jueves, 19 de marzo de 2020

Limónov, desde Dzerzhinsk al infierno

Dzerzhinsk es una ciudad rusa situada a unos ochocientos kilómetros de Moscú que debe su nombre al primer jefe de la NKVD -el temido departamento soviético de asuntos internos-. Fue además uno de los principales centros de producción de armas químicas de Rusia, con acceso vetado a los occidentales hasta hace cuatro días. Ahí mismito nació Eduard Veniamínovich Savenko, más conocido como Limónov, el escritor de esta macarrada y el protagonista de esta otra. Y no parece casual. Supone un comienzo perfecto en la vida de este aventurero, playboy y militante anarco-fascista -admirador de Stalin y la vez amigo de Karadzic o Le Pen padre- cuya biografía parece el guión de una peli de Tarantino. El fulano que creó y lideró a los nazbol hasta anteayer, cuando pasó a mejor vida. Y es que ya no podremos volar a Moscú y hablar con Limónov de sus planes de gobierno

Ícono underground, Limónov se dio a conocer a través de una serie de novelas en las que narra su exilio en los EEUU a mediados de los setenta – “Soy yo, Édichka”“Historia de un servidor” y “Diario de un fracasado”-. Si bien, mi puerta de entrada al universo del artista fue la fantástica biografía firmada por el rusófilo Emmanuel Carrère. Ya en plena década de los ochenta se mudaría a París, donde participará en varias revistas literarias. Sus trabajos en esa época, también autobiográficos, van más en línea de escandalizar a la plebe con sus historias sexuales –“El poeta ruso prefiere los negrazos”-. Regresaría a su país natal ya en los noventa, coincidiendo con la caída del régimen soviético, para centrarse en cuestiones políticas. Dando cauce a su verborrea delirante a través del periódico Limonka, a la sazón boletín oficial del Partido Nacional Bolchevique, fundado por él mismo. Acusado de terrorismo, conspiración por la fuerza contra el orden constitucional y tráfico de armas, acabaría dando con sus huesos en la cárcel. Pero eso no contuvo su actividad y, una vez fuera, montó La Otra Rusia para continuar esparciendo su mensaje político contradictorio, casi siempre opuesto a Putin, aunque menos hacia el final. Gracias sobre todo a su sesgo nacionalista en temas como el de la anexión rusa de la península de Crimea.

Un tipo que se desenvolvió en la vida como un pececillo de plata entre el papel impreso. No discriminando entre ídolos e ideologías. Capaz de navegar entre los textos de Lenin y Hallier, admirar las bondades del capitalismo para luego criticarlo y ensalzar el modelo soviético. Incorporando casi cualquier cosa al batiburrillo de cuestiones sin sentido y lecturas medio digeridas que había en su cabeza. También es verdad que, como dijo en una entrevista reciente, “cada cosa tiene su tiempo, eso es todo. Hay uno para las tetas y los muslos de Maggie, reina de la cocaína, y otro para el fusil de asalto Kalashnikov”. ¡Ea! Descansa en paz tío loco.

martes, 17 de marzo de 2020

“Nuestra parte de noche”, de la Enríquez


Tendemos a enfatizar el hecho de que los dioses de la antigüedad gozaran de poderes sobrehumanos, pero me parece más esclarecedor el uso poco amable de los mismos, por decirlo de una manera suave. La voluntad impuesta de Zeus, Wotan u otros mendrugos adorados por diferentes culturas de aquí y allá resultaba, en no pocas ocasiones, caprichosa, egoísta y lesiva. Supongo que es lo que tiene ser inmortal y disfrutar de las capacidades de someter a cualquiera. Con todo, se supone que algunos usaron esos poderes más centrados en aquello de hacer el bien –y lo que cojones signifique eso- que en lo contrario. De ahí la responsabilidad de cada cual a la hora de declararse acólito del Superman de turno. Y es que la elección de deidad dice más de nosotros que de la propia deidad, que dejó escrito alguien. En mi caso y si fuese capaz de pasar por alto mi ateísmo militante, bebería los vientos por un Dios del tipo destroyer. Aunque puestos a pedir preferiría que los súper poderes me los confiriesen a mí y ser yo el ungido… ¡Os ibais a cagar! ¿Habéis visto “Chronicle” o “El hijo”? Una mariconá al lado de lo que iba a ser esto...

