 
Diez relatos ásperos, impactantes y no aptos para todo tipo de estómagos. En cada uno de ellos Fonseca nos regala algún cuadro literario inolvidable. En ocasiones llegando a producir perplejidad. 
Muy recomendable.

sábado, 26 de diciembre de 2015

La listaka 2015 - Parte IV. La crème de la crème...

1. Titus Andronicus – “The Most Lamentable Tragedy”
Patrick Stitckles es un puto genio y eso no hay barbaca que lo oculte. Para este 2015 se ha sacado de la manga esta ópera rock en veintinueve actos sobre los problemas de un tipo corriente de New Jersey. Sobre él mismo, vamos, aunque a tenor de la trayectoria que va atesorando, de corriente tiene bien poco. Mejor disco del año sin ningún género de dudas. Antes de haberlo escuchado ya lo era. ¡Toma criterio!
2. Toundra - “IV”
El cuarto disco de los madrileños evoca el mito japonés del kitsune, espíritu del bosque con forma de zorro cuya función es fundamentalmente protectora. Esta vez se han permitido introducir una sección de viento y cuerda en varios de los cortes, pero sin dejar de lado la contundencia marca de la casa. Porque Toundra siguen sonando a Toundra y eso es lo mejor de todo.
3. Ezra Furman - “Perpetual Motion People”
Lo de este chaval es tremendo. Ya su anterior disco, “Day of the Dog”, era absolutamente maravilloso, pero este no le va a la zaga. Imposible etiquetar ese genial ejercicio de desparrame pop-rock-punk-surf y dos huevos duros. Una batido en el que caben desde los New York Dolls hasta Jonathan Richman, desde Bowie hasta los Violent Femmes.
4. Squarepusher - “Damogen Furies”
Fantástico álbum de electrónica conceptual y machacona. El catorceavo en la carrera de Tom Jenkinson. Un discarro de IDM con mayúsculas, repleto de melodías pegadizas y sobreabundamiento de sintetizadores. Ejercicio musical rayano en la locura que a veces resulta aterrador y otras, las más, desquiciante. Pero bendito desquicie.
5. Kurt Vile – “B'lieve I'm Goin' Down...”
Cotas ingentes de inspiración las que han llevado al ex-War on Drugs hasta parir este, su sexto disco en solitario. Una obra introspectiva que le acerca al universo de algunos de sus héroes musicales. Una verdadera delicia que confirma el magnifico momento compositivo en el que se haya este treintañero nacido en Philadelphia.
6. Pablo Und Destruktion - “Vigorexia Emocional”
Estamos ante un discarro de corte raphaelista que confirma al gijonés como uno de los artistas más interesantes surgido en este país durante las últimas décadas. Impecable compilación de canciones íntimas e intimistas que no desatienden ni la política, ni la filosofía, ni la religión, tratando de compaginar anarquismo, mística y romanticismo.
7. Ultimate Painting - “Green Lanes”
El segundo capítulo del proyecto paralelo de Jack Cooper (Mazes) y James Hoare (Veronica Falls) comienza justamente donde su prometedor debut les dejó. Un encantador álbum que picotea de la Velvet, los Beatles pre-psicodelia y el pop sesentero. Apuesta por la sencillez, los estribillos silbables y cierta luminosidad en las letras que se echaba en falta en su anterior entrega.
8. Viet Cong – s/t
¿Remedo de Interpol? Sí, pero de unos Interpol más sucios, más experimentales y extravagantes. Como si en ellos se plasmara la evolución lógica que cabía esperar de la banda liderada por Paul Banks, tras su sonado debut en 2002. Primera entrega de esta interesante banda canadiense con vocación post-punk y ramalazos esquizo.
9. Jim White vs. The Packway Handle Band - “Take it Like a Man”
Jim White y los cinco miembros del combo de Athens se conocieron a través del interesante documental "Searching for the Wrong Eyed Jesus". De ahí surge este álbum colaborativo en el cual White aporta su saber hacer y The Packway Handle Band un absoluto control del Evangelio musical norteamericano. Resultado: Este apabullante disco de raíces.
10. Föllakzoyd - “III”
La propuesta instrumental del trío chileno es la misma que en sus discos anteriores. O sea, canciones largas, sonidos monocordes, adaptación de patrones propios del techno y estructuras repetitivas que nos llevan hasta un estado próximo a la hipnosis. Una nueva forma de krautrock vendida desde Santiago. Ellos prefieren llamarlo Cosmic-rock y lo mismo me da que me da lo mismo. Te agitará el cerebro a base de bien.
11. Metz – “II”
El segundo disco de los canadienses Metz, también es más de lo mismo. Otro bombazo sonoro que explota en plena jeta. Deja sin resuello de principio a fin. Noise-rock rabioso que recuerda la actitud de aquellos muchachos desgreñados que surgieron de Seattle a comienzos de los noventa.
12. The Soft Moon - “Deeper”
Luis Vásquez se marchó hasta los Apeninos para componer su nuevo álbum. De la reclusión en un estudio de grabación llamado Hate, salieron once cortes cercanos al electro-dark, en los que vuelca sus demonios particulares. Bienvenidos al mundo de las sombras. No querréis salir de ellas.
13. Leon Bridges – “Coming Home”
El álbum de debut de este trasunto de Sam Cooke es una verdadera delicia. Pareciera que el chaval le ha robado la voz a quien fuese considerado el rey de soul. Podéis comprobarlo a través de las diez pistas que integran “Coming Home” y que nos retrotraen hasta la época dorada de la música negra. Soul, funk y rythim & blues made in Texas. Cualquiera lo diría.
14. Sleaford Mods – “Key Markets”
Williamson y Fearn siguen martilleándonos con su discurso y bien que hacen. La almorrana sigue en plena efervescencia sanguinolenta en medio del culo de la industria musical británica. Idéntico minimalismo rabioso que en anteriores entregas para construir nuevos himnos en la prolífica trayectoria del dúo de Nottingham. Y un humor que de tan negro hasta rapea, nunca mejor dicho.
15. Deaftheaven – “New Bermuda”
Deaftheaven es black metal para pijos.... Deaftheaven es black para hipsters... Deaftheaven es la enésima estafa del universo indie, ahora en versión oscurita.... Repetidlo todas las veces que queráis. Tendréis razón. ¡Pero como molan Deaftheaven joder! A la mierda los puristas. Esta banda de San Francisco es la hostia. Es poner a rodar este “New Bermuda” y que a uno le entren ganas de salir a quemar iglesias.
16. Sufjan Stevens – “Carry & Lowell”
Hablar Sufjan Stevens es hablar de sinceridad. La de alguien que se desnuda ante nosotros con cada una de sus canciones. “Carrie & Lowell” es otra muestra más de eso. Una verdadera obra de arte que estoy seguro ganará con el paso del tiempo. Disco bellísimo con el que el cantautor de Detroit celebra, de la mejor manera, su entrada en la cuarentena.
17. Blanck Mass - “Dumb Flesh”
Benjamin John Power, mitad pensante y ejecutante de los fantabulosos Fuck Buttons, se ha sacado de la manga un disco de electrónica pesada, que roza lo industrial pero sin renunciar a esas curvas melódicas con las que rompe la monotonía. Un buen disco que, si bien no llega a las cotas de grandeza de lo último publicado con su proyecto de cabecera, tampoco lo desmerece.
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