domingo, 12 de octubre de 2008

Richard Serra en el Guggenheim Bilbao


Aprovechando que este puente lo pasé en el puto Bilbao por motivos que no vienen al caso, me di un garbeo por el principal reclamo de la ciudad del Nervión junto a San Mamés y los bares de pintxos del casco viejo. Me refiero al museo Guggenheim, of courseMe dio rabia no poder disfrutar de la expo de mi admirado Juan Muñoz, en fase de desmontado justo el día que yo anduve por allí, por lo que me dediqué a circular entre los enormes espirales metálicos que componen “La memoria del tiempo”, del norteamericano Richard Serra. Que no es mal consuelo, revisitar el calificado por el propio artista como su proyecto más importante, vaya. La instalación, que ocupa la sala más grande de la institución bilbaína, también es considerada por los especialistas como la más ambiciosa dentro del vocabulario formal que viene desarrollando Serra durante los últimos veinte años. Constituye asimismo la adquisición más importante del museo desde su apertura en 1997.

Muy recomendable alquilar la audio guía que, al menos en la versión castellana, utiliza la voz de Constantino Romero. Así es como el conocido presentador me condujo por esas siete estructuras, tirando de datos y anécdotas que hacen del paseo una experiencia mucho más educativa y agradable. La obra es monumental y está compuesta por altísimos muros de acero ligeramente inclinados. Dispuestos en forma de elipse o espiral, a veces concéntrica, otras laberíntica, pero siempre dibujando trayectos que se pueden penetrar, recorrer y explorar al ritmo que decidas. El propio autor indicó en la inauguración que ésta había de “ser activada y animada por el ritmo del movimiento del espectador”. 
Parte de la colección permanente del Guggenheim Bilbao, es considerada como un “museo dentro del propio museo” de visita obligatoria para quienes visiten la capital de Vizcaya. Doy fe de ello.

miércoles, 8 de octubre de 2008

La jungla polaca


“La jungla polaca” es el último libro del gran reportero polaco Ryszard Kapuscinski que ha llegado a nuestras librerías. Publicado originariamente en 1962, narra a través de relatos independientes, sus andanzas por una Polonia devastada por la guerra. Escrito entre medias de aquellos viajes africanos de los que di buena cuenta por aquí, el autor se adentra en las profundidades de su país para recoger un valioso testimonio de supervivencia que prescinde del tono optimista del realismo socialista.

Los veintiún reportajes de los que se compone son un referente de aquello que se vino a llamar “literatura de los hechos”, que no es sino la conversión del reportaje periodístico en literatura. Por ese motivo, no es difícil entender que este debut suscitara tamaño interés entre público y crítica. Hasta el punto de fijar los focos sobre el considerado a la postre como el mayor periodista del Siglo XX.

El propio autor contaba que el libro fue escrito entre las décadas cincuenta y sesenta del siguiente modo: “Volví a Varsovia. Debía preparar una nota relatando lo que había visto en el Congo. Describí la lucha, el desmoronamiento, la derrota. Al hacerse pública, recibí una convocatoria para comparecer ante un camarada del Ministerio de Asuntos Exteriores. "¿Qué demonios ha escrito? -me espetó, indignado- ¡Llamar anarquía a la revolución! (...) Lo lamento -me dijo el camarada dando por terminada nuestra conversación-, pero usted no sirve para hacer de corresponsal en el extranjero, porque no entiende los procesos marxista-leninistas que se desarrollan en aquellas partes del mundo.” “De acuerdo -me mostré conforme-, aquí también tendré de qué escribir.”

Entre los textos incluidos merece una mención especial “El rapto de Elzbieta”, que además es el más célebre. Y es que, al denunciar determinadas prácticas de la Iglesia polaca, llegó a desaparecer de algunas ediciones. Según parece algunas campesinas metidas a monjas se habían sentido dolorosamente retratadas.
“-¿Qué me trae usted? Y yo no llevaba nada. Ni más palabras, ni objeto alguno. Para verla, había viajado en tren, atravesado el bosque hundido en la nieve hasta las rodillas, golpeado con insistencia la puerta del monasterio y cuando por fin me hallaba ante la alta reja, tan sólo tenía una pregunta, que además ya había hecho y que, sin provocar resonancia alguna, había sido celosamente guardada en los rígidos pliegues del hábito. Por eso contesté: -A decir verdad, no sé. Quizá tan sólo el grito de dolor de su madre.”