Todo para introduciros a la peña de La Orden, culto dedicado en cuerpo y alma a la veneración de un Dios antiguo que se manifiesta como una oscuridad voraz. Los miembros del mismo conocen a este Dios y le piden cosas chungas, porque en general son más malos que un dolor de muelas. O que el coronavirus, que resulta más actual. Cierto que esto de La Orden no existe en nuestra realidad, al menos que sepamos. Es una invención terrorífica de Mariana Enríquez incluida en su último libro “Nuestra parte de noche”. Una novela tremenda en la que valoriza las supersticiones, los mitos góticos y las leyendas de los pueblos originarios, que resulta siniestra, poética, tierna y hasta política. ¿Qué no puede ser? Acábatela y después me cuentas.

La cosa comienza con un padre y un hijo que atraviesan Argentina por carretera, desde Buenos Aires hacia la frontera norte con Brasil y Paraguay. Son los años del Proceso de Reorganización Nacional, la dictadura que se instaló en la patria del flaco Spinetta y Borges entre el golpe de estado de 1976 y el gobierno de Alfonsín. Descubriremos que el padre trata de protegerlo del destino que le ha sido asignado. Una condena heredada que seguramente le arrastrará a él, médium del culto arriba mencionado, como ya se llevó por delante a la madre, muerta en circunstancias poco claras. Al final “Nuestra parte de noche” resulta ser una suerte de road trip trasandina que incluye una reflexión sobre la paternidad en un sentido amplio. Y es que el extraño vínculo entre los protagonistas principales y la reflexión sobre si algunas cosas merecen realmente la pena, son con mucho lo mejor de la novela.

Sin olvidar que es un libro de la Enríquez y por lo tanto esencialmente una novela de terror alla maniera di, es decir, vinculando lo cotidiano y la realidad política de su país, con el consabido interés por lo esotérico, los mundos paralelos y los rituales. Influida por la narrativa gótica clásica, las novelas victorianas, las historias “juveniles” de Stephen King, el viaje post apocalíptico dibujado por McCarthy en “La Carretera”, los mundos mágicos del chalao de Jodorowsky, pero también el rock y el cine. ¡Si hasta hay un cameo de Bowie!

La novela, cuya única pega es que, quizás, sea excesivamente larga, está escrita de una forma muy guay. Variando según las voces de quienes la protagonizan y hacen de narradoras. Partiendo de un verso en un poema de Emily Dickinson, se estructura en seis partes, reflejando puntos de vista diferenciados que abordan diferentes épocas que van desde el Londres bohemio y libertino de los sesenta, al Buenos Aires juvenil de los noventa. La verdad es que me ha parecido un novelón en todos los sentidos. Lo del Premio Herralde me la suda, aunque supongo que a ella no, claro.   

domingo, 23 de febrero de 2020

Lo de Gospelbeach en El Loco

Hace un par de viernes estuvieron por aquí Gospelbeach, otra de esas prominentes bandas de americana® que con su sonido y apariencia desbordan los límites de tan manoseada etiqueta. Yo estuve. Y moló bastante. 

Antes de nada y como no soy de esconderme, reconoceré que me costó engancharme a su última propuesta. Es más, cuando salió “Let it Burn” a mediados del pasado año, pasé bastante de él. Y eso que no es un disco cualquiera y ahora lo puedo decir. Creo que incluye varias de las mejores composiciones en la aun corta trayectoria del combo angelino. Como banda, se entiende, que el amigo Rademaker tiene una brillante historia con Beachwood Sparks y The Tyde. Como también la tenía Neal Casal, cuyo fallecimiento marcó el lanzamiento de este álbum y seguramente el devenir de Gospelbeach. Por otra parte, también tengo que decir que al “Another Summer of Love”publicado tan solo un par de años antes, lo rallé de las vueltas que le pegué.   

Volviendo a la figura de Casal -na´que ver con Tino ni con Luz, que yo sepa-, quien volvía a la banda tras un corto periodo de ausencia, decir que su perdida es una verdadera pena. La muerte de (casi) cualquiera lo es, obviamente, pero en este caso y para el asunto que nos ocupa, el meramente musical, resulta dramático. Y es que la sombra del guitarrista de New Jersey es alargada y su impronta se hace harto evidente en todo “Let it Burn”. Le echarán en falta. También en el directo. De hecho, al menos aquí en Valencia, sus compañeros no dudaron en recordarlo en no pocas ocasiones. 

