Cuando Lourdes Hernández iba con su guitarra de garito en garito por la
capital del reino, nadie podía imaginarse que, al poco tiempo, se convertiría
en un fenómeno musical a nivel nacional. Otra musa del indie pop,
que diría Quico Alsedo con su mala leche habitual. Y es que vayas
donde vayas, suena “Cigarettes”, la versioncilla de Cindy Lauper o alguna otra canción
incluida en “I love your glasses”, el debut de Lourdes como Russian Red -en alusión al celebérrimo color de pintalabios-. No hace falta explicar lo del éxito de
crítica y público desde su publicación el pasado año. Vaya, supongo que vivís
en este país y sino ya os llegará la ola, no me cabe duda. Pues bien, ayer y en
el marco de la programación del festival 10dB -10 dies de Burjassot-,
el Ayuntamiento de esta localidad de l’Horta Nord tenía programada la actuación
de la señorita. Así que, a falta de mejores opciones, decidimos
acercarnos para comprobar cómo se desenvolvía sobre un escenario.
Nada más llegar nos topamos con un recinto casi lleno y con Lisandro
Aristimuño subido al escenario. Gratísima sorpresa lo del cantautor patagónico.
Y es que en ninguna parte venía anunciada la presencia de teloneros. Y además el
amigo Lisandro no es cualquiera. Con apenas treinta años y ya con tres discos a
la espalda, en el show se dedicó a desgranar los cortes de “39 Grados”,
su último elepé. Un trabajo repleto de bonitas canciones como “Para
vestirte hoy”, “El plástico de tu perfume” o “Me hice cargo de tu luz”, que
desfilarían anoche junto a otras piezas de trabajos anteriores como “Canción de
amor” o “La última prosa”. Todas bastante celebradas por el abundante público. La
propuesta de Aristimuño se basa en la mezcla de esa voz cálida que le ha dado
Dios, con el correspondiente acento argentino de Río Negro, algunos toques de
virtuosismo a la guitarra y esas repeticiones de bases y elementos de
programación que en ocasiones resultan chistosos. El resultado fue una
actuación bastante emotiva, solvente y no exenta de sus momentos de brillantez.
Lo que no quita para que, viendo al tipo jugar con los efectos del teclado, me
viniera a la cabeza aquel episodio de “Friends” en el que Ross Geller– personaje
al que ponía cara David Schwimmer- se las daba de virtuoso. A esto me refería
con lo de chistoso. Imaginarse a Lisandro cual Ross trasandino aporreando el
Korg e incorporando explosiones, chillidos, maullidos, el rayo láser, el sonido de las hélices de un helicóptero o de motor… Y vale, sé que la comparación es fatal. No era mi intención. Porque me gustó el conciertillo que nos regaló el pibe.
Inmediatamente después salieron a escena los Russian Red: oseasé la
Lourdes y su guitarrita más los tres músicos que la acompañaban. La chiquilla,
que es una cría y en vivo aún lo parece más, repasó la totalidad de su escueto repertorio.
El incluido en ese único disco que le conocemos, más alguna versión y un
par de canciones que no pude identificar y que supongo vendrán incluidas en próximos
lanzamientos. Por encima de los temas cabe destacar el pedazo de voz que tiene
la gachona. Con una cantidad de registros y matices increíble. Capaz de embellecer
todas y cada una de las canciones que interpretó durante la velada, fueran
suyas o de otros. Desde ese punto de vista, la actuación de la madrileña fue
impecable. Mejorando lo esperado y dibujando, en definitiva, un bonito show.
Y vale, supongo que lo habréis notado… No muestro demasiado entusiasmo. Y es
que fan, lo que se dice fan de Russian Red, pues como que no soy. Y
vaya, dudo que lo sea alguna vez. Eso no quita que le reconozca sus méritos,
que los tiene. Cómo obviar que, con poco más de veinte años, es capaz de
desenvolverse sobre un tablao como una veterana de la escena. Mostrar una
seguridad y un desparpajo que a otros artistas les lleva toda una vida conseguir. Encima y según tengo entendido, todo lo que ha logrado, se lo ha currado solita. Y
sí, lo sé, alguna ayuda habrá recibido, es obvio. Pero no me refiero a las pelas del papi o a la herencia de una tía-abuela rica con un casoplón en Neguri. Hablo de esas subvenciones fraudulentas otorgadas
por esa agencia de colocación para mediocres llamada Operación Triunfo.
Terrible fábrica de juguetes rotos y aspirantes a defraudador fiscal con residencia en Miami, a mayor
gloria de los cuatro listos que manejan el negocio musical en este país. Promoviendo una suerte de competencia desleal sobre la que la Comisión Europea debería meter mano... Sé que lo flipo, pero anda que no molaría...
Al final no estuvo mal la cosa. Y no llovió ni una gota, aunque estuviese amenazando
todo el rato...
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