lunes, 6 de octubre de 2008

Imágenes de Bosnia - Herzegovina

Acabo de leerme del tirón “Gorazde: Zona Protegida”, del periodista e historietista norteamericano Joe Sacco. Y tengo que decir que me ha gustado mucho. Es una novela gráfica que habla de las atrocidades cometidas por las fuerzas serbo-bosnias en enclaves de la Bosnia oriental. Precisamente aquellos en los que se produjeron las mayores matanzas de musulmanes durante la Guerra de los Balcanes entre los años 1992 y 1996 y en donde, sorprendentemente, la ONU y los medios internacionales prestaron menos atención. Sacco se basa en los recuerdos y las opiniones de los residentes en Gorazde, municipio del cantón de Prodinje Bosnio, al este del país.

Para ello, Sacco se desplazaría hasta allí a comienzos del año 1996, casi al final del conflicto. En su estadía se dedicó a entrevistar a los escasos moradores de un enclave que contaba con 25.000 habitantes al comienzo de la guerra. Y con ello traza un relato de supervivencia. El de los bosniacos residentes en el valle del Drina, en poblaciones como esta, pero también Visegrad, Zepa, Rogatica o esa Srebrenica de infausto recuerdo para todos nosotros.

A través de un dibujo hiperrealista y empleando únicamente el blanco y negro, Sacco nos muestra los padecimientos de un pueblo sometido a las purgas del ejército de la autoproclamada República de Sprska durante tres años largos. Los violentos bombardeos, las hambrunas y los periodos de carestía que marcaron a todas las personas allí sitiadas. Cómo tras la firma de los Acuerdos de Dayton, aquellos que pusieron fin a la guerra, esos ciudadanos musulmanes comprenderían que habían sobrevivido y se abría ante ellos un nuevo panorama, incierto, pero nunca peor que el soportado. 

Como comenta el propio autor, este libro “es tanto la historia de la práctica muerte de una ciudad como la historia de los primeros nuevos pasos de una ciudad hacia la vida”. Un relato claustrofóbico en el que Joe Sacco es capaz de transcribir el horror de la guerra en un rincón olvidado de Bosnia, alejado de las cámaras de televisión. Y vaya si lo consigue. Magistralmente.

En relación a lo anterior, mencionar que este verano pude visitar otro enclave bosnio castigadísimo en esta guerra entre hermanos: la ciudad de Mostar. Exceptuando el entorno del famoso puente de Mostar, rehabilitado para suerte de todos, el resto de la ciudad presenta decenas de edificios en ruinas y otros que se mantienen milagrosamente en pie, repletos de cicatrices en forma de agujeros de bala y piezas de artillería. Y eso en Mostar, no hablemos ya de las pequeñas poblaciones de su entorno en las que pululan refugiados de un sitio para otro vendiendo frutas o cacharrería para turistas. 


viernes, 3 de octubre de 2008

The Posies - Valencia 02.10.08


En el mundo de la música se imponen nuevas modas. Una de las últimas es la celebración de conciertos nostálgicos. Aquellos en los que veteranos de la escena reinterpretan sus discos clásicos o los sacan a pasear tal cual fueron concebidos originalmente. A eso último se han apuntado los Posies, embarcados en una gira que los llevará por diez ciudades españolas, incluyendo Valencia, dedicada a revisar los cortes de su trabajo más emblemático, el “Frosting on the beater” de 1993. Según cuenta Ken Stringfellow, cofundador de esta banda formada en Seattle a finales de los ochenta, el motivo de la gira se debe a que “nos dimos cuenta de que ese álbum cumplía 15 años, nosotros 20 como banda y nuestro sello en España, 10; nos lo ofrecieron y decidimos aceptar; no me gusta mucho la nostalgia y, claro, ese álbum no es mi favorito de la banda, pero entiendo que significó mucho para mucha gente; va a ser emocionante y osado”.