El caso es que con o sin él, esta cosa de Gospelbeach transita entre la psicodelia, el rock setentero, el country, las melodías sedosas y también los ramalazos guitarreros, los guiños a los Byrds, a Buffalo Springfield, a Gram Parsons y hasta a los Grateful Dead. Y todo eso es lo que mostraron en El Loco, que no es poco. Bueno, también fardaron de pelazo. Especialmente el fichaje de la guitarrita. ¡Porque menudas melenas se gastan mondié! Y lo dice uno que tampoco se puede quejar y que además ha decidido poner en práctica aquello de a la vejez viruelas.

Como ya os he comentado el concierto estuvo la mar de bien. O sea, más que bien. Aun hoy me debato entre si fue muy bueno o muy muy bueno. De lo que no tengo dudas es de que resultó un espectáculo súper divertido y tremendamente disfrutable. Y es que el señor Rademaker -a diferencia de alguno de sus compañeros- tiene alma de showmana pesar de que abuse con la longitud de los speechs, consigue hacer más amenos hasta los interludios. Con todo, lo mejor siempre será la música y en ese ámbito brillaron un sinnúmero de canciones con aroma a clásico. Al tiempo. Por allí desfilaron temarros como “Dark Angels”, “Baby (It’s all your fault)”, o la deliciosa “Bad Habits”, incluidas en su último elepé, pero también “Hangin’ On”, “In the Desert”, “Strange Days” o la más country “California Steamer”, de discos anteriores. Incluso se atrevieron a adaptar una pieza de Jim Lowe incluida en la banda sonora de “Érase una vez en... Hollywood” -la última de Tarantino- y por supuesto al mencionado Neal Casal interpretando alguna de sus creaciones en solitario. 

Y eso fue todo. Más o menos. Antes subieron al escenario unos granaínos de glorioso nombre y poco más. La verdad es que no me gustaron nada así que, ¿para que hacer sangre?

domingo, 16 de febrero de 2020

Micapé, el amigo Samuel, la monguerada y la Marina del emérito...

Pues yo venía aquí a hablar de Micapé y la relación de amor odio que sostengo con este texano escuchimizado desde el 2007 o así. Pero vaya, que va a ser que no. Todo por culpa de ese maravilloso público valenciano del que ya he dicho en alguna ocasión que es la mayor mierda que existe en el Firmamento. Y da igual cuando leas esto porque hay cosas que nunca cambian. Os lo cuenta uno que tenía la esperanza de que la cosa fuera diferente, tras dos años largos de alejamiento de las plateas del terruño.

Luego está la cosa esa de la gratuidad, circunstancia y condición de la que cada vez estoy más convencido que es una puta mierda. Primero porque, como dice el refrán, nadie da duros a cuatro pesetas. Y eso viene siendo así desde que los primeros hombres se dedicaban a recoger bayas y cazar mamuts. Después porque la prestación de cualquier servicio sin que se nos exija alguna forma de pago, termina indefectiblemente en una minusvaloración de lo ofrecido. A veces -muchas- directamente en una no valoración del bien o servicio. De esto saben mucho los artistas. Sobre todo los que pasan por Valencia. Y es que celebrar un concierto gratis en el Cap i Casal supone asumir que te vas a apostar ante una reunión de cotorras maleducadas pasando de tu culo. Vamos, que lo mismo les da estar allí que postrados en el bareto de la esquina, ¡Pero están allí! Y dando por el culo...


En el show de hace dos sábados en La Pèrgola, no había ni veinte personas atentas al panorama. Mucha modernor, eso sí, repartida en cuadrillas e incluso con los churumbeles a cuestas, que debían ser proto-fans de Micapé o del amigo Samuel Reina, encargado de abrir hostilidades. Ya, ya… Seguro. También estaban presentes sus mascotas con pedrigrí y en primera fila, por supuesto. Que mucho animalismo y mucha polla, pero luego ahí jodiendo a los perritos, que ladraban como si no hubiera un mañana. Tan puestos que están y desconocen eso de que el animalico escucha hasta tres veces más fuerte de lo que lo hacemos nosotros. Así pues, como veréis, fue una mierda todo. Hasta el punto de fantasear con que apareciera por allí el chino ese al que se le cayó la probeta con el coronavirus i a fer la mà!

