Estamos ya a mitad de
ejercicio
y, a excepción de cuando me
deshice en elogios con el
nuevo proyecto de Afonso Dorido, o con
la
mención al fantabuloso
nuevo álbum de Clem Snide metida con calzador en un post
literario,
no había colgado nada relacionado con la que es mi pasión
principal. Así pues, sin ofrecer una disculpa ni media, paso a
relacionar los trabajos musicales de esta
cosecha 2020 que me tienen enganchado. Quizás faltaría alguno, es
verdad, pero
prefiero pegarle otra
vueltecita más y reservarles una futura entrada. Que lo mismo os
digo esto que luego ná
de ná,
lo sé… Ya conocéis el percal. En
fin… ¡Allá
vamos!
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“Storm
damage”, Ben Watt
¡Hostias!
¡¡¡Que este tipo es el Everything but the Girl!!! ¡Que no me han
molado en la puta vida! Es más, cuenta la leyenda que una vez, allá
por el Pleistoceno Medio, acudí a uno de sus shows
en
les terres
del nord y
acabé
marchándome a la tercera canción. Pero mira tú por donde que ahora
me doy de bruces con esto. Y aunque me cueste, he de reconocer que es
harina de otro costal. Gratísima sorpresa. Y vale que quizás la
cosa ya venía de lejos. Soy consciente de que es el cuarto disco en
solitario del menda, pero como nunca hasta ahora le había prestado
atención… Así pues, ¿que decir de “Storm damage”? Todo
bueno. Que me ha parecido trabajo delicioso. Con esa cadencia
jazzística, sus apuntes tristes por doquier y en donde se combinan
sabiamente los ritmos orgánicos
con la cosa electrónica. Canela en rama. En serio. Muy en serio. ¡No
os riáis cabrones!
“Dear
life”, Brendan Benson
No
por esperado, menos deseado. Aunque, lo tengo que decir, conociendo
cómo se las gasta el gachón y apelando a su inmaculada trayectoria
en solitario o junto a The Raconteurs, fantaseaba con un artefacto
más fastuoso. Con todo, el rubio de Michigan, amigatxo
del alma de Jack White, nos ofrece once cortes bien variaditos en los
que se respira una sensación de libertad poco común en los tiempos
que corren. Y vaya, que el muchacho se ha ganado el derecho a hacer
lo que le salga del nabo. Y en eso consiste la séptima entrega en
solitario de este casi cincuentón, que puede fardar de trayectoria. Brillando con luz propia en este cachivache, “Richest
man”, “Evil Eyes” o el tema que da título al disco.
“Making
a door less open”, Car Seat Headrest
A
ver, es cierto que suena raro escuchar al amigo Toledo con
sintetizadores. Aún más el ver cómo ha parido un disco tan poco
conexo como este –las canciones podrían estar incluidas en 3 o 4
álbumes diferentes y no pasaría nada-. Pero vaya, que a un genio se
le perdona todo. Y es que, pasando por alto esto último y más allá
de valorar aquello de que el movimiento se hace andando y que aquí,
el amigo ha intentado reinventarse por enésima vez, me parece que el
disquito contiene un buen puñado de composiciones dignas de alabar.
“Weighlifters” con la que abre, me parece tremenda. “Deadlines
(Hostile)” un cañón. “Life worth missing” y “There must be
more tan blood” me encantan y “Martin” directamente me tiene
loco. ¿Qué hay canciones no tan brillantes? Sí. ¿Y en que disco
no? Pero vaya que, haciendo un análisis global de la cosa, a mí me
satisface. Y sí, obviamente es un trabajo valiente que asume
bastantes riesgos, pero, sobre todo y lo más importante es que
resulta muy disfrutable. ¿Cuesta entrar en él? Tampoco tanto. No exageremos.

“On
circles”, Caspian
Para
servidora, lo mejor que ha publicado el ahora sexteto desde el
inigualable “Tertia”. Obra maestra absoluta de un género como el
post-rock,
cada vez más vulgarizado. Con una fórmula que no es nueva, pero que
en sus manos aún resulta fresca, gracias a esos muros de sonido con
marca registrada y esa constante apelación a la emotividad tan suya.
Desde Boston con amor y aún más con ruido. Por cierto, “Collapser”
es un temarro
para la posteridad. He dicho.
“Have
we met”, Destroyer
Nueva
entrega en forma de disco, de uno de los compositores más singulares
del pop actual: el canadiense Dan Bejar. Esta vez influido
por los sonidos más ochenteros, el ambient
y hasta Massive Attack, como él mismo ha reconocido en alguna
entrevista. Disco de pop con mayúsculas, bailongueable pese a lo
apocalíptico de muchas de sus letras. En mi opinión y sin ser un
incondicional de este emérito miembro de The New Pornographers, de
lo mejorcito que ha grabado hasta la fecha.
“Collector”,
Disq
Interesante
debut el de este quinteto de Madison, que se mueve como pez en el
agua por los añorados senderos del indie-rock
de los noventa. Diez temas que ellos mismos califican de
“representaciones
orgánicas de cada momento en el tiempo” y
que harán las delicias de los fans
de Elliott Smith, Weezer, Built to Spill y hasta de Titus Andronicus
(Why not?). Doy fe.
“The
unraveling”, Drive-by Truckers
Trabajo
que sigue la línea marcada por “American Band” –madurez y
activismo en lo lírico, rabia contenida en lo musical, sobriedad en
el diseño de carpetas-. Un disco que, sin ser tan bueno como aquel,
mantiene en la buena senda a una banda ya mítica. Como leí en
alguna parte, parece que la
furia se aleja de las guitarras para situarse ahora en las palabras.
¡Y no veas lo bien que les sienta! Aunque a las huestes de Donald
Trump les haga pupita. Vaya, que siguen siendo la mejor banda de rock
sureño en activo. Con todo, se echan en falta aquellos dibujitos de
Patterson Hood y el antiguo diseño de caratulas. Y es que tó
no pué
ser…
“Bestieza”,
Los Enemigos
32
minutejos de ese rock urgente y cañero con el que lograron fama y
fortuna. Vaya, lo mismo que llevan haciendo desde hace treinta y
tantos años, con sobrada inspiración. Disco muy directo compuesto
de diez piezas trufadas por esos textos tan chulos que le salen al
Josele – “Siete mil canciones”, “La ofensa”, “Menos que
un perro”, “Sacrilegio Sideral”, “Hey Judas”...-. Además,
y a diferencia de algunos de sus últimos trabajos, “Bestieza”
suena homogéneo. Y razonablemente fresco, aunque esto quizás sea
cosa mía -¡es que lo he
agarrao
con muchas ganas!-. Los Enemigos saben lo que quieren hacer y lo
hacen muy bien. No es cuestión de descubrir la pólvora.
“Floatr”,
Happyness
Cómo
ya comenté en alguna otra parte, me encanta el nuevo trabajo de
estos dos. Casi tanto como su debut y bastante más que el anterior,
en el que, lo reconozco, me costó muchísimo entrar. Y eso a pesar
de la enésima puta mierda de portada –consolidando la tradición
de hacer portadas de mierda- en la carrera de la banda londinense. O
hasta del título elegido. Vaya, salvo que se trate de un inesperado
homenaje a Chiquito de la Calzada o una referencia al atípico verano
con pandemia que nos espera -por aquello del flotador, se entiende,
¿no?-. Especialmente para los súbditos de la reina Isabel, tan
aficionados ellos al melanoma con D.O. Costa Blanca. En todo caso, me
postro a sus pinreles. A los de Jonny y Kenazi, no a los de la vieja
Windsor.
“Classical
notions of happiness”, Jordana
Podría
tratarse del enésimo trabajo de chica lánguida con guitarrita,
cantándole al desamor y a los problemas adolescentes y/o haciendo
gala de una viejuventud
a todas luces innecesaria. Pero no. O bueno sí, porque aquí hay
mucho de introspección y madurez impropia, pero hay bastante más.
Creo. Los cortes presentan un sonido y una fórmula bastante
particular, por decirlo de alguna manera. Circulan al trote
cochinero, pero de golpe surge el genio. La Jordana vendría a ser
entonces una suerte de Karim Benzema con mamellas y consagrado al
noble arte de las musas, en lugar de a dar asistencias memorables o
marcar goles imposibles. Responsable de preciosas melodías que
sirven no solo como recipiente para unas letras bastante chulas. Un
disco simpático. Lento, que no aburrido, e imperfecto como todo
debut que se precie.
“Lina_Raül
Refree”, Lina y Raül Refree
Después
de Sílvia Pérez Cruz, Rocío Márquez o la Rosalía de los
comienzos -además de colaborar con Lee Ranaldo, entre otros-, el
ex-Refree se mete de lleno en el mundo del fado. Del fado sin
guitarra portuguesa, por lo que, supongo, habrá recibido su buena
dosis de hostias. Como por otra parte, ya le pasó en la piel de toro
tras “profanar” la tumba de Farina o de La Niña de los Peines.
Estamos ante un disco de fado que no es fado, con piano,
sintetizadores y armonio, pero sin cuerdas y bastante más oscuro
para lo habitual del género. Hay quien ve similitudes con las cosas
de Nico, si la artista nibelunga hubiese nacido en el barrio de la
Alfama. No me convence del todo. En todo caso, el proyecto gira en
torno al repertorio de Amália Rodrigues y es Lina Rodrigues quien le
pone voz, por lo que si no es fado, se le parece un huevo. Y mola un
ídem.
“Good
souls better angels”, Lucinda Williams
He
leído todo tipo de descalificaciones a la hora de valorar el nuevo
trabajo del fenómeno de Luisiana. Pues mira, a mí me parece
descollante. Se tenía que decir y se dijo. Cadencias
blueseras,
country-rock
del
clásico al guarrete, denuncia política sin pelos en la lengua y
unas buenas dosis de a
fer la mà tot.
Tremendo es poco, insisto. Y no tengo más que añadir. Ni voy a
discutirlo con nadie.
“Beat
poetry for survivalists”, Luke Haines y Peter Buck
Proyecto
de quien fuera líder de los Auteurs o, más recientemente, Black Box
Recorder, junto uno de los fundadores y guitarrista principal de
R.E.M. Y los tipos se han sacado de la manga este delicioso trabajo
colaborativo. Zurcido a cuatro manos e ideado a dos cerebros, suena
tanto a sus bandas madre como a Lou Reed a quien, de alguna manera,
rinden homenaje. Vaya, también al chalao
de
Jack Parsons a quien dedican uno de los mejores cortes del álbum.
“Uneasy
laughter”, Moaning
Quizás
sea este el disco al que más vueltas le haya pegado en lo que
llevamos de año. Y es que me parece la hostia. A ver, tampoco es
cuestión de fliparse. “Uneasy laughter” no incluye nada
especialmente novedoso en su interior. Es más, se desarrolla entre
los transitados senderos del revival
post-punk,
con algunos matices. Eso sí, creo que es un paso adelante
maravilloso e inesperado, el emprendido por el trío angelino.
Dotándose de un repertorio más interesante y completo, que destaca
por unos estribillos tan poderosos como pegadizos. Además se trata
de un trabajo sin material de relleno. Sus trece piezas cobran
sentido en el total y cada una de ellas ralla a buen nivel. En el
caso de “Ego”, “Make it stop”, “Connect de dots”, “Fall
in love” o “Coincidence or faith” más que eso...
“Never
not together”, Nada Surf
Regreso
feliz del proyecto musical comandado por Matthew Caws y Dani Lorca. Y
eso que este nuevo álbum no mola tanto como su predecesor, “You
know who you are”. Pero es que aquel era una puta barbaridad... Con
todo, tenemos nueve temas bien bonitos que condensan todo el saber
aprendido por la banda neoyorquina en sus casi tres décadas de
existencia. Y es que “Never not together” supone la enésima
invitación al goce, a tararear, a sacarnos una sonrisilla o unas
lágrimas (según se tercie), como solo ellos saben hacer. Y se
agradece… Alguna vez he escrito por aquí que Nada Surf son eternos
y su estrella no se apagará nunca. Lo han vuelto a demostrar. Y sin
necesidad de promoción, como siempre. Para eso tienen sus canciones.
Ya les gustaría a otros con menos años y más medios...
“Feral”,
RVG
Segundo
lanzamiento del grupo de Romy Vager. Líderesa de esta interesante
formación que he conocido gracias a este fantástico “Feral”.
Incluyendo una decena de temas que beben de referentes reconocidos,
como sus paisanos los Go-Betweens, pero también los británicos The
Soft Boys y The Smiths. Canciones que tocan ese punto dulce entre lo
claro y lo oscuro, sin desdeñar el ruido de guitarras. Mención
aparte para la voz andrógina de la Santo y seña de este combo
forjado en Melbourne. Muy especial lo de esta señorita y sus
adláteres.
“X”,
She Past Away
Primero
colgaron un par de remixes
en su Bandcamp y pensé que de ahí no pasaría la cosa. Pasado un
tiempo, fueron acumulándose varios más, a cada cual mejor. Todos
ellos firmados por eminentes miembros del all
star
de la cosa oscura. Al final, juntaron todas las piezas, revisiones y
perversiones, incluyeron alguna cover,
y se sacaron de la manga un discarro
doble y tremebundo que me tiene fascinado. De hecho, creo que es lo
mejor que han parido estos turcos en una aún
corta trayectoria, consagrada a revitalizar los sonidos de la
darkwave.
Veintidós cortes -que se dice pronto-, por los que desfilan gentes
como The Soft Moon, Boy Harsher, Bragolin, Lebanon Hanover, Front
242, Dear Deer, Clan of Xymox, Selofan o el tipo de Xeno &
Oaklander. Varios de ellos son brutales.
“Traditional
techniques”, Stephen Malkmus
Folk
psicodélico con cierta deriva country
y algunos giros más propios del blues-rock.
Ecos a los Beatles in
India,
a Led Zeppelin, también a Canned Heat y que sé yo. Vaya, que el
tercer disco en solitario
del líder de Pavement sin Pavement y también sin los Jicks, es
exactamente lo que Stephen ha querido que sea. Ha hecho lo que le
sale de la chorra y a huir, importándole una higa lo que digamos los
demás. Enésimo peldaño de esa autopista hacia el cielo por la que
transita este californiano. Es más, si le hacemos caso a su
discográfica y esto forma parte de una trilogía -junto al
tremebundo último trabajo de los Jicks, y a la electrónica rara de
“Groove Denied”-, todavía resulta más extraordinario. ¡Encima
el tío sigue girando con Pavement! Xé
Steph, ya que estas on fire,
¿qué no grabarías un largo con tu banda madre? ¿Un epé manque sea? Por pedir
que no quede…
“Saint
Cloud”, Waxahatchee
Ya
para acabar, el nuevo disco de Waxahatchee. En él se nos presenta a
una nueva Katie Crutchfield más feliz, o al menos no tan enfadada
con el mundo y quien sabe si más conforme con la vida. Un trabajo
más cálido que los anteriores y probablemente más apto para todo
tipo de paladares. Apreciándose un acercamiento a sus raíces, de
las que, según ella misma cuenta, renegó durante años. También se
siente la impronta de los chicos de Bonny Doon, joven banda de
Detroit que ya os recomendé hace un par de años y que, desde hace
un tiempo, acompaña a la artista de Alabama en sus giras. Así pues
lo-fi
enriquecido,
country
a
su manera, rock sureño del de toda la vida de Dios, mucho pianito y
poca distorsión… Y absolutamente nada de aquel indie-rock
primigenio.
Otra Katie es posible,
yes.
Todas ellas son igualmente brillantes.