La verdad es que volver a escuchar el goloso sonido de The Posies siempre apetece. Más ahora que la banda ha dejado de ser una prioridad para sus miembros, con proyectos paralelos que ocupan la mayoría de su tiempo. Porque los años no pasan en balde para nadie y tanto Stringfellow como su amigo Jon Auer han sufrido una clara evolución y no sólo en lo musical. De hecho, en las horas previas al evento y mientras disfrutábamos de un bocata y unas cervecitas en un bareto frente al Greenspace, apareció un irreconocible Ken Stringfellow. Y cuando digo irreconocible, creedme. La mitad de lo que era antes, cuando tampoco es que nunca fuera un fortachón. Asemejaba a un secundario de “La Novia Cadáver” y con eso lo digo todo. Más impactante fue la puesta en escena de Jon Auer, por motivos opuestos. El menda se debería mirar lo de su peso. Y no es que antes fuera una sílfide, pero joder como se ha puesto de gordo el cabrón. Parecía un luchador de sumo con melena.

Ya hablando del concierto que es lo que importa, decir que no pasará a los anales de la historia, ni falta que hace. Porque sería injusto menospreciar el esfuerzo por interpretar dignamente canciones como “Dream all day”, “Solar Sister” o “Flavor of the month”. Tres de las mejores de su amplio repertorio y que probablemente no habrían tocado en directo desde hace años. Más o menos en eso consistió el show, hora y media largas de powerpop, buenas melodías y nostalgia noventera. Demostrando que los doce cortes que conforman tan icónico disco no han perdido un gramo de fuerza quince años después.

Un par de cuestiones aún antes de terminar. Me alucina la capacidad de salivar del señor Stringfellow. Y lo digo en serio. El tipo se pasó la noche lanzando gargajos a diestro y siniestro. Sí, ya me sé las probables causas de tan odiosa capacidad, pero aun así fue exagerado. Hasta el punto de que el bajista no se atrevió a acercarse a él por miedo a recibir un gapo. O quizás para no resbalarse con tamaña cantidad de líquido corporal esparcido sobre el escenario. La segunda es para reflejar una de las estampas más peculiares -por no decir cutres- que jamás haya presenciado en un evento de estas características. Y es que justo después de terminar el último tema, nos dirigimos raudos hacia el stand habilitado para la venta de cedés, vinilos y merchandising. Como llevábamos algo de prisa y queríamos echar un vistazo antes de marchar, llegamos bien colocados en el grupo de cabeza. Que no los primeros. Y es que la extraña pareja fue capaz de dejar sus instrumentos, sortear el mar de saliva generado por el flaco Stringfellow y correr hasta el stand más rápido que nosotros, que sólo estábamos a diez metros. Y con eso nos topamos, con Auer y Stringfellow tras el expositor haciendo aspavientos y salpicando a todo bicho viviente con sus efluvios corporales. Al estilo vendedora gitana de mercadillo, cedés en mano… “quemeloquitandelajmanoooo!!!”. La escena será recordada por muchos como uno de los episodios más bizarros jamás vistos. Una historieta del “gordo y el flaco” en vivo y en directo, y a todo color. Obviamente al final no tuvimos tiempo de mirar nada. 

A pesar de esto último, tengo que reconocer que el concierto fue bastante decente. Los Posies nos hicieron pasar un buen rato. Y quién sabe si era la última oportunidad de escuchar en directo a una de las bandas de rock más importantes e influyentes de los noventa. Supongo que no. Aunque solo el tiempo nos lo dirá.

martes, 30 de septiembre de 2008

“Persépolis”, una joya iraní


La aparición en el año 2000 del primer tomo de los cuatro que conforman esta novela gráfica, ya anticipaba la grandeza de lo que acabaría por convertirse en un clásico del género. La cosa vendría acompañada de enormes críticas, un considerable éxito de ventas y un puñado de premios entre los que destacan el de autor revelación y mejor guión en el Salón del Cómic de Angouleme, el Premio Harvey a la Mejor Obra Extranjera del 2004, el Prix du Lion belga, o el primer premio de la Paz - Fernando Buesa Blanco concedido en Vitoria el año 2003.

“Persépolis” es una suerte de autobiografía de juventud de la iraní Marjane Satrapi. Cuenta cómo sobrevivió a los últimos coletazos del régimen del Sha de Persia y primeros de la revolución islámica, también durante el régimen fundamentalista que se instauró después. El interés de la novela radica en la historia que cuenta y también por quien nos la cuenta. En un mundo como el de la historieta en el cual no sobran mujeres y no hablemos ya de iraníes.

La narración comienza con la pequeña Marjie, de apenas diez años. Desde esa perspectiva infantil nos hace partícipes del cambio social y político que pondrá fin a más de cincuenta años de reinado del Sha en Irán. Una revolución democrática frente a un tirano impuesto por los Estados Unidos, que sin embargo va a devenir en uno de los fundamentalismos más duros del planeta. Hoy día con el infame Mahmud Ahmadineyad como heredero de todo aquello. Y es que conforme va creciendo, la niña se da cuenta de que ese nuevo régimen, por el que lucharon muchos de sus familiares y vecinos, ha caído en manos de los integristas y no trae consigo nada bueno. Lo que unido al interminable conflicto armado entre iraníes e iraquíes, con constantes bombardeos sobre la ciudad de Teherán, acabará por decidir a sus padres para enviarla al extranjero. En este punto asistiremos al duro tránsito de la Marjie adolescente por Austria. Un periodo que terminará con su regreso a Irán, en donde sabemos que concluyó sus estudios, se casó y por encima de todo tuvo que acostumbrarse a las nuevas condiciones de vida impuestas por los barbudos del régimen de los ayatolás.

El caso es que con “Persépolis”, Marjane Satrapi nos ofrece un excelente testimonio sobre un momento crucial en la historia de su país y del mundo. De hecho, la propia autora cuenta que eso fue lo que le llevó a escribirla, manifestando ante los medios que su motivación no era tanto hablar de sí misma, como de la historia reciente de Irán y sobre todo de lo que pasó durante su infancia en los territorios en los que reinaran los míticos Darío I, Ciro II o Jerjés “el Grande”.

Otro aspecto interesante del libro es como nos acerca esa visión tan diferente del Irán moderno. Sobre todo para los que estamos acostumbrados a la versión televisiva y por lo tanto sesgada que nos ofrecen las agencias de información europeas y gringas. También son muy jugosas las anécdotas concernientes a los antepasados de la autora, entre los que se cuentan el último rey de la dinastía de los Kayar y un activo opositor al gobierno del Sha.

Muy característico en “Persépolis” es el dibujo, de un grafismo bastante simple ejecutado a dos tintas, a excepción de un apéndice introducido en las últimas ediciones que es a todo color. Unas viñetas un tanto infantilizadas con las que la autora nos trasmite la sensación de estar observando el mundo a través de los ojos de una niña. Aspecto este que sería respetado escrupulosamente en la versión cinematográfica. Porque “Persépolis” también tiene película. Codirigida por Vincent Paronnaud y la propia Satrapi, estrenada el pasado 2007. Una bonita animación que fue presentada en la Sección Oficial del Festival de Cannes 2007 y que ha sido nominada al Oscar. Muy fiel al libreto original y eso es lo mejor que se puede decir de ella. Hasta el punto de que pareciera como si las páginas del cómic hubiesen cobrado vida.

Convertido en un símbolo de la lucha contra las injusticias y las barbaries del integrismo islámico, “Persépolis” es una obra imprescindible para comprender el mundo en el cual vivimos. Una obra maestra de la historieta.

martes, 16 de septiembre de 2008

David Foster Wallace R.I.P.


Esta mañana, mientras me tomaba un café y hojeaba la prensa generalista, me ha sorprendido una de las peores noticias del año. La sección de necrológicas recogía la muerte del escritor norteamericano David Foster Wallace, con apenas 46 años. Calificado como el mejor cronista del malestar de la sociedad norteamericana, apareció ahorcado en su domicilio la noche del pasado viernes. Y lo cierto es que este terrible desenlace era hasta previsible, conociéndose sus fuertes tendencias suicidas. El propio escritor pidió no hace mucho que lo internaran en una unidad de vigilancia hospitalaria, pues no se sentía capaz de controlar su pulsión suicida.

Mi acercamiento al universo DFW es relativamente reciente. Me lo presentó un buen amigo, entre cerveza y cerveza, mientras discutíamos sobre la obra de Chuck Palahniuk, otro gran fabulador contemporáneo. Por este motivo comencé a leer las historias de este magnífico autor, punta de lanza de una generación literaria que incluye nombres como Richard Powers, Jonathan Franzen o Mark Layner. Todos ellos con una forma radicalmente nueva de entender la literatura.