¿Y el concierto bien, no? Pues hombre, ¿qué queréis que os diga? Bastante hicieron los artistas aguantando sobre el escenario como si alguien allí le importaran las canciones. Y lo cierto es que la banda de Samuel Reina no sonó mal. Su rollito folkie intelectualizado tiene su aquel. Eso sí, mejor en castellano que en inglés. Respecto a Micapé, pues eso, que es Micah P. y va a su puta bola. Hay que quererlo así, aunque a veces cueste. Cierto que yo le quise mucho, pero las últimas veces que había pasado por Valencia me tocó bastante los cataplines. Por no decir que dio vergüencita ajena. Con todo, es indiscutible que esos diez álbumes a las espaldas le convierten en uno de los compositores gringos más sólidos de su generación. Que es la mía, más o menos -de hecho él es más joven, aunque cualquiera lo diría-. Y de los de su Liga no vienen tantos por Valencia. También he de decir que, gracias al bolo, me he reenganchado al “When I shoot at you with Arrows I Will Shoot to Destroy you” del cual sonaron varios temas -muy bien- y del que pasé bastante en su momento. Cierto que hubiese molado más que el hombre llevase a efecto la amenaza contenida en el título. Ahí sí que se lo hubiera perdonado todo. Lo pasado y lo futuro. 

Y hasta aquí puedo leer.
Sorry por la tardanza. 

viernes, 7 de febrero de 2020

El Ranking, Xé –a petición popular-


Respondiendo directamente al llamado del Crespo, aunque con la suficiente demora como para que esto ya no interese a nadie, ahí va mi lista ordenadita con los treinta y seis mejores discos publicados durante el pasado 2019 acompañados de sus buenos caldos chilenos –¡toma guiño!-. Eso sí, ni una explicación ni media... Pa'qué!?

1.       “Two Hands” de BIG THIEF ft. COYAM de Emiliana, Valle del Maule
2.      “Twelve Nudes” de EZRA FURMAN ft. AMAYNA SAUVIGNON BLANC de Viña Garcés Silva, Valle del Leyda
3.      “Dogrel” de FONTAINES DC ft. PARCELA #7 de Viña Von Siebenthal, Valle del Aconcagua
4.      “Falha Comum” de RAKTA ft. GRAN TERROIR DE LOS ANDES CARMENERE de Casa Silva, Valle Central
5.      “U.F.O.F.” de BIG THIEF ft. MARQUÉS DE CASA CONCHA CABERNET SAUVIGNON de Concha y Toro, Valle del Maipo
6.      “Wire Mountain” de WILL JOHNSON ft. CHATEAU LOS BOLDOS GRAND RESERVE CARMENERE de Viña Los Boldos, Valle de Cachapoal
7.      “Useless Coordinates” de DRAHLA ft. COOL COAST SAUVIGNON GRIS de Casa Silva, Valle de Colchagua
8.     “Not Waving, but Drowning” de LOYLE CARNER ft. MARQUÉS DE CASA CONCHA CARMENERE de Concha y Toro, Valle del Maipo
9.      “Father of the Bride” de VAMPIRE WEEKEND ft. KALFU KUDA CHARDONNAY de Viña Ventisquero, Valle del Leyda
10.  “Danser Danser Danser sur les Ruines” de MICHEL CLOUP DUO ft. ARBOLEDA PINOT NOIR de Viña Arboleda, Aconcagua Costa
11.   “Comanchería” de LOS CHIKOS DEL MAIZ ft. PÉREZ CRUZ LIMITED EDITION CARMENERE de Viña Pérez Cruz, Valle del Maipo
12.  “Victory is Rated” de DARK BLUE ft. KALFU KUDA SAUVIGNON BLANC de Viña Ventisquero, Valle del Huasco
13.  “Deceiver” de DIIV ft. PEQUEÑAS PRODUCCIONES – SAUVIGNON BLANC de Bodegas Casas del Bosque, Valle de Casablanca
14.  “Truant” de BENEDICT BENJAMIN ft. TELMO & RUTH de Viña las Tinajas, Valle del Maule
15.  “Schlagenhem” de BLACK MIDI ft. HACEDOR DE MUNDOS CABERNET SAUVIGNON de Gillmore, Valle del Maule
16.  “Problems” de THE GET UP KIDS ft. MISIONES DE RENGO GRAN RESERVA MERLOT de Viña Misiones de Rengo, Valle de Cachapoal
17.   “When I have Fears” de THE MURDER CAPITAL ft. UNDURRAGA TH CARMENERE PEUMO de Undurraga, Valle del Peumo
18.  “Midnight” de STEF CHURA ft. TRABUN SYRAH de Trabun Wines, Alto Cachapoal
19.  “Designer” de ALDOUS HARDING ft. PÉREZ CRUZ CABERNET SAUVIGNON RESERVA de Viña Pérez Cruz, Valle del Maipo
20. s/t de AMYL AND THE SNIFFERS ft. MAYCAS DEL LIMARÍ SUMAQ PINOT NOIR de Maycas del Limarí, Valle del Limarí
21.  “In Search of the Miraculous” de DESPERATE JOURNALIST ft. PEQUEÑAS PRODUCCIONES – PINOT NOIR de Bodegas Casas del Bosque, Valle de Casablanca
22. “10000” de VERSING ft. GRAN RESERVA TARAPACÁ ORGÁNICO de Viña Tarapacá, Valle del Maipo
23. “H.A.Q.Q.” de LITURGY ft. QUELEN de Viña Pérez Cruz, Valle del Maipo
24. “Ghosteen” de NICK CAVE & THE BAD SEEDS ft. MONTES ALPHA MALBEC de Montes Alpha, Valle de Colchagua
25. “A Dream is You” de FRANCIS LUNG ft. CASA SILVA CUVEE COLCHAGUA CARMENERE de Casa Silva, Valle de Colchagua
26. “Hospital Lullabies” de MUERAN HUMANOS ft. APALTAGUA CABERNET SAUVIGNON GRAN RESERVA de Viña Apaltagua, Valle de Colchagua
27.  “Fuerza Nueva” de FUERZA NUEVA ft. DONNA MARIA SYRAH de Viña Falernia, Valle del Elqui
28. “Love is Here” de CROCODILES ft. VINO BLANCO COOPERADO de Cooperativa del Marga Marga, Valle del Marga Marga
29. “Niño Futuro” de RAFAEL BERRIO ft. VERAMONTE RESERVA MERLOT de Bodegas Veramonte, Valle de Casablanca
30. “In Plain Sight” de HONEYBLOOD ft. LAPOSTOLLE LE ROUGE de LAPOSTOLLE WINES, Valle de Colchagua
31.  s/t de DERBY MOTORETA’S BURRITO KACHIMBA ft. GREY (GLACIER) CARMENERE de Viña Ventisquero, Valle del Maipo
32. “Six Lenins” de THE PROPER ORNAMENTS ft. MAX RESERVA CABERNET SAUVIGNON de Viña Errázuriz, Valle del Aconcagua
33. “Remind me Tomorrow” de SHARON VAN ETTEN ft. ODFJELL ORZADA CARIGNAN de Viña Odfjell, Valle del Maule
34. “When we all Fall Asleep, Where do we Go?” de BILLIE EILISH ft. 1865 CARMENERE de Viña San Pedro, Valle del Maipo
35. “Fireraisers Forever” de COMET GAIN ft. LA CANCHA CABERNET SAUVIGNON de De Martino, Valle del Maule
36. “Infest the Rats’ Nest” de KING GIZZARD & THE LIZARD WIZARD ft. ATTILIO & MOCHI MALBEC de Attilio & Mochi, Valle de Casablanca

miércoles, 29 de enero de 2020

Leyendo voy, leyendo vengo y por el camino me entretengo...


Ei xics, que ya estoy de vuelta y que cómo cantaba Peret no estaba muerto, estaba de parranda. Más o menos. O menos que más - Ni cerca, vaya-. El caso es que tras sortear todo tipo de dificultades cual Asterix en “Las 12 pruebas”, por fin me he medio instalado en la terreta que me vio nacer. Y el tema es que, además de realizar un sinnúmero de gestiones ante todo tipo de organismos y de padecer a esa peña que se le hace el culo Pepsi Cola con el piso heredado de la abuela Angustias, también me ha dado tiempo para leer un poco. O mucho. Bueno, no sé si tanto, aunque a mí me lo ha parecido y dadas las circunstancias...

Y lo primero que me eché al gañote fueron las “31 Canciones” de Nick Hornby. Delicioso compendio de artículos en el que el autor de “Alta Fidelidad” escribe sobre una treintena de temas que forman parte de la banda sonora de su vida. Comienza muy bien con Teenage Fanclub y termina espléndido con Patti Smith y una bonita anécdota. Por el medio desfilan canciones de Van Morrison, Bob Dylan, Paul Westenberg, Suicide, Richard & Linda Thompson, Bruce Springsteen, Marah, Santana, Badly Drawn Boy, Aimee Mann, Ian Dury, Röyksopp o Nelly Furtado... Sí, la de “I’m like a bird”, que li anem a fer? La línea que une todos los capítulos es el intento, más o menos logrado, de explicar que hay en la música pop que nos toca tan adentro. Y así va dibujando un interesante compendio de revelaciones y recuerdos ligados a la música, que en ocasiones resulta maravilloso y en otras -¿Nelly Furtado, nano?- no tanto. Os dejo una playlist por si os interesa. 

Después me metí de lleno en “Me cago en Godard” de Pedro Vallín. Uno de los analistas más interesantes de la actualidad quien, a través de sus artículos en La Vanguardia y sobre todo a fuerza de tuits a cada cual más ingenioso, nos ayuda a entender un poco la jaula de grillos en lo que se ha convertido la política nacional. Y todo ello recurriendo a ejemplos y comparaciones muy ligadas con la cultura popular, especialmente al mundo del celuloide. No se puede obviar que el periodista asturiano era o es, principalmente, un crítico cinematográfico. De ahí que el libro encierre una polémica reflexión en defensa del cine palomitero, al que Vallín tilda de progresista y emancipador frente al cine cultureta. Con bastante socarronería y mala leche, tacha a los grandes del cine europeo de artistas agrandados adictos a la autofelación y a su cine de conservador. En contraposición afirma que el denostado universo hollywoodiense es mucho más reivindicativo e incluso de izquierdas que aquel. Como veréis, la premisa resulta atrayente, sobre todo por como se caga en las teorías hegemónicas instauradas por la crítica tradicional sobre el cine de aquí y de allá. Y siendo cierto que no estoy de acuerdo al ciento por ciento en aquello que defiende y que no le compro algunos planteamientos, el tipo escribe tan de puta madre que... 
Por cierto que la entrevista que le hizo el hoy Vicepresidente Primero del Gobierno en “Otra vuelta de Tuerka” con ocasión del lanzamiento del libro, merece mucho la pena.

De ahí pasé a “Cómo caza un dromedario” de Víctor Nubla, que es harina de otro costal. Otra marcianada más publicada por la peña de Blackie Books. En este caso protagonizada por este polifacético personaje -que además de escritor es diseñador gráfico, editor, músico experimental, organizador de festivales, ilustrador de portadas y hasta opinólogo ocasional-, bastante conocido en la bohemia barcelonesa. Para hacernos una idea y según reza en la contraportada, el tipo vive en Gràcia y cree en las regiones temporalmente autónomas, mostrando un desinterés absoluto por la cultura del brunch. Cuenta que empezó a dibujar antes que a andar y en algún momento descubrió que las palabras son dibujos que explican cosas, por lo que se metió de lleno en el mundillo de las letras, aunque sea más conocido por sus proyectos sonoros con Macromassa, Dedo o Aixònoéspànic. De hecho, según he leído, incluso hay un cóctel en algún garito de la Ciudad Condal que lleva su nombre. Respecto al libro, ¿qué decir? Inclasificable. Hay historias sobre alienígenas, otras muy bizarras que vienen protagonizadas por animales humanizados o no, ensayos en forma de poema, narraciones sobre cosas mágicas que resultan ridículas, cuentos que realmente son fórmulas matemáticas y un puñado de “señoras vestidas de fiesta, perros peinados, borrachos impenitentes, camorristas de tres al cuarto, presentadores de televisión, inspectores de compañías cerveceras, policías de paisano, músicos agarrados a un vaso, gitanos que cantan solos, calles iluminadas de amarillo, almas en pena, penas sin alma, filósofos prácticos”. Tengo que decir que me ha gustado, pero menos de lo que esperaba. Creo que va de más a menos, desinflándose con el transcurrir de los capítulos. Que sí, el librito está organizado en capítulos, aunque tengan poco que ver los unos con los otros.

Y ya para acabar “El Director” de David Jiménez. El controvertido libro de memorias de quien fuera corresponsal y reportero de guerra durante dos décadas, en su fugaz paso por la dirección de El Mundo. Como aquello que comenzó siendo un reto ilusionante terminó en una cruenta batalla por el control del periódico, provocando su despido tras apenas un año en el cargo. Asistimos a los entresijos de una empresa de información que tiene mucho más de lo primero que de lo segundo y en la que, aquel derecho consagrado por el artículo 20.1 b) de la Constitución, pasa con facilidad a un segundo plano. El tipo habla con bastante soltura de las presiones editoriales sufridas, de malsanas influencias y de algunos favorcillos reclamados por el poder económico o el político y que comprometieron la independencia del diario. Poniendo sobre la mesa nombres y apellidos, o sobrenombres tras los que se esconden personajes fácilmente identificables. Una lectura que resulta interesante pero que ofrece menos de lo que promete. Y es que gran parte de las intrigas son bien conocidas y las que no lo son, tampoco extrañan demasiado visto lo visto -y oído lo oído-. Además hiede a que el tipo se ha guardado bastantes cositas y no parece que se deba exclusivamente a una cuestión de auto-protección. O tal vez sí. En todo caso, el tiempo dirá. 

Y esto sería todo por ahora. Estoy con el último de la Mariana Enríquez y lo tengo a punto de caramelo. Pero a este libraco y a su autora prefiero dedicarles una entradita en exclusiva.

martes, 17 de diciembre de 2019

The best of the best 2019, ya anticipado pero ahora ordenadito -o no tanto-.

Pues así a lo tonto, hemos llegado al final del ejercicio. Un 2019 que se me ha hecho larguillo, no os voy a engañar. Sobre todo desde hace un par de meses. Y es que las cosas se pusieron calentitas por esta parte del mundo y pese al apagón informativo continúan más o menos igual. Además es el último año que, por ahora, pasaré en la tierra que vio nacer a Neruda, la Violeta, Pablo Larraín o Bolaño. Porque sí, ya es oficial, en breve abandonaré Valpito para abrazarme de nuevo a los efímeros inviernos y los infernales estíos de la terreta. Y la verdad es que tengo ganas, pero echaré de menos mi residencia transoceánica. Y a sus gentes. Por supuesto este verano suave. Y las marejadas en invierno. También los improvisados asados en casa del cuñado, el sour casero en casa de la suegra, la chorrillana y las papas choras con birras del Altamira, los pasteles de choclo y el chupé de locos, los carmenere de Casa Silva, los ensambles de Viña Von Siebhental, los blancos del Leyda, los orgánicos de Emiliana y el Marqués de Casa Concha. ¡Hasta las marraquetas de la Central! Si bien, lo que más vamos a extrañar –y aquí uso conscientemente el plural-, es asomarnos al balcón y vernos rodeados de cerros. Especialmente esos cerrotes de la cordillera que se atisban a lo lejos, con sus picos perpetuamente nevados. Y es que uno, que nació en el Mediterráneo, no acababa de comprender el brillo de todo eso cuando le quedaba tan lejos. Penitenziagite.

El caso es que en poco más de dos semanas estaremos comenzando nueva etapa e iniciando década, que se dice pronto. De la que espero muchas cosas, cierto. Entre otras, aunque no sea lo más importante -o quizás sí-, más música en vivo. Y es que si hay algo que he echado de menos durante estos dos años, es acudir a los shows de mis bandas favoritas. O ni siquiera eso. Los de casi cualquiera que pasara por el Cap i Casal a mostrar repertorio. En Chile se ha hecho lo que se ha podido, que no ha sido mucho, como atestigua esta bitácora. Lo que no ha menguado ha sido el consumo de música enlatada. Es más, ha aumentado de forma considerable y a esos listados de recomendaciones que cuelgo periódicamente me remito. De ahí que la confección de uno definitivo para este año, estableciendo un orden de preferencia, se me haya hecho un mundo. Y al final he pasao. Por primera vez desde que funciona este espacio, que todo hay que decirlo. Sin que sirva de precedente, voy a envidiar esa existencia ordenada de muchos colegas de la blogosfera. Su capacidad de escudriñar entre lo publicado en los doce meses previos, estableciendo una prelación entre la ingente cantidad de álbumes degustada. Con o sin prejuicios, que cada uno consolida sus mañas y tiene sus sesgos… Y bien que me parece. 

Así pues, me limito a relacionar aquellos discos con los que he disfrutado este año, ordenados alfabéticamente. Encontraréis un poquito de todo, pero sin sorpresas. Y es que a excepción del estreno de The Murder Capital o lo nuevo del amigo Will Oldham, ya os había hablado de todos ellos aquí, acá, allá o acullá. Obviamente no les atendí a todos por igual. Algunos me gustaron más que otros, a los que presté menos atención, por lo que merecerían aparecer entre los primeros puestos de un hipotético ranking. Sería el caso del esperado largo de debut de los irlandeses Fontaines DC, o de los dos álbumes que nos ha regalado Adrianne Lenker junto a sus Big Thief. También de la nueva macarrada protagonizada por Ezra Furman, de esa cosa rayano en lo esotérico que se han marcado Drahla, del sempiterno magisterio folk-rocker a cargo de Will Johnson, de las corrientes circulares en el espacio generadas por las chicas de Rakta, o de ese hip hop intelectualizado, piolita pero sabrosón que factura el broda' Loyle Carner. Pero vaya, que como he dicho más arriba, esto es lo que hay… 

Ahí va la cosa:

Lo milloret de lo milloret 2019 (by Suloki)  

AA Bondy, “Enderness”
Aldous Harding, “Designer”
Amyl and the Sniffers s/t
Angel Olsen, “All Mirrors”
Beirut, “Gallipoli”
Benedict Benjamin, “Truant”
Better Oblivion Community Center, s/t
Big Thief, “Two Hands”
Big Thief, “U.F.O.F.”
Billie Eilish, “When we all fall asleep, where do we go?”
Bill Pritchard, “Midland Lullabies”
Black Midi, “Schlagenheim”
Bonnie “Prince” Billy, “I Made a Place”
Boy Harsher, “Careful”
Business of Dreams, “Ripe for Anarchy”
Los Chikos del Maíz, “Comanchería”
Comet Gain, “Fireraisers forever!”
Crocodiles, “Love is Here”
Dark Blue, “Victory is Rated”
Deer Tick, “Mayonnaise”
Derby Motoreta’s Burrito Kachimba, s/t
Desperate Journalist, “In Search of the Miraculous”
De Staat, “Bubblegum”
DIIV, “Deceiver”
Dinosaur Pile-up, “Celebrity Mansions”
Drahla, “Useless Coordinates”
Drenge, “Strange Creatures”
Ezra Furman, “Twelve Nudes”
Faraón & Los Sarcófagos, “La maldición”
Fews, “Into Red”
Fontaines D.C., “Dogrel”
Foxygen, “Seeing other people”
Francis Lung, “A Dream is You”
Fuerza Nueva, “Fuerza Nueva”
The Get Up Kids, “Problems”
Health, “Vol. 4:: Slaves of Fear” 
Henryk Gorécki, Beth Gibbons and the Polish National Radio Symphony Orchestra, “Symphony Nº 3 (Symphony of Sorrowful Songs)”
Herzog, “Me vs. You”
Honeyblood, “In Plain Sight”
I Was a King, “Slow Century”
King Gizzard & The Lizard Wizard, “Infest The Rats' Nest”
Ladytron, “Ladytron”
Lee Harvey Osmond, “Mohawk”
Liturgy, “H.A.Q.Q.”
Loyle Carner, “Not Waving but Drowing”
Mattiel, “Satis Factory”
Michel Cloup Duo, “Danser danser danser sur les ruines”
Mike Krol, “Power Chords”
Morrisey, “California Sun”  
Mueran Humanos, “Hospital Lullabies”
The Murder Capital, “When I Have Fears”
The National, “I’m Easy to Find”
The New Pornographers, “In the Morse Code of Brake Lights”
Nick Cave & the Bad Seeds, “Ghosteen”
Pedro the Lion, “Phoenix”
The Persian Leaps, “Electrical Living”
Peter Doherty & the Puta Madres, s/t
The Program, “The Illusion of Choice”  
The Proper Ornaments, “6 Lenins”
Rafael Berrio, “Niño Futuro”
Ranges, “Babel”
Rakta, “Falha Comum”
Reserva Espiritual de Occidente, “Cristo de la Atlántida”
Robert Forster, “Inferno”
Ryan Bingham, “American Love Song”
Sasami, s/t
Sharon Van Etten, “Remind Me Tomorrow”
Sleaford Mods, “Eton Alive”
Stef Chura, “Midnight”
Strand of Oaks, “Eraserland”  
Tamaryn, “Dreaming the Dark”
Tercer Sol, “Lejos”
Titus Andronicus, “An Obelisk”
Torul, “Hikikomori”
Tropical Fuck Storm, “Braindrops”
Vampire Weekend, “Father of the Bride”
Versing, “10000”
Will Johnson, “Wire Mountain”
Wives, “So Removed
Yawners, “Just Calm Down”

Aquí los tenéis (casi) todos
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