Nacido en Ithaca en 1962, se trata de un personaje muy respetado tanto por el gremio de escritores como en la comunidad universitaria, donde impartía clases de escritura creativa. Wallace ejerció una influencia considerable entre los jóvenes novelistas de su país, así como entre los europeos. Sus reportajes, entrevistas, ensayos y relatos se publicaron en todo tipo de revistas, estando la mayoría de ellos traducidos al castellano. Destacando las colecciones de relatos “La niña del pelo raro” y “Extinción” o el ensayo humorístico “Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer”. También son suyas las “Entrevistas breves con hombres repulsivos”, la “Historia abreviada del infinito”, “Olvido” y “Hablemos de langostas”. Aunque sin ningún género de dudas su obra más conocida y reconocida es “La broma infinita”. Un monumental ejercicio narrativo de más de mil páginas, considerada por la crítica como una de las novelas más audaces e innovadoras de los últimos tiempos.

Somos muchos los que pensamos que lo mejor de David Foster Wallace estaba aún por llegar. Y eso que aún no le he hincado el diente a su opus magnum, que descansa en alguna de mis estanterías desde que otro de mis amigos me la regalara por mi cumpleaños. Supongo que leerla ahora es el mejor homenaje que le puedo hacer. Descanse en paz.

lunes, 15 de septiembre de 2008

M.I.A.

Tras estas siglas se esconde la artista británica de origen tamil Mathangi Arulpragasam. Más fácil decir M.I.A. que significa tanto “missing in action” -desaparecido en acción o en combate-, como “Missing in Acton” que alude al barrio londinense donde nació Maya hace treinta y una primaveras. Esta joven licenciada en bellas artes, cinematografía y vídeo por la Universidad de Londres ha adquirido gran fama internacional, en parte gracias a diversas polémicas en los EEUU. La última ocasionada por su último sencillo “Paper Planes” -Aviones de papel- en la que se alude al fatídico 11-S. Hasta ahora había publicado tres álbumes en los que la irregularidad es la tónica: “Piracy Funds Terrorism” de 2004, “Arular” de 2005 y “Kala” de 2007. Un montón de composiciones que entremezclan elementos propios del hip hop, del reagge, el afrobeat, la electrónica y las músicas tradicionales indoasiáticas. Trabajos por los que algún crítico musical, con bastante mala baba, calificó su propuesta como una suerte de “Bollywood on acid”. Lo cierto es que es bastante injusto. La fórmula de la británica es mucho más interesante que eso, destacando por esas letras tan políticas que no eluden cuestiones polémicas como el conflicto armado en Sri Lanka, además de otros temas de la actualidad internacional. No es casual que sea hija de un importante revolucionario tamil.

A pesar de haberse labrado un nombre en su país, gracias a ilustres apoyos como el de Justine Frischmann de Elastica, la repercusión fuera no fue importante hasta que la Casa Blanca decidiera censurar algunas de sus letras. De hecho la cadena musical MTV prefirió no emitir su single “Sunshowers” hasta que no se retirasen las alusiones a la OLP. A mayor abundamiento en fechas recientes le negaron el visado para entrar en los EEUU, aspecto este que es tratado con ironía en la ya mencionada “Paper Planes”.

Con esta canción M.I.A. reinvidica su lugar en esta nueva onda tan en boga en la actualidad, que recurre a bases de hip hop y a miles de beats pegadizos sobre los cuales se insertan retazos provenientes de la música étnica. Y es de justicia remarcar que, al margen de la polémicas, “Paper Planes” es un pepinaco. Lo mejor que ha parido hasta el momento. Con esos efectos de sonido que incluyen disparos y el clink de cajas registradoras, que auguran un éxito instantáneo. Ahí os dejo el vídeo…


domingo, 14 de septiembre de 2008

Crónicas Birmanas


Birmania es el antiguo nombre que siguen utilizando los países que no reconocen al gobierno militar que tomó el poder en Myanmar en el año 89. Pues bien, en pleno 2007, el historietista canadiense Guy Delisle se marchó para allá a pasar un añito como expatriado, compartiendo vivencias con su hijo y su pareja, una cooperante de Médicos Sin Fronteras - Francia. Fruto de esta inolvidable experiencia realizó este magnífico álbum en el cual refleja sus impresiones y vivencias por aquellos lares.

A los que ya conocemos a Delisle no nos sorprendió este reportaje gráfico en clave de humor, sobre la vida en el seno de una dictadura militar del sudeste asiático. Es el sello del autor, que ya puso en práctica en obras como “Shenzen” o “Pyongyang”. En estas “Crónicas Birmanas” vemos la vida cotidiana de un occidental residente en Rangún. Para ello Delisle mezcla sus experiencias con ciertos aspectos que tienen que ver con la historia y las tradiciones de este militarizado país. Una de las dictaduras más sanguinarias del mundo. Todo eso utilizando un dibujo minimalista en blanco y negro, que es característico en toda su obra.

Como ya hiciera en “Pyongyang”, el autor confronta sus insignificantes preocupaciones de occidental –los problemas del primer mundo, vaya- con las serias dificultades que atraviesan los habitantes de este pobre país en el que despuntan las injusticias, la censura, la desinformación, las zonas prohibidas y el miedo permanente. Una visión irónica, no exenta de denuncia y compromiso, en el que cobra gran valor la labor de las ONGs, mostrando las enormes dificultades que estas encuentran para llevar a cabo su misión.

No hay duda de que este álbum, muy bien editado por Astiberri, mantiene el nivel de calidad que los anteriores. Y al igual que aquellos se erige como documento imprescindible para entender lo que pasa en Birmania o Myanmar, de una manera sucinta y hasta simpática, aun cuando lo que hay detrás de todo es terrible. Otra gran trabajo de Delisle. Y ya van unos cuantos en el debe de este figura.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Niccolo Ammaniti, a la caza del Nivel 4


El grado de conocimiento que tenemos sobre un escritor y su obra se enmarca necesariamente en uno de los siguientes estadios: 1. Absoluto desconocimiento. 2. Le conocemos, pero no hemos leído nada de él. 3. Hemos leído al menos su obra clave. 4. Hemos leído toda su obra. 5. Lo hemos releído y/o volvemos sobre sus escritos a menudo. Respecto a los escritores importantes deberíamos estar, cuando menos, en el nivel tres. Si bien son pocos los que merecen llegar al cuatro o el cinco. Con los escritores poco importantes no debemos llegar ni al tres. Aunque ningún escritor, por insignificante que sea, se merece el uno.

No hace mucho y por pura casualidad, apareció en mi vida la figura de Niccolò Ammaniti. Fue a través de una novela titulada “Como Dios manda”, que encontré en la sección de novedades de una librería cercana a mi trabajo. Por supuesto que hasta este momento desconocía su existencia -Nivel uno-. Sin embargo me llamó la atención la portada del libro en cuestión, con tremendo rayo descargando sobre un fondo de tonos morados. Así pues me lo agencié y vaya si fue un acierto.

El autor es un biólogo de formación nacido en Roma en 1966. Forma parte del grupo de jóvenes escritores italianos conocido como “los caníbales” - por sus textos saturados de violencia, drogas y sexo- con los que ha publicado de forma conjunta. Sin embargo su nombre no comenzaría a tomarse en consideración sino a partir del éxito de “No tengo miedo”, su cuarta novela y que yo acabo de leerme -por lo que ya estoy en el nivel tres-. El libro, además, tuvo una discreta adaptación cinematográfica dirigida por Gabrielle Salvatores en el 2002. Eso sí, sirvió para acrecentar la fama del escritor dentro de su país y darlo a conocer más allá de sus fronteras.

“Como Dios manda” es la última novela de este escritor y a la que me refería al comienzo. Galardonada con el Premio Strega 2007, ofrece una visión desencantada de la Italia actual a través de un padre y un hijo. Ammaniti nos presenta a una serie de esperpénticos personajes, que no son sino un cúmulo de perdedores natos entre los que destacan Rino Zena -“borracho, violento e inútil”- y su hijo Cristiano. Junto a ellos conviven Danilo y “Cuatro quesos”, un asocial y un enfermo mental. Los adultos matan el tiempo bebiendo cerveza y copas de grappa, viendo películas porno y esperando que un día aparezca Robert de Niro o Al Pacino para explicarles la vida de mierda que lleva la gente normal. Esa anodina existencia va a cambiar durante una noche de tormenta. La elegida para llevar a cabo un espectacular atraco que los habría de sacar de la miseria. Todo se irá al garete por culpa del asesinato y violación de una joven. Y hasta aquí puedo contar. Con todo, por encima de la trama que es muy chula, más interesante resulta esa visión sórdida y vulgarizada de Roma. Ese suburbio de Varriano, tan alejado del esplendor imperial.

En “No tengo miedo” Ammaniti nos presenta otra versión de su país: la Italia rural y empobrecida del sur, representada por la imaginaria aldea de Acqua Traverse. Aquí la historia transcurre hace unos décadas, concretamente durante el verano de 1978. A través de los ojos de su protagonista, Michele, quien pasa las tardes montando en bicicleta, jugando al balón o haciendo carreras con sus amigos a través de los maizales. Pero un suceso poco habitual va a cambiar la vida del crío. En una de sus excursiones se topará con otro niño de su misma edad que vive escondido en un hoyo dentro de una casa abandonada. Un terrible secreto que cambiará su vida y desencadenará un final sorprendente e impactante.

Las dos novelas que he leído de Niccolo Ammaniti me han gustado mucho, por lo que seguiré a la caza y captura de sus escritos hasta completar el cuarto estadio de conocimiento. Llegar al quinto ya me parece más complicado. Tengo demasiadas lecturas pendientes como para perder tiempo volviendo a lo que ya he leído. Y es que siempre me costaron las relecturas, aun tratándose de mis faros literarios.

martes, 9 de septiembre de 2008

Rocky Mountains Tour


En estos días de septiembre en los que se está disputando una nueva edición de la Vuelta, con Contador, Sastre, Leipheimer y Valverde haciendo méritos para acabar en lo más alto del podio, me viene a la cabeza el recuerdo de una lamentable película norteamericana protagonizada por un joven Kevin Costner y dedicada al deporte de dar pedales. El film en cuestión se llama “American Flyers” o “La carrera de la vida” (1985) y está dirigido por John Badham, un consumado especialista en taquillazos made in Hollywood como “Cortocircuito” (1986), “Juegos de Guerra” (1983) o la más reciente “A la hora señalada” (1995). Pero aquí le falló la fórmula. Y a Dios gracias, porque no se me ocurre homenaje más chabacano a este precioso deporte.

Este drama deportivo (¿?) que más bien parece una comedia sin gracia, lo protagonizan dos hermanos que deciden participar en una prueba que discurre a través de las Montañas Rocosas. Su afán competitivo les llevará a dedicar largas jornadas de entrenamiento sobreponiéndose a las inclemencias meteorológicas y a todo tipo de problemas de índole personal. Al final y ya inmersos en la competición, batirán a todos sus rivales con la gorra. Vaya, que casi les sobra una pata. Y eso que uno de los brodas padece una complicada enfermedad…

Se supone que la película trata temas como la importancia de la familia, la sana competencia, el valor del esfuerzo y la capacidad de superación. Sin embargo, todo resulta de una ridiculez tal, que lo mismo da de lo que vaya o lo que pretenda. Desconociendo por completo en que consiste esto del ciclismo, Badham parece más preocupado por llenar las salas de personal ávido de sensiblería barata y adoradores/as de Kevin Costner, en el que sería su primer rol protagónico. Eso y una impagable campaña publicitaria del Parque Nacional de las Montañas Rocosas, no escatimando en planos que nos muestran sus bellos parajes.

Resulta entre risible y peripatético ver como estos superhombres montados en sus bicis son capaces de realizar etapas de tropecientos kilómetros esprintando a cada momento y como si nada. Da igual que marchen cuesta arriba, estén inmersos en un descenso o que se desarrolle en el plano. De hecho las escenas desarrolladas en superficie llana son las más grotescas.

Así pues una película que te puedes -y debes- perder.
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Ah! Que no se me olvide. En relación con esto, se acaba de confirmar que el armstrongauta vuelve por sus fueros. Quien fuera siete veces campeón del Tour siente morriña de su pasado glorioso y ha decido regresar al pelotón internacional con sus 38 tacos. O eso, o que le hace falta pasta. O que ha visto esta peli y se ha inspirado. Vaya, cualquiera de las respuestas es un drama. Y es que, como reza la viñeta de Santi Orúe de hoy en Público “segundas partes nunca fueron buenas”

También es verdad que, visto como esta el deporte de las dos ruedas, el tejano es capaz de ganar otro Tour. O al menos hacer pódium. Y sin cadena, como Kevin Costner y su hermano en el mencionado peliculón. Al tiempo